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13065 (Crimen y castigo)

By on Domingo, septiembre 8, 2013

Todo el libro tuve una clara noción del dinero. Pienso, divertido, que fue cosa del jugador y el jugador nos ofreció una entrada a sus propias angustias económicas. Quizás no sepamos en la actualidad cuánto sea un kopec, o un rublo, pero leyendo cuidadosamente sabremos cuanto cuesta un abrigo usado, un gorro, la compostura de unas camisas, una cerveza. Teniendo eso en la cabeza, luego los personajes mencionan los rublos. Veinte rublos cuesta armar una fiesta que todos los demás menospreciarán. Después vienen las pensiones de los trabajadores, por ejemplo, la de un empleado de correos: mil rublos al año, y mil rublos es la mitad necesaria para abrir un negocio editorial. Entonces aparece otro personaje, uno más adinerado, que ofrece diez mil rublos por aquí, diez mil rublos por allá, y se me antojó como una pequeña fortuna, algo deseable, como si me hubiera ganado la lotería. Un suicida, o un violento, decide que cuesta treinta mil rublos iniciar una vida en otra parte: en Viena, por ejemplo. El lector no sólo está pensando en el crimen, en el castigo, en la crueldad de ciertos sueños, en la posibilidad de la locura, en los pasos para convertirse un súper hombre, en el asesinato de viejas y la necedad de huir a la redención; está haciendo cuentas, constantemente, palpándose los bolsillos para saber cuántos kopecs necesita para salir de paseo, comprarse un refresco, ampliar su casa, hacerse del nuevo iPad. Lo irónico es que aprendemos tan bien la economía que al final, ni en ese mundo ni en el nuestro, el dinero aparentemente sirve de...

13064 (Crimen y castigo)

By on Viernes, agosto 30, 2013

Leerlo oscurece la vida. Las pequeñas travesuras se convierten en motivo de castigos, un espiral destructivo. Empiezas a buscar el hilo que llevará al peor de los finales. Los sueños son premoniciones, un aviso para no errar y de todas maneras errarás porque eres humano. (No eres Napoleón, no eres Newton, qué manera de mostrarnos la verdad, ninguna autoridad moral, casi divina, vendrá a felicitarnos porque el crimen cometido ha salvado la metafísica de los hombres, la sangre no limpia los pecados ajenos, ni los propios. El castigo no sólo es la locura, o la prisión, el amor es la redención. Me lo imagino jugando, gastándose sus últimos kopecs mientras piensa en la mujer, en la hija, sus manos tiemblan febrilmente mientras fuerza una risa, la sonrisa con la que desea hacerse conocer, o toma del cuello al amigo y cariñosamente le dice imbécil mientras le priva de la respiración, uno o diez segundos). No todo está perdido, aunque durante años, y la lentitud de esos años es la parsimonía de los siglos (la historia humana), parecerá que...

13063 (El miedo a la libertad)

By on Jueves, agosto 29, 2013

Los perros del terreno persiguen pájaros blancos, un tractor pasa y prepara la tierra. Curiosamente, confundí dos títulos de libros por sólo tener la palabra “libertad”, el de Ende y el de Fromm. Hace poco leí a Fromm, sólo para saber si lo que leí de joven seguiría hablándole al tipo adulto. Qué tristeza, parece que lo digo como si hubiera dejado de jugar. (No, todavía sigo jugando, pero mis juegos son de otra índole). Me asomo por mi ventana, hay varias rejas de aquí al Popo: El miriñaque, el alambrado, la barda incompleta, la reja café de una casa, una barda de ladrillos. Siempre estamos parando algo. Ayer vi a un gato hacerse pequeño para pasar en el angosto espacio literal entre un muro y un portón café. Deténganlo a él. ¿La gente son muros con patas? Una persona está hecha de historias. Algunas historias, no importa cuán literarias sean, son muros a franquear para conocerla realmente, y eso apenas. Uno de mis cactos murió ahogado. La noticia me incomoda, si no le eché tanta agua como para ahogarlo. Ahora está ahí, morado y café, en la maceta, ha perdido todos los verdes, y yo que le tenía demasiada fe. Me costó cinco pesos, creció demasiado rápido. Ah, también leí que probablemente necesitaba una maceta más grande. ¿Los cactos necesitan extenderse ampliamente, como el mundo? Algunos muros tienen la piel de un cacto, para escalarlos es obligatorio empujar las manos, sangrar con las espinas, usarlas de impulso para asomarse al otro...

13062 (Cajón de cuentos)

By on Lunes, agosto 26, 2013

Un gato habla, el salvaje licántropo sonríe, la niña cuenta una historia de fantasmas con suma frialdad. Los cuentos de Saki resuenan en breves imágenes, ecos de frases justas. La otra vez, en Twitter, por una cosa absurda como el día del gato, compartí dos cuentos y un poema (apenas) de gatos. Uno de Murakami (“El pueblo de los gatos”, fragmento de 1Q84), uno de Saki (“Tobermory”) y el otro de T.S. Eliot (“The Love Song of J. Alfred Prufrock”). Hubo una reacción favorable por el de Murakami, y cómo no, es el autor más leído, pobres de Saki y T.S. Eliot. Hay gente que no puede escapar de su realidad transformada paulatinamente en fantasía, el lector fácilmente duda de la realidad después de leerlo. Eso lo comprendo. Aunque, en verdad, si me preguntan de Murakami, lo que recuerdo es a Tengo viniéndose impulsivamente en la boca de su amante, una mujer casada, porque no tiene tiempo de avisarle. La mujer engulle los chorros de semilla, adaptándose a la situación y después de tragar, y de limpiarse a la boca, le pide secamente a Tengo que no lo vuelva a hacer aunque el hecho no le haya molestado, aunque resuena en el deseo primitivo y masculino de que lo volvería a hacer pero repetir sería romper algo. Las frases breves de Saki, cuenta las cosas a su modo, historias universales, pero esas pequeñas imágenes… (pero esas pequeñas imágenes). Mientras que Murakami escribe un caos sutil y sublime para eyacular, Saki interrumpe la vida con la sonrisa de un joven...

13055 (La invención de Morel / El gran Serafín)

By on Sábado, agosto 10, 2013

Otra de sonrisas. Harold Kroninger, en “The Stand”, practica diariamente la sonrisa frente al espejo para esconder sus planeas. Kroninger preapocalíptico: gordo, lentes, geek, quejica. Cree que la caída del mundo cambiará los valores, que finalmente encontrará alguien que le quiera como es: un puñado de defectos encerrados en un cuerpo torpe y fofo. Eso no sucede, por supuesto, si algo tiene la desgracia es que no suaviza el corazón de los testigos, al contrario, los endurece o los aleja. (Otro cuerpo torpe y fofo: El de Bastian, en la Historia Interminable, y quizás haya una manera de ligar el destino de ambos personajes. Ambos se convierten en una burla, en una ironía, mientras que uno se corrompe el otro consigue, a través del viaje de un falso héroe, madurar en una inspiración para otros). Kroninger postapocalíptico, con el toque de Flagg en el hombro: lentes de contacto, un cuerpo bien ejercitado, corte de cabello a la militar, una sucesión de días frente al espejo donde practica la sonrisa una y otra vez, porque sabe que su sonrisa no es sincera, las primeras veces asusta con ella, y ya que ha conseguido embellecer su cuerpo y la mimética de la amabilidad, entonces lleva a cabo su venganza contra un mundo derruido (contra sí mismo, el imbécil, contra lo que fue y lo que es). Como Harold, pero por otros motivos, también he practicado la sonrisa en el espejo. Conocer las facciones, hacer una memoria del movimiento de los músculos en el rostro, es un ejercicio de actuación. No sabes cuándo lo puedes necesitar, quizás cuando cuentes una anécdota, quizás cuando cuentes un chiste, quizás cuando desees pedirle un favor a la cajera. A veces me paro frente al espejo para practicar (igual que mi amiga de cartas), los diversos rostros de un personaje al que estoy escribiendo. Sus expresiones me son importantes, como alza las cejas, como sonríe, como se ve cuando está triste, si se deshace el rostro cuando llora. Es como un amuleto, pienso que si puedo visualizar el rostro de alguien que no existe a través del mío, estaré más cerca de conseguir su esencia...

13052 (La invención de Morel / El gran Serafín)

By on Sábado, julio 20, 2013

La novela de Bioy, ¿qué es real y qué no lo es? ¿Y si modifico la proyección, cómo lo verá el siguiente náufrago? Me hace pensar en la teoría de que somos una proyección al otro lado del universo. La Tierra es una isla, somos náufragos que modifican la percepción de la historia de otros náufragos (para un observador celestial, el observador en la siguiente capa, ¿estaré enloqueciendo?, no, sólo es un dolor de cabeza. Ya se me pasará). Tocamos una mano, ¿y realmente la tocamos? ¿El cerebro nos está jugando la mala pasada de completar un cuento? Es una mala pasada (sí, es una alta probabilidad de que lo sea) pero no importa, uno es lo que cree, es posible contentarse brevemente con esas cosas. Cambiamos las creencias porque vivir una sola vida es pasmoso. Actores en un lupanar de escenarios cinematográficos.

13050 (La invención de Morel / El gran Serafín)

By on Miércoles, julio 10, 2013

Cosas incómodas de preparar hamburguesas en casa (no todo puede ser felicidad, aunque la felicidad, en este caso, hace soportable la lista siguiente): Se llena de moscas, aún a pesar de la red que tenemos para cubrir la puerta ventana. Diría que la última vez, en Febrero, unos veinte o treinta de esos insectos ruidosos entraron para hacer sus rondas. Cayeron en el delirio de la carne. Ilusas, pensé que sabrían mejor. Como demasiado. Me inflo. No pienso correctamente porque hay demasiado de todo en mi estómago: Pan con ajonjolí, carne, queso, tocino, jitomate, cebolla, zanahoria, coca cola, aire, arrepentimiento por negar una alimentación prudente. (Anoche pensaba, mientras leía a Morel y escuchaba los ruidos de mi estómago: ¿qué más da? Es una vez cada tanto). La montaña de platos y sartenes consecuencia de la hecatombe. Un hombre del tamaño de un michelín decide lavar platos en series organizadas, se toma un respiro para hacer un horario de fregado a cada hora, cada dos horas, hasta dejar la cocina limpia y vacía. Mira con tristeza las ruinas apiladas de la porcelana grasosa. Es una señora del hogar apabullada. La basura resultante, por supuesto, es abundante. Vivir unos días después de la tragazón. Sade exagera: Juliette se traga hasta 50 ó 100 platos después de una orgía antes del siguiente escenario perverso. La gula repone las energías, la lubricidad, las erecciones y los fluidos. ¿De dónde? Pensar en moverme, no hoy, no mañana, mejor dicho la semana entera, es una tortura. Mientras tanto, el fugitivo en la isla de Morel, se alimenta de raíces. Lo envidio. Sobre todo las...

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