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Con el debido humo

By on Martes, julio 30, 2013

Este es un artículo que se publicó en mi columna mensual (La Habitación de Humo) en el número 80 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados. Una vez, entré a mi clase de las seis de la mañana de Introducción al Derecho y mientras trataba de limpiarme las lagañas, y de dominar la mente con algún truco para despertara (ya que para entonces no apreciaba el café tanto como ahora), entró el Pony intempestivamente a dar su clase. Él si había tomado café, supongo, porque no paraba de saludar, de hablar y de tratar de despertarnos. Le llamábamos Pony por chaparrito, así de originales, y quizás por esos rasgos equinos achatados que tenía: una nariz aplastada y los ojos hundidos. Además era un profesor relativamente joven a lo acostumbrado entre las huestes maristas, su edad rondaba entre los 25 y los 27 años. El Pony siempre iba vestido de trajes hechos a la medida, no se quitaba el saco, ni la corbata. Se tomaba en serio dar la clase, lamentablemente para él, muy divertido para nosotros. Ya bien enterado de la grilla, en alguna clase nos dijo su nombre completo y nos explicó que ese era su nombre para cualquier cuestión legal, si queríamos alguna vez demandarlo, Pony no serviría de nada y luego pasó a señalar a algunos de nosotros, nombrarnos por nuestros apodos seguido de nuestros nombres, para ejemplificar su punto. Su pequeña venganza se convirtió en una feria. La clase de las seis, con la que comienzo este relato, abrió con una explicación del “deber ser”. No fui un alumno muy dedicado al derecho, no estoy seguro si el “deber ser” se trata de una figura legal o uno de sus tantos terminajos incomprensibles y que requieren una traducción al español sencillo. Deformé la construcción y ese día la convertí en otra cosa. A fuerza de repetición se me pegó: El “deber ser”. Cacofónico, pero simple, y reflexionándolo un poco, es una construcción que me susurra todos los días. El “deber ser” es como una oportunidad bondadosa y sencilla para olvidarse de los caprichos y las ambiciones; lo que dictan las leyes, como un manual parco para la vida: esposo, hijo, padre, hermano en sus aspectos más sencillos de obligaciones y deberes. No se trata de lo que deseo, de mis impulsos o de someterme a los impulsos de alguien más. No soy más de lo que debo. Es como una red de seguridad. Puedes vivir cómodamente una vida de desencantos y mediocridad hasta la muerte. La ley lo aceptará siempre que hayas tachado los pequeños logros en la libreta: Pagaste tus impuestos, le diste el nombre al hijo, cumpliste las obligaciones nupciales, conseguiste un hogar para tu gente (quizás no el que hubieras querido, pero ahí está) entre un montón de cositas más. La ley es la vida correctamente hecha, haces los logros más básicos de un videojuego. Me pasa, por ejemplo, que cuando siento la amenaza de una ambición formidable, pienso en el “deber ser” y cuántas de esas cosas ya hice, o que otras cosas puedo ignorar, y entonces la ambición se ve más gris, menos necesaria. La ambición se convierte en una molestia, un nido de moscas que nació de un día para otro en una oficina, supuestamente aislada de los parásitos, y qué provoca un placer perverso tomarse el día para perseguirlas con un matamoscas, irlas matando una a una. Verso de Nervo: “Siento que un Dios anida en mí”, hablé de eso en el coloquio de escritores en Tepic. La ambición, el deseo, la iluminación, la ruptura de la humanidad es un dios (¿Qué Dios anida en mí, el de los gusanos, el de las moscas o el de los pájaros?). El “deber ser” es la humanidad, es lo que nos permite la sanidad entre miles, cientos de miles, de personas que caminamos sin apenas vernos el uno al otro. Es lo que nos permite compararnos con otros, darnos palmaditas en la espalda o la crítica mal hecha y cruel. Cuando estaba chavo, y me apropié por primera vez de aquella construcción, se me hizo fácil hacer una lista propia de lo que podría ser y ese podría, convertirlo en el deber; Hice una especie de manifiesto personal para que mi vida no fuera tan común, tan rutinaria, tan pobremente condenada al exilio de lo sano y de lo inerte. Por supuesto, es obvio, todos los chavos piensan igual, tienen ídolos en la espera de convertirse en esos ídolos y no se dan cuenta que cuando lleguen ahí, no sabrán después a quien rezarle. También fui inmortal, ahora que soy gente y que sé que puedo morir, el tiempo me ha regalado la oportunidad de preguntarme un montón de cosas, de dudar no sólo de mis ambiciones sino también de mis deberes. Hay días que no sólo me la paso matando moscas, sino que las vigilo fornicar en pleno vuelo y espero, pacientemente, a que nazcan dentro de ésta oficina aislada, quizás se conviertan en...

La épica lúbrica de 8 bits

By on Jueves, junio 27, 2013

Un día, no sé cómo, no sé después de qué, me sentaré a escribir una larga historia que deba ser jugada para ser leída. Sí, algún día, cuando me canse de los libros, de los cuentos y de las anotaciones en este diario. Cuando me rinda del placer de leer un libro y empezar por la portada y cuando abandone el ejercicio, apenas dinámico, de escribir en una estructura lineal, y de tomar notas según las fechas en las que ocurren las cosas y cuando nació la gente inexistente. Cuando me harte de obedecer por instinto al eterno inicio, medio y desarrollo. Abandonaré los fetiches de la estructura, además de los diablos conocidos (explorados, ignorados, desdeñados y bien amados) de las antiestructuras, y me pondré bajo el sol para que se me descongele el coco. Mientras tanto pienso en ese mundo nebuloso, ajeno, poco existente. Pienso en los pixeles, en los héroes, en los sistemas de batalla y los acertijos que debería tener. No me gustaría empezar con un juego sencillo y burdo, aunque debería hacerlo, por la práctica. No se puede uno saltar las cosas así como así, pues, pero es mi cabeza y en mi cabeza me salto todos esos procedimientos y aprendizajes. 1989: teníamos una computadora 486 y un juego programable llamado ZZT (el cual, a la fecha, tiene una comunidad muy movida según internet). Me la pasaba horas con el muñequito, los asteriscos-leones y los puntos-municiones. Abría un símbolo nuevo y en la ventana empezaba a programar, intentaba programar, cosas muy sencillas. Mensajes: Toque el cuadro y abre una puerta. Atrás de la puerta un desarrollo amplísimo de un juego que jamás llegó a concretarse, pequeños ejercicios, tan parecidos a la nulidad del que un día para otro se decidió a ser otra cosa que nunca llegará a ser. 1992: Adventure Text Writer. Un programa de PC para programar una aventura textual con lenguaje natural. Recuerdo que hice las primeras habitaciones, sí, tenía diez u once años y lo primero que se me ocurrió fue describir el cuarto en el que me encontraba. > Open door. Y después el vacío, una pantalla negra y un cursor parpadeando en verde. > Get… > Get… > Get me out of here. Entonces, ignorándome fracasado y flojo en mis intentos pueriles de escribir una historia interactiva, me refugié en los MUDs, amplios mundos virtuales que tomaban prestado de todas las historias: La Alicia de Carrol, la Tierra Media de Tolkien, el teatro de Rocky Horror Show. Eviscerate, obliterate, > kick the Bastard in the groin, > inventory > n, s, w, e. En el chat general hablaba con una multitud de extranjeros a los que nunca conocí, y conoceré. Ni siquiera puedo recordar sus apodos, los cuales seguramente estaban basados en alguna obra de ficción. ¿Cuántas veces se dirá uno: Bueno fuera que pudiera recordar? Por supuesto, como todo debo viciarlo, algunas veces se me ocurre que debería ser un juego tremendamente pornográfico. Entonces ese mundo inexistente, de héroes y princesas de 8 bits, de enanos refunfuñones y extraterrestres condenados a la extinción, se convierten en pixeles color crema que casi asemejan a los de un cuerpo hermafrodita. Queda a elección del jugador si eso es una erección o una mano. ¿La raja roja que rompe la pantalla son unos labios o es un coño? La pantalla en blanco se ríe de mí, muchacho bukkake. ¿Por qué nada puede mantenerse puro?, me pregunto, mientras echo la calada y me asomo por la ventana para ver las nubes. Regreso al refugio de la estructura, me pierdo un rato en las nubes cholultecas. Aquella parece una tortuga, ésta otra parece un par de senos y este cigarrillo que tengo en los labios, señor Freud, es un...

13030 (Juliette)

By on Jueves, mayo 9, 2013

Lista de buenos deseos para este año que quizás no se cumplan porque soy un troglodita mal organizado y desidioso: Fumar menos, cuarenta minutos de gimnasio diarios, media hora de yoga y estiramientos, escribir una historia interactiva, mejor un libro de crear tu propia aventura, aplicar para una o dos becas en el sistema de creadores, escribir dos libros más, terminar uno o dos videojuegos que valgan la pena, alcanzar los 70 libros leídos este año, reducir mi consumo de coca cola, entrenar a Nico para que busque cosas a través del olor, ¿qué sería una lista así si no prometiera dejar de escribir listas así?, investigar como cuidar cactos porque Bob tiene un par de ramificaciones preocupantes, escribir al menos 250 entradas en el árbol, publicar al menos uno de los libros que he escrito, acabar al menos uno de los juegos mediocres que he empezado, comprar una consola más actual de videojuegos, ignorar el celular mientras paseo con Nico o con Killer, tenerle más paciencia a Sol porque soy un bruto y qué pena que así me quiera, visitar más a menudo a mi familia, viajar para recoger historias al menos una vez este año, escribir todos los cuentos que anoto en mi diario de líneas, aprenderme uno o dos poemas de memoria porque ya-chole con el de Yeates y el de Larkin, salir de mi zona de confort para conocer más gente en Cholula, nunca aburrirme de tomar fotografías del cielo y del Popo, seguir explorando los diarios de las personas alternas (Böhrs, Santiel, Dor, Bob, Mafessoli, Caín, etcétera), escribir escenas más cachondas porque me estoy oxidando de tanto pensar en el lenguaje (¿qué? ¿No puedo?), conocer a mucha gente que deseo conocer, anotar más cosas de mi lectura, dormir más temprano y despertar más temprano, reducir significativamente las deudas y que nunca se agoten los deseos. El genio no concede estas...

13026 (Juliette)

By on Sábado, abril 27, 2013

Nico ha practicado, en estos dos años de vivir conmigo, su cara de “No me asombra lo que haces”. También puede ser interpretada como: “No me simpatizas” o “No me sorprende, ya lo he vivido”. Esa cara es vital cuando comparto con ella alguna historia que se me ocurre. Así compruebo si voy por buen o por mal camino. No sé como lo hacía antes de tenerla a ella, quizás era un bruto, un salvaje. Antes se lo recitaba a mi cacto, pero el cacto simplemente buscaba rebatirme todo, incluso lo que no podía ser de otra manera. El cielo es azul, le decía, ¿y por qué debe ser azul, chamaco imberbe? Me refutaba, y luego me espinaba y le daba a beber mi sangre, la cual asimilaba gustoso porque éramos buenos amigos y ningún agua debe ser desperdiciada. A Nico, durante horas, le recito mis ocurrencias en voz alta y anoto sus gestos, si mueve o alza las cejas, si gira los ojos a la derecha o a la izquierda, si bosteza o se relame los bigotes, o bien, si hace la cara tan temida. Sí, en apariencia, todo parece muy seguro con ella pero ya quisiera verlos tratando de adivinar los gestos enigmáticos. Entonces pruebo reescribir la historia en otro tono y leerla diferente, anoto la evolución de los gestos, le ofrezco un hueso y ella ofrece llevarme por un túnel, donde tiene ocultos todos los huesos del mundo, pero no le haría daño tener uno más, porque está en su naturaleza de mamífero recolector. Después de todo, ella gracias a su intuición animal debe tener más claro cuando serán las épocas de carencia, y aunque se le antojaría despedazar el hueso, prefiere guardarlos en caso de una emergencia. Le acaricio las orejas largas. Gracias a ti, quisiera decirle, escribo mejor, pero afortunadamente le basta con los...

13017 (Historia de O)

By on Lunes, marzo 25, 2013

Un tema recurrente en los cuentos de Borges, es que un hombre e todo los hombres (Schopenhauer). Es decir, si yo recito a Shakespeare, soy Shakespeare, así como Shakespeare también tuvo la posibilidad de convertirse en Fest. También fui Borges mientras lo leía, y mientras contemplaba un espejo, o mi siguiente movimiento en un juego de ajedrez.(Me separo un poco, sólo un poquito, pensando en el Tao: todos somos uno y uno somos todos. También soy la mierda de los pájaros, también soy la oruga intoxicada con el sabor de las adelfas, qué agobiante, ¿entonces podemos serlo todo?). La unidad de las cosas es un pensamiento bello, y a la vez abismal, el individuo es lo que es, y además, es todos los otros. Jean Paulhan, en la introducción de la “Historia de O” (Pauline Réage), ofrece una idea llamativa. Cito: En suma, nosotros, desde la niñez, no hacemos más que soñar con un hombre que sea todos los hombres a la vez. Pero, al parecer, a cada mujer le ha sido dado ser todas las mujeres (y todos los hombres) a la vez. Pienso en mi madre y en mi abuela, y en otras mujeres de mi familia, en algunas relaciones que tuve en el pasado. Incluso con el humor parco, signo de mi familia, podía apreciar como contemplaban la posibilidad de entenderme, y de entendernos, a cada uno de los varones. La mujer desborda imaginación y esa imaginación le permite no solamente ser Shakespeare, Othelo, Hamlet, también puede ponerse en el lugar de Desdemona o Lady Macbeth con facilidad, sin un temor metafísico de dañar, corromper o quebrar su sexo (el espíritu es otra cosa, creo que el hombre es a veces un imbécil por sus constantes ganas de retar y quebrar su espíritu, y audaz, quizás… pensaré en ello), el supuesto y engañoso camino que tiene en el mundo. Esa idea simplona de que la mujer un misterio parece una idiotez, cuando respiras un segundo y te corriges: “No es un misterio, una mujer son todos los misterios, y al menos siete veces más misterios que ofrece la posibilidad de ser todos los...

13012 (Aleph)

By on Lunes, febrero 11, 2013

Quiero escribir una historia interactiva por twitter. Primero pensé que debía ser una novela y luego de pensar en todas las complicaciones, y repasar la lista de proyectos pendientes, me rendí como se rinde la gente que prefiere soñar para ser desdichada. Hay buenos motivos para rendirse: Una novelas es, además de contar una historia, un homenaje al lenguaje. No dudo de la estética en fragmentos de 140 caracteres, o menos, pero se pierde peligrosamente la atención, la secuencia, el flujo de la narración. Quizás es mejor que cada tuit viva como un universo contenido y esperar, quizás, encontrar algún día el hilo conductor que una todos esos fragmentos para descubrir, por error, que se escribió una novela. Escuché, si mal no recuerdo, que al atravesar el universo (encontrar el fin, ese borde donde cae el agua estelar y alimenta a los cuatro elefantes, y a la tortuga) llegamos a la materia oscura, el triunfo de las múltiples dimensiones, un océano que contiene los otros universos donde otras dimensiones son posibles, e incluso, únicas. Si además éramos tan egocéntricos como para pensar en este único universo como único (y la raza humana, y el planeta, y el individuo), alguien arruina la fiesta, alguien dice que no y alguien tiene la imaginación para alargar el hilo que nos conecta a todos de las muñecas. Alguien con esa imaginación puede encontrar una novela escrita a capítulos de 140 caracteres, en todos los individuos...

Primero de diciembre, 2012

By on Lunes, diciembre 3, 2012

Foto: Amante Bandida. La imagen: Felipe Calderón, un presidente muy odiado, entrega la banda presidencial a Ernesto Peña Nieto, otro presidente que, a la fecha, también es muy odiado. A uno se le achacan la muerte de decenas de miles de personas mientras que al otro se le mira con temor por regresar a las viejas prácticas del gobierno que tanto trabajo nos costó destituir. Ah, los viejos tiempos (Érase una vez… Fox), el mexicano goza enormemente ponerse de acuerdo para, entre varios, chingarse a uno, sobre todo al más grande, al poderoso, a la autoridad. Entre todas las posibilidades, y todas las trampas de todos los partidos, la gente (apenas la mayoría) finalmente decidió, tímidamente, regresar a la etapa donde las cosas no iban bien pero tampoco nos mostraban todo lo malo. La banda pasa de manos… y ninguna de las manos es, o fue, confiable. No consiguen engañar lo suficiente para pensar en otras cosas. El fin de semana me sentí inquieto. Seguí, con el ojo al garabato, la marcha pacífica que organizaron diversos grupos para protestar lo que ellos llaman la imposición de Peña Nieto. Tengo mis reservas, y la verdad, nunca he tenido en la vena algún gen revolucionario. No tengo por qué. Navego con el presentimiento de que cualquier presidente electo andaría con el mismo mote: “El impuesto”. Estas elecciones la gente estaba demasiado dividida, no había un sólo enemigo a vencer, un poder a cual chingarse. No soy lo suficientemente ingenuo para seguir con la idea de que el partido presidencial fue el único tramposo, el único manipulador para conseguir la silla presidencial, los políticos tienen, en su lista de habilidades, la capacidad de ensuciar sus manos. Sólo podíamos escoger uno de muchos diablos y todos los diablos igual de rojos, con los cuernos igual de puntiagudos. Sin embargo, al final del día, simpatizo con el enojo, la decepción y la ira de la gente. Algunos encuentran en las marchas, las pancartas y la protesta, la medicina para calmar la herida. Marchan para expresar la democracia, su opinión política y su descontento con el camino de las cosas. Entre más gente se une a las marchas es imposible ignorarlas. Eso está bien. Marchan por algo, y ese algo nos atañe a todos. Hay una fotografía donde un puñado de empresarios, vestidos de gris oscuro, sonríen y platican como jóvenes estudiantes antes de que el director inicie un discurso. Entre esos empresarios, podemos ver a Carlos Slim y Emilio Azcárraga. No pude evitar contagiarme con su sonrisa, todos lo hacían, y pensar, fugazmente, “nos chingaron”. Un hato de cerdos cínicos. La violencia comenzó desde que cerraron las estaciones de metros y estalló el primero de diciembre, del 2012. Parálisis de la ciudad, y un movimiento estático, repentinamente, comenzó a vandalizar las calles. Reforma, Juárez, el monumento a Revolución. Hombres y mujeres con un pañuelo cubriéndoles la boca, rompiendo vidrios, pintarrajeando muros y quebrando la paz de los establecimientos. Qué raro, pensé, si todas las marchas fueron pacíficas, si acaso —y en ocasiones— nomás intolerables, sin importar el nombre del grupo: Morena, 132, etcétera. Mañana en los periódicos: Murió un Starbucks, un Banamex y el Hemiciclo a Juárez. Murieron algunas personas, hubo heridos y detuvieron a un centenar. Vi una foto de un hombre con el cráneo hundido, la boca abierta, entregándose pacíficamente a uno de muchos descansos. Ni me molesté en verificar lo veraz de la foto, ni siquiera lo dudo. Vi un video de gente, contenida atrás de las bardas, tomando asiento sobre el concreto y alzando las manos, pidiendo a los granaderos que se fijen: Nosotros no pensamos en medirnos contra ustedes, simplemente deseamos protestar, simplemente estamos aquí. Pensé, con tristeza, que eran muchos granaderos, como si surgieran por generación espontánea entre las calles, se duplicaban por cada fotografía, por cada video. ¿Por qué tantos? Consumí lo poco que sabía y traté de atar cabos, ¿quién empezó? ¿Por qué la madre de las marchas culminó en violencia, en ánimos vandálicos para hacerse oír? las posibilidades son muchas: Algún grupo de porros pagados por algún partido, algunas personas simplemente necesitaban un empujón (la banda pasa de manos, o la fotografía de unos cerdos cínicos), o quizás algunos lángaras aprovecharon la ocasión para robar, expresar algo que les nació en el momento, unas gotas anárquicas. Los líderes de los diversos grupos ya están señalando culpables. Pienso, con una mueca, que en el peor de los casos, simplemente es el retorno de una vieja práctica, el desprestigio y más tarde, una nueva excusa para meter leyes, desaparecer gente, acusarlas de no tener un patriotismo servil y ciego. Qué manera de iniciar un...

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