Google PlusFacebookTwitter

Hasta pronto y gracias por el pescado

By on Martes, noviembre 19, 2013

Hay buenas razones, además del dinero, por las cuales las series de televisión gringas dividen sus etapas por temporadas: un cambio al arco global de la historia, preparar el siguiente, invitar a los espectadores a extrañar a los personajes, el descanso del equipo de producción, entre otras. Por la misma razón dividí, en su momento, Big-Blogger en temporadas: un descanso sano para los colaboradores, el administrador del changarro y para que los lectores y los troles tuvieran algo que esperar hasta dentro de unos meses. Sin embargo, quizás, hay una razón un poco más frustrante y es que simplemente la historia acabó, o nunca estuvo dirigida a un fin. Sí, hubo sus momentos satisfactorios y el tiempo que duró la historia, por momentos, engañaba con una dirección… quiero creer que armé una buena ilusión. El árbol de los mil nombres (o el 217 en este par de años) contó ese tipo de...

Con el debido humo

By on Martes, julio 30, 2013

Este es un artículo que se publicó en mi columna mensual (La Habitación de Humo) en el número 80 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados. Una vez, entré a mi clase de las seis de la mañana de Introducción al Derecho y mientras trataba de limpiarme las lagañas, y de dominar la mente con algún truco para despertara (ya que para entonces no apreciaba el café tanto como ahora), entró el Pony intempestivamente a dar su clase. Él si había tomado café, supongo, porque no paraba de saludar, de hablar y de tratar de despertarnos. Le llamábamos Pony por chaparrito, así de originales, y quizás por esos rasgos equinos achatados que tenía: una nariz aplastada y los ojos hundidos. Además era un profesor relativamente joven a lo acostumbrado entre las huestes maristas, su edad rondaba entre los 25 y los 27 años. El...

Fragmento del diario de Mafessoli:

By on Jueves, julio 4, 2013

“Demasiada euforia cuando tus pies me sonríen. Escucho Rollin’ y me acuerdo de S. Tengo 21 años, ella me roba un cigarrillo y me susurra, cómplice, una pregunta: —¿Ves que yo también fumo? Lo hago raras veces. Cruza las rodillas, hace un vaivén con sus pies casi desnudos, los zapatos colgando del dedo gordo, su boca libera el humo, recuerdo que los acaricié, infantil y sorpresivo, pensé que me empujaría pero me regaló una sonrisa, ojos de oscuras aventuras me desnudaron. Soy un imbécil, es que no puedo contenerme. Esa vez no se los olí, quise mejor memorizar el empeine, el grosor de los dedos, las circunferencias pequeñas y traviesas. Para detenerme me regresó mi cigarrillo de vuelta. Platicamos un poco más, me sacó a bailar, giramos a la oscuridad de la casa, frente a los otros, múltiples borrachos empinando la botella. ¿Te gustaron?, me pregunta, no hay necesidad, ambos...

Quince artículos que Berenice Braun jamás escribirá:

By on Martes, julio 2, 2013

Garabatos en una libreta negra. Letra legible y redonda. Algunos asteriscos ocupan espacio, estrellas negras e incomprensibles. Pocas palabras tachadas hasta lastimar la hoja, ilegibles. El lector puede adivinar, a falta de fecha, que son una colección de títulos, ideas a explorar en un futuro (o quizás pertenecieron a un pasado necio, rancio). Berenice Braun (debe ser un seudónimo), escribe en las primeras líneas que esto es algo que nunca escribirá. No explica si es porque no puede hacerlo o no tiene deseos de hacerlo. En el recuadro superior derecho ha dibujado una carita feliz que, después de observarla un rato, parece que no lo está. La molestia de llamarse BB. Subtítulo: Como los hombres aprovechan (tachón) mi nombre para denigrarme. Jamás entenderé a JJ porque no tengo v(tachón) pene. Subtítulo: ¿Puede dejar de estar jodiendo? Corrección: VERGA, VERGA, VERGA. La mujer atada. ¿Un...

13046 (Juliette / Rollin’)

By on Domingo, junio 30, 2013

Fragmento del diario de Boris Santiel: “Necesito un periodo de euforia. Escucho Rollin’ y me acuerdo de S. Tengo 19 años, estoy en el espacio bajo la escalera y miro como todos bailan, sobre todo S. Pienso que me gustaría ser otro, no el penoso que invitan a la fiesta para mirar como se emborrachan, sino el invitador, o al menos el que propone dónde es la peda. Si fuera así, podría salir de las sombras y tomar a S de la cintura, y que mueva esas nalgas junto a mí, me las restriegue, me saque a fuerza de caricias forzosas el deseo que tanto contengo. Alguien me ofrece un cigarrillo. Me rechazo a mí mismo (Gracias, no fumo) y acepto por primera vez. Me lo prenden, tomo la primera bocanada, toso, se ríe el ofrecedor, lo miro. Es un chavo de otro grupo, con un vodka en la mano se pone a platicar conmigo de viejas y de como fumar correctamente. Me río con él, me río cuando se...

13041 (Juliette)

By on Sábado, junio 8, 2013

Personalmente creo que exagera. Es decir, ¿cómo lo digo?, ¿necesito explicarlo más? Sí, pero mírelo, gordísimo como el mundo, sentado sobre algo que parece una silla de cuero, fumando cigarrillos que seguramente no le hacen nada por el tamaño de sus pulmones, y de su corazón (es una concepción errónea, no me crean mucho, entre más grande el corazón más rápido se muere uno. Eso suena correcto. Todo debe tener su justa dimensión dentro del cuerpo). Escúchelo decir: “No tengo nada contra las gordas, ni contra las malencaradas, mi problema es cuando van juntas, ¿entiende? Lo voy a decir más fácil: las gordas malencaradas me chocan. Me parten el alma, y, vea, no es fácil partirle el alma a un hombre como yo. Justo anoche se estacionó una gorda malencarada a mitad de la banqueta para que su amiga, la delgada bonita, bajara e hiciera pasarela para llegar a la entrada de su casa....

Suavizar la línea

By on Martes, junio 4, 2013

31 años después, me sorprendí escuchando un concierto de Andrés Calamaro y descubrí que me agradaba. Todavía más vergonzoso: Me puse a tararear sus canciones, como si estuviera viviendo alguna crisis andropáusica, como si hubiera crecido con aquellas canciones a la merced de algún tío argentino que aplicó un método subliminal para fregar al sobrino. Escuché algunos discos de él, en algún remoto pasado donde vivía de coca cola, cigarrillos y algunos otros vicios, y decidí que no me gustaba, y que nunca me iba a gustar, y me hice la firme promesa de evitar convertirme en uno de esos chavos de onda que para todo cita a Calamaro. Que triste darse cuenta de cuando uno deja de manchar los pantalones. Limpiar la biblioteca musical es una de las necesidades contemporáneas que practica el hombre de hoy, simplemente porque ya no puede salir a cazar (creo que la mayoría de nosotros moriría...

1 1234567129