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escrito por el Sábado, abril 20, 2013

13025 (Juliette)

13025 (Juliette)

Lista de cosas que me preocuparon al iniciar el 2013:

  • Los kilos que bajé, y subí, y ahora debo bajar de nuevo. Ni modo. Hay que dejar la coca cola. Busco hacer ejercicio además de las caminatas con los perros y el cardio de tres o cuatro veces a la semana en el gimnasio. El ejercicio también es tiempo al día que desaparece.
  • Organizar el tiempo para leer libros quita muchos otros placeres: La televisión, los videojuegos, el ocio en internet, las charlas con los amigos. Sin embargo, la lectura y su obligado tiempo de reflexión, son uno de los ejes principales en la vida del escritor.
  • Escribir en el árbol para no dejarlo a la merced de las islas binarias. Ya son muchas, y son muy abandonadas, y no quiero escribir mi blog en Facebook. Trataré de escribir las anotaciones los lunes y los domingos, un par de horas, y luego programarlas al azar para que se publiquen solas.
  • Son tantos y muchos los textos que quiero escribir. Tomo notas en el teléfono mientras camino, pero no es hasta que me siente y empiece que no sabré si debo perseguir la idea o desecharla. Es cierto. La inspiración (ese término espantoso) llega cuando menos lo espera uno. El trabajo es pulir esa inspiración y convertirlo en algo, lo más cercano que se pueda, perfecto.
  • También tener tiempo para el ocio, y divertirse. También es necesario relajar la cabeza para no consumirse en el propio pensamiento. Ojalá pueda ver a mis amigos, ojalá pueda beber con ellos, ojalá disfrute mucho a mi mujer y a mis perros, ojalá siga disfrutando mucho más que lo hice el año pasado, y el año pasado a este, y deje la nausea para pocas fechas, porque la nausea está bien, nos recuerda que somos polvo, pero tampoco se trata de convertirnos en lodo.
  • El Bushido me recordó una cosa muy sencilla que pensaba siempre, desde niño. Puedo morir en cualquier momento, e incluso, debo despertar preparado a la muerte. Que no se desperdicie ningún segundo pero que los segundos desperdiciados tampoco sean completamente estériles.
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escrito por el Jueves, noviembre 1, 2012

El camino de los muertos

El camino de los muertos

No hablaré de mis muertos en esta ocasión. Son pocos pero muy queridos. Hablaré de otros, los muertos lejanos, ahora que he tenido oportunidad de explorar esta bitácora y sus inicios hice una cuenta de ellos. Ojalá logre armar un camino espiritual para dirigirlos aquí y arrancarles una sonrisa, ofrecerles un cigarrillo, una anécdota. Aunque sea una pequeña, ¿qué otra cosa se le puede pedir a un fantasma? Quizás el favor de evitarnos la jalada de patas o el espanto con los alaridos de madrugada. Sería mezquino de mi parte preguntarles el futuro o los números ganadores de lotería, aunque si ellos lo ofrecieran en algún sueño o premonición, bueno…

En un montoncito de horas libres he recuperado algunos comentarios de los primeros años en el árbol y descubrí algunos muertos que solían leerme. Diez años después y puedo contar al menos tres “cadáveres exquisitos”. Vaya, si fuera supersticioso diría que leerme es asegurarse un pase al otro lado. (Lo cual es una deliciosa falacia… de todos modos ya lo tenemos asegurado).

Por eso me gustaría brindar por Tess, por Cristina (La Diabla) y por Eduardo (Ehecatl). Cada uno aportó su puñado de comentarios en el momento, además de que hicieron lo suyo para que el mundo binario fuera ameno. A las dos primeras se las llevó el cáncer y al último se lo llevó la ironía (su último tuit, parafraseando: “Ojalá esta chingadera me mate porque si no voy a estar muy encabronado”). Hablando de ironías, es curioso, pero sus comentarios solían estar llenos de optimismo y de buenos deseos. Si fuera supersticioso y malora (lo cual Cristina y Eduardo lo sabrían apreciar, a Tess no le conocí lo suficiente) diría que los optimistas son los primeros en morir.

A Tess la conocí poco, muy poco, pero solía venir a saludar cuando apenas me enamoraba de mi esposa. “Es una chica afortunada”, dijo alguna vez y quien sabe si hubiera pensado lo mismo con el tiempo. De todos modos dejó de leer pronto, ya estaba diagnosticada y bajo fuertes terapias, medicamentos. Le gustaban mis farfullerías enamoradas y enamoradizas. Leí su blog alguna vez. No recuerdo que hablara de la enfermedad, al contrario, siempre hablaba de un hombre que la traía mordiendo la banqueta. Nunca supe si era española o venezolana, aunque quizás lo supe alguna vez. El internet le resta importancia a la nacionalidad de los muertos.

Cristina fue una locutora de radio en Australia y su programa consistía en un segmento especial para latinos, sobre todo mexicanos. Tenía una comunidad muy activa allá. Me parece que también era productora. Platicamos mucho en el IRC y después estuvimos vigilándonos a través de nuestros respectivos blogs. Me entrevistó para su página, cuando empecé a escribir y publicó algunos cuentos míos para su público australiano. Cuentos que ahora me dan vergüenza viven en una pequeñísima parte de la memoria colectiva en otro país. La entrevista la tituló como: “El niño genio en su cajita de cartón” y me la creí.

Tuve oportunidad de conocerla en persona, las dos veces que viajó a México, y de salir con ella. Era una mujer casada, al menos quince años más grande que yo, con el tamaño del mundo. Fumaba como chacuaco (dos cajetillas diarias, cáncer de pulmón) y poseía una risa estridente, cigarrosa. Reía mucho. En mis peores momentos me ofreció trabajo y toda la ayuda para empezar de nuevo… en Australia. No tuve el valor para aceptar y qué bueno, en estos años he acumulado numerosa información acerca de los bichos que existen allá, especialmente las arañas. (Aunque me pregunto…).

Un tiempo después de su muerte supe que tenía una hermana gemela y además la conocí por accidente. Igual a ella, pero perpetuamente enojada. Es raro, imprudente, mórbido topar al gemelo de un muerto. Unos días antes de su deceso tuvimos una plática que todavía arrastro conmigo y me hizo tomar decisiones. “Diferentes personas para diferentes necesidades”.

Eduardo es otra cosa. Era el más joven de los tres, y más joven que yo por uno o dos años. Supongo que adquirió sabiduría de pronto. Murió de una complicación rara en el hígado la cual estuvo tuiteando. También salí con él algunas veces. Era un tipo curioso, parecía un niño de barrio, sus gestos y su sonrisa, sí… un travieso de la Guerrero. Primero me desesperaban sus comentarios por los errores ortográficos, quise corregirlo un par de veces pero él simplemente no hacía caso, o no quería aprender.

Después visité su bitácora: diseño elegante, fotografías espectaculares y jamás quise corregirle otra vez. Lo invité a participar en Big Blogger. Cuando lo hice fue porque pensé: “Necesitamos una persona sensible, no importa como lo diga, sino como lo ve”. Pobre, no pudo hacerlo durante mucho tiempo porque lo criticaban fuertemente sobre la redacción y la ortografía. Luego me sentí culpable por ello, porque lo empujé a participar y quizás rompí un poco de su inocencia. Alguna vez tomó un fragmento de “La Torre de los Sueños” para el diseño de su blog, lo cual me halagó. Aunque no comentaba, de esa manera supe que alcanzó a leer una de mis historias.

La última vez que nos encontramos me regaló tres discos (negros, como los de PlayStation 1) con música trance y psycho en formato MP3. Nunca tuve la delicadeza de escucharlos completos. Quedamos de vernos para ir a un McDonald’s, por un McFlurry. Pasaron los años, se juntó con una chica, tuvo un hijo y alguna vez me comentó por aquí: “Le debo su McFlurry, señor”. Quizás cuando llegue me estará esperando con el helado.

Diez años y ya cuento muertos que dejaron su paso aquí. No me quiero imaginar en unos años más. El espiral no sólo tiene una extremidad para la muerte, del otro lado están los vivos. Muchos otros se han casado, han procreado, han obtenido sus trabajos soñados, son investigadores-docentes-maestros o han viajado por todos los lugares que se prometieron. No creo que, en general, puedan quejarse. Tampoco me quejo de mi vida, en general está bien. Finalmente, mudos, existen esos otros personajes: los desaparecidos… ni muertos, ni vivos, simplemente apagaron la computadora y se fueron a otro lugar. ¿Quién podrá componer una esquela para ellos? No importa, esta es mi ofrenda para ellos, para los vivos y también, por qué no, para los otros, todos los otros.

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escrito por el Domingo, mayo 22, 2011

Veinte breves de domingo.

los alfiles.

1. Los arbolitos en hilera son la metáfora de veinte cosas que me dispongo a contarles hoy. ¿Ven? No hay dos árboles iguales, pero conviven en armonía esmeralda mientras los rayos del sol los iluminan, los nutren y los invitan a crecer para alcanzar el cielo. Ninguno de esos árboles logrará llegar al espacio (sideral), pero no les importa. Los árboles soportarán su destino estoicamente mientras observan, el tiempo que puedan, lo que sucede a sus alrededores.

2. Quisiera hacer veinte breves todos los domingos. Así como pensaba hacer un martes cachondo, un lunes de reflexión, viernes de carcajadas, jueves de música, miércoles fotográfico y sábados invisibles. Cada día reservárselo a un tema, a un tono de escritura. Aunque me encanta la idea, la poca constancia con la que luego trato los proyectos invita a desistir de la idea y con pruebas contundentes –ocho años escribiendo esta bitácora– me invita a dejar las cosas como ya son: Al antojo, al placer, al hedonismo, al impulso. El contenido de este blog se planea con unos días, a veces semanas y muy de repente, con meses de antelación.

3. También, alguna vez pensé escribir con varios aliases o seudónimos, para permitir un poco de libertad para las cosas que me niego. Tontas cosas como quejas contra el gobierno, contra el cielo contaminado, contra el tráfico de la ciudad de México y contra la mierda que los dueños de algunos perros dejan en el suelo. La verdad es qué, incluso para las quejas más tontas, prefiero usar mi nombre. Eso de usar seudónimos me da pereza y de las pocas cosas que he usado en mi vida, es que mis palabras y mi nombre no puedan separarse, como un talismán.

4. Alguna vez me pregunto si Nico dejará de seguirme cuando voy al baño. Cada que cierro la puerta detrás de mí, puedo ver sus orejotas haciendo un vaivén y sus patas dispuestas a seguir caminando. Termina con la puerta cerrándose a sus narices y luego escucho como se tumba, como resopla y a veces, como llora. Es la papitis, diría mi abuelita, si la perra fuera humana. Al abrir la puerta, Nico está ahí, con los ojos mirando a un piso que se antoja infinito.

5. La madurez, dice el niño interior, es tomar whisky mientras escribes. Si esto me sale bien mañana que despierte, seguramente querré tomar whisky cada vez que escriba. Resulta que me desinhibe, diré,  y ahora podré escribir todos los pendientes que tengo en la vida hasta morir. Nadie podrá detenerme. En vez de fumador me haré alcohólico, pero de esos alcohólicos silenciosos, que tiemblan ligeramente mientras ven una pantalla y no dicen palabra, pero tienen todo el internet para quejarse. Dejaré de escribir, me quejaré de la vida y con el alcohol, jamás necesitaré seudónimo alguno para quejarme incluso de aquello que no me molesta en lo más mínimo.

6. Hoy caminé mientras escuchaba Rachmaninoff en el iPod. Muchas veces escucho música clásica y aún cuando la reconozco porque cuando mi abuela vivía la escuchábamos todo el tiempo, no recuerdo las piezas, los movimientos, el compositor, la orquesta, no recuerdo nada. Tengo una memoria terrible para eso. En cambio, puedo recordar y ligar las palabras de un libro a otro libro, al nombre del autor al menos. Con suerte, puedo conectarlo a una novela, un cuento o un ensayo. Que no me pidan la página, ni la ubicación exacta, porque entonces fallaré miserablemente.

7. Cuando salgo a caminar con los perros, me gusta mucho caminar con Killer a mi lado. Es tranquilo y sólo se dedica a caminar. En cambio, Nico es un monstruo de curiosidad que todo tiene que olisquear y de ser posible, comer. Hace unos días, mientras tomaba una fotografía, Nico avanzó unos pasos hacia un lote baldío y una hierba mala. De repente escuché que masticaba algo crocante y ya no quise revisarle la boca. Si te enfermas, te enfermas, le dije en voz alta y ella simplemente inclinó ligeramente la cabeza y siguió masticando. Killer, durante todo ese tiempo, permaneció sentado y en espera.

8. Leer 2666 de Roberto Bolaño me está tomando varias horas al día. Que libro tan largo, y que forma de navegar entre personajes y entre lugares. Es curioso notar como escribe como español con los españoles y como escribe como mexicano entre los mexicanos. El personaje chileno, cómo no, también se volvió una delicia. Sin embargo, en “la parte de los crímenes”, casi al final, sentí una tristeza irremediable. Cuando la diputada le promete a Sergio González que estará apoyándolo, como una fuerza invisible, sentí una opresión en el pecho. La furia como el motor para remediar la maldad del mundo.

9. Todos los días hago una hora o una hora y media de ejercicio aparte de la hora y media que camino con los perros. Llevo dos meses con eso. Honestamente, no he bajado mucho de peso, pero me siento mejor. Es triste, pero si todavía trabajara en publicidad, no tendría tiempo para esto. Seguiría matándome con cigarrillos, coca cola y horas estáticas frente al monitor mirando la sonrisa de actores, respondiendo teléfonos, haciendo recortes. Horas de espera en los foros del Ajusco, para firmar unos contratos y pensar que la vida sólo es eso, espera.

10. La vida, de todas formas, hagas lo que hagas, está llena de esperas. Toda mi vida he buscado la forma de rellenar esas esperas con pensamiento, con lecturas, con juegos, con diversión compleja o superficial. Que la espera no sea espera, sino la hora exacta para dedicársela a otra cosa. Eso es lo que pienso.

11. Mi perra, Nico, aún cuando es un cachorro y tiene mucha energía, me enseña el futuro de estoicismo que le espera: Se acuesta en el sillón y me observa con ojos tristes mientras trabajo. Ella no espera, ella simplemente hace lo que debe hacer, ella hace lo que es. Es irremediable, es inexorable. La miro, hago una mueca y pienso que por mi culpa está triste cuando, sencillamente, me estoy proyectando muchos kilómetros en el subconsciente. Mi subconsciente es un mar de tristeza por la historia de mi vida y aún cuando los días son apacibles y contentos, recuerdo que tengo muchas cosas por estar triste y estúpidamente, entristezco.

12. Así es la tristeza. Viene cuando quiere.

13. Mi mujer se fue de fin de semana a Villahermosa, Tabasco. Este fin de semana viví la soledad poblana, o la soledad cholulteca. Amplias caminatas de amplios espacios, de gente que tiene amplio tiempo y preocupaciones amplias en su amplia vida. Mi única compañía de capricho y de melancolía, fueron los perros a quienes saqué a caminar conmigo. Bueno, Killer descansó el sábado por una diarrea mortal que lo tiró. Incluso le compré electrolitos para hidratarlo un poco. Cuando llegué el sábado en la mañana, encontré que se había cagado por toda la casa y tuve que lavar algunas sábanas, algunos cojines. Nico me lloró como nunca me había llorado e intuí que, tal vez, me extrañaba un poco. Entonces recordé esa primera vez que la conocí, y que con sus garras se agarró fuertemente a mis brazos.

14. No querías que te dejara ir, perrita.

15. Caminé escuchando a Rachmaninoff en el iPod, también me fui a leer 2666 en un café y paseé por todas los rutas posibles con los perros. Fui con unos amigos a comer en un bufet de chinos y disfruté una de esas granizadas poblanas, que cubren todos los pastos de hielo. Dormí largas siestas por el cansancio que significa viajar y levantarse temprano. Incluso me atreví a actualizar mi tumblr, y leer mis feeds, como no lo había hecho.

16. El jueves, fui directo a Carrillo Casting para platicar con los amigos de otra vida. También, pensé, sería mi prueba de fuego. Me ofrecieron un par de cigarrillos y decidí no aceptarlos, pero me alimenté como nunca de su humo de segunda mano. Como siempre, me tocó un par de altercados entre uno y otro, por el estrés que significa la entrega, el no dormir, la cantidad de gente allá abajo y las preguntas que se repiten al infinito. El teléfono jamás deja de sonar. Me sentí incómodo de estar ahí, sentí que estorbaba y a la vez, sentí felicidad por estar otra vez ahí.

17. Nico se rindió y se tiró en uno de los cojines. Sabe que estas son las horas de empezar a dormir y ni siquiera se pregunta por qué no está en la habitación, donde toda la manada duerme. Envidio a los perros.

18. He decidido que mis lecturas abarcarán todo lo que puedan y cada semana, bajo las nuevas entregas de la gutenberg. Cuando termine diez de los libros que he elegido para mi Kindle, entonces elegiré otros diez más al azar a través de calibre (más recomendaciones que me den algunos amigos) y veremos a dónde me lleva el camino del lector. He decidido leer para que lo que escriba esté lleno de riqueza. La lectura lo da todo: vocabulario, experiencias, líneas, epígrafes, momentos, decisiones y estilo. La lectura es la que ayuda al escritor a decidir cuál será su voz, y su experiencia de vida, ayuda a completar lo que falta.

19. Hace un par de semanas leí el post de un escritor que consiguió e hizo la lectura de un libro en su Kindle. No recuerdo quién, no recuerdo por qué. Lo que sí recuerdo, es que sintió tristeza de que su libro no fuera de papel para agarrar una pluma y rayar en los márgenes lo que pensaba. Recuerdo que pensé que, pues, el Kindle tiene formas de subrayar lo que estás leyendo (y además… salvarlo convenientemente en un archivo). No sólo eso, también puedes hacer notas y de cada palabra si quisieras. Me imagino a cientos de estudiantes –no sólo de literatura, también de cada disciplina imaginable–, haciendo sus notas a través del dispositivo, mientras que este pobre escritor se lamenta de algo que ya es posible.

20. Estoy a punto de terminar “Ernesto Medel contra las vampiras de Polanco.” Me faltan, según el organigrama, cinco capítulos más. (La estaba escribiendo en el blog, pero por azares del destino, decidí escribirla afuera del blog). Es una novela desmadrosa y que se escribió teniendo en mente películas clase B, anti-héroes mamones, el libro vaquero y mundos extraños como el de Fantomás, o el de Tarzán, en mente. Si alguno de ustedes quisiera ser lector piloto de la obra, es momento de alzar la mano. Estimo que terminaré el primer borrador en uno o dos mese y entonces, empezaré a compartir capítulo por capítulo con estos lectores para que sugieran, nutran y de ser posible, cambien radicalmente el destino de los personajes en la obra. ¿Se apuntan?

Postdata.

21. Ya pueden leerme en guardagujas. En este número, hablo del chilango perdido. Me cuentan si les gustó.

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escrito por el Lunes, agosto 23, 2010

Ehecatl.

He estado pensando en ello todo el fin de semana. No sé que palabras poner. No sé cuantos todavía se acuerdan de él. Nos acompañó en Big Blogger durante las primeras temporadas. Le apasionaban la fotografía y el diseño. No escribía bien. Tenía una ortografía terrible, y cuando recién lo conocía, siempre le corregía. Eventualmente dejé de hacerlo. Atravesando las puertas de la ortografía, me gustaba lo que escribía. Se notaba que era un hombre que había crecido y que se movía en un ambiente violento. Lo respetaba por eso. Mantenerse íntegro y funcional, mantenerse honesto y luchar en un ambiente así, sólo verdaderos hombres. Aún lo respeto. En las noches, cuando bebía, se acercaba para pedirme consejo. Una de nuestras últimas pláticas, quedamos en que le debía un McFlurry de McDonald’s. Eso fue en el 2007. Era complicado encontrarlo, siempre cambiaba de dirección en internet. No me animaba a molestarlo por messenger. Se convirtió en padre y lo felicité. Leí como estaba orgulloso de su chamaco. “Es de esos padres que lo educará bien, lo educará fuerte”, pensaba. En las fotos con su hijo, siempre aparece sonriendo. Tomé café varias veces con él. Sí, repito, siempre estaba sonriendo. Así le conocí. Recuerdo que tenía una sonrisa agradable y un humor explosivo. Intuí que era de esos hombres que podían enojarse fácilmente. Le dedicó un pequeño homenaje a “La Torre de los Sueños” y eso me agradó. Me regaló un cd de música psycho, porque deseaba escucharla de vez en cuando y no sabía por dónde empezar. También, me compartió un par de distribuciones de linux que sólo instalé una vez para probar. Tenía la idea de que era más joven que yo, pero no, solamente nos separaba un año. Murió a sus 27 años. Ni muy joven, ni muy viejo. Leí por encima sus últimas actualizaciones en twitter y facebook, pensando que era una de esas etapas donde uno entra y sale de hospitales, y luego la recuperación. “Lo que no te mata, te hace más fuerte”. Sin embargo, no fue así. Ahora su facebook es una lápida, donde sus amigos y sus familiares dejan mensajes. En su última actualización de twitter, se ríe de la muerte y promete venir a jalarnos los pies. En su última imagen de messenger, su avatar es una calavera con un R.I.P. tachado en la frente. Casualidades, amigo, casualidades. Gracias por acompañarnos.

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escrito por el Jueves, marzo 4, 2010

Prohibiciones deliciosas.

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Zaba hizo un bonito proyecto fotográfico, donde tomó a sus amigos y les insertó una frase donde a modo personal, les prohibe deliciosamente el abandono de aquello que los hace. En mi caso, yo tengo prohibido dejar de escribir. Me gusta que me lo prohiban, aún cuando no puedo dejar de hacerlo. Si no tengo la computadora, agarro papel y lápiz y… la verdad, dibujo caras y monos. No escribo. Todo lo que escribo es en la cabeza. Ese es mi papel y lápiz de emergencia. Hay muchas historias ahí encerradas y como una promesa, las estoy terminando poco a poco. Una palabra después de otra. Prendo un cigarrito, me tomo un café, salgo a caminar. Las palabras no se callan. Sigo el proceso. Onetti me vería a lo lejos, suspiraría y diría–. Literatura como un amante, ¿recuerdas? –Sí. Lo recuerdo bien. Ya no estoy de ese lado, JC. Perdón. No puedo abandonarlo. Ya no.

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escrito por el Jueves, febrero 25, 2010

Ligera satisfacción.

Escribiré breve estos días, justo como he venido haciendo, para terminar la novela y no volcar mis ideas únicamente en el blog. Pero hay otras cosas que puedo liberar aquí, como mis caminatas, mis procesos mentales y creativos, mis ligeros desvaríos, mis pláticas con los amigos inanimados, mis pláticas cuando mi mujer duerme, porque ella no cesa de platicar cuando duerme. Mi mujer y sus gruñidos, sus suspiros, y sus ligeros ronquidos (tiernos, amorosos y angelicales ronquidos). También esta la cuestión del perro que ocupa el espacio entre nosotros (cual hijo) cuando alguien levanta las sábanas y por el frío se mete debajo de ellas, esa es una cuestión importantísima, y que en cualquier blog que se precie como tal debería discutirse. Tendremos webcomics de Bob, el cacto, y el Señor Fumador. También tendremos el podcast (que todavía no me decido, pero trato) en ciertas fechas. Ya saben que me pueden espiar en mi tumblr, y ver lo que leo. Podría platicar del libro que estoy leyendo, pero estoy leyendo poco, porque la novela ya me tomó los dedos, me tomó los ojos, y paso horas re-editando, re-componiendo, re-escribiendo. Aprovecho, mientras tanto, para disculparme con Don Arturo, al que pensaba dedicarle el podcast anterior pero… se me fue la onda, se me barrió, porque lo hice ya estando un poco cansado, y así pasa cuando sucede.

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escrito por el Lunes, diciembre 21, 2009

[Invitado] Tres instantáneas deslavadas.

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Estoy sentado frente a la computadora, bajando imágenes de la cámara, esperando a que la musa toque a la puerta y poder escribir este “postito” . Cuando ella llegue la tomaré con fuerza y a punta de chingadazos la sentaré aquí … frente a mí.

Bueno, no nos desviemos, bajando las fotos de una comida con mis viejos compañeros (que son viejos por la edad), de repente al ver estas pics me acuerdo de Machado: “Caminante, son tus huellas el camino y nada más” … “y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”, qué manera mas poética de decir estas pasando a ser de la tercera edad, y aquí me detengo para hacer la observación de que mi cuerpo dice una cosa y mi mente otra, habría miles de ejemplos para describir esto a los chavitos pero ninguno podría ser claro, entendible, para tratar de hacerlo diré: mi cuerpo dice “órale cabrón, aviéntate del bungee” y mi mente dice “no seas pendejo, te vas a partir la mazorca”.

Tengo 3 fotografías que aún no se si borrarlas o subirlas a Facebook, porque es como llevar un ladrillo bajo el brazo y mostrar al mundo como es mi casa. Tres fotos que aunque fueron tomadas hace una semana, los que estamos ahí ya nos vemos deslavados.


Jorge Carrillo. No es un completo inútil, por lo menos 
sirve de buen ejemplo. También se dice que es feo, 
pero terriblemente sexy. 

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