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Siento que un Dios anida en mí

By on Lunes, mayo 27, 2013

El siguiente texto fue el que leí el 23 de Mayo en la Universidad Autónoma de Nayarit, con el motivo de mi conferencia: “Siento que un Dios anida en mí”. El otro día desperté con el siguiente verso de Nervo en la cabeza, no podía dejar de pensar en él: “Siento que un Dios anida en mí”. Tan pronto lo saboreé, supe que iba a estar pensando largo rato en él, quizás pasarían años antes de poder olvidarlo, de pensar en otra cosa (que, si no me equivoco, “pensar en otra cosa” es otro de los versos de Nervo). Arrancando la línea del poema, ésta nos ofrece dos posibilidades igual de impactantes: El verbo anidar puede referirse a algo bello, hasta cierto punto inocente, como el nido de unos pajaritos. Por otra parte, ¿cuántas veces no hemos escuchado nido como una palabra para referirse a cosas menos amables? Un nido de víboras, un nido de gusanos, un nido de...

13012 (Aleph)

By on Lunes, febrero 11, 2013

Quiero escribir una historia interactiva por twitter. Primero pensé que debía ser una novela y luego de pensar en todas las complicaciones, y repasar la lista de proyectos pendientes, me rendí como se rinde la gente que prefiere soñar para ser desdichada. Hay buenos motivos para rendirse: Una novelas es, además de contar una historia, un homenaje al lenguaje. No dudo de la estética en fragmentos de 140 caracteres, o menos, pero se pierde peligrosamente la atención, la secuencia, el flujo de la narración. Quizás es mejor que cada tuit viva como un universo contenido y esperar, quizás, encontrar algún día el hilo conductor que una todos esos fragmentos para descubrir, por error, que se escribió una novela. Escuché, si mal no recuerdo, que al atravesar el universo (encontrar el fin, ese borde donde cae el agua estelar y alimenta a los cuatro elefantes, y a la tortuga) llegamos a la...

Las sombras son un invento para dormir tranquilos

By on Jueves, octubre 18, 2012

Abro las persianas, la noche se extiende y enciendo un cigarrillo. Me pondré a escribir, me convenzo. Ya guardo la noche como un refugio para la construcción. No me levantaré de aquí hasta escribir algo, lo que sea. Cuánta ternura y cuánto romance, hacer y olvidar para qué. El propósito vendrá después. Antes de teclear miro las sombras de las repisas y los libreros, de los objetos desperdigados sobre la mesa. Sombras artificiales, no como las sombras de sol de medio día cuya negrura despiertan la ilusión de duplicidad. Un objeto se clona cada vez que el sol recrea su sombra y quien sabe, quizás ese objeto amanece en otro lugar, se levanta, tiene una vida propia, separa su pasado (ya no es un teléfono, ya no es una taza) y construye un presente (hombre, mujer o quimera). El objeto se convierte en una persona. Quizás las sombras de la humanidad, cuando las toca la luz del sol, se...

La cosa que rasca en las paredes.

By on Martes, agosto 21, 2012

Este cuento se escribió a tuitazos. Para Zantcher. Le dice a la cosa que rasca entre las paredes que ya se acostumbró, que siga, que no le importa. (Le daba pena confesarle a la gente que él no tenía control de dónde lo llevaban sus pies). Sigue rascando, hace un agujero, se asoma un dedo largo, un silbido, un ojo. Se arregla con un poco de cemento. (El gozo cuando la sombra aprende a molestar a su cuerpo). No dejaré que el demonio salga de mis paredes esta noche, se oye, dice, se ríe. Así hay mucha gente que protege su casa y sólo algunos tontos se distraen para tuitearlo. Pues un cafecito, ¿no? ¿No estaría? Pregunta, mientras tapa el agujero de su pared. Se quiere reír para que no le gane el sueño. Luego gritan. Nadie grita. Sólo es que tiene mucho sueño y ya se imagina cosas. Igual y el agujero también se lo imagina. No es nada. Diablos en las paredes. ¿Qué pifias son esas? ¿Qué...

Juegos de personalidad múltiple.

By on Miércoles, octubre 26, 2011

Soñaba, anoche, que echaba andar uno de los proyectos que tengo hace tiempo con el árbol 2:17 y es invitar a “otros escritores” a escribir regularmente en él. Esos “otros escritores” debe tener énfasis en las comillas, porque sería algo como lo que hizo Nájera o Pessoa. Usar otros nombres para escribir otras cosas. Cambio de estilo, de narrativa, de ocio. Luego pesa escribir con el mismo nombre porque el nombre ya está acostumbrado a presentarse de una forma y parece imposible separarse de él para jugar. Han pasado tantos años que me he convertido en un personaje multidimensional para varios grupos de personas y mi vida personal, algunas veces, se ilusiona con separarse del escritor que durante años ha llevado este blog. El nombre es una carga. El nombre y sus consecuencias son una ficción caótica, un espejismo que surge del calor y de la falta de azúcar. Anoche pensaba en la...

Diez.

By on Jueves, mayo 26, 2011

El dieciseis de diciembre de 2007, Vlad Pax escribiría una novela postmodernista con detalles humorísticos: Uno solo no conserva lo que no amarra. Los críticos literarios del país cuando se vieron confrontados con un título de dicha índole, alzaron la ceja escépticos pero decidieron tomar el libro y leerlo de cualquier manera. No había mucho que leer para las reseñas de los domingos, o miércoles, o mensuales… y el libro, al tener una portada amarilla, parecía que contribuiría a la calidez de encerrarse en el estudio y olvidar los fríos de diciembre. Yaffid Martínez dijo que el título era lo más adecuado, ya que sus personajes vivían una ambivalencia entre los amarres y las doble negaciones, y qué probablemente se convertiría en un himno de esta generación durante meses. “La importancia de los amarres y la conservación en esta generación materialista se ve reflejada en la...

Cuento de los claveles blancos.

By on Miércoles, marzo 30, 2011

Este es un cuento que se escribió a tuitazos. Luego me cuentan si les gusta. Esta tarde, cuando pensaba salir a pasear con mis dos perros, descubrimos a una mujer que lloraba en nuestra banqueta. Estaba sentada, con las piernas dobladas al rostro y se balanceaba. El sol no tardaba en ocultarse. Ella miraba hacia nosotros, usaba un vestido blanco, jirones de cabello cubrían sus ojos. Era muy vocal para llorar. El perro más pequeño, con su complejo de macho alfa, se adelantó a mí y ladró. Sus patitas brincaban con cada ladrido. No debió hacerlo. ¿Pero cómo íbamos a saberlo? El perro más pequeño avanzó unos pasos más sintiéndose valiente. Ninguno esperábamos lo que sucedió después. Se abrió el vestido blanco de la mujer que lloraba y su piel se hizo tan blanca como su vestido. Parecía un flashazo… Pensé que un clavel blanco se había comido la realidad. Escuché los ladridos del perro...

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