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escrito por el Miércoles, junio 19, 2013

13045 (Juliette)

13045 (Juliette)

Pienso en Sade:

  • El último tomo de Juliette me tomó por sorpresa: Una lectura más ágil, la filosofía se libera (ya fue protagonista, el lector ya debe conocerla para ese momento), se enfoca en los diálogos, en los personajes, en su viaje. Recupera algunos personajes del pasado y con ellos forma un singular grupo de criminales. Juliette viaja con ellos a Roma, a Italia, a Grecia, para describir los monumentos de un erotismo salvaje, animal.
  • El tercer tomo es un diálogo que tiene Sade con reyes y príncipes, a través de Juliette. A todos les pide renunciar al cargo, y que si aceptan ser filósofos, y creyentes de la filosofía natural, se aceptan que no son diferentes a otros hombres, su cargo es una ilusión, un método de control. Juliette no teme por su vida, sus palabras le hubieran costado la cabeza. Me imagino, pues, que está por suceder la Revolución Francesa (si no es que ya sucedió).
  • El segundo tomo es una acumulación de crímenes, peldaños para que Juliette llegue a cumplir una de sus fantasías eróticas más grandes: Joder con el Papa (a quien también le exige renunciar a su cargo, y, cómo no, deshacer la Iglesia Católica), y después despojarle de todos sus tesoros.
  • La repetición de ciertas palabras y frases han hecho que se me queden: Joder, lubricidades, semen (para todos los fluidos que salgan del cuerpo), “tan guapo como el Amor”, “tan hermoso como el día”, “tan guapo como un amanecer”, “soy lo bastante filósofo”, “socratizar (encular)”…
  • En el tercer tomo, Sade cambia de Narrador y presenta la historia de un hombre. Un libertino que traiciona a toda mujer con la que se relaciona (sean virtuosas o sean criminales). Termina ofreciéndolas como un sacrificio para sus fiestas y su deleite. ¿Sade?
  • Parafraseando a Juliette: “No importa si somos reyes o esclavos, pastores o rebaño, virtuosos o criminales… todos eventualmente caeremos rendidos al último suspiro”. Juliette, pues, tiene algo de samurái. Cualquiera de sus días puede ser el último y los aprovecha, sin temores.
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escrito por el Domingo, junio 9, 2013

13042 (Juliette)

13042 (Juliette)

Tres sueños

  1. Después de leer a Juliette y sus acrobacias eróticas, no me sorprende el sueño en lo absoluto. Soñé con R. Recuerdo que el sueño era otra cosa pero cambió, repentinamente, cuando entré al pasillo de una de mis viejas cocinas. R usaba un vestido veraniego, era azul y corto, más arriba de los muslos y lavaba platos con su característica sonrisa. Cosa rara. No había imaginado como R lavaba los platos (o si los lavaba, siquiera) hasta ese momento. Pasé atrás de ella, mi mano sutilmente levantó su falda, apenas un roce. Me atreví a más: Sopesé la redondez de sus nalgas abundantes, su piel morena y porosa, ella sonrío encantada. Hicimos otra cosa, dónde había un tercero en su boca mientras yo ocupaba, pues, el afecto de mis caricias. El tercero es un hombre sin rostro, uno de los de Magritte, y como no usaba el traje, podía ver que tenía un cuerpo magnífico. Pensaba, mientras me ocupaba de lo mío, que ese cuerpo le agradaría a R. Le haría feliz. También recuerdo que pensé, como si fuera honesto, que eso le mantendría la boca callada.
  2. Después de leer a Juliette y sus coreografías perversas, este sueño me sorprende. También fue el último escenario del sueño, en realidad era otra cosa. Puedo decir con certeza, aunque no lo recuerdo, que esa primera parte fue agradable hasta que alguien me regaló un ratón. El ratón era café y demasiado expresivo, como una caricatura. Me lo dieron en una caja con sus agujeros para que pudiera respirar. Que regalo tan… peculiar, recuerdo que dije, a quien sabe quién, y dejé la caja a un lado. El ratón salió de la caja, lo busqué, lo tomé en mi puño y lo regañé. El ratón frunció el ceño, enarcó las cejas muy enojado. Lo regresé a la caja. El ratón salió de nuevo. La operación se repitió varias veces. En una de ellas, el ratón consiguió hacer un agujero en el piso de duela para esconderse pero mandé a Nico a que lo buscara. Ella lo sacó y me lo entregó. Para educarlo, le mojé la cabeza bajo el grifo de un lavadero. El ratón estaba muy enojado.
  3. Antes de leer a Juliette y repasar sus criminales lubricidades, tuve algún sueño. Sentado en un banco de madera, en la oscuridad, miraba directamente a la cámara. Había un acercamiento lento. Empecé con el cuerpo completo, luego a medio cuerpo (el torso) y finalmente al rostro. Sabía que era él, y sabía que era la cámara. Me atrevo a decir que no era la cámara la que se acercaba. El espacio entre los dos, mejor dicho, se reducía, la oscuridad se comprimía, hasta convertirnos en dos pares de ojos que se funden y luego desperté, pensando que era otro, que era dos, que era ninguno.
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escrito por el Jueves, mayo 30, 2013

13037 (Juliette)

13037 (Juliette)

Alguna vez soñé que los grillos fornicaban con las arañas, hace muchos años. Lo escribí aquí, y lo que escribí aquí, a veces cometo el error de tomarlo como una verdad, como un documento fiable de mis días. Eso es una gran equivocación porque a veces escribo afuera de los tiempos, cambio de fechas las entradas, borro algunas y edito otras, reescribo muchos pasajes de mi vida para engañarme unos años después con que fueron de otra manera, como si mi memoria estuviera dañada y necesitara un empujón, pero mi memoria no es así, también tiene sus trucos. Memorizo muchas cosas pero luego hago a un lado la memoria para dejar pasar a la mentira, entonces estoy consciente del cambio, me engaño aunque no puedo engañarme, me engaño porque quiero y no estoy engañado del todo, pero ya me desvíe, lo que acabo de escribir es como si los grillos fornicaran con las arañas, lo cual pienso mucho recientemente porque recuerdo, cuando recién me mudé aquí, vi un nido de segadores cubriendo una de las esquinas de la casa. Eran muchos segadores, no me atrevo a dar un número porque la masa de segadores era, sin exagerar, del tamaño de mi torso, un sólo ente con miles de patas distribuidas por todas partes, como si fueran el pelo de una criatura. También pienso en los grillos porque mi jardín, usualmente, en alguna época del año, se ve infestado por ellos. Tengo que estarlos matando, trato de no rociar insecticida (el medio ambiente) y matarlos echando agua, aplastándolos, señalándoselos a mi perro para que se dedica a molestarlos con el hocico y con las patas, y se mueran del susto. Tengo la idea de que los grillos son criaturitas muy nerviosas, aunque los segadores también son un manojo de nervios. Se mueven como esferas con unas patas echas de pelo humano, o de caballo, que se doblan con cada paso y en apariencia, no pueden caminar directo al lugar donde desean. Pienso que los segadores (los segadores no son arañas, aunque son arácnidos) fornican con los grillos (mejor dicho saltamontes, son la infestación más común). Es ridículo, pero, también es ridículo que las tarántulas silben y creo que existen. Lo leí en el bestiario de Caín.

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escrito por el Martes, mayo 28, 2013

13031 (Juliette)

13031 (Juliette)

¿Por qué grita así? ¿En eso ha evolucionado la actuación del género, en gritos? Parece que está muriendo, que le están partiendo en dos o que le flagelan contra los grises muros de un cuarto de inquisidores. Prefería cuando grababan las voces artificiales, aún cuando no estuvieran en sincronía, dignificaban la magia, una perezosa fantasía para la persona que no busca otra cosa que ver. No es que los gritos, agudos y escandalosos, me desagraden completamente, pero, en vez de enfocarme en el espíritu de la obra, me divido y pienso que está sufriendo, que alguien debe ayudarle porque en realidad es una víctima. Bueno, muchos pueden argumentar que es una víctima, por la posición y el oficio a que se dedica, y luego con esos gritos, y desconocemos que tan actuado es el abuso, un abuso que, siendo honestos, cada vez es más frecuente y violento dentro del género, y hasta preocupante por lo mismo. Si a los veinte me preguntaba si me estaba desensibilizando, a los treinta todavía más y lo que es peor, no lo estoy por completo porque en vez de mirarlo con el afán original, lo miro con cierto escepticismo y fascinación, casi como perseguir una nota, o la línea de un cuento que al principio parece brillante. Ajá, algo que explorar: no puedo dejar de mirar con horror, finalmente me han convertido y si no tengo cuidado, escalaré al grado de activista de sillón que aboga por los derechos de esas pobres personas, esa pobre gente. Quizás alguien proponga, en un futuro, junto a los camarógrafos, los directores y los duros asistentes, un observador presente, como los licenciados que abren los sobres en los concursos, para ratificar que es una actuación y entonces subirán los costos de un negocio que, de por sí, es muy mal pagado, demasiado explotado y que ya nadie compra porque puede conseguirse en todas partes. Sin embargo, eso sí, tendrán un sello dorado, uno que explique que nadie fue lastimado durante la grabación del evento y lo que acaba de presenciar, no lo dude, fueron quince minutos o media hora, de una ficción burda, casi honesta, pero una ficción al fin y al cabo. Usted acaba de leer un libro donde los personajes no fueron dañados, mancillados en sus partes pudendas e ilusoriamente en lo más íntimo de su espíritu. Tal vez eso le falta para que lo vea tranquilamente, sin arriesgarme a una distracción benefactora.

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escrito por el Domingo, mayo 19, 2013

13033 (Juliette)

13033 (Juliette)

Sade también escribe un laberinto dentro de Juliette. En su afán de complacer a Saint-Ford y a otro ministro (¿O era un príncipe?), construye un laberinto dentro de su jardín donde los pierde para que den rienda suelta a sus impulsos criminales y libertinos. Me encontré sumergido ahí, en las sombras, entre los arbustos y los árboles, para ser testigo de sangrientos crímenes. Sade se contiene (o quizás el traductor, o quizás una censura vieja), pero el ministro usa sus instrumentos para extraer las vísceras de una mujer viva. La referencia velada fue suficiente para que sintiera miedo. Supongo que esa es una de las virtudes de Sade, una libertad sin límites no viene sin los temores de ser libre, ser esclavo de los impulsos y la naturaleza es más errático que las cómodas esclavitudes cotidianas a las que estamos cada vez más condenados. Saint-Ford entrega a Juliette el dinero para sus vicios y sus juegos sacándolo del Estado. De su bolsillo no vino la construcción de este laberinto, además de que paga una suma sustanciosa por cada víctima (treinta mil luises por víctima, me imagino, son una fortuna). Me enoja, y de ser francés me hubiera enojado mucho, contemplar la posibilidad de que el Estado paga los vicios. ¿Y no lo sigue haciendo? Me imagino como un francés, prerevolucionario, leyendo a Sade y un enojo acumulándose por lo que provoca la imaginación. (Si no se pagan esa clase de vicios, otras opulencias se pagarán con nuestro bolsillo). Se me ocurre un pensamiento terrible: Quizás lo que me enoja es que jamás podré ser tan libre como Juliette lo fue, mientras andaba descalza y reía salvaje, corriendo desnuda entre los pliegues del laberinto. Me queda el consuelo de ser libre mientras leo y a la vez, soy esclavo del libro que estoy leyendo.

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escrito por el Domingo, mayo 19, 2013

13033 (Juliette)

13033 (Juliette)

199X. Estoy en un salón de usos múltiples, junto un grupo de estudiantes de mi edad. Tenemos entre 13 y 15 años. Un personaje de PROVIDA, al frente, pone la canción de “Hotel California” en una grabadora. Todavía se usaban los cassettes. Es sábado, son las diez de la mañana, los otros chamacos hablan de irse a Chapultepec o de irse a pasear al centro saliendo de la plática. A mí no me van a dejar. El barrio donde vivimos es duro, a mi familia le daría miedo y la verdad, no tengo ganas de preocuparlos. Saliendo de ahí me pondré a jugar Super Nintendo, debo estar al 60% de Final Fantasy. El personaje de PROVIDA nos explica que “Hotel California” habla de ritos satánicos, del diablo, el Adversario está presente en cada una de sus letras. Recuerdo, mientras alzo una ceja, algunas bromas que hacen en los sitcoms que veo de madrugada con referencia a esos grupos demasiado bondadosos. Hace mucho que sé del satanismo de la canción, así como de las bromas al supuesto satanismo de la canción. Dejo que siga hablando. No es mi lugar interrumpir, tampoco es mi lugar sugerir que al diablo se le combate con humor y perspicacia (¿el fuego se combate con fuego? Blasfemáis, a la hoguera). ¿Qué podría decir? Señorita, de hecho, he visto que en la tele hacen bromas de la gente que dice una canción es satánica. Mejor que no lo hice. Me habrían jalado a otro lugar, me habrían reclutado en un ánimo de redimir mi espíritu agnóstico. Luego viene el clásico de los Beatles. Algunas canciones esconden mensajes al revés, escuchen aquí. Milagrosamente, Revolution 9 es una adoración al Cornudo Mayor. ¿Los Beatles?, pienso, si ellos son tan buenos… si ellos cambiaron el mundo, si ellos despojaron el aburrimiento de una generación. ¿Cómo puede ser malo? No importa, anótenlo en su lista de música satánica. Nos hacen anotar, en el cuaderno, como si estuviéramos teniendo una clase, como si de verdad hubiera una lección qué aprender, mientras Bolaños (últimamente me acuerdo mucho de Bolaños, una vez me golpeó en el estómago y me sacó el aire. No me digas chaparro, me dijo, no vuelvas a hacerlo, jamás) voltea a mirarme, y hace una mueca que acentúa sus cejas espesas, sus cejas de hombre adulto, seguramente las cejas que lo hicieron gerente, o Comandante. De verdad nadie quiere estar ahí, pero la señorita se ve tan emocionada, y habla duro, habla bien, además del temor de romper sus expectativas podríamos romper otra cosa: su fe. Podría luchar para explicarle que tengo mi fe puesta en otras cosas pero, siempre he pensado (a veces con razón, a veces con equívoco), para que meterme en algo tan molesto. Escojo no hacerlo, como todos los otros que piensan en qué ocuparán su tiempo tan pronto salgan de ese monólogo tan sustancioso. (Me pregunto ahora, mientras releo la entrada, ¿alguno de ellos se habrá unido a PROVIDA? ¿Alguno de ellos sentirá que su alma se consume en el infierno mientras escucha “Hotel California”?).

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escrito por el Martes, abril 30, 2013

13027 (Juliette)

13027 (Juliette)

No presto libros, si puedo, los regalo, pero a veces se me olvida y los presto de cualquier manera. Cuando me vuelvan a pedir un libro prestado, haré como biblioteca: Claro que sí, puedes leerlo en mi casa, al fin que tengo una banca, un jardín, sillones amplios y cómodos, hay café y probablemente hay coca cola, te puedo regalar un cigarrillo si quieres fumar mientras lees, espero que no te molesten los perros porque los míos probablemente buscarán poner el hocico o el peso entero sobre tus piernas y te dejarán la ropa llena de pelos, los muslos dormidos, los pantalones babeados. Quizás deba poner letreros, horarios de lectura, aunque no me molestaría recibir gente en la madrugada, que es cuando los lectores se sienten más solos y son más voraces. Algunos libros ni siquiera saldrán de esta habitación. Si quieres leer, siéntate en este banquito, la espalda recta y mientras yo trabajo, o yo leo, dedícate a tu propia lectura, cuando te canses dame el libro que yo lo pondré en su lugar, y si no quieres despedirte, lo entiendo, es el placer de solamente venir a leer y no rendirle cuentas a nadie. No es que tenga libros raros, o ediciones difíciles de conseguir (quizás un par), sin embargo, sé que tengo libros que la gente tiene miedo de comprar, libros que no deberían llevarse en público porque provocarán la mirada de algún tonto, también tengo libros de ediciones mediocres pero que ya no se reimprimen o que con suerte tardarán años en reimprimirse, tengo libros de mil ejemplares impresos en 1940 y tantos, o libros de un tamaño enciclopédico que son presuntuosos para leerse en un camión, también están esos libros que poca gente compra porque no quiere invertir en libros pero bien que desearía leerlos “para ser menos tonto, menos burro, más culto”. ¿Insistes en llevártelos? No, tendría que negarme rotundamente, tanto me ha costado mantener estos pocos libros, hay algunos que me han acompañado en doce mudanzas, durante veinte años, los pocos sobrevivientes de los múltiples éxodos personales ¿y quieres que tenga el corazón para que te los lleves, para que tú los manches de comida o rompas alguna hoja, para que tú los subrayes y se te ocurra poner un nombre, para que alguno de tus sobrinos o animales deje una firma en la página 23? No, nada de eso, le he negado libros hasta a mi propia madre. Mejor ven a casa cuando quieras.

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