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13046 (Juliette / Rollin’)

By on Domingo, junio 30, 2013

Fragmento del diario de Boris Santiel: “Necesito un periodo de euforia. Escucho Rollin’ y me acuerdo de S. Tengo 19 años, estoy en el espacio bajo la escalera y miro como todos bailan, sobre todo S. Pienso que me gustaría ser otro, no el penoso que invitan a la fiesta para mirar como se emborrachan, sino el invitador, o al menos el que propone dónde es la peda. Si fuera así, podría salir de las sombras y tomar a S de la cintura, y que mueva esas nalgas junto a mí, me las restriegue, me saque a fuerza de caricias forzosas el deseo que tanto contengo. Alguien me ofrece un cigarrillo. Me rechazo a mí mismo (Gracias, no fumo) y acepto por primera vez. Me lo prenden, tomo la primera bocanada, toso, se ríe el ofrecedor, lo miro. Es un chavo de otro grupo, con un vodka en la mano se pone a platicar conmigo de viejas y de como fumar correctamente. Me río con él, me río cuando se...

Lotófago

By on Viernes, marzo 15, 2013

AP. AM. N. Why are we weigh’d upon with heaviness, And utterly consumed with sharp distress, While all things else have rest from weariness? All things have rest: why should we toil alone (…) Alfred Tennyson. La vida se ha vuelto más interesante. Echado frente al palacio donde solía vivir, paso mis días revolcándome en la tierra para tratar de quitarme el olor a sal que se ha impregnado en mi piel, a falta de cuidados, a falta de caza. Ya no me extraña, ni me preocupa, que se aparezcan las Parcas. Las hermanas me observan, calladas, jugando con sus materiales, y entonces mi presencia se vuelve incierta. Cierro los ojos esperando despertarme en otro lugar. Todavía no pasa. Me quedan días, horas, no lo sé. Justo ahora que la vida se ha puesto interesante. Hace poco salió el hijo del Cazador. Apestaba a miedo y amargura. Los hombres son como la tierra; su vida se desentierra como un...

La cosa que rasca en las paredes.

By on Martes, agosto 21, 2012

Este cuento se escribió a tuitazos. Para Zantcher. Le dice a la cosa que rasca entre las paredes que ya se acostumbró, que siga, que no le importa. (Le daba pena confesarle a la gente que él no tenía control de dónde lo llevaban sus pies). Sigue rascando, hace un agujero, se asoma un dedo largo, un silbido, un ojo. Se arregla con un poco de cemento. (El gozo cuando la sombra aprende a molestar a su cuerpo). No dejaré que el demonio salga de mis paredes esta noche, se oye, dice, se ríe. Así hay mucha gente que protege su casa y sólo algunos tontos se distraen para tuitearlo. Pues un cafecito, ¿no? ¿No estaría? Pregunta, mientras tapa el agujero de su pared. Se quiere reír para que no le gane el sueño. Luego gritan. Nadie grita. Sólo es que tiene mucho sueño y ya se imagina cosas. Igual y el agujero también se lo imagina. No es nada. Diablos en las paredes. ¿Qué pifias son esas? ¿Qué...

De los monstruos.

By on Martes, mayo 29, 2012

Los monstruos necesitan héroes para fortalecerse. No se trata de la criatura que mate más. Al revés: los monstruos que pierden se agrandan con el fracaso. Luego renacen con más ganas de morder los miembros del imbécil que se atrevió a mancillarlos con sus ganas de aventura. Un creador de monstruos tiene todo tipo de materiales a su disposición: brazos desmembrados, ojos de sapo, sonidos de perro hambriento, placas de hierro cubierto en óxido, gotas de fuego para los ojos, para las uñas, para reemplazar a la sangre que saben, la perderán fácil en las batallas. Los monstruos, similar a los golems, nacen tan pronto su nombre es escrito. ¿No me crees? Imagina: Yurinia, Almengrado, Hupisio, Ramamorti, Crudohiel. Puedes borrar el nombre, pero el monstruo sigue existiendo. Nace por ahí, con suerte muy lejos de ti, y dedica toda su vida a preparar su primer encuentro contigo. No todos los...

Ansiedad.

By on Miércoles, febrero 8, 2012

Un perro pequeño con el pecho erguido se acercó a ellos. Desde lejos trataba de acertar su dominio. Lo vio bien alimentado, los pelos blancos que tenía en el pecho estaban limpios, su lomo de pelos café brillaba saludablemente. Mala cosa que caminara recordando la discusión con el padre. No puedes cuidar nada, le dijo, no puedes cuidar siquiera a tu propio perro. Mala cosa, pensó, una oportunidad para demostrarle que se equivoca. Sonrió chueco mientras el perro extraño se acercaba. Puedo cuidar el mío, pensó, puedo cuidar al otro. Su propio perro ya estaba con las orejas paradas, esperando. Tranquilízate Orejón, dijo el hombre y le acarició el lomo, tranquilízate. Ciñó la correa del perro que llevaba para que no se emocionara demasiado con la proximidad del intruso. Extendió la mano. Había leído que si el perro se acercaba a olisquear entonces habría ganado un poco de su confianza. La...

diario de otro hombre aburrido que mira una vaca.

By on Miércoles, noviembre 23, 2011

Día 1. La vaca muge y apenas camina. Mueve las orejas como pequeños discos satelitales cuando pongo música. Me pregunto si se hará costumbre asomarme por la ventana y prender un cigarrillo para observar al animal, mientras pienso graves cuestiones existenciales. Vigilar a la vaca. Podría escribir un libro de eso. Estoy vigilando a la vaca y quiero encontrarle un propósito a su existencia rumiante, tragapasto. Cuando le comento a mis amigos citadinos que mi vecina es una vaca, se ríen y dicen que quisieran conocerla. Me ha costado trabajo explicarles que vive en un terreno independiente y que acercarse a ella, probablemente traerá la ira del dueño, de su jauría de perros y de los chanates que están acostumbrados a molestarla picándole el cráneo. Día 2. Le platiqué a mi esposa de la vaca. Le parecieron divertidos mis descubrimientos. Día 3. Hoy estuve tuiteando acerca de la vaca. Una...

Nos hará bien.

By on Martes, noviembre 8, 2011

El verde de su piel se hizo más oscuro con las primeras gotas de lluvia. Una gota cayó en la punta de sus colmillos inferiores, que salían de sus labios como unas pequeñas torres que rompían con el paisaje de su rostro. Era un paisaje muy feo. Su piel estaba agrietada y arrugada. Su cabello rojo y graso, salía apenas de una gorra azul que estaba desgastada por el tiempo y por los viajes. Usaba una camisa de mezclilla que estaba remendada en algunas partes, o con agujeros en otras. Su hijo… un antropomorfo azul de ojos negros y muy grandes, bostezó casi partiendo su rostro alargado. Usaba unos pants y una playera casi nuevas. El padre sentía satisfacción. Esperaba que la ropa nueva se le rompiera en el trayecto para que su hijo fuera un hombre de una vez. Sí, aunque fueran un par de heridas en la ropa. El niño ignoraba la lluvia negra. Invitó a su hijo a salir de campamento. Luego de la...

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