Menú páginas
TwitterRssFacebook
Menú categorías

escrito por el Martes, junio 11, 2013

13043 (Juliette)

13043 (Juliette)

Fragmento del diario de Boris Santiel:

“(…) Fotografía de una silla. Alguien sube esa fotografía a internet. Es su silla, y a la vez no lo es. Una concienzuda búsqueda hizo que encontrara dieciséis fotografías de la misma silla. Aunque variaban los filtros, los ángulos, la iluminación y dos veces el fondo, la silla se multiplicó dieciséis veces. Internet tiene, en su mundo infinito, dieciséis sillas iguales. ¿Algún día podría llenarse ese espacio? Obviamente sí, eso espero, aunque nadie puede imaginárselo o dar un cálculo concreto. Internet crece todos los días, depende de la cantidad de memoria que tiene el equipo de cada usuario. Tan pronto alguien se conecta, el espacio de internet crece y son más las conexiones que las desconexiones. Antes me hubiera atrevido a buscar una ecuación para llenar el internet con la misma silla, regalarme la paz de un número, pero he desistido de la idea. Estoy siendo amable: El internet no solamente guarda sillas, también guarda roperos, libros, música, personas. Multiplica y replica exponencialmente todas las cosas. Universo de constante clonación. ¿Y dicen que no está todo el conocimiento de la humanidad en el internet? También está todo lo que ha visto, todo lo que ha oído, y pronto todo lo que ha sentido y leído. Por eso la gente constantemente se pregunta cuánto dejamos, realmente, en ese mundo y cuánto está sacrificando: porque la ilusión permanece. Fotografía de una silla, la subo a internet, la silla ahora está ahí (su existencia se dobla, ¿o se duplica? Argüir: Esa silla no existe, es una imagen, un conjunto de ceros y unos, tomas la fotografía de una persona tocando la silla, ¿y ahora?), junto con otras dieciséis sillas iguales, no sólo existe en el espacio físico sino que ahora tiene una presencia “virtual”. Esa silla se vuelve algo real para los que nunca la han visto y topan, casualmente, con la fotografía. Real dieciséis veces”.

Leer más

escrito por el Sábado, junio 8, 2013

13041 (Juliette)

13041 (Juliette)

Personalmente creo que exagera. Es decir, ¿cómo lo digo?, ¿necesito explicarlo más? Sí, pero mírelo, gordísimo como el mundo, sentado sobre algo que parece una silla de cuero, fumando cigarrillos que seguramente no le hacen nada por el tamaño de sus pulmones, y de su corazón (es una concepción errónea, no me crean mucho, entre más grande el corazón más rápido se muere uno. Eso suena correcto. Todo debe tener su justa dimensión dentro del cuerpo). Escúchelo decir: “No tengo nada contra las gordas, ni contra las malencaradas, mi problema es cuando van juntas, ¿entiende? Lo voy a decir más fácil: las gordas malencaradas me chocan. Me parten el alma, y, vea, no es fácil partirle el alma a un hombre como yo. Justo anoche se estacionó una gorda malencarada a mitad de la banqueta para que su amiga, la delgada bonita, bajara e hiciera pasarela para llegar a la entrada de su casa. Entonces, ¿por qué no? Lo que faltaba. Dice la delgada bonita, y nadie se mueve por temor a interrumpir la conversación—. Está en su momento, déjale, ya recapacitará pero si puedo serte honesta, aquí, y ahorita, su problema es el cabello. Si lo deja crecer más, toda la gente se tropezará con él para llegar a casa y ¿cómo hacer eso? ¿Te imaginas? Es como permitir que algo de ti se vaya para todos y para todas partes. Pasa un desgraciado y, justo en ese momento, se le enreda uno de los cabellos enormes que no se atreve a cortar. De alguna forma ha cambiado algo en el mundo de ese muchacho, lleva un pedazo de una persona que desconoce, a la que no quiere, ¡y no por su propia voluntad! ¡Bueno fuera que supiera! Deberían tatuarle una cláusula en la espalda: Me llevarás contigo aunque no lo desees, aunque no lo imagines, mi cuerpo ha modificado tu cuerpo, mi cuerpo ha cambiado el camino de tu cuerpo, mi cuerpo también es tu cuerpo”.

Leer más

escrito por el Viernes, junio 7, 2013

13040 (Juliette)

13040 (Juliette)

Cambió mi lectura de Sade (o yo cambié). Ya estaba familiarizado a una estructura, sin embargo, se convierte en algo más ágil, enfocado en la creación de imágenes eróticas, pinturas libertinas y orgías desmesuradas, y evita, a menudo, el error de repetir la filosofía de sus personajes. Sus personajes ya son de carne y hueso, su filosofía, a estas alturas, entorpecerían sus acciones. Hacen. Ahora es el lector quien descubre la moderación de los otros personajes, se convierte en Juliette, con las herramientas para desaprobar y aplaudir tal o cual cosa. Consciente de ese cambio, Sade apela al lector y su memoria. Juliette, en el viaje a Italia, deja el papel de alumna, una esponja de maldades, para convertirse en la maestra de otros (y ahora que lo pienso, ella se transforma en una fuerza de la naturaleza, una criatura sobrenatural como las que cambiaron el ritmo de la historia). Se encuentra con sucesos aparentemente sobrenaturales, góticos como diría alguien de aquel entonces (un título que quizás Sade despreciaría), en los segmentos de la bruja de los venenos (Durmand) y el ogro caníbal de nacionalidad rusa (Minski).

El primer crimen que comete Juliette por su propia mano (se disfraza de hombre, la emoción se acumula en el estómago, anda como un depredador violento sobre los pasillos oscuros y sucios de Francia), es volarle la tapa de los sesos a una pobre mujer que acaba de ser embargada, me dio la impresión de que trataba con una heroína (por supuesto, no lo es, ¿pero no tenemos la literatura para convertir a nuestros villanos en héroes?). Esa Juliette madura, y se convierte en un personaje mucho más interesante, cínico, cuando se encuentra con estas dos presencias (la bruja, el ogro), las cuales terminan convirtiéndose, para ella (o quizás para mí), en dioses de la naturaleza.

Dormand tiene un cementerio de cadáveres, donde los alza a la menor provocación para ofrecer a lubricidades a sus clientes, un erotismo impío y oscuro. Dormand desaparece, no deja rastro, a pesar de que Juliette toca su puerta con todas sus fuerzas. Minski tiene un laberinto en las montañas, donde oculta jóvenes en una multitud de celdas para guardarlos como diversión y comida, es un león estóico, un Graograman corrupto. Minski es dormido por los venenos de Juliette, y no es casualidad, usa los que aprendió de la Dormand. Juliette se ha convertido en San Jorge, no, algo más allá que San Jorge, el reflejo retorcido, al vencer a un ogro temible usando una pócima, un sucio cuento para niños, el monstruo vence a otro monstruo. Juliette se redimirá de su primera caída a la virtud. Espera indiferente, oculta en las páginas cerradas, dispuesta a quemar los hospitales de Roma, todos al mismo tiempo, para demostrar cuán digna es de su título.

Leer más

escrito por el Jueves, mayo 30, 2013

13037 (Juliette)

13037 (Juliette)

Alguna vez soñé que los grillos fornicaban con las arañas, hace muchos años. Lo escribí aquí, y lo que escribí aquí, a veces cometo el error de tomarlo como una verdad, como un documento fiable de mis días. Eso es una gran equivocación porque a veces escribo afuera de los tiempos, cambio de fechas las entradas, borro algunas y edito otras, reescribo muchos pasajes de mi vida para engañarme unos años después con que fueron de otra manera, como si mi memoria estuviera dañada y necesitara un empujón, pero mi memoria no es así, también tiene sus trucos. Memorizo muchas cosas pero luego hago a un lado la memoria para dejar pasar a la mentira, entonces estoy consciente del cambio, me engaño aunque no puedo engañarme, me engaño porque quiero y no estoy engañado del todo, pero ya me desvíe, lo que acabo de escribir es como si los grillos fornicaran con las arañas, lo cual pienso mucho recientemente porque recuerdo, cuando recién me mudé aquí, vi un nido de segadores cubriendo una de las esquinas de la casa. Eran muchos segadores, no me atrevo a dar un número porque la masa de segadores era, sin exagerar, del tamaño de mi torso, un sólo ente con miles de patas distribuidas por todas partes, como si fueran el pelo de una criatura. También pienso en los grillos porque mi jardín, usualmente, en alguna época del año, se ve infestado por ellos. Tengo que estarlos matando, trato de no rociar insecticida (el medio ambiente) y matarlos echando agua, aplastándolos, señalándoselos a mi perro para que se dedica a molestarlos con el hocico y con las patas, y se mueran del susto. Tengo la idea de que los grillos son criaturitas muy nerviosas, aunque los segadores también son un manojo de nervios. Se mueven como esferas con unas patas echas de pelo humano, o de caballo, que se doblan con cada paso y en apariencia, no pueden caminar directo al lugar donde desean. Pienso que los segadores (los segadores no son arañas, aunque son arácnidos) fornican con los grillos (mejor dicho saltamontes, son la infestación más común). Es ridículo, pero, también es ridículo que las tarántulas silben y creo que existen. Lo leí en el bestiario de Caín.

Leer más

escrito por el Martes, abril 30, 2013

13027 (Juliette)

13027 (Juliette)

No presto libros, si puedo, los regalo, pero a veces se me olvida y los presto de cualquier manera. Cuando me vuelvan a pedir un libro prestado, haré como biblioteca: Claro que sí, puedes leerlo en mi casa, al fin que tengo una banca, un jardín, sillones amplios y cómodos, hay café y probablemente hay coca cola, te puedo regalar un cigarrillo si quieres fumar mientras lees, espero que no te molesten los perros porque los míos probablemente buscarán poner el hocico o el peso entero sobre tus piernas y te dejarán la ropa llena de pelos, los muslos dormidos, los pantalones babeados. Quizás deba poner letreros, horarios de lectura, aunque no me molestaría recibir gente en la madrugada, que es cuando los lectores se sienten más solos y son más voraces. Algunos libros ni siquiera saldrán de esta habitación. Si quieres leer, siéntate en este banquito, la espalda recta y mientras yo trabajo, o yo leo, dedícate a tu propia lectura, cuando te canses dame el libro que yo lo pondré en su lugar, y si no quieres despedirte, lo entiendo, es el placer de solamente venir a leer y no rendirle cuentas a nadie. No es que tenga libros raros, o ediciones difíciles de conseguir (quizás un par), sin embargo, sé que tengo libros que la gente tiene miedo de comprar, libros que no deberían llevarse en público porque provocarán la mirada de algún tonto, también tengo libros de ediciones mediocres pero que ya no se reimprimen o que con suerte tardarán años en reimprimirse, tengo libros de mil ejemplares impresos en 1940 y tantos, o libros de un tamaño enciclopédico que son presuntuosos para leerse en un camión, también están esos libros que poca gente compra porque no quiere invertir en libros pero bien que desearía leerlos “para ser menos tonto, menos burro, más culto”. ¿Insistes en llevártelos? No, tendría que negarme rotundamente, tanto me ha costado mantener estos pocos libros, hay algunos que me han acompañado en doce mudanzas, durante veinte años, los pocos sobrevivientes de los múltiples éxodos personales ¿y quieres que tenga el corazón para que te los lleves, para que tú los manches de comida o rompas alguna hoja, para que tú los subrayes y se te ocurra poner un nombre, para que alguno de tus sobrinos o animales deje una firma en la página 23? No, nada de eso, le he negado libros hasta a mi propia madre. Mejor ven a casa cuando quieras.

Leer más

escrito por el Viernes, abril 12, 2013

13022 (Juliette)

13022 (Juliette)

He pensado en tatuarme un bosque en la espalda. Primero un árbol en el omóplato derecho, un árbol discreto y pequeño, pero frondoso, quizás un olmo. Después un arbusto de tomillo, tan parecido a los árboles navideños, en el omóplato izquierdo. Quizás un ciruelo chino en un costado, y en el otro costado un maple canadiense, y poco a poco, llenar mi espalda de árboles hasta formar un bosque imaginario, y quien sabe, si algún día tengo la paciencia, quizás diseñe un árbol central, uno más grande que los otros, el árbol que siempre deseé ser, porque de todas las cosas me gustaría ser un árbol. (¿No es eso un peligro? He diseñado un árbol que no existe, y ahora que existe, ¿cómo puedo ser algo que alguna vez fue soñado?). Cuando mi vida acabe, y si por alguna suerte entre el azar de las divinidades, el karma me convierte en otra cosa en mi próxima vida, ojalá fuera uno de los múltiples árboles que sueño con pintarme en la espalda. Si no el más grande de todos, me contentaré con ser el arbusto de tomillo, o con el arbolito de dólar como los que me enseñaba mi abuela cuando paseábamos en los jardines de la Kennedy, o una de esas vulgares coníferas que delimitan los territorios de una casa. Tampoco tengo problemas en convertirme en un cacto, aunque ya conozco a un cacto, y parece que no tienen la vida fácil. Si un árbol, de por sí, es una quietud impresionante cuyos únicos cambios están sujetos a los caprichos estacionales, imagínese un cacto que solamente sabe sufrir del sol y de ahorrar el agua con una virtud imaginaria. Quizás también deba tatuarme tres o cuatro especies de espinas, ¿y por qué no flores? Una dalia, por ejemplo, ahora que tuve una casa me impresionaron sus grandes y hermosas hojas, sus flores extensas y coloridas, una sorpresa genética de colores nada tímidos. También me tatuaré un murgaño, o una colonia de murgaños, que me parecen todavía más fascinantes que las hormigas, porque luego se unen en una enorme esfera de patas deshilachadas, y cuando se juntan trescientos parecen crear una sola criatura monstruosa (como Sztamosz, con sus múltiples ojos y sus múltiples espinas, el monstruo en el hombro de Miriod voltea a mirarme, hace algo parecido a una sonrisa), y cuando enrojecen me imagino que se enojan, y corren torpemente enfurecidos porque alguien les echó agua, un niño les quitó una pata, un grillo los amenaza con quitarles algo de su existencia, por eso jamás me tatuaré grillos, o saltamontes, aunque a veces me gustan sus cantos he descubierto que son como las ratas y acaban, poco a poco, con todo eso que me gusta tener en mi jardín.

Leer más

escrito por el Lunes, abril 1, 2013

13020 (Historia de O)

13020 (Historia de O)

Pienso en Borges:

  • Sus pájaros gritan, no trinan. En el cuento de “El fin”, el pájaro elegantemente contiene el grito. Qué apropiado (o qué coincidencia, aunque es imposible pensar en las coincidencias de Borges).
  • La violencia de los personajes. Sus cuentos no solamente son un placer imaginativo, también son placeres violentos.
  • Encuentra los caminos en el espejo para llevarnos a un laberinto, el laberinto quizás es lo más cercano para entender una angustia, y luego una calma, casi infinita.
  • Cuando leo un cuento de Borges, siempre imagino a un erudito contándome una historia. Primero viene la imagen del hombre, y después vienen las imágenes que ofrece ese hombre. Borges es la ficción de Borges.
  • ¿Imaginó Borges que también todos los hombres se convertirían en él? Siempre habrá alguien en la mesa que tenga una de sus historias. La quijotización de Borges.
  • Nota personal: Igual que Proust, Borges refiere continuamente a las “Mil y una noches”. ¿El único libro de verdadero infinito?
Leer más
1 123

Social Widget powered by Conseils-relationnel.com.