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escrito por el Jueves, abril 18, 2013

13024 (Juliette)

13024 (Juliette)

Es entretenida la estructura en Juliette, de Sade. Empieza con una orgía, una escena sexual colmada de placeres, de orificios y fluidos, y luego, cuando los actores del momento pornográfico toman un descanso, Sade aprovecha el momento para desarrollar un momento filosófico, sofismas en medio de los sudores evaporados. Es como pedirle al lector que primero se masturbe, y después piense en la consecuencia y el origen de su onanismo. Luego alzo una ceja, sé que es ficción, pero a los hombres de Sade nunca les falta una erección, el semen, parece que siempre están llenos. Supongo que los pequeños duendes del libro, cuando está cerrado, se ocupan de tener a los hombres erectos y cuando uno no está viendo, reemplazan el semen con un líquido similar a la leche, y cuando uno cree que se han venido, simplemente gritan y hacen caras a la cámara. Vaya. Brevemente recuerdo a Justine, y su viaje es diferente, la virtud de Justine cambia las cosas, la obra es más sádica porque ella siempre sufre mientras que Juliette se entrega, sin empachos, a la recompensa del vicio.

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escrito por el Miércoles, marzo 6, 2013

13016 (Bushido)

13016 (Bushido)

El Bushido (Proyecto Larsen, 2009) sugiere qué para hablar con algún amigo de sus defectos, es mejor agarrarlo después de un momento alegre, como una fiesta. También sugiere que primero se hable de los defectos propios para después llegar, con sutileza y elocuencia, al escabroso tema de señalar los problemas del otro. Yo le llamaría el madrazo humilde, ese viejo recurso retórico de tirarse para después jalarle las patas al otro. Algo en qué pensar. Más joven, y todavía de vez en cuando, se me escapan las palabras y las digo con una sinceridad hiriente, seca. Es el signo de mi poca familia, uno que quiero mucho y acepto tal cual es, pero no es de ninguna utilidad en reuniones clave. El samurái es un escritor, antes de abrir la boca o de usar los dedos, debe calcular el momento adecuado para llegar al tema, así como los recursos que utilizará para desarrollar sus palabras. El Bushido también tiene su propia versión de: “No abras la boca al menos de ser absolutamente necesario”, así como “La primera palabra que uses debe ser la más importante”. Qué cosa, una guía para despertar, el bruto menos bruto, un caballero que se hace a sí mismo.

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escrito por el Lunes, marzo 4, 2013

13015 (Bushido)

13015 (Bushido)

Algún día, a finales del año pasado, visité el blog de Almu (Antes muerta que sencilla). Ya no existe el blog con su propio dominio, sin embargo, se pueden leer algunas entradas en blogspot. Esas pocas entradas fueron suficientes para recordar el sentimiento de fascinación, y envidia, que me embargaba leer su blog. Tuvieron que pasar unos años para comprender que la brevedad también se educa, y que Almu, debe ser una persona que a la hora de sentarse a escribir tiene una precisión natural, un ojo al detalle bien practicado (Ojalá pudieran leer el blog de amqs, cada entrada era mejor). Eso imagino y mi imaginación probablemente es grosera, poco refinada, quizás la verdad es otra cosa, me alegraría que ella me desmintiera. Recordé lo mucho que me gustaba su cotidianidad breve. En estos días, he leído “El espejo en el espejo” de Ende y “Confabulario” de Arreola, además de “Ficciones” y “Aleph” Borges, una nada de Keret, quizás una embarrada de Torri. Ese año también leí “El arte de la fuga” de Sergio Pitol. En ellos deposito algunas raíces de este blog, así como sus métodos y sus aspiraciones. Sin embargo las mentiras son mías, ni modo de enjaretárselas a alguien más.

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escrito por el Jueves, noviembre 22, 2012

Ende, el tienpo, y las cajas de libros

Ende, el tienpo, y las cajas de libros

Hay una cosa que me hace ruido en “Momo” y es la ilustración del letrero. Generalmente Ende ilustraba sus propios libros, la faceta de pintor en su niñez-juventud difícilmente lo abandonó y al menos, supongo, en ilustrar pequeñas cosas se liberaba. En la edición que leí de Momo, de repente, aparece una ilustración de la pancarta de los niños convocantes a una reunión para contarles a los adultos de los hombres grises.

La pancarta está plagada de faltas ortográficas para, asumo, apelar a la niñez e inexperiencia de los convocantes, ¿pero de verdad es así? Suponiendo que eso pueda pasar… entre los niños tienen a Paolo, un chavito sabelotodo. Se me hace imposible que este personaje no haya jugado a tachar los letreros para corregir la palabra “tienpo” o las b en vez de las v. (Un juego que Ende ha practicado en otros personajes, o en otras historias).

Es una tontería pero no dejo de pensar en ello y me gustaría saber si fue decisión de Ende, del traductor o de la editorial. Sé que Ende presta atención a estos detalles por los personajes que maneja “En el ponche de los deseos” y aunque ambos personajes son analfabetos, su relación también se ve afectada por sus conocimientos literarios. Esto se ha convertido en un pequeño misterio que me perseguirá de vez en vez.

Leo a Sergio Pitol en “El arte de la fuga” y en algún momento menciona su casa, y sus hábitos de trabajo. Habla de su espacio como un paraíso, el lugar donde los libros pueden sentirse cómodos en sus bibliotecas y las cajas ya no son necesarias, quizás “los últimos libros”, cuando has dejado de cazarlos para contentarte con las letras que tienes y la búsqueda, aunque no ha terminado, se ha relajado por el tiempo.

Por otra parte, Ruy Feben habla de su librero en letroactivos, un espacio caótico donde los autores toman posesión de los muebles, el espacio, y parecen hablarse entre sí, también habla de cajas, de una celosa posesión de los libros.

Ende, en “El ponche de los deseos”, habla de los libros en un fragmento: su acomodo en la biblioteca, como son seres caprichosos, y los relaciona con los libros comunes. “Alguien con un poco de delicadeza”, escribe Ende, “no se atrevería a poner a Heidi junto a Justine“. En mi caso, mis tres tomos de Juliette están a unos tres libros de El espejo en el espejo, y comparten, inmediatamente, espacio con Borges y Pauline Réage.

Esta mañana recordé que de niño, gracias a un regalo de mi madre, leí una edición menos censurada, azucarada, de los Hermanos Grimm a los siete u ocho años. Lo recordé por este artículo de Cracked, que despertó la memoria de esos cuentos crueles y definitivamente, nada aceptables para estos tiempos endulzados que corren. Uno de muchos libros que he dejado atrás, en tantas mudanzas, tantos espacios vividos. Y empecé a extrañarlo aún cuando lo había olvidado. La memoria es una cosa engañosa: quizás esos cuentos, a esa edad, me aburrieron o me dieron miedo.

Las cajas de Ruy Feben, o las cajas de Sergio Pitol, también fueron mis cajas, una condena común de los lectores voraces y nómadas. El lector es Sísifo, y si tiene suerte, en su vida conseguirá empujar esas cajas a un lugar donde pueda comodamente leer sus libros, aunque sea a medio camino del Olimpo, el Paraíso no le faltará.

Una reseña de “Momo”, por Michael Ende, en mi quinta o sexta relectura del libro (publicada originalmente en goodreads):

En la última relectura de Momo, la vi distinta. Es la primera vez que noto la incomodidad de darle “estrellas” a los libros. Con un libro, y en el momento indicado, cinco estrellas pasa fácil. Un libro, y en un mal momento, una estrella también es fácil. Finalmente está el refugio de las tres o cuatro estrellas, que se entregan generosamente, sin compromiso, o la ambigüedad de las dos estrellas. No quería calificar a Momo con cuatro estrellas, pero tres me parecían insuficientes y definitivamente, aún con lo mucho que quiero a Ende y sus historias, me es imposible darle cinco (¿y debería, siquiera, calificar con estrellas un libro?).

La cosa con Momo es que pensaba, mientras leía, en “La historia interminable”. Mientras una historia trata de un niño salvando al mundo y el tiempo de sus amigos de los hombres grises, la otra historia simplemente es un niño leyendo un libro y que, después de muchos sacrificios, finalmente consigue sanar la relación que tiene con su padre. Momo recibe “el agua de la vida” mucho antes, mientras que Bastian “escucha la canción del tiempo” sólo hasta el final, después de mucho sacrificio. También da espacio para la duda porque, con un poco de cinismo y poca imaginación, es posible descartar la historia, darle un sentido más trágico y dar nacimiento a un lector monstruoso, un mentiroso oculto en la Nada.

Quizás por eso es más fácil recomendar “Momo” que “La historia interminable”. El primero es una aventura con sus villanos y un peligro inminente, mientras que el segundo es un niño empecinado en leer un libro que se robó. (Además de la diferencia de tamaños entre uno y otro). Sin embargo, es precisamente en la sencillez de la segunda historia donde nace su abundancia, una exploración meticulosa de los temas.

Momo es un relato bello, infantil, sencillo y que, sí, incluso en este tiempo, puede apelar a una culpa bastante adulta por permitir que el tiempo se nos escape de las manos. No dejo de verlo como un antecedente a “La historia interminable”. Incluye los temas de Ende: La historia dentro de la historia (y si este libro se complementa con una lectura de Jojo, puf, sencillamente hermoso); el tiempo y como afecta individualmente la experiencia de cada persona; las diferencias entre un relato de ficción y la mentira, el embuste; las dualidades inexorablemente condenadas a vivir una con la otra: No existe lo bello sin lo feo, así como no existe lo malo sin lo bueno (y aquí está mucho mejor trabajado que en el “Ponche de los deseos”, donde San Silvestre nos cuenta, accidentalmente, que lo bueno puede existir sin lo malo).

Esta vez pude apreciar con más atención la relación que tenía Ende con su padre, Edgar, el pintor surrealista. También el amor que tenía el escritor por Italia. Me imagino a Ende, pisando suelo italiano por primera vez, y encontrando en sus paseos, hechos realidad, los laberintos empedrados de su padre, los pasillos estrechos, las ventanas irregulares, las casas chuecas sobre suelos irregulares. Momo no sólo es una historia sencilla o un relato bello, es un diálogo con un país al que ama y ese amor afecta la imaginación de Ende, la constante serie de imágenes surrealistas que le entregó Edgar desde sus inicios como escritor y con las que, todo el tiempo, buscó escribir historias.

Eso es Momo: un diálogo amoroso.

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escrito por el Miércoles, noviembre 7, 2012

El año de Proust

El año de Proust

Este año comencé uno de mis proyectos literarios más ambiciosos como lector: Leer a Marcel Proust y los siete tomos de “En busca del tiempo perdido”. Quise, de alguna manera, que mis treinta años significaran algo como lector y escritor. Leer también es escribir (es un aspecto de muchos). Escritor que no lee sólo puede burlar una vez, o dos, pero eventualmente cae presa de su propia desidia y lo castigan como a un Karamazov. Quizás con lectores dedicados evitaríamos el tufo del plagio.

El pintor tiene que ver la naturaleza, un sujeto, una imagen y contemplarla, meditarla, precisarla antes de mancillar decididamente el lienzo en blanco. El escritor también tiene que ser un observador y no sólo de sus alrededores, sino de esos bloques de letras, párrafos, oraciones, estilos, maneras de hablar. Tiene que entregarse a sus lecturas, sean cuales estas sean y sobre todo, tiene que estar dispuesto a arriesgarse a tomar esos libros aparentemente invencibles para desmenuzarlos, estudiarlos, descubrirse insuficiente (o levantarse como un Coloso adecuado al reto) para entregarse y sencillamente leer hasta concluir la historia. Traduzco la invitación: Deje de leer libracos complacientes un rato, anímese.

Dicho lo anterior, escogí a Proust y leer a Proust es una putada. Es una deliciosa ironía que el trabajo se trate del tiempo y que hogaño, sea muy difícil leer párrafos tan largos, abundantes. La tendencia del lector contemporáneo es disminuir su tiempo de lectura sin sacrificar el placer que provoca una historia. Eso, a su vez, alimenta estos géneros explosivos de literatura breve: microficción, ráfagas poéticas, palíndromos, twitteratura, como quieran llamarle. Subrayé demasiadas líneas en mi lectura ¿y saben cuántas pude compartir a través de Twitter? Tres. Solamente tres que se acomodaron a la brevedad exigida. Los demás son imposibles de tuitear sin destazarlos y convertirlos en otra cosa, algo que pueda leerse estúpido, insuficiente o incompleto.

Proust exige lectores de otra época. Lectores dispuestos a devorar lentamente la búsqueda memoriosa del narrador en su afán por recuperar el tiempo, tiempo que paradójicamente el lector pierde mientras enferma de Proust. A manera de una Scherezada, el Narrador entrelaza historias, recuerdos, personajes y es fácil perderse en los encuentros, vencerse al vértigo de las demasiadas palabras. ¿Vale la pena leer a Proust? ¿Tengo el tiempo de leerlo? Sí, lo tienes, búscale y atrévete. Quizás nunca deje de recomendarlo.

Hace unas semanas, en una discusión tuitera, una estudiante de literatura mencionó que quisiera tener tiempo de leer a Proust. Tuve que responderle, y me parece justo decirlo aquí: Una novela de siete tomos con la palabra “tiempo” en el título es una advertencia obvia. Si quieres leerlo tienes que buscarte el tiempo, tienes que sacrificar otras diversiones para entregarte al oficio y el placer de la lectura, una lectura orgánica, del tamaño de una selva y sin salidas fáciles. Es decir, tienes que tomártelo en serio (lúdico pero en serio Juanito). Aunque es posible que el destino de Proust sea la soledad. Es posible que, como lo vaticina el Narrador, la obra pierda su vigencia en unos cien años más y sean cada vez menos los lectores dispuestos, entregados. Si lo lees, prepárate para que sea imposible compartir la experiencia.

Otra cosa que salió en twitter fueron personas que solamente han leído uno de los tomos. Ya que lo he terminado, esas personas me angustian… después de que hice mi tarea sin trampitas, tomando al toro por los cuernos, leyendo de tomo en tomo, sin saltarme las partes aburridas y soporíferas, recibí mi recompensa al final, como tuvo que ser. El orden es importante, puede ignorarse pero no lo recomiendo. Recuperar los recuerdos progresivamente es un deleite increíble y me imagino esas lecturas incompletas, sin el destino o el progreso de los numerosos personajes mencionados, sin el placer o el gozo de cuchichear todo lo que se dijo de ellos.

La novela es un gozo una vez que empiezas. Además de obedecer a su época y su lugar (Francia, el caso Dreyfuss, los judíos, pre y durante la Primera Guerra Mundial), también es un compendio acerca del amor, el erotismo, el lenguaje, la amistad, las etiquetas, la diplomacia, el chisme, el juego de poderes, la muerte, las estrategias de guerra, el ocio, la enfermedad, el arte (en sus múltiples ramificaciones), la narrativa, los artificios del escritor y los celos (lo he dicho numerosas veces: si una mujer deseara comprender los celos de un hombre, debería leerlo).

El último tomo es un regalo. El libro, como muchos saben, empieza con la mordida de la madalena y en el último tomo, a la mitad, la madalena ya está mordida. Recibes una manifestación completa, preciosa, de lo que es el escritor y lo que es el arte, el descubrimiento de la gran obra (que quizás no sea tan grande) y el momento de escribirla. Después de seis tomos donde el Narrador se admite un fracasado, incapaz de escribir algo verdaderamente de valor, luego de atravesar el río de la memoria se siente con la capacidad de hacerlo, recibe el don del tiempo y a su vez, el don es un castigo cuando se descubre viejo, quizás sin el tiempo suficiente de plasmar todas esas memorias (ya leídas por el lector, y escritas por Proust), en medio de una reunión de viejos aristócratas, donde se encuentra a la mayoría de los personajes (si no es que todos) que Proust ha delatado a lo largo de la búsqueda. Se oculta la ironía y las mejores ironías siempre se disfrazan, igual que los soñadores quijotescos que pronto olvidan el peso irónico del Quijote, la búsqueda del tiempo perdido se resuelve cuando el tiempo, en verdad, ya se fue.

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escrito por el Jueves, octubre 11, 2012

Un autor: Julian Herbert, dos de libros: Canción de Tumba y el Humble Bundle

Un autor: Julian Herbert, dos de libros: Canción de Tumba y el Humble Bundle

Julian Herbert, ayer por la tarde, anunció que su novela: “Canción de Tumba” ganó el premio Iberoamericano “Elena Poniatowska”. Que chingón, al menos lo digo por mí, que compré la novela unas semanas antes que anunciaran al ganador. Quizás sufra una misteriosa alza de precio.

Recuerdo qué, quizás unos meses atrás, Edilberto Aldán casi me exigió leer esta novela. Tienes que leer “Canción de tumba“, me dijo, y desde entonces pienso con regularidad en el título. Es precioso, y funesto, como debe ser con los buenos libros. Diría algún mamón: “Contiene una ligera tristeza onettiana”.

Luego vinieron un montón de recomendaciones de gente a la que sigo en Twitter. Mecanismos extraños pasan cuando no se ha leído un libro pero gente de criterio confiable lo recomienda. En mi cabeza terminó por convertirse en uno de los libros más codiciados y deseables. Finalmente lo compré un día que tenía el título en la punta de la lengua y casualmente estaba en Profética.

Si he soportado la tentación de leerlo es porque llevo una larga y dolorosa chaqueta con los siete tomos de Proust. Mi travesura de releer el primer tomo se convirtió en orgullo a partir del soporífero, mortal, tercer tomo y deseo seguir en ese viaje, hasta que me corran o me corra. “Canción de tumba” y los otros veinte, o treinta, o cuarenta libros que todavía me faltan (de los comprados en estos últimos dos años) pueden seguir esperando.

Sin embargo, puedo presumir que he leído a Julian Herbert en twitter y en su blog: YONKE. Si no lo han leído, recomiendo al menos estas anotaciones escritas por él:

Finalmente, quisiera recomendar una revista electrónica y cultural editada por Herbert, junto con Javier de la Mora:

Por otra parte, me gustaría avisarles que el Humble Bundle de libros continúa abierto. Pueden comprar ganadores y nominados a los premios Hugo de Fantasía y Ciencia Ficción por un dólar, en versiones digitales para cualquiera de sus dispositivos: iPad, iPhone, Kindle, Pantalla. No, lo siento, no son en papel. Lo que paguen por los libros será divido en tres partes: Caridad, autores y los organizadores del Humble Bundle.

Los libros en venta son:

  • Pirate Cinema – Cory Doctorow
  • Pump Six – Paolo Bacigalupi
  • Zoo City – Lauren Beukes
  • Invasion – Mercedes Lackey
  • Stranger Things Happen, Magic for Beginners – Kelly Link

Por unos dólares adicionales (para cubrir el monto promedio), te dan dos libros más:

  • Signal to Noise (una novela gráfica de Neil Gaiman y Dave McKean)
  • Old Man’s War – John Scalzi (recomendadísimo, según he leído por ahí)

Es encantadora la iniciativa. ¿Sería posible hacer algo así en México? Bueno, quien sabe, quizás podamos hacer mucho más. ¿Qué es imposible en un país donde los cadáveres son secuestrados?

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escrito por el Domingo, mayo 13, 2012

Cartas lascivas de James Joyce a Nora.

Cartas lascivas de James Joyce a Nora.

Aurelio Asiain publicó en su twitter una liga a las cartas lascivas que James Joyce escribía a Nora. Hice una traducción rápida y sencilla por dos razones:

  1. Es domingo, me abandonaron y especialmente abandonado, los domingos son más aburridos a no ser que uno se busque algo que hacer. La traducción de cartas puercas es y debería ser una de muchas prioridades lúdicas.
  2. Es una joya, es un morbo, es un cotilleo y es un privilegio de mirones asomarse por la correspondencia ajena de los muertos, de los grandes y/o de los perversos enamorados.
A NORA

Dublin. 2 de diciembre, 1909.

Mi amor por ti me permite rezar al espíritu de la belleza eterna y la ternura reflejada en tus ojos o aventarte bajo a mí, sobre ese tierno estómago que tienes y follarte desde atrás, como un cerdo montando a una marrana, glorificándose en la peste y el sudor que surge de tu culo, glorificándose en la apertura de tu vestido alzado y los calzoncillos blancos de muchachita y en la confusión de tus mejillas sonrojadas y cabello enredado. Me permite estallar en lágrimas de piedad y amor a la menor palabra, a temblar de amor por ti al sonido de un acorde o cadencia musical o yacer contigo, mi cabeza a la altura de tu culo, sintiendo tus dedos toquetear mis huevos o insertados en mi trasero y tus labios calientes mamando de mi verga mientras mi cabeza se acuña entre tus muslos gordos, mis manos apretando los redondos cojines de tus nalgas y mi lengua lamiendo vorazmente la raja de tu coño rojo. Te he enseñado a casi desvanecerte al sonido de mi voz cantando o murmurando a tu alma la pasión y pena y el misterio de la vida y al mismo tiempo te he enseñado a hacerme señas soeces con tus labios y lengua, a provocarme con caricias obscenas y ruidos, e incluso hacer en mi presencia los actos del cuerpo más vergonzosos e inmundos. ¿Recuerdas el día que alzaste tu ropa y me dejaste yacer bajo a ti, mirando hacia arriba, mientras lo hacías? Luego te avergonzaste incluso de mirarme a los ojos.

¡Querida, eres mía, eres mía! Te amo. Todo lo que escribí arriba solo es un momento, o dos, de locura brutal. La última gota de semilla difícilmente ha chorreado de tu coño antes de terminar y mi amor por ti, amor de mis versos, amor de mis ojos por tus ojos extraños y atrayentes, sopla sobre mi alma como un viento de especias. Mi pito todavía esta caliente y duro y estremeciéndose del último y brutal encuentro que tuvimos cuando un himno pasmoso se escucha levantándose en adoración tierna, piadosa, de ti desde los sombríos claustros de mi corazón.

Nora, mi querida fiel, mi colegiala canalla de ojos calmos, sé mi puta, mi señora, tanto como quieras (¡mi señorita cogelona! ¡mi putita folladora!) siempre serás mi hermosa flor salvaje de los cercos, mi flor azul oscura empapada de lluvia.

JIM

A NORA

Dublin. 3 de diciembre, 1909.

…, parece que me conviertes en una bestia. Fuiste tú, tú la muchacha traviesa y sinvergüenza que señaló el camino. Yo no fui el primero que te tocó hace mucho tiempo, en Ringsend. Fuiste tú quien deslizó su mano bajo mis pantalones y jaló suavemente mi camisa a un lado y tocó mi pito con sus largos, cosquilleantes, dedos y gradualmente lo tomó todo, gordo y erecto como estaba, en su mano y me sobó lentamente hasta que me vine entre sus dedos, todo el tiempo agachada sobre mí y mirándome con esos ojos santurrones y callados. Fueron tus labios los primeros en pronunciar una palabra obscena. En cama, en Pola, recuerdo bien esa noche.

Cansada de yacer bajo un hombre una noche arrancaste tu camisón violentamente y te subiste desnuda sobre mí para cabalgarme. Tú atascaste mi pito en tu raja y me cabalgaste, arriba y abajo. Tal vez mi asta no era suficientemente grande para ti porque recuerdo que te doblaste hacia mi cara y murmuraste tiernamente—. ¡Fóllame, amor! ¡Fóllame, amor!

Querida Nora, todo el día no he aguantado las ganas de hacerte una o dos preguntas. Querida, permítelas, ya que te he dicho todo lo que alguna vez hice y puedo preguntar de regreso. Cuando esa persona (Vicent Cosgrave), cuyo corazón ansío detener con el chasquido de un revolver puso su mano o sus manos bajo tus faldas, ¿Sólo te hizo cosquillas afuera o te penetró con su dedo, o sus dedos? Si lo hizo, ¿penetró tanto como para tocar esa pequeña verga al extremo de tu coño? ¿Te tocó por detrás? ¿Te hizo cosquillas mucho tiempo y te veniste? ¿Te preguntó que lo tocaras y lo hiciste? Si no lo tocaste, ¿se restregó contra ti y lo sentiste?

Nora, otra pregunta. Sé que soy el primer hombre en fornicarte, ¿pero algún otro hombre te masturbó? ¿Ese muchacho (Michael Bodkin) del que eras muy cercana alguna vez lo hizo? Verdad por verdad, honestidad por honestidad, dímelo ya, Nora. ¿Cuando estuviste con él en la noche oscura sus dedos nunca, nunca desabotonaron sus pantalones y se escaparon adentro como un ratón? ¿Querida, honestamente, alguna vez lo masturbaste a él o algún otro? ¿Acaso nunca, nunca, nunca sentiste el pito de un hombre o de un muchacho en tus dedos antes de desabotonarme a mí? Si no te sientes ofendida no temas decirme la verdad. Querida, querida, esta noche tengo una lujuria salvaje por tu cuerpo que si estuvieras aquí, junto a mí, e incluso si de tu boca me dijeras que follaste con la mitad de los patanes en el condado de Galway, todavía me arrojaría a ti con deseo.

A NORA

Dublin. 6 de diciembre, 1909.

Me gustaría que vistieras bragas con tres o cuatro mantelitos, uno sobre el otro, a las rodillas y hacia los muslos y lazos rojos y grandes en ellos —no me refiero a las bragas de colegia con el borde laceado, delgado y mezquino—, ajustado alrededor de las piernas y tan delgados que la piel muestre el libremente el trasero y las piernas anchas, todo mantelitos y lazo y moños, y perfumado en abundancia para que cada vez que los muestres, ya sea que apresuradamente alces tus ropas para hacer algo o te arregles bonita para ser cogida, yo sólo pueda ver una masa hinchada de cosas blancas y mantelitos y cuando te doble para abrirlas y te dé un beso lujurioso en tu culo desnudo y travieso pueda oler el perfume de tus bragas así como el humor cálido de tu coño y el olor espeso de tu trasero.

¿Las cosas que te escribo te escandalizan? Tal vez piensas que mi amor es una cosa asquerosa. Querida, lo es algunas veces. Algunas veces sueño contigo en posturas soeces. Imagino algunas cosas tan sucias que no las escribiré hasta que presencie como las escribes tú. Las pequeñas cosas me dan una gran erección -un movimiento puto de tu boca, una manchita café en el asiento de tus calzones blancos, una repentina palabra sucia farfullada de tus húmedos labios, un ruido inmodesto y repentino hecho por tu trasero y luego el mal olor lentamente crespando de tus espaldas. En esos momentos me siento loco por hacerlo de alguna manera inmunda, sentir tus labios lascivos mamándome, follar entre tus senos de puntas rosas, venirme en tu cara y chisporrotearlo todo en tus mejillas cálidas y tus ojos, atascarlo entre los cachetes de tus nalgas y sodomizarte.

Basta per stasera!

Espero hayas recibido mi telegrama y que lo entendieras.

Hasta pronto, mi querida a quien trato de degradar y depravar. ¿Cómo puedes amar a una cosa como yo en esta tierra de Dios?

¡Oh, querida, ansío recibir tu respuesta!

JIM

A NORA

Dublin. 8 de diciembre, 1909.

Nora, mi pequeña y dulce puta, hice como dijiste, chiquilla sucia, y me la jalé dos veces cuando leí tu carta. Me deleita ver que te gusta que te follen por el ano. Sí, ahora recuerdo la noche cuando te follé por el ano durante tanto tiempo. Fue la follada más sucia que te he dado alguna vez, querida. Mi pito se atoró en ti durante horas, follándote tu trasero alzado, adentro y afuera. Sentí tus nalgas sudorosas bajo mi estómago y miré tu rostro sonrojado y tus ojos enloquecidos. En cada embestida dada, tu lengua sinvergüenza salía rebosando de tus labios y sí empujaba con más fuerza de lo común, pequeñas flatulencias sucias salían chisporroteando de tu parte trasera. Tenías un culo lleno de pedos esa noche, querida, y los saqué a folladas, grandes tipos gordos, largos y ventosos, pequeños estallos felices y un montón de pequeños y traviesos peditos que terminaban en un torrente de tu agujero. Es maravilloso follar a una mujer pedorra cuando cada embestida le arranca uno de ella. Creo que reconocería los pedos de Nora en cualquier lugar. Creo que podría reconocer uno en una habitación lleno de mujeres pedorreándose. Es un ruido algo chiquillo, no como los humedos y ventosos pedos que me imagino tienen las esposas gordas. Es repentino y seco y sucio como el que dejaría ir una muchacha audaz de noche en el dormitorio de la escuela. Espero que Nora jamás deje de echarse pedos en mi cara para que así también conozca su olor.

Dices que cuando regrese me vas a mamar hasta el fin y que quieres que lama tu coño, pequeña canalla depravada. Alguna vez espero que me sorprendas mientras duermo vestido, que te aproveches de mí con el brillo de una puta en tus ojos soñolientos, gentilmente desabotonarás cada botón en la cremallera de mis truzas y gentilmente sacarás la verga gorda de tu amante, la cubrirás en tu boca húmeda y la chuparás hasta que se ponga más gorda y dura y se venga en tu boca. Algunas veces también te sorprenderé mientras duermes, alzaré tu falda y abriré gentilmente tus bragas, y yaceré gentilmente sobre ti y empezaré a lamer perezomanente alrededor de tu monte. Empezarás a removerte inquieta y luego lameré los labios del coño de mi querida. Empezarás a gemir y gruñir y suspirar y pedorrear con lujuria mientras duermes. Entonces lameré rápido y rápido como un perro hambriento hasta que tu coño sea una masa de limo y tu cuerpo culebreé salvajemente.

¡Buenas noches, mi querida Nora pedorrita, mi pajarito sucio y follador! Subrayaste una palabra encantadora, querida, que me hizo jalármela mejor. Escríbeme más acerca de eso y de ti, dulcemente, suciamente, suciamente.

JIM.

A NORA

Dublin. 9 de diciembre, 1909.

Mi dulce y travieso pajarillo follador, aquí hay otra nota para comprar bragas o medias o ligueros bonitos. Compra bragas de puta, amor, y asegúrate de rociar algunos de ellos con algún aroma agradable en las piernas y también decolóralos un poquito de atrás.

Pareces ansiosa de saber como recibí tu carta la cual dices es peor que la mía. ¿Amor, cómo es peor que la mía? Sí, es peor en una parte o dos. Me refiero a la parte donde dices lo que harás con tu lengua (No donde me la chupas) y en esa palabra que escribes tan grande y subrayas, pequeña granuja. Es emocionante escuchar esa palabra (además de una u dos que no has escrito) en los labios de una muchacha. Pero desearía que hablaras de ti y no de mí. Escríbeme una carta larga larga, llena de esa y de otras cosas, querida, acerca de ti. Sabes como provocarme una erección. Dame los detalles más insignificantes acerca de ti, siempre y cuando sean obscenos y secretos y puercos. No escribas otra cosa. Permite que cada oración esté llena de sonidos y palabras inmodestos y sucios. Todos son adorables de escuchar e incluso de leer en papel pero los más sucios son los más hermosos.

Son las más encantadoras aquellas dos partes de tu cuerpo que hacen cosas sucias. Querida, prefiero tu ano a tus tetas porque hace una cosa tan sucia. Tu coño lo adoro, no tanto porque sea la parte que fornico sino porque hace otra cosa sucia. Podría masturbarme todo el día mirando la palabra divina que escribiste y a la otra cosa que mencionaste harías con tu lengua. Desearía poder escuchar como desparramas esas palabras sucias de tus labios, mirar tu boca haciendo sonidos sucios y ruidos, sentir tu cuerpo culebrear bajo de mí, escuchar y oler tus pedos gordos de niña haciendo pap pap de de tu culo juvenil y desnudo y follar follar follar follar por siempre el coño calientito de mi pajarillo follador.

Ahora soy feliz, porque mi putita dice como desea que le aborde el culo y desea que le folle la boca y desea desabotonarme y sacar mi verga y mamarla como una teta. Todavía más y más sucio que esto dice que desea hacer, mi desnudita sucia, mi sucia y pequeña folladora y onanista, mi dulce y sucia pedorrita.

Mi puchita, buenas noches, me acostaré y me la jalaré hasta venirme. Escribe más y más sucio, querida. Hazte cosquillas en tu clítoris mientras escribes para que digas lo peor y lo más peor. Escribe en grande y subraya las palabras sucias y bésalas y empújalas por un momento en tu dulce y caliente coño, querida, y también álzate el vestido un momento y sostenlas contra tu querido y pedorro culito. Si así lo deseas, haz más y envíame tus palabras, mi pajarito follador de culo marrón.

JIM

A NORA

Dublin (?) 13 de diciembre, 1909.

Me sentiría encantado de sentir mi piel vibrando bajo tu mano. ¿Querida Nora, sabes a lo que me refiero? Desearía que me cachetees o incluso que me azotes. Querida, no en broma, sino fervorosamente y en mi piel desnuda. Querida, desearía que fueras fuerte, fuerte, y que tuvieras un culo grande, redondo y orgulloso y muslos gordos y grandes. ¡Nora, amor, amaría que me latigueés! Amaría ser culpable de algo que no te plazca, incluso algo trivial, tal vez uno de mis malos hábitos que tanto te hacen reír y luego escuchar que me llamas a tu habitación y encontrarte sentada en el sillón con tus muslos gordos bien abiertos y tu rostro enrojecido de furia y un bastón en tu mano. Mirar como señalas lo que hice y luego con un movimiento iracundo me jales hacia ti y lances mi rostro a lo largo de tu regazo. Luego sentir tus manos rompiendo mis pantalones y mi ropa interior y alzando mi camisa, luchar contra tus fuertes brazos y sentir como te doblas conmigo en tu regazo (como una nodriza enojada castigando las nalgas de un niño) hasta que tus tetas grandes casi me toquen y ¡¡¡sienta como perversamente azotas, azotas, azotas mi carne estremecida y desnuda!!!

A NORA

Dublin. 15 de diciembre, 1909.

¡No hay carta! Ahora puedo asegurar que mi muchachita se ofendió con mis palabras puercas. ¿Querida, te ofendiste de lo que dije acerca de tus bragas? Querida, todo eso son disparates. Sé que están inmaculados como tu hogar. Sé que podría lamerlos completos: mantelitos, piernas y fondo. Sólo yo amo pensar, a mi manera sucia, que en cierta parte están manchados. Querida, también son disparates eso de la sodomización. Sólo es que me gusta el sonido sucio de la palabra, la idea de que una chiquilla hermosa como Nora alce la parte trasera de sus ropas para revelar sus bragas de muchachita con el propósito de excitar al tipo sucio de quien es tan indulgente; y luego permitirle que atore su poste rojo y grumoso en la abertura de sus bragas y arriba arriba arriba en el agujerito añorado entre las nalgas gordas y frescas.

Querida, me vine en mis truzas así que estoy completamente exhausto. No puedo ir al correo aunque tengo tres cartas pendientes.

¡A la cama, a la cama! ¡Buenas noches, Nora mía!

JIM

A NORA

Dublin. 16 de diciembre, 1909.

¡Mi dulce y querida chiquilla, finalmente me escribes! Para escribirme una carta tan desarticulada debiste estarle dando a ese coño tuyo la más feroz de las sobadas. Mientras que yo, querida, estoy tan exhausto que tendrías que lamerme una hora completa antes de ponerme sucificientemente dura el asta para metértela, y no digamos follarte. Me hice tanto y tan seguido que me da miedo mirarla y descubrir como quedó después de todo. Querida, por favor no me folles tanto cuando vuelva. Fóllame todo lo que puedas la primera noche o la siguiente, pero luego oblígame a que me cure. La folladera debes hacerla toda tú, querida, porque ahora estoy tan pequeño y suave que ninguna chica en Europa, excepto tú, perdería su tiempo con el intento. Querida, fóllame en todas las formas que tu lujuria sugiera. Fóllame vestida en tu traje de exteriores con tu sombrero y tu velo puesto, tu cara sonrojada con el frío y el viento y la lluvia y tus botas lodosas, ya sea montándote a horcajadas sobre mí cuando esté sentado en una silla o cabalgándome arriba y abajo mostrando los mantelitos de tus bragas y mi verga dura atorándose en tu coño o montándome sobre la parte trasera del sofá. Fóllame desnuda, únicamente tu sombrero y tus medias puestas, acostados en el piso y en tu culo una flor carmesí, montándome como un hombre con tus muslos entre los míos y tu gordísimo culo. Fóllame con tu bata puesta (espero tengas una bonita) con nada bajo ella, repentinamente abriéndola y mostrándome tu estómago y tus muslos y el trasero y jálame hacia ti sobre la mesa de la cocina. Fóllame ofreciendo el ano, yace con tu rostro sobre la cama, tu cabello suelto y desnudo volando pero viste un par de bragas rosas encantadoras y aromadas abiertas por detrás sin pena y acomodadas flojamente sobre tu culo asomado. Fóllame en las escaleras, en lo oscuro, como una enfermera follando a su soldado, desabotonando sus calzones gentilmente y deslizando su mano en la bragueta y manipulando con destreza su camisa y sintiéndola ponerse mojada y luego jalándola gentilmente afuera y manipulando sus huevos hinchados y por fin sacar audazmente la verga que ama tomar y masturbándola para él suavemente, murmurando a su oído palabras sucias e historias sucias que le contaron otras chicas y las cosas sucias que ella dijo, y todo ese tiempo placenteramente mojando sus calzones y dejando salir pequeñas, cálidas y silenciosas mofetas hasta que su clítoris de muchachita se ponga tan duro como él y se lo atore de repente y lo monte.

Basta! Basta per Dio!

Me vine y se acabaron las bufonadas. ¡Ahora tus preguntas!


Prepárate. Pon linóleo castaño en la cocina y cuelga unas cortinas rojas en la ventana de noche. Consigue un tipo de sillón cómodo y bárato para tu amante flojo. Haz esto sobre todas las cosas, querida, y toda la semana no abandonaré la cocina leyendo, flojeando, fumando y observándote preparar las comidas y hablando, hablando, hablando, hablándote a ti. ¡Oh, seré supremamente feliz! ¡Por Dios que está en los cielos, seré feliz ahí! I figlioli, il fuoco, una buona mangiata, un caffè nero, un Brasil (cigar), il Piccolo della Sera, e Nora, Nora mia, Norina, Noretta, Noruccia ecc ecc...

Eva y Eilen deben dormir juntas. Consigue un lugar para Georgie. Desearía que Nora y yo tuviéramos dos camas para el trabajo nocturno. Amor, conservo y conservaré mi promesa. ¡Tiempo, vuela más rápido! ¡Deseo regresar a mi amor, mi vida, mi estrella, mi pequeña Irlanda de ojos extraños!

¡Un ciento de miles de besos, querida!

JIM

A NORA

Dublin. 20 de diciembre, 1909.

Mi chiquilla dulce y traviesa. Recibí tu carta caliente anoche y he tratado de imaginarme como te encerraste en el baño y sobaste tu coño. ¿Cómo lo hiciste? ¿Te parabas contra el muro con tu mano frotándote sobre y por debajo de tus ropas o te hincabas en el agujero con tus faldas arriba y tu mano trabajando arduamente en la raja de tus bragas? ¿Ahora te pone caliente cagar? Me pregunto como pudiste hacerlo. ¿Te pones caliente en el acto de cagar o te masturbas primero y luego cagas? Debe ser terriblemente lasicvo mirar a una chica con sus ropas arriba, masturbando furiosamente su coño, ver sus bragas blancas y bonitas abiertas detrás de ella y su culo sobresaliente y esa cosa café y gorda a la mitad de su ano. Dices que cagarás tus bragas, querida, y luego me dejarás cogerte. Primero me gustaría escucharte cagarlas, querida, y luego cogerte. Cuando hablemos de noche, en algún lado de la oscuridad, y sientas la mierda lista a salir, pon avergonzada tus brazos alrededor de mi cuello y cágalo suavemente. El sonido me volverá loco y cuando alce tu vestido

¡No tiene caso continuar! ¡Ya lo puedes adivinar!

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