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escrito por el Miércoles, noviembre 28, 2012

Avatar de tumblr

Avatar de tumblr

Cada vez que entro a tumblr (igual me pasa con Twitter a determinadas horas del día, y en otro sentido), de verdad procrastino: no trabajo, no escribo, entro al río de imágenes y pierdo un poco de mi vida, imaginando que comparto o contribuyo a construir una casa binaria de mi agrado: mujeres desnudas (o vestidas pero en incitantes poses), videojuegos, pixeles, muy pocos fragmentos de libros. Tumblr es como alimentar un adolescente que hace tiempo se murió y de alguna manera, es como subirse a un barco estático que me regresa, en fragmentos rápidos, memoria poco meditada, al pasado. Ocio, tumblr es ocio y no pienso en ello como otra cosa. Aventureros los que pueden.

Es cierto, la herramienta tiene otras posibilidades, jugosas y agradables: Se vale escribir, mantener una bitácora, compartir información a la manera de Google Reader, conseguir un tema y explorarlo… pero la facilidad del reblog y su terrible sistema de dividir lo que lees de lo que miras y lo que reblogueas, hace del contenido un masacote. Si pudiera, en una sola cuenta, dividir los tumblrs que sigo en secciones, sería mucho más sencillo, la pesquisa mucho más agradable y menos culpable, y podría dedicar la atención merecida a los textos, las imágenes, la pornografía o los artistas.

El mío, un reflejo obvio de mis tiempos de ocio o de tedio, presenta muy bien (quizás demasiado) lo que estoy pensando: nalgas, nalgas, nalgas, bits, nalgas, las delicadas líneas de un artista, los mundos poblados de un ilustrador, nalgas, un poema, un fragmento, piernas, tetas, nalgas, sadomasoquismo, mi culpabilidad por como vayan a ver el sadomasoquismo y mejor me ahorro comentarios, nalgas, una foto en instagram. Entiendo perfectamente cuando me dejan de seguir, así como entiendo a la gente que sigue mi tumblr.

A veces me siento mal por la gente que escribe ahí. Se esfuerzan de veras por relatar algo, compartir un momento de sus vidas, señalar un autor o un poema que hicieron y, como espectador, golpea mi acostumbrado ocio, zahiere mi superficialidad. Para arreglarlo, separé los tumblrs de escritores, o letras, para leerlos en el google reader o presto atención cuando comparten el texto a través de Twitter para leerlo. Sin embargo, no dejo de seguirlos en aquel servicio por temor a que lo sientan como un insulto. Ojalá se hubieran quedado en blogger, en wordpress o en posterous. Es obvio el uso de la herramienta desde su propio nombre. Tumblr: Vas a chocar con algo inesperado, y harás que otros choquen. De cualquier manera, me interesa seguir a quienes sigo. Una persona, de esa manera, se convierte en los mil avatares del internet.

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escrito por el Miércoles, noviembre 14, 2012

Erotizar un libro (literatura histérica), y 375 libros gratis en Open Culture

Erotizar un libro (literatura histérica), y 375 libros gratis en Open Culture

Una obviedad: Al tener una representación física (es muy fácil decir que no, hoy en día, los libros son parte de internet y todos los días, cientos de libros nuevos caen al río), el libro también corre los riesgos de convertirse en objetos de fetiche. Gracias al Pornito y su sección SFW, llegué al proyecto de “Hysterical Literature”.

Clayton Cubitt graba videos de mujeres (actrices porno, y quizás algunas amateur) leyendo libros mientras, por debajo de la mesa, “algo pasa” (un vibrador o quizás una mano, una lengua, acumulación, el orgasmo). El primer video de la serie es el que ven allá arriba y le correspondió a Stoya, con el libro “Necrophilia Variations” por Supervert (Un libro que, como se mire, también apela al morbo, al misterio, a la confesión de un erotómano a través del anonimato). También trabaja con otros libros, como “Leaves of Grass” de Walt Whitman o “American Psycho” de Bret Easton Ellis.

Cubbit despoja los colores, enfoca el lente a la mesa, al medio cuerpo, invita a través de su proyecto a mirar el libro y al lector como “otra cosa”, una propuesta a tratar las palabras, su mensaje oral, como un impulsor erótico. Por supuesto, es muy interesante (y morboso) ver los rostros, escuchar los gemidos y como las actrices arrastran o sesean las palabras. Si ven la serie recomiendo que usen audífonos. Es más placentero y menos peligroso (sobre todo si están en el trabajo).

Hablando de libros como la posibilidad de un orgasmo, Open Culture publicó hace tiempo una lista de 375 libros electrónicos gratis (en inglés). Incluye libros clásicos como las tragedias de Esquilo o “Las mil y una noches”, así como unas sorpresitas (libros de Coelho (por eso dije sorpresitas), de P.K. Dick, Vonnegut, Neil Gaiman, Scott Fitzgerald o Foster Wallace). Los textos están en distintos formatos digitales y algunos solamente se pueden leer en línea.

No hay excusa. Hoy mismo puede conseguirse el material para hacer su mejor imitación de Stoya mientras está leyendo.

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escrito por el Jueves, noviembre 1, 2012

El camino de los muertos

El camino de los muertos

No hablaré de mis muertos en esta ocasión. Son pocos pero muy queridos. Hablaré de otros, los muertos lejanos, ahora que he tenido oportunidad de explorar esta bitácora y sus inicios hice una cuenta de ellos. Ojalá logre armar un camino espiritual para dirigirlos aquí y arrancarles una sonrisa, ofrecerles un cigarrillo, una anécdota. Aunque sea una pequeña, ¿qué otra cosa se le puede pedir a un fantasma? Quizás el favor de evitarnos la jalada de patas o el espanto con los alaridos de madrugada. Sería mezquino de mi parte preguntarles el futuro o los números ganadores de lotería, aunque si ellos lo ofrecieran en algún sueño o premonición, bueno…

En un montoncito de horas libres he recuperado algunos comentarios de los primeros años en el árbol y descubrí algunos muertos que solían leerme. Diez años después y puedo contar al menos tres “cadáveres exquisitos”. Vaya, si fuera supersticioso diría que leerme es asegurarse un pase al otro lado. (Lo cual es una deliciosa falacia… de todos modos ya lo tenemos asegurado).

Por eso me gustaría brindar por Tess, por Cristina (La Diabla) y por Eduardo (Ehecatl). Cada uno aportó su puñado de comentarios en el momento, además de que hicieron lo suyo para que el mundo binario fuera ameno. A las dos primeras se las llevó el cáncer y al último se lo llevó la ironía (su último tuit, parafraseando: “Ojalá esta chingadera me mate porque si no voy a estar muy encabronado”). Hablando de ironías, es curioso, pero sus comentarios solían estar llenos de optimismo y de buenos deseos. Si fuera supersticioso y malora (lo cual Cristina y Eduardo lo sabrían apreciar, a Tess no le conocí lo suficiente) diría que los optimistas son los primeros en morir.

A Tess la conocí poco, muy poco, pero solía venir a saludar cuando apenas me enamoraba de mi esposa. “Es una chica afortunada”, dijo alguna vez y quien sabe si hubiera pensado lo mismo con el tiempo. De todos modos dejó de leer pronto, ya estaba diagnosticada y bajo fuertes terapias, medicamentos. Le gustaban mis farfullerías enamoradas y enamoradizas. Leí su blog alguna vez. No recuerdo que hablara de la enfermedad, al contrario, siempre hablaba de un hombre que la traía mordiendo la banqueta. Nunca supe si era española o venezolana, aunque quizás lo supe alguna vez. El internet le resta importancia a la nacionalidad de los muertos.

Cristina fue una locutora de radio en Australia y su programa consistía en un segmento especial para latinos, sobre todo mexicanos. Tenía una comunidad muy activa allá. Me parece que también era productora. Platicamos mucho en el IRC y después estuvimos vigilándonos a través de nuestros respectivos blogs. Me entrevistó para su página, cuando empecé a escribir y publicó algunos cuentos míos para su público australiano. Cuentos que ahora me dan vergüenza viven en una pequeñísima parte de la memoria colectiva en otro país. La entrevista la tituló como: “El niño genio en su cajita de cartón” y me la creí.

Tuve oportunidad de conocerla en persona, las dos veces que viajó a México, y de salir con ella. Era una mujer casada, al menos quince años más grande que yo, con el tamaño del mundo. Fumaba como chacuaco (dos cajetillas diarias, cáncer de pulmón) y poseía una risa estridente, cigarrosa. Reía mucho. En mis peores momentos me ofreció trabajo y toda la ayuda para empezar de nuevo… en Australia. No tuve el valor para aceptar y qué bueno, en estos años he acumulado numerosa información acerca de los bichos que existen allá, especialmente las arañas. (Aunque me pregunto…).

Un tiempo después de su muerte supe que tenía una hermana gemela y además la conocí por accidente. Igual a ella, pero perpetuamente enojada. Es raro, imprudente, mórbido topar al gemelo de un muerto. Unos días antes de su deceso tuvimos una plática que todavía arrastro conmigo y me hizo tomar decisiones. “Diferentes personas para diferentes necesidades”.

Eduardo es otra cosa. Era el más joven de los tres, y más joven que yo por uno o dos años. Supongo que adquirió sabiduría de pronto. Murió de una complicación rara en el hígado la cual estuvo tuiteando. También salí con él algunas veces. Era un tipo curioso, parecía un niño de barrio, sus gestos y su sonrisa, sí… un travieso de la Guerrero. Primero me desesperaban sus comentarios por los errores ortográficos, quise corregirlo un par de veces pero él simplemente no hacía caso, o no quería aprender.

Después visité su bitácora: diseño elegante, fotografías espectaculares y jamás quise corregirle otra vez. Lo invité a participar en Big Blogger. Cuando lo hice fue porque pensé: “Necesitamos una persona sensible, no importa como lo diga, sino como lo ve”. Pobre, no pudo hacerlo durante mucho tiempo porque lo criticaban fuertemente sobre la redacción y la ortografía. Luego me sentí culpable por ello, porque lo empujé a participar y quizás rompí un poco de su inocencia. Alguna vez tomó un fragmento de “La Torre de los Sueños” para el diseño de su blog, lo cual me halagó. Aunque no comentaba, de esa manera supe que alcanzó a leer una de mis historias.

La última vez que nos encontramos me regaló tres discos (negros, como los de PlayStation 1) con música trance y psycho en formato MP3. Nunca tuve la delicadeza de escucharlos completos. Quedamos de vernos para ir a un McDonald’s, por un McFlurry. Pasaron los años, se juntó con una chica, tuvo un hijo y alguna vez me comentó por aquí: “Le debo su McFlurry, señor”. Quizás cuando llegue me estará esperando con el helado.

Diez años y ya cuento muertos que dejaron su paso aquí. No me quiero imaginar en unos años más. El espiral no sólo tiene una extremidad para la muerte, del otro lado están los vivos. Muchos otros se han casado, han procreado, han obtenido sus trabajos soñados, son investigadores-docentes-maestros o han viajado por todos los lugares que se prometieron. No creo que, en general, puedan quejarse. Tampoco me quejo de mi vida, en general está bien. Finalmente, mudos, existen esos otros personajes: los desaparecidos… ni muertos, ni vivos, simplemente apagaron la computadora y se fueron a otro lugar. ¿Quién podrá componer una esquela para ellos? No importa, esta es mi ofrenda para ellos, para los vivos y también, por qué no, para los otros, todos los otros.

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escrito por el Lunes, octubre 22, 2012

El café de hace unos años

El café de hace unos años

El domingo abrí una caja de Pandora: Los comentarios que solían existir en este blog, cuando era el de los mil nombres y antes de eso, el cibernauta. Tengo un backup en el servicio de comentarios de disqus (además de los múltiples backups en bases de datos).

No sé cuántos son con exactitud. Unos quince mil, quizás. No es que mi blog fuera tan popular (un poco… sí, en aquel entonces lo era), también es que atiné con el posicionamiento y los títulos. Algunas entradas atraían visitantes curiosos que deseaban saber el significado de su nombre, nombres para duendes o unicornios (?) o que deseaban compartir el significado de un sueño que tuvieron, y usaban este espacio como un foro para buscar respuestas a cuestiones lejanas a la intención del contenido original.

Sin embargo, el restante de esos comentarios son amables y me ayudaron a darle un vistazo al pasado. Ocupé el domingo, tan absurdo y tan cansino, en regresar algunos de esos comentarios al blog. Un año de datos (de los diez que son en total), copy-paste, publicar, editar nombre y e-mail. No pude regresar varios porque en el translado borré un puñado de entradas que ahora están en el limbo binario. También pensé en editar la fecha pero se me hizo demasiado, así que he cometido el pecado de revivir muertos y crear una paradoja anacrónica. Ojalá dios internet me perdone.

Cuando hice el traspaso olvidé, sinceramente, que los comentarios también son parte de la documentación, una extensión de los amigos y los lectores que se han conseguido a través del tiempo. Es un testimonio de como han cambiado los lectores blogosféricos, sus modos y sus motivaciones.

Hay algo que siempre tuve en cuenta cuando abrí un blog: Sus comentaristas en algún momento se van a cansar y se van a ir. Tienen una vida, los gustos cambian (o el autor se casa, como yo, y misteriosamente se pierden muchas visitas, quien-sabe-por-qué), los autores se abandonan, incluso un autor de bitácora. Los lectores, igual que el escritor (sobre todo uno que platica su vida en este medio), son una cosa viva, con sus problemas, y sus movimientos, y sus encrucijadas. Nunca se sabe a donde irán o con quién te engañarán el día de mañana.

Además los distintos servicios que han surgido a través de los años han separado, de manera eficaz y cruel, las motivaciones de un blog. ¿Para qué tener uno de pornografía y ocio si puedes abrir un Tumblr? ¿Para qué tener un blog de tus fotografías si puedes tener Flickr o Instagram? ¿Para qué tener un blog de ráfagas breves si puedes abrir una cuenta en Twitter? ¿Para qué volcar una opinión rápida, sincera y probablemente estúpida, si tienes un perfil en Facebook? ¿Para qué grabar un video si puedes hacerlo en YouTube? Antes el blog era una oportunidad centralizada de unir todos esos rasgos individuales en un sólo lugar. La creación de una isla en el océano digital. El problema era (y todavía es) atraer náufragos a esa isla.

Muchos blogueros se inclinaron por la especialización (blog de diseño, blog de tecnología, bloguétcetera), otros se dividieron en sus múltiples redes sociales y finalmente, el puñado de necios que, por cariño a la herramienta y por sus propios fines, siguen trabajando diligentemente en su paraíso personal. Me incluyo en el último. Tuve un blog para escribir y ahora escribo porque tengo un blog. Gracias a él, he publicado, sigo creando historias y quizás consiga muchas más cosas en el camino.

Hace años era obligatorio tener una taza de café y pasear diariamente por los múltiples comentarios que dejaron en días anteriores, anotarme los triunfos, recibir las amabilidades, soportar los fueras de contexto y tragarme uno que otro comentario anónimo y ponzoñoso. Hoy la taza de café es para iniciar el siguiente texto, tallarlo, pulirlo, enviarlo en la botella y que corra solo, quien sabe dónde, quizás nadie lo lea, desde mi isla al océano.

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escrito por el Martes, octubre 16, 2012

Algunas herramientas para escribir

Algunas herramientas para escribir

Me han preguntado si conozco procesadores de texto que sean… simplemente eso, procesadores de texto (Recuerdo que en DOS usaba el clásico QEDIT, alabado sea). Por supuesto, existen Word y sus clones (OpenOffice, Pages), pero no son amigables con tantos iconos y distracciones regadas por toda la pantalla. Para escribir, y simplemente escribir, sin preocuparse por formatos, márgenes y monitos para poner en el texto, no son muy útiles. Desde hace tiempo, he buscado y probado opciones para una escritura libre de porquería y que el propósito simplemente sea poner una palabra después de otra. La revisión y el formato vienen después. Esta es una lista de los procesadores de texto que uso para darle vuelo a la hilacha. Haré un repaso por sus virtudes y una explicación para qué los uso.

iA Writer (OS X, iOS)

Este es mi procesador de textos por defecto. Si estoy escribiendo alguna entrada para el blog, una novela en su primer borrador o un cuento, esta suele ser mi primera opción.

Aprovecha el modo de pantalla completa de Lion y Mountain Lion sin aspavientos. Puedes tener varios documentos abiertos y “un escritorio” para cada documento. Además, utiliza el servicio de iCloud, lo que sube todos los documentos a la nube y es muy útil si quieres echar una leída o una revisión desde algún dispositivo iOS. El tipo de fuente y el fondo de pantalla gris hacen cómoda la lectura y las revisiones.

Otro de sus beneficios es que tiene un motor de MarkDown incluido. Si conoces MarkDown, y quieres darle formato al texto HTML, puedes prever los resultados. Muy útil cuando escribes entradas de blog.

Supuestamente, según los desarrolladores, su interfaz hace más rápido y más cómodo escribir, incluso desde un iPad, usando solamente los dedos. Exageran. Aunque es mi app preferida para escribir, tanto en el iPad como en OS X, es mejor conseguirse un teclado.

(Vínculo: iawriter.com)

MacJournal

Este es mi segundo software preferido. Disponible para OS X y para Windows. Antes de acostumbrarme a iA Writer (y de que existiera), usaba este programa en pantalla completa para escribir las entradas del blog. MacJournal está diseñado para mantener todo tipo de diarios, bitácoras, registros, notas. Aunque se acerca más a un procesador de textos tradicional, también tiene un modo de pantalla completa que retira distracciones.

Este software lo uso, básicamente, para guardar un backup más amigable de mis blogs. Puedes conectar tu blog de WordPress, Blogspot, Livejournal, etcétera y con un botón bajas las entradas. También puedes escribir las anotaciones desde el programa y enviarlas directamente al blog. Soporta imágenes, videos y sonido. Puedes tener un sólo diario, o cientos de ellos, y dividirlos en subdiarios. Muy útil cuando quieres tener un diario para cada año que pasa.

Es un programa muy complejo. Recomiendo una leída al manual. Una vez que le agarras la onda tiene un montón de cositas que alivianan la vida: Estadísticas, categorías, etiquetas, exportar a distintos formatos, backups automáticos y que puedes guardar a través de dropbox. Hay una versión de iOS, pero es decepcionante. Al menos no jala bien en mi iPad 1.

Vínculo: (Mac Journal en Mariner Software)

Day One (OS X, iOS)

Básicamente es para escribir un diario personal. Tiene una interfaz agradable, puedes ilustrar el día con una fotografía. A veces lo uso como backup de ciertas cosas, notas de libros, ráfagas cotidianas, algún pensamiento del día, o una idea para desarrollar en algún momento. Es un programa muy sencillo.

Tiene la ventaja de que puedes importar de un archivo de MacJournal. Así que si tienes un diario personal ahí y quieres que se vea lindo, simplemente importa. No es muy práctico para cualquier otra cosa.

También se conecta a iCloud y pone la ubicación de la entrada automáticamente (pidiendo permiso, previamente, por supuesto). La versión de iOS tiene dos grandes ventajas: La navegación de línea de tiempo por fotos y que, al momento de hacer una entrada, si importas una foto, la app te pregunta si deseas ajustar la fecha a la fecha en que se tomó la fotografía. Eso suena magnífico para diarios de viaje.

Vínculo: (dayoneapp.com)

StoryMill

StoryMill es el hermano menor de MacJournal (igual que éste, también tiene versión Windows). La ventaja de este programa es que está especialmente creado para trabajos de ficción.

¿Qué tiene de bueno? Modo de pantalla completa, cajón de notas, categoría de notas para personajes, ubicaciones, entre otras cosas. Puedes anotar el número de revisión del capítulo o el texto que estés trabajando. Puedes separar los capítulos en “escenas” para enfocarte en ellas o reordenarlas al gusto. Es una aplicación muy completa, sobre todo para novelas o libros de cuentos que exigen notas rigurosas.

Una de las cosas útiles que tiene es un contador de palabras enorme que te avisa cuántas llevas. Puedes ajustar una meta por día y una meta global. Muy útil para los escritores que trabajan en el NaNoWriMo y dividen sus tiempos en cantidad de palabras.

Igual que MacJournal, tiene diversos modos de exportación que son muy útiles a la hora de dar formato a las cosas. Incluso, puede exportar un documento directamente en ePub, para libros electrónicos. Este programa suelo utilizarlo cuando acabé de trabajar una novela en iA Writer y deseo darle sentido a lo que hice.

Dicen que Scrivener ha mejorado mucho y que supera por mucho a este, pero no he tenido la fortuna (literal, el varo) para probarlo en sus versiones más recientes.

Vínculo: StoryMill en Mariner Software

OmmWriter

Este es un programa muy mamón pero igual sirve para la chamba. Pantalla completa, permite varios fondos (tranquilizantes, de buen contraste), según puedes poner ruido blanco o escándalo zen, puedes configurar que ruido hacen las teclas.

Simplemente lo uso cuando estoy aburrido o cuando no quiero silencio.

Vínculo: ommwriter.com

Momento (iOS)

Para escribir notas rápidas y guardar un backup de mi Twitter (y otras redes sociales) uso Momento. Mientras voy caminando y se me ocurre alguna idea de algún trabajo en curso, abro Momento, escribo, pongo etiqueta y puedo buscarlo fácilmente como referencia más tarde. Una de las ventajas de esta app es que puedes exportar los datos y luego importarlos en DailyJournal o en MacJournal.

Vínculo: momentoapp.com

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escrito por el Jueves, octubre 11, 2012

Un autor: Julian Herbert, dos de libros: Canción de Tumba y el Humble Bundle

Un autor: Julian Herbert, dos de libros: Canción de Tumba y el Humble Bundle

Julian Herbert, ayer por la tarde, anunció que su novela: “Canción de Tumba” ganó el premio Iberoamericano “Elena Poniatowska”. Que chingón, al menos lo digo por mí, que compré la novela unas semanas antes que anunciaran al ganador. Quizás sufra una misteriosa alza de precio.

Recuerdo qué, quizás unos meses atrás, Edilberto Aldán casi me exigió leer esta novela. Tienes que leer “Canción de tumba“, me dijo, y desde entonces pienso con regularidad en el título. Es precioso, y funesto, como debe ser con los buenos libros. Diría algún mamón: “Contiene una ligera tristeza onettiana”.

Luego vinieron un montón de recomendaciones de gente a la que sigo en Twitter. Mecanismos extraños pasan cuando no se ha leído un libro pero gente de criterio confiable lo recomienda. En mi cabeza terminó por convertirse en uno de los libros más codiciados y deseables. Finalmente lo compré un día que tenía el título en la punta de la lengua y casualmente estaba en Profética.

Si he soportado la tentación de leerlo es porque llevo una larga y dolorosa chaqueta con los siete tomos de Proust. Mi travesura de releer el primer tomo se convirtió en orgullo a partir del soporífero, mortal, tercer tomo y deseo seguir en ese viaje, hasta que me corran o me corra. “Canción de tumba” y los otros veinte, o treinta, o cuarenta libros que todavía me faltan (de los comprados en estos últimos dos años) pueden seguir esperando.

Sin embargo, puedo presumir que he leído a Julian Herbert en twitter y en su blog: YONKE. Si no lo han leído, recomiendo al menos estas anotaciones escritas por él:

Finalmente, quisiera recomendar una revista electrónica y cultural editada por Herbert, junto con Javier de la Mora:

Por otra parte, me gustaría avisarles que el Humble Bundle de libros continúa abierto. Pueden comprar ganadores y nominados a los premios Hugo de Fantasía y Ciencia Ficción por un dólar, en versiones digitales para cualquiera de sus dispositivos: iPad, iPhone, Kindle, Pantalla. No, lo siento, no son en papel. Lo que paguen por los libros será divido en tres partes: Caridad, autores y los organizadores del Humble Bundle.

Los libros en venta son:

  • Pirate Cinema – Cory Doctorow
  • Pump Six – Paolo Bacigalupi
  • Zoo City – Lauren Beukes
  • Invasion – Mercedes Lackey
  • Stranger Things Happen, Magic for Beginners – Kelly Link

Por unos dólares adicionales (para cubrir el monto promedio), te dan dos libros más:

  • Signal to Noise (una novela gráfica de Neil Gaiman y Dave McKean)
  • Old Man’s War – John Scalzi (recomendadísimo, según he leído por ahí)

Es encantadora la iniciativa. ¿Sería posible hacer algo así en México? Bueno, quien sabe, quizás podamos hacer mucho más. ¿Qué es imposible en un país donde los cadáveres son secuestrados?

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escrito por el Miércoles, octubre 10, 2012

Un tonto occidental

Un tonto occidental

Según OmmWriter, este texto lleva menos un caracter. No me extraña. Debo alguna vocal a los espíritus, and perhaps several pounds of flesh. Cada vez se me complica más escribir en el blog. Qué culero, y eso debería estar en todas las reglas de los bloggers que se sientan en Fight Club: No escribas de por qué no escribes, pero aquí estoy, en la dolorosa situación de ocupar el recurso para iniciar el primer párrafo. Lo he hecho antes, no estoy limpio, hacerlo de nuevo es lo de menos. Una vez que incurres en el delito pues disfrútalo. Ya qué.

El segundo detalle (o detallito, con la pronunciación de una señora en alguna telenovela), quizás, es usar OmmWriter para escribir una entrada del blog, o cualquier texto en general. Es la herramienta más cursi que existe para escribir algo. Los sonidos, los fondos, los tipos de letra y la interfaz están específicamente diseñados para jalar a los tontos y perdidos hijos del occidente, los advocantes de meter la paz y la relajación a sus impulsos materialistas, un bluff perpetuo para expresar: “Yo escribo, yo puedo ser un artista y acceder a mi monje oriental interior, puedo conseguir escribir una novela mientras escucho un latido del corazón en MP3 en un bitrate aceptable, quizás monaural, pero es suficiente”.

Me incluyo por ahí. También quisiera invitarles a que no teman, cada vez es más común incurrir en estos delitos metafísicos, diría que inevitable. Pronto se convertirán en una norma y nadie, jamás, se atreverá a decirte nada (hasta que llegue una generación con ganas de romperlo). Un crimen abandona su estado cuando la población se encoge de hombros, se mete una fritura a la boca y dice: “Méh”. Tal vez es cosa mía. Lo siento como un delito. Soy un criminal tecnocrático que rompe ciertos principios ancestrales. Siento la pesadumbre de la mirada de un policía espiritual encima de mí y éste todavía no se anima a detenerme, pero pronto, pronto. Ni modo… una vez que incurres en el delito, reitero, disfrútalo. Ya qué.

Otros tontos occidentales son aquellos qué, teniendo toda clase de aparatos, dispositivos y pantallas, se niegan a leer en otra cosa que no sea en papel. Los Kindle se venden baratísimo si los compras directo en Amazon, y acéptalo, tienes peores deudas bajo el brazo, como esa caminadora que nunca usas o esa arrocera que ocupas una vez cada seis meses.

Quisiera entenderlos pero, luego de verlos con su Diablo Guardian (juraba que tendría versión digital en Amazon, pero no… vaya) bajo el brazo y que empiecen con la clásica perorata de la textura de las hojas, el olor a pritt y las portadas irremplazables (claro, ¿a quién no le gusta una mujer desnuda en alguna pose semierótica? Hasta ellas lo aprueban), me rindo, bajo los brazos y cedo todas las canicas. Parece imposible hacerles comprender que la adicción funciona perfectamente con libros en ambos mundos: el físico y el digital.

Si me atrevo a escribir en OmmWriter, atrévete a leer un libro digital. Da el salto, vamos, un pie en el abismo de los unos, de los ceros, de conectar un USB para copiar el libro pirata que acabas de descargar a tu teléfono móvil y lee. Descubrirás que no es tan diferente, que lo físico sólo es un medio, un impulso ancestral de poseer las cosas, babearlas y que puede ser vencido con el intelecto. Aunque no niego que una experiencia sensorial a veces entrañable si la historia no es suficiente.

No te preocupes, seguirás igual. No dejarás de comprar libros. En este instante, tengo un ojo virulo fisgando al librero de mi derecha, apreciando los veinte o treinta libros que compré en estos últimos dos años y que no sé cuando voy a leer. Mi copia binaria de Proust acabó conmigo este año, detuvo mi ritmo de lecturas para entregarme al mundo aristocrático-burgués de Paris, al mundo de Balbec, a Sodoma y a Gomorra.

Hay libros qué, no importa el medio, exigen una lectura pausada y atenta. Quizás me falta el cariño de acariciar las páginas durante los intermedios de cigarrillo y de reflexión. Quizás. Acceder al impulso fetichista de adorar la representación física de las palabras (un árbol transmutado en un objeto de deseo) en vez del frío material de un libro electrónico… pero no por ello, me ahorro las pausas que exige un párrafo o una línea que destroza el momento, o se convierte en el reflejo, o descubre una sensación que no sabías describir hasta ese momento.

No se escriba más. La música de OmmWriter está a punto de encender el fenómeno de la recordación y mañana, mientras paseé el perro, seguramente querré tararear el sonido de las gotas sobre las copas para estimular ese monstruo llamado: escritura creativa sin distracciones. Sí, mientras alzo la mierda de mi perro. Stop. Suficiente cariño al blog, otra isla binaria y, hoy se me ocurrió, cada vez más solitaria. Ni siquiera el náufrago, único habitante de un país desaprovechado, se molesta en visitarla. Es hora de visitar la otra isla, una o dos horas de lectura, de subrayados y continuar la liberación de Albertine, quien espera con su sonrisa coqueta en algún baño público. Sí, definitivamente compraría esa portada.

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