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13024 (Juliette)

By on Jueves, abril 18, 2013

Es entretenida la estructura en Juliette, de Sade. Empieza con una orgía, una escena sexual colmada de placeres, de orificios y fluidos, y luego, cuando los actores del momento pornográfico toman un descanso, Sade aprovecha el momento para desarrollar un momento filosófico, sofismas en medio de los sudores evaporados. Es como pedirle al lector que primero se masturbe, y después piense en la consecuencia y el origen de su onanismo. Luego alzo una ceja, sé que es ficción, pero a los hombres de Sade nunca les falta una erección, el semen, parece que siempre están llenos. Supongo que los pequeños duendes del libro, cuando está cerrado, se ocupan de tener a los hombres erectos y cuando uno no está viendo, reemplazan el semen con un líquido similar a la leche, y cuando uno cree que se han venido, simplemente gritan y hacen caras a la cámara. Vaya. Brevemente recuerdo a Justine, y su viaje es diferente, la virtud de Justine cambia las cosas, la obra es más sádica porque ella siempre sufre mientras que Juliette se entrega, sin empachos, a la recompensa del...

13016 (Bushido)

By on Miércoles, marzo 6, 2013

El Bushido (Proyecto Larsen, 2009) sugiere qué para hablar con algún amigo de sus defectos, es mejor agarrarlo después de un momento alegre, como una fiesta. También sugiere que primero se hable de los defectos propios para después llegar, con sutileza y elocuencia, al escabroso tema de señalar los problemas del otro. Yo le llamaría el madrazo humilde, ese viejo recurso retórico de tirarse para después jalarle las patas al otro. Algo en qué pensar. Más joven, y todavía de vez en cuando, se me escapan las palabras y las digo con una sinceridad hiriente, seca. Es el signo de mi poca familia, uno que quiero mucho y acepto tal cual es, pero no es de ninguna utilidad en reuniones clave. El samurái es un escritor, antes de abrir la boca o de usar los dedos, debe calcular el momento adecuado para llegar al tema, así como los recursos que utilizará para desarrollar sus palabras. El Bushido también tiene su propia versión de: “No abras la boca al menos de ser absolutamente necesario”, así como “La primera palabra que uses debe ser la más importante”. Qué cosa, una guía para despertar, el bruto menos bruto, un caballero que se hace a sí...

13015 (Bushido)

By on Lunes, marzo 4, 2013

Algún día, a finales del año pasado, visité el blog de Almu (Antes muerta que sencilla). Ya no existe el blog con su propio dominio, sin embargo, se pueden leer algunas entradas en blogspot. Esas pocas entradas fueron suficientes para recordar el sentimiento de fascinación, y envidia, que me embargaba leer su blog. Tuvieron que pasar unos años para comprender que la brevedad también se educa, y que Almu, debe ser una persona que a la hora de sentarse a escribir tiene una precisión natural, un ojo al detalle bien practicado (Ojalá pudieran leer el blog de amqs, cada entrada era mejor). Eso imagino y mi imaginación probablemente es grosera, poco refinada, quizás la verdad es otra cosa, me alegraría que ella me desmintiera. Recordé lo mucho que me gustaba su cotidianidad breve. En estos días, he leído “El espejo en el espejo” de Ende y “Confabulario” de Arreola, además de “Ficciones” y “Aleph” Borges, una nada de Keret, quizás una embarrada de Torri. Ese año también leí “El arte de la fuga” de Sergio Pitol. En ellos deposito algunas raíces de este blog, así como sus métodos y sus aspiraciones. Sin embargo las mentiras son mías, ni modo de enjaretárselas a alguien...

Ende, el tienpo, y las cajas de libros

By on Jueves, noviembre 22, 2012

Hay una cosa que me hace ruido en “Momo” y es la ilustración del letrero. Generalmente Ende ilustraba sus propios libros, la faceta de pintor en su niñez-juventud difícilmente lo abandonó y al menos, supongo, en ilustrar pequeñas cosas se liberaba. En la edición que leí de Momo, de repente, aparece una ilustración de la pancarta de los niños convocantes a una reunión para contarles a los adultos de los hombres grises. La pancarta está plagada de faltas ortográficas para, asumo, apelar a la niñez e inexperiencia de los convocantes, ¿pero de verdad es así? Suponiendo que eso pueda pasar… entre los niños tienen a Paolo, un chavito sabelotodo. Se me hace imposible que este personaje no haya jugado a tachar los letreros para corregir la palabra “tienpo” o las b en vez de las v. (Un juego que Ende ha practicado en otros personajes, o en otras historias). Es una tontería pero no dejo de pensar en ello y me gustaría saber si fue decisión de Ende, del traductor o de la editorial. Sé que Ende presta atención a estos detalles por los personajes que maneja “En el ponche de los deseos” y aunque ambos personajes son analfabetos, su relación también se ve afectada por sus conocimientos literarios. Esto se ha convertido en un pequeño misterio que me perseguirá de vez en vez. Leo a Sergio Pitol en “El arte de la fuga” y en algún momento menciona su casa, y sus hábitos de trabajo. Habla de su espacio como un paraíso, el lugar donde los libros pueden sentirse cómodos en sus bibliotecas y las cajas ya no son necesarias, quizás “los últimos libros”, cuando has dejado de cazarlos para contentarte con las letras que tienes y la búsqueda, aunque no ha terminado, se ha relajado por el tiempo. Por otra parte, Ruy Feben habla de su librero en letroactivos, un espacio caótico donde los autores toman posesión de los muebles, el espacio, y parecen hablarse entre sí, también habla de cajas, de una celosa posesión de los libros. Ende, en “El ponche de los deseos”, habla de los libros en un fragmento: su acomodo en la biblioteca, como son seres caprichosos, y los relaciona con los libros comunes. “Alguien con un poco de delicadeza”, escribe Ende, “no se atrevería a poner a Heidi junto a Justine“. En mi caso, mis tres tomos de Juliette están a unos tres libros de El espejo en el espejo, y comparten, inmediatamente, espacio con Borges y Pauline Réage. Esta mañana recordé que de niño, gracias a un regalo de mi madre, leí una edición menos censurada, azucarada, de los Hermanos Grimm a los siete u ocho años. Lo recordé por este artículo de Cracked, que despertó la memoria de esos cuentos crueles y definitivamente, nada aceptables para estos tiempos endulzados que corren. Uno de muchos libros que he dejado atrás, en tantas mudanzas, tantos espacios vividos. Y empecé a extrañarlo aún cuando lo había olvidado. La memoria es una cosa engañosa: quizás esos cuentos, a esa edad, me aburrieron o me dieron miedo. Las cajas de Ruy Feben, o las cajas de Sergio Pitol, también fueron mis cajas, una condena común de los lectores voraces y nómadas. El lector es Sísifo, y si tiene suerte, en su vida conseguirá empujar esas cajas a un lugar donde pueda comodamente leer sus libros, aunque sea a medio camino del Olimpo, el Paraíso no le faltará. Una reseña de “Momo”, por Michael Ende, en mi quinta o sexta relectura del libro (publicada originalmente en goodreads): En la última relectura de Momo, la vi distinta. Es la primera vez que noto la incomodidad de darle “estrellas” a los libros. Con un libro, y en el momento indicado, cinco estrellas pasa fácil. Un libro, y en un mal momento, una estrella también es fácil. Finalmente está el refugio de las tres o cuatro estrellas, que se entregan generosamente, sin compromiso, o la ambigüedad de las dos estrellas. No quería calificar a Momo con cuatro estrellas, pero tres me parecían insuficientes y definitivamente, aún con lo mucho que quiero a Ende y sus historias, me es imposible darle cinco (¿y debería, siquiera, calificar con estrellas un libro?). La cosa con Momo es que pensaba, mientras leía, en “La historia interminable”. Mientras una historia trata de un niño salvando al mundo y el tiempo de sus amigos de los hombres grises, la otra historia simplemente es un niño leyendo un libro y que, después de muchos sacrificios, finalmente consigue sanar la relación que tiene con su padre. Momo recibe “el agua de la vida” mucho antes, mientras que Bastian “escucha la canción del tiempo” sólo hasta el final, después de mucho sacrificio. También da espacio para la duda porque, con un poco de cinismo y poca imaginación, es posible descartar la historia, darle un sentido más trágico y dar nacimiento a un lector monstruoso, un mentiroso oculto en la Nada. Quizás por eso es más fácil recomendar “Momo” que “La historia interminable”. El primero es una aventura con sus villanos y un peligro inminente, mientras que el segundo es un niño empecinado en leer un libro que se robó. (Además de la diferencia de tamaños entre uno y otro). Sin embargo, es precisamente en la sencillez de la segunda historia donde nace su abundancia, una exploración meticulosa de los temas. Momo es un relato bello, infantil, sencillo y...

El año de Proust

By on Miércoles, noviembre 7, 2012

Este año comencé uno de mis proyectos literarios más ambiciosos como lector: Leer a Marcel Proust y los siete tomos de “En busca del tiempo perdido”. Quise, de alguna manera, que mis treinta años significaran algo como lector y escritor. Leer también es escribir (es un aspecto de muchos). Escritor que no lee sólo puede burlar una vez, o dos, pero eventualmente cae presa de su propia desidia y lo castigan como a un Karamazov. Quizás con lectores dedicados evitaríamos el tufo del plagio. El pintor tiene que ver la naturaleza, un sujeto, una imagen y contemplarla, meditarla, precisarla antes de mancillar decididamente el lienzo en blanco. El escritor también tiene que ser un observador y no sólo de sus alrededores, sino de esos bloques de letras, párrafos, oraciones, estilos, maneras de hablar. Tiene que entregarse a sus lecturas, sean cuales estas sean y sobre todo, tiene que estar dispuesto a arriesgarse a tomar esos libros aparentemente invencibles para desmenuzarlos, estudiarlos, descubrirse insuficiente (o levantarse como un Coloso adecuado al reto) para entregarse y sencillamente leer hasta concluir la historia. Traduzco la invitación: Deje de leer libracos complacientes un rato, anímese. Dicho lo anterior, escogí a Proust y leer a Proust es una putada. Es una deliciosa ironía que el trabajo se trate del tiempo y que hogaño, sea muy difícil leer párrafos tan largos, abundantes. La tendencia del lector contemporáneo es disminuir su tiempo de lectura sin sacrificar el placer que provoca una historia. Eso, a su vez, alimenta estos géneros explosivos de literatura breve: microficción, ráfagas poéticas, palíndromos, twitteratura, como quieran llamarle. Subrayé demasiadas líneas en mi lectura ¿y saben cuántas pude compartir a través de Twitter? Tres. Solamente tres que se acomodaron a la brevedad exigida. Los demás son imposibles de tuitear sin destazarlos y convertirlos en otra cosa, algo que pueda leerse estúpido, insuficiente o incompleto. Proust exige lectores de otra época. Lectores dispuestos a devorar lentamente la búsqueda memoriosa del narrador en su afán por recuperar el tiempo, tiempo que paradójicamente el lector pierde mientras enferma de Proust. A manera de una Scherezada, el Narrador entrelaza historias, recuerdos, personajes y es fácil perderse en los encuentros, vencerse al vértigo de las demasiadas palabras. ¿Vale la pena leer a Proust? ¿Tengo el tiempo de leerlo? Sí, lo tienes, búscale y atrévete. Quizás nunca deje de recomendarlo. Hace unas semanas, en una discusión tuitera, una estudiante de literatura mencionó que quisiera tener tiempo de leer a Proust. Tuve que responderle, y me parece justo decirlo aquí: Una novela de siete tomos con la palabra “tiempo” en el título es una advertencia obvia. Si quieres leerlo tienes que buscarte el tiempo, tienes que sacrificar otras diversiones para entregarte al oficio y el placer de la lectura, una lectura orgánica, del tamaño de una selva y sin salidas fáciles. Es decir, tienes que tomártelo en serio (lúdico pero en serio Juanito). Aunque es posible que el destino de Proust sea la soledad. Es posible que, como lo vaticina el Narrador, la obra pierda su vigencia en unos cien años más y sean cada vez menos los lectores dispuestos, entregados. Si lo lees, prepárate para que sea imposible compartir la experiencia. Otra cosa que salió en twitter fueron personas que solamente han leído uno de los tomos. Ya que lo he terminado, esas personas me angustian… después de que hice mi tarea sin trampitas, tomando al toro por los cuernos, leyendo de tomo en tomo, sin saltarme las partes aburridas y soporíferas, recibí mi recompensa al final, como tuvo que ser. El orden es importante, puede ignorarse pero no lo recomiendo. Recuperar los recuerdos progresivamente es un deleite increíble y me imagino esas lecturas incompletas, sin el destino o el progreso de los numerosos personajes mencionados, sin el placer o el gozo de cuchichear todo lo que se dijo de ellos. La novela es un gozo una vez que empiezas. Además de obedecer a su época y su lugar (Francia, el caso Dreyfuss, los judíos, pre y durante la Primera Guerra Mundial), también es un compendio acerca del amor, el erotismo, el lenguaje, la amistad, las etiquetas, la diplomacia, el chisme, el juego de poderes, la muerte, las estrategias de guerra, el ocio, la enfermedad, el arte (en sus múltiples ramificaciones), la narrativa, los artificios del escritor y los celos (lo he dicho numerosas veces: si una mujer deseara comprender los celos de un hombre, debería leerlo). El último tomo es un regalo. El libro, como muchos saben, empieza con la mordida de la madalena y en el último tomo, a la mitad, la madalena ya está mordida. Recibes una manifestación completa, preciosa, de lo que es el escritor y lo que es el arte, el descubrimiento de la gran obra (que quizás no sea tan grande) y el momento de escribirla. Después de seis tomos donde el Narrador se admite un fracasado, incapaz de escribir algo verdaderamente de valor, luego de atravesar el río de la memoria se siente con la capacidad de hacerlo, recibe el don del tiempo y a su vez, el don es un castigo cuando se descubre viejo, quizás sin el tiempo suficiente de plasmar todas esas memorias (ya leídas por el lector, y escritas por Proust), en medio de una reunión de viejos aristócratas, donde se encuentra a la mayoría de los personajes (si no es que todos) que Proust ha delatado a...

Un autor: Julian Herbert, dos de libros: Canción de Tumba y el Humble Bundle

By on Jueves, octubre 11, 2012

Julian Herbert, ayer por la tarde, anunció que su novela: “Canción de Tumba” ganó el premio Iberoamericano “Elena Poniatowska”. Que chingón, al menos lo digo por mí, que compré la novela unas semanas antes que anunciaran al ganador. Quizás sufra una misteriosa alza de precio. Recuerdo qué, quizás unos meses atrás, Edilberto Aldán casi me exigió leer esta novela. Tienes que leer “Canción de tumba“, me dijo, y desde entonces pienso con regularidad en el título. Es precioso, y funesto, como debe ser con los buenos libros. Diría algún mamón: “Contiene una ligera tristeza onettiana”. Luego vinieron un montón de recomendaciones de gente a la que sigo en Twitter. Mecanismos extraños pasan cuando no se ha leído un libro pero gente de criterio confiable lo recomienda. En mi cabeza terminó por convertirse en uno de los libros más codiciados y deseables. Finalmente lo compré un día que tenía el título en la punta de la lengua y casualmente estaba en Profética. Si he soportado la tentación de leerlo es porque llevo una larga y dolorosa chaqueta con los siete tomos de Proust. Mi travesura de releer el primer tomo se convirtió en orgullo a partir del soporífero, mortal, tercer tomo y deseo seguir en ese viaje, hasta que me corran o me corra. “Canción de tumba” y los otros veinte, o treinta, o cuarenta libros que todavía me faltan (de los comprados en estos últimos dos años) pueden seguir esperando. Sin embargo, puedo presumir que he leído a Julian Herbert en twitter y en su blog: YONKE. Si no lo han leído, recomiendo al menos estas anotaciones escritas por él: Mi nombre es Ixca Cienfuegos – Un texto con el motivo de la muerte de Carlos Fuentes. (pretencioso) REMAKE – Movimientos de un baldío nacional. Berlín (en Gatopardo) – Una crónica de “algunas de las estúpidas razones por las que volveré a esta ciudad”. Finalmente, quisiera recomendar una revista electrónica y cultural editada por Herbert, junto con Javier de la Mora: ##FF! Cultura escrita – Recomiendo el siguiente texto para que sepan de que va la revista: Léase en caso de incendio. Por otra parte, me gustaría avisarles que el Humble Bundle de libros continúa abierto. Pueden comprar ganadores y nominados a los premios Hugo de Fantasía y Ciencia Ficción por un dólar, en versiones digitales para cualquiera de sus dispositivos: iPad, iPhone, Kindle, Pantalla. No, lo siento, no son en papel. Lo que paguen por los libros será divido en tres partes: Caridad, autores y los organizadores del Humble Bundle. Los libros en venta son: Pirate Cinema – Cory Doctorow Pump Six – Paolo Bacigalupi Zoo City – Lauren Beukes Invasion – Mercedes Lackey Stranger Things Happen, Magic for Beginners – Kelly Link Por unos dólares adicionales (para cubrir el monto promedio), te dan dos libros más: Signal to Noise (una novela gráfica de Neil Gaiman y Dave McKean) Old Man’s War – John Scalzi (recomendadísimo, según he leído por ahí) Es encantadora la iniciativa. ¿Sería posible hacer algo así en México? Bueno, quien sabe, quizás podamos hacer mucho más. ¿Qué es imposible en un país donde los cadáveres son...

Cartas lascivas de James Joyce a Nora.

By on Domingo, mayo 13, 2012

@Kyuutz loveletters.tribe.net/thread/fce7238… — Aurelio Asiain (@aasiain) May 13, 2012 … Aurelio Asiain publicó en su twitter una liga a las cartas lascivas que James Joyce escribía a Nora. Hice una traducción rápida y sencilla por dos razones: Es domingo, me abandonaron y especialmente abandonado, los domingos son más aburridos a no ser que uno se busque algo que hacer. La traducción de cartas puercas es y debería ser una de muchas prioridades lúdicas. Es una joya, es un morbo, es un cotilleo y es un privilegio de mirones asomarse por la correspondencia ajena de los muertos, de los grandes y/o de los perversos enamorados. A NORA Dublin. 2 de diciembre, 1909. Mi amor por ti me permite rezar al espíritu de la belleza eterna y la ternura reflejada en tus ojos o aventarte bajo a mí, sobre ese tierno estómago que tienes y follarte desde atrás, como un cerdo montando a una marrana, glorificándose en la peste y el sudor que surge de tu culo, glorificándose en la apertura de tu vestido alzado y los calzoncillos blancos de muchachita y en la confusión de tus mejillas sonrojadas y cabello enredado. Me permite estallar en lágrimas de piedad y amor a la menor palabra, a temblar de amor por ti al sonido de un acorde o cadencia musical o yacer contigo, mi cabeza a la altura de tu culo, sintiendo tus dedos toquetear mis huevos o insertados en mi trasero y tus labios calientes mamando de mi verga mientras mi cabeza se acuña entre tus muslos gordos, mis manos apretando los redondos cojines de tus nalgas y mi lengua lamiendo vorazmente la raja de tu coño rojo. Te he enseñado a casi desvanecerte al sonido de mi voz cantando o murmurando a tu alma la pasión y pena y el misterio de la vida y al mismo tiempo te he enseñado a hacerme señas soeces con tus labios y lengua, a provocarme con caricias obscenas y ruidos, e incluso hacer en mi presencia los actos del cuerpo más vergonzosos e inmundos. ¿Recuerdas el día que alzaste tu ropa y me dejaste yacer bajo a ti, mirando hacia arriba, mientras lo hacías? Luego te avergonzaste incluso de mirarme a los ojos. ¡Querida, eres mía, eres mía! Te amo. Todo lo que escribí arriba solo es un momento, o dos, de locura brutal. La última gota de semilla difícilmente ha chorreado de tu coño antes de terminar y mi amor por ti, amor de mis versos, amor de mis ojos por tus ojos extraños y atrayentes, sopla sobre mi alma como un viento de especias. Mi pito todavía esta caliente y duro y estremeciéndose del último y brutal encuentro que tuvimos cuando un himno pasmoso se escucha levantándose en adoración tierna, piadosa, de ti desde los sombríos claustros de mi corazón. Nora, mi querida fiel, mi colegiala canalla de ojos calmos, sé mi puta, mi señora, tanto como quieras (¡mi señorita cogelona! ¡mi putita folladora!) siempre serás mi hermosa flor salvaje de los cercos, mi flor azul oscura empapada de lluvia. JIM … A NORA Dublin. 3 de diciembre, 1909. …, parece que me conviertes en una bestia. Fuiste tú, tú la muchacha traviesa y sinvergüenza que señaló el camino. Yo no fui el primero que te tocó hace mucho tiempo, en Ringsend. Fuiste tú quien deslizó su mano bajo mis pantalones y jaló suavemente mi camisa a un lado y tocó mi pito con sus largos, cosquilleantes, dedos y gradualmente lo tomó todo, gordo y erecto como estaba, en su mano y me sobó lentamente hasta que me vine entre sus dedos, todo el tiempo agachada sobre mí y mirándome con esos ojos santurrones y callados. Fueron tus labios los primeros en pronunciar una palabra obscena. En cama, en Pola, recuerdo bien esa noche. Cansada de yacer bajo un hombre una noche arrancaste tu camisón violentamente y te subiste desnuda sobre mí para cabalgarme. Tú atascaste mi pito en tu raja y me cabalgaste, arriba y abajo. Tal vez mi asta no era suficientemente grande para ti porque recuerdo que te doblaste hacia mi cara y murmuraste tiernamente—. ¡Fóllame, amor! ¡Fóllame, amor! Querida Nora, todo el día no he aguantado las ganas de hacerte una o dos preguntas. Querida, permítelas, ya que te he dicho todo lo que alguna vez hice y puedo preguntar de regreso. Cuando esa persona (Vicent Cosgrave), cuyo corazón ansío detener con el chasquido de un revolver puso su mano o sus manos bajo tus faldas, ¿Sólo te hizo cosquillas afuera o te penetró con su dedo, o sus dedos? Si lo hizo, ¿penetró tanto como para tocar esa pequeña verga al extremo de tu coño? ¿Te tocó por detrás? ¿Te hizo cosquillas mucho tiempo y te veniste? ¿Te preguntó que lo tocaras y lo hiciste? Si no lo tocaste, ¿se restregó contra ti y lo sentiste? Nora, otra pregunta. Sé que soy el primer hombre en fornicarte, ¿pero algún otro hombre te masturbó? ¿Ese muchacho (Michael Bodkin) del que eras muy cercana alguna vez lo hizo? Verdad por verdad, honestidad por honestidad, dímelo ya, Nora. ¿Cuando estuviste con él en la noche oscura sus dedos nunca, nunca desabotonaron sus pantalones y se escaparon adentro como un ratón? ¿Querida, honestamente, alguna vez lo masturbaste a él o algún otro? ¿Acaso nunca, nunca, nunca sentiste el pito de un hombre o de un muchacho en tus dedos antes...

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