Google PlusFacebookTwitter

Hasta pronto y gracias por el pescado

By on Martes, noviembre 19, 2013

Hay buenas razones, además del dinero, por las cuales las series de televisión gringas dividen sus etapas por temporadas: un cambio al arco global de la historia, preparar el siguiente, invitar a los espectadores a extrañar a los personajes, el descanso del equipo de producción, entre otras. Por la misma razón dividí, en su momento, Big-Blogger en temporadas: un descanso sano para los colaboradores, el administrador del changarro y para que los lectores y los troles tuvieran algo que esperar hasta dentro de unos meses. Sin embargo, quizás, hay una razón un poco más frustrante y es que simplemente la historia acabó, o nunca estuvo dirigida a un fin. Sí, hubo sus momentos satisfactorios y el tiempo que duró la historia, por momentos, engañaba con una dirección… quiero creer que armé una buena ilusión. El árbol de los mil nombres (o el 217 en este par de años) contó ese tipo de...

13065 (Crimen y castigo)

By on Domingo, septiembre 8, 2013

Todo el libro tuve una clara noción del dinero. Pienso, divertido, que fue cosa del jugador y el jugador nos ofreció una entrada a sus propias angustias económicas. Quizás no sepamos en la actualidad cuánto sea un kopec, o un rublo, pero leyendo cuidadosamente sabremos cuanto cuesta un abrigo usado, un gorro, la compostura de unas camisas, una cerveza. Teniendo eso en la cabeza, luego los personajes mencionan los rublos. Veinte rublos cuesta armar una fiesta que todos los demás menospreciarán. Después vienen las pensiones de los trabajadores, por ejemplo, la de un empleado de correos: mil rublos al año, y mil rublos es la mitad necesaria para abrir un negocio editorial. Entonces aparece otro personaje, uno más adinerado, que ofrece diez mil rublos por aquí, diez mil rublos por allá, y se me antojó como una pequeña fortuna, algo deseable, como si me hubiera ganado la lotería. Un...

13064 (Crimen y castigo)

By on Viernes, agosto 30, 2013

Leerlo oscurece la vida. Las pequeñas travesuras se convierten en motivo de castigos, un espiral destructivo. Empiezas a buscar el hilo que llevará al peor de los finales. Los sueños son premoniciones, un aviso para no errar y de todas maneras errarás porque eres humano. (No eres Napoleón, no eres Newton, qué manera de mostrarnos la verdad, ninguna autoridad moral, casi divina, vendrá a felicitarnos porque el crimen cometido ha salvado la metafísica de los hombres, la sangre no limpia los pecados ajenos, ni los propios. El castigo no sólo es la locura, o la prisión, el amor es la redención. Me lo imagino jugando, gastándose sus últimos kopecs mientras piensa en la mujer, en la hija, sus manos tiemblan febrilmente mientras fuerza una risa, la sonrisa con la que desea hacerse conocer, o toma del cuello al amigo y cariñosamente le dice imbécil mientras le priva de la respiración, uno o...

13063 (El miedo a la libertad)

By on Jueves, agosto 29, 2013

Los perros del terreno persiguen pájaros blancos, un tractor pasa y prepara la tierra. Curiosamente, confundí dos títulos de libros por sólo tener la palabra “libertad”, el de Ende y el de Fromm. Hace poco leí a Fromm, sólo para saber si lo que leí de joven seguiría hablándole al tipo adulto. Qué tristeza, parece que lo digo como si hubiera dejado de jugar. (No, todavía sigo jugando, pero mis juegos son de otra índole). Me asomo por mi ventana, hay varias rejas de aquí al Popo: El miriñaque, el alambrado, la barda incompleta, la reja café de una casa, una barda de ladrillos. Siempre estamos parando algo. Ayer vi a un gato hacerse pequeño para pasar en el angosto espacio literal entre un muro y un portón café. Deténganlo a él. ¿La gente son muros con patas? Una persona está hecha de historias. Algunas historias, no importa cuán literarias sean, son muros a franquear para...

13062 (Cajón de cuentos)

By on Lunes, agosto 26, 2013

Un gato habla, el salvaje licántropo sonríe, la niña cuenta una historia de fantasmas con suma frialdad. Los cuentos de Saki resuenan en breves imágenes, ecos de frases justas. La otra vez, en Twitter, por una cosa absurda como el día del gato, compartí dos cuentos y un poema (apenas) de gatos. Uno de Murakami (“El pueblo de los gatos”, fragmento de 1Q84), uno de Saki (“Tobermory”) y el otro de T.S. Eliot (“The Love Song of J. Alfred Prufrock”). Hubo una reacción favorable por el de Murakami, y cómo no, es el autor más leído, pobres de Saki y T.S. Eliot. Hay gente que no puede escapar de su realidad transformada paulatinamente en fantasía, el lector fácilmente duda de la realidad después de leerlo. Eso lo comprendo. Aunque, en verdad, si me preguntan de Murakami, lo que recuerdo es a Tengo viniéndose impulsivamente en la boca de su amante, una mujer...

13061 (Crimen y castigo)

By on Viernes, agosto 23, 2013

La casa me provoca curiosidad, ¿quién la levantó y con qué propósito? No hace mucho la ocupa una pareja joven. Está en medio del terreno, no hay calle segura que le lleve ahí y comparte espacio con otras dos casas un poco más humildes, más terrenales y cercanas a la civilización (entiéndase por civilización una calle adoquinada). Tiene dos pisos, una barda de ladrillo y una reja incompleta, la reja no encierra nada más que misterios. A veces invitan a sus amigos, en un principio pensé que era para eso, reuniones escandalosas a mitad de la nada y una multitud de coches lujosos (una vez un hombre se bajó, y cantó en tono de barítono, perfectamente educado, la sorpresa me tiró el cigarrillo de la boca, su obra duró al menos diez minutos), pero gente vive ahí, los he visto. En éste momento dos perros del Señor Calavera descansan frente a la puerta de esa casa. ¿Será cierto que el Sr....

13060 (Super Mario Galaxy)

By on Jueves, agosto 22, 2013

Soñé con B, y un grupo de alegres desconocidos. Creo que antes de la escena que voy a relatar, nos encontrábamos jugando consolas viejas y luego me levantaba para revisar la configuración, quería tener a la mano los viejos juegos, una organización que me permitiera cualquier capricho (una obsesión que ocupó algunos de mis días, quizás todavía). Estábamos reunidos en una plaza, y en la plaza, en un local parecido al ático de una casa americana. No sólo se trataba de jugar, también de trabajar, un ambiente muy relajado. Me gustaría trabajar ahí. Repentinamente, tenía la correa de mi perro en las manos y él me acompañaba. Pensé: “Es cierto, estábamos en medio de un paseo”. Nico se asomó por la ventana, había unos perros monstruosos, extraños. Había un pastor alemán con cuerpo de un conejo trataba de subir las tejas, un gato gigante y gordo, quizás de un metro de cola a cabeza,...

1 123456772