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13001 (Ficciones)

By on Lunes, marzo 11, 2013

De otro diario de Simón Dor (el cual yace en un barco hundido, junto con los infinitos diarios): “Estuve en la playa. Antes de salir, doblé mis pantalones hasta arriba de las rodillas y giré mi gorra para que el sol ensombreciera mi rostro. Mis pies se hundieron en la arena, pasos muy pesados, temía hundirme en cualquier momento. Llegué al borde, metí mis manos al bolsillo de mi pantalón, tenía un cigarrillo apagado en los labios, mis brazos reverberaron con el choque de las olas. Esto soy yo, pensé, sin saber muy bien por qué lo pensé. Siempre pienso cosas como esa, sobre todo cuando me sorprendo en un repentino estado de comunión con la naturaleza, o con algún dios, o con la visita de un arcángel prometiéndome el calor abismal de su espada de fuego. Estoy aquí. Los pies en la arena, mis pasos muy pesados y luego, a lo lejos, miro como el mar se dobla. Comprendo la imagen: el...

Libreros (4) y bocetos.

By on Jueves, mayo 13, 2010

El cuarto librero. La raíz. Ese lugar –según los carpinteros o los diseñadores de muebles– de todos los libreros que suele ser más amplio para las revistas, los directorios telefónicos, los atlas, las enciclopedias. Ese lugar que escapa a la vista inmediata y superficial de las visitas, pero que los hijos alcanzan con más prontitud y arrojo. Mi cuarto librero es uno problemático, porque, tal vez, en él conservo todos los caprichos que no quisiera que un hijo tomara y rayara con sus crayones, lo rompiera con sus manos torpes, lo descubra con sus ojos curiosos e inquietos. Pero lo hará de todas maneras Aún si muevo el contenido de esas hojas a otro lugar, lo hará. La curiosidad es ilimitada e irrefrenable. Ese cuarto librero no contiene ni un sólo libro. Contiene algunas revistas que salvé (que yo leí cuando era niño –Sí, niño–), contiene algunas revistas donde...

Medel.

By on Miércoles, abril 21, 2010

Cigarrillos y artes marciales. Dicen que no se llevan. Cuántas mentiras puede gritar el hombre y cuán frecuentemente es el fariseo en vez del creyente. Solía tener un diario de quejas, hasta que en un viaje, encontré todos los diarios que escribí en todos los universos posibles. Puras quejas, pensé, dentro de todo lo que pensé. No los leí todos, o si no, me habría quemado junto con el barco, pero tuve el placer de repasar algunas páginas. Desde entonces, ya no guardo un diario y prefiero que mis pensamientos sobrevivan en la cabeza. Esa es mi respuesta a la broma universal, al que pasaría sí… después de todo, soy el superviviente, soy Simón Dor, el viajero. Soy el final del viaje y no se necesitan más palabras para continuar un destino que ya está completo. Vine a buscar mi muerte, pero curiosamente, entre más la busco menos muero. Este intento es otro engaño. Escogí un lugar...

Simón Dor y un pequeño árbol.

By on Martes, abril 20, 2010

Sol, la mujer de Fest, me acarició detrás de las orejas y me dijo que era un perro muy grande y muy bonito. Escuchaba las quejas del cacto, a dos pisos de distancia. Mañana le diré que comer niños y gatitos tiene mucho que ver en que te den la bienvenida a una casa. Me imagino al cacto enojado, jeh, jeh. Me da risa el cacto enojado. Fuimos a salvarlo un día que estaba muy aburrido. Los tres mosqueteros: el Señor Fumador, el niño Torres y su dios de confianza. En ese entonces, estaba atado afuera del departamento de Fest, porque unos fieles me olvidaron ahí durante… muchos, muchos años, más de los que ustedes pueden contar. El Señor Fumador me liberó de mis cadenas utilizando uno de mis dientes. Un proceso doloroso, y de muchas, muchas horas. Desde entonces, caminé por el mundo buscando nuevos fieles para hacerme más poderoso. ¿Qué es un dios sin rezos, sin tributos, sin pequeños...

No quiso hacerlo, pero lo hizo.

By on Domingo, agosto 27, 2006

Si bien Fest no ha contado el tiempo desde que siente el peso en su hombro más ligero, sabe que algo esta por suceder. Tiene la consciencia de que el tiempo esta corriendo, que un reloj interno esta sonando en algun lugar y tiene la, según él, noción estúpida de que si el tiempo termina su alma será consumida en los infiernos. Pero Fest conoce bien el tiempo, sabe doblarlo, sabe cuando hay prisas, le gusta practicar con él, raras veces no sabe calcularlo y cuando lo calcula mal en un principio, puede adaptarse rapidamente para hacer mejores calculos. Será porque el tiempo le fascina, le vuelve loco, es uno de sus juguetes… es decir, la medición de este, porque si él pudiera controlarlo se imagina como un dictador, como alguien con mucho poder y sin la idea de como utilizarlo. Es por ello que el control de sus acciones, de sus verbos, dentro del tiempo es tan importante, porque es...

Capítulo 5. La esotérica historia de Bob, el cacto.

By on Lunes, julio 31, 2006

Aquí es donde debo disculparme contigo y con tu séquito de lectores, quienes han agarrado un curioso gusto por mi historia humana. No les ha importado saber mi debilidad, mis decisiones erróneas, mi falta de carácter. Supuse que como tú, ya le habían tomado demasiado cariño al Bob tiránico, inteligente, consciente como si estuviese en peyote y que al contarte mi historia, acabaría por provocar nuestra muerte. Que acabaríamos borrados del mapa, como el camino que no existe. Pero tú accediste a contar mi historia a todos y yo no pude abandonarte. Pudiste escucharla tu solito, ¿sabes? Pero imagino que una historia de mi magnitud significa un peso enorme que no puedes cargar solo y aunque los demás crean en el valor entretenimiento que significa este probable invento, tú sabes que pasó de verdad, porque puedes escucharme y ver como reaccionan mis espinas al evocar recuerdos dolorosos. Si,...

Jopeden.

By on Jueves, octubre 13, 2005

De tres días a hoy, hoy es el primer día que se queda para saludarle. Sencillamente no lo soporta. Escribir, completar, pulir, trabajar, refritear una novela… en todo eso se ha convertido el concurso del próximo 20 de Octubre. Actualmente ando trabajando con uno de mis textos anteriores, no escribí algo nuevo por falta de tiempo y de ideas (no he sido muy ocurrente estos últimos días. Adaptation). Lo reviso, lo releo, me transporto a los días en que lo escribí, le pregunto a la gente si realmente le gusta, si no lo confundirán con un libro de superación personal, si de veras puede ser masticado como material de concurso. Estoy inseguro de ello porque, en parte, soy muy exigente conmigo y por otra, sé que lo escribí en una etapa experimental (aunque yo tiendo a pensar que lo mío son puros experimentos). Así que lo estoy trabajando con esta visión en mente–: Preséntalo, nada...

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