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No importa lo que haga, siempre regreso a ese lugar…

By on Miércoles, octubre 30, 2013

Esa línea viene de uno de los mejores videojuegos de todos los tiempos. Ya sabrán cual y si no lo saben, muy mal; ustedes y yo nunca podremos tener una conversación sincera (bromeo, como siempre, antes de que alguien alce una ceja, se la tome en serio y me insulte sin ningún empacho, y se le ocurra que cada año debe venir a insultarme, como ha pasado, de verdad me ha pasado. Gente que me desprecia tanto, por mis bromitas babosas, ha anotado el día que descubrió cuánto me desprecia en su calendario, y de vez en cuando regresa, para dejarme mierda en la puerta y yo, resignado, me pongo el traje de barrendero y limpio, qué otra, porque nunca voy a dejar de bromear). Que paréntesis tan grande para un breve regreso. Espero que estén ocupando su tiempo de ocio en algo de provecho. (Porque el tiempo de trabajo es trabajo, no hay otra forma de ocuparlo, según). Creo que estas líneas se las escribo a alguien. (Leo un libro de semiótica, de signos, símbolos, etcétera. La línea anterior es un resumen burdo, simplista y pueril de ese libro). Hace mucho no usaba esta voz para escribir. Quizás para ustedes no tenga sentido. En general, hace tiempo que no escribo. Sólo unas notas brevísimas y la fuga de los 140 caracteres, pero nada más. Incluso abandoné temporalmente, y como las chachas, la columna de Guardagujas. Le debo una encarecida disculpa al señor Aldán. Espero ponerme al corriente. Topé con una especie de pared porque “escribí demasiado”. Una parte de mi cabeza se dio cuenta y dijo: fuck it. Tiré la pluma (esa simbólica pluma; dorada, alada y retorcida pluma) y decidí tomar un control de XBOX. Luego recogí la pluma para escribir, como siempre, notas de los videojuegos: recetas, fórmulas y a veces, nomás porque sí, código hexadecimal. No me gusta la pureza de las cosas, siempre debo retorcerla de algún modo. No sé cuántos meses llevo jugando. No más de dos. Llevo una cuenta muy descuidada del tiempo y del gasto del tiempo. En dos meses hubiera escrito y revisado una tercera parte de la novela que me publicará Ficticia y el Universidad Autónoma de Nayarit (dos capítulos de los seis). Es verdad. Así como juego, escribo y reviso (ese doloroso proceso de revisar, y revisar). Soy como esos caballos de ceguera lateral, me pongo una tarea y jalo para allá, no importa si la tarea es jugar, escribir, pasear al perro, bajar de peso, masturbarme nueve horas seguidas o leer En busca del tiempo perdido. Sí, saldrá mi primera novela publicada en papel (“Dile a tu mamá que se calle”, aunque antes se titulaba “El monstruo”), lo cual me alegra y también me entristece un poco. Antes la celebración de escribir algo nuevo (explorar una historia, entregar una novela por fascículos, una serie de cuentos) se mostraba aquí, en este blog, de manera inmediata. Quizás aprendí tarde que la inmediatez no ayuda pero también la inmediatez algo me enseñó y me trajo aquí, a un momentosatisfactoriodelavida. El blog se siente traicionado aunque sabe, de algún modo, que la traición era el curso natural de las cosas. Quizás es por la traición que lo he abandonado. Presentaré la novela en Nayarit el 11 de Noviembre. La editorial me mandará un paquete de cien libros. Reservaré algunos de estos libros para venderlos por acá (paypal, quizás) y el blog no se sienta traicionado por completo (¿Traidor a medias? No chingues, eres traidor o no eres traidor. Quíhubo). El precio de los cuates, de los lectores que han soportado mi accidentada y cambiante carrera literaria, de los despistados a los que no les gustan mis bromas. Es decir, el de los que saben que existo en el árbol 2:17, el árbol de los mil nombres. Ya veremos. Por otra parte, ya firmé el contrato de Jóvenes Creadores. Durante un año, el FONCA apoyará un proyecto de creación literaria que podrán leer, en sus primeras etapas, en línea. Faltan definir algunas cosas (es un proyecto que depende de la marcha, y de que su creador suelte, algún día, el control de XBOX) pero el arranque es por internet. Es un proyecto que me entusiasma porque es uno de los tantos simulacros que he intentado escribir por aquí, de algún modo u otro, y nunca he terminado de lograr porque le faltaba madurar. Para mí fue una verdadera sorpresa que escogieran el proyecto. Ahora debo poner en todas partes que soy becario del FONCA. No importa lo que haga, siempre regresaré a ese...

13055 (La invención de Morel / El gran Serafín)

By on Sábado, agosto 10, 2013

Otra de sonrisas. Harold Kroninger, en “The Stand”, practica diariamente la sonrisa frente al espejo para esconder sus planeas. Kroninger preapocalíptico: gordo, lentes, geek, quejica. Cree que la caída del mundo cambiará los valores, que finalmente encontrará alguien que le quiera como es: un puñado de defectos encerrados en un cuerpo torpe y fofo. Eso no sucede, por supuesto, si algo tiene la desgracia es que no suaviza el corazón de los testigos, al contrario, los endurece o los aleja. (Otro cuerpo torpe y fofo: El de Bastian, en la Historia Interminable, y quizás haya una manera de ligar el destino de ambos personajes. Ambos se convierten en una burla, en una ironía, mientras que uno se corrompe el otro consigue, a través del viaje de un falso héroe, madurar en una inspiración para otros). Kroninger postapocalíptico, con el toque de Flagg en el hombro: lentes de contacto, un cuerpo bien ejercitado, corte de cabello a la militar, una sucesión de días frente al espejo donde practica la sonrisa una y otra vez, porque sabe que su sonrisa no es sincera, las primeras veces asusta con ella, y ya que ha conseguido embellecer su cuerpo y la mimética de la amabilidad, entonces lleva a cabo su venganza contra un mundo derruido (contra sí mismo, el imbécil, contra lo que fue y lo que es). Como Harold, pero por otros motivos, también he practicado la sonrisa en el espejo. Conocer las facciones, hacer una memoria del movimiento de los músculos en el rostro, es un ejercicio de actuación. No sabes cuándo lo puedes necesitar, quizás cuando cuentes una anécdota, quizás cuando cuentes un chiste, quizás cuando desees pedirle un favor a la cajera. A veces me paro frente al espejo para practicar (igual que mi amiga de cartas), los diversos rostros de un personaje al que estoy escribiendo. Sus expresiones me son importantes, como alza las cejas, como sonríe, como se ve cuando está triste, si se deshace el rostro cuando llora. Es como un amuleto, pienso que si puedo visualizar el rostro de alguien que no existe a través del mío, estaré más cerca de conseguir su esencia...

13054 (La invención de Morel / El gran Serafín)

By on Viernes, agosto 9, 2013

De los estudios mamarrachos (aunque quizás fue de una universidad prestigiosa) que he leído: Dicen que una sonrisa crea un aura de bienestar alrededor de un individuo. Pero no puede ser cualquiera, porque otro estudio mamarracho ya confirmó que la gente percibe cuando una sonrisa es falsa, incluso de manera inconsciente, y que parte de los prejuicios que formarmos de una persona tienen mucho que ver por como sonríe (u otros gestos apenas imperceptibles). El sonriente sincero es protegido por los demás, es propenso a recibir favores y algunos, por algún capricho genético, incluso deciden proteger esa sonrisa a cualquier costa, como si de ello dependiera la esperanza de la humanidad. Ahora me pregunto de aquéllos que siempre sonríen lánguidamente, no hay falsedad pero tampoco alegría, y son objetos de numerosas desgracias. Los que sonríen con tristeza, ¿crearán una capa de tristeza alrededor de ellos y algún dios cruel se dedica a perseguirlos, a proteger esa sonrisa, a provocar favores para continuar alimentándose de ella? Sonríe como si te fueras a morir, y quizás te inviten los tacos. Recuerdo a un tipo, lo conocí en una reunión, y tenía una de las sonrisas más salvajes que jamás hubiera conocido. Dientes blanquísimos contrastaban con su piel morena, sus ojos echaban chispas correspondiendo a su actitud alegre. Quizás el estudio no sea tan mamarracho, a pesar de que no le conozco, ni siquiera los apellidos (nunca me los dijo), pienso en él como un...

13039 (Juliette)

By on Miércoles, junio 5, 2013

Pienso en la asiduidad que tienen los mangakas de usar la preparatoria como un escenario recurrente para sus historias. Es el punto en la memoria, quizás, donde la gente es más bella y más inteligente. Si nosotros nos sentíamos feos e inseguros, había un ejemplo a seguir en cada salón de clases, y luego, en la jerarquía, uno para toda la generación. Los amigos deseados. Sí, a veces esos ejemplos podían ser unos imbéciles, a menudo imbéciles, pero también envidiables imbéciles. El mangaka no sólo es nostálgico en sus recuerdos de preparatoria, también se ocupa de crear héroes en situaciones violentas (como High School of the Dead) o desea romper la ilusión de la juventud (Battle Royale, aunque primero fue una novela). Hay una anime, donde un personaje similar a Sherlock Holmes, se dedica a resolver casos propios de la escuela (Hyoukai), y la serie también explora la rivalidad, el enamoramiento, la posibilidad de amargar los recuerdos de nuestro pasaje a la vida adulta (y quizás, sólo quizás, los recuerdos suavicen con el tiempo, se conviertan en una bobería, un reflejo agradable y propio, una ironía, para pasar los días tediosos y rutinarios). A veces detengo lo que estoy haciendo para pensar en la preparatoria: Busco momentos de cambios extraordinarios, que hayan afectado a mis compañeros en su totalidad, y todavía no soy capaz de encontrarlos. Fuimos (¿aún somos?) una generación de cambios pobres, una generación desinteresada y cínica. Quizás hubo una serie de momentos individuales pero en general creo que, como grupo, estuvimos contentos, carentes de conflicto y drama. Nadie nos enseñó que ese es lo más próximo a la felicidad. Durante dos años mi escuela fue de puros varones, los conflictos eran agarrarnos a putazos afuera de la escuela o acusarnos, en sus distintas variaciones, de una posible homosexualidad. Y nada más. Cómo cambiaron las cosas cuando entraron las mujeres. Durante un año, apenas tuvimos tiempo de crear diosas, de rezarles, de explorar los caminos de sus faldas y los intereses que podrían tener en un puñado de zarrapastrosos. Sí, hubo algunos cambios, algunos empezaron a vestirse mejor, empezaron a usar loción y se separaban de la camaradería masculina para hablar con ellas durante los descansos entre clase y clase. Yo también lo hice, aunque siempre fui un amigo en vez de un amante deseable (¿Quién lo es en esos años?, Ah, recuerdo a uno, olvidé su apellido, pero no sólo era guapo, también tenía la sombra de la desgracia: sus padres murieron a mitad del ciclo escolar, cómo lo querían las niñas). 199X. Yo fui algo tímido, y gordo, y noble, y amable (a veces lo soy, siempre lo soy, sigo siendo). Genshiken es un anime de otakus, los chavitos obsesionados con el anime, los videojuegos, el manga, el cosplay, todos esos pedazos de subcultura que traspasan fronteras y llegan a fascinarnos a nosotros, los occidentales. Todos somos monstruos en la preparatoria, quizás ahí radica la fascinación de los mangakas. Recorren el anuario (Twenty Century Boy) para buscar los nombres de los olvidados, esos que enajenamos del grupo, y luego se inventan historias de increíble resentimiento, los años para planear la venganza no sólo contra el mundo, también en contra de la memoria, algo que se hubiera arreglado con un acto de gentileza en el instante adecuado. Sade no estaría de acuerdo: Separen a los débiles y mátenlos. Supongo que anticipaba la preparatoria de estos tiempos que...

13033 (Juliette)

By on Domingo, mayo 19, 2013

199X. Estoy en un salón de usos múltiples, junto un grupo de estudiantes de mi edad. Tenemos entre 13 y 15 años. Un personaje de PROVIDA, al frente, pone la canción de “Hotel California” en una grabadora. Todavía se usaban los cassettes. Es sábado, son las diez de la mañana, los otros chamacos hablan de irse a Chapultepec o de irse a pasear al centro saliendo de la plática. A mí no me van a dejar. El barrio donde vivimos es duro, a mi familia le daría miedo y la verdad, no tengo ganas de preocuparlos. Saliendo de ahí me pondré a jugar Super Nintendo, debo estar al 60% de Final Fantasy. El personaje de PROVIDA nos explica que “Hotel California” habla de ritos satánicos, del diablo, el Adversario está presente en cada una de sus letras. Recuerdo, mientras alzo una ceja, algunas bromas que hacen en los sitcoms que veo de madrugada con referencia a esos grupos demasiado bondadosos. Hace mucho que sé del satanismo de la canción, así como de las bromas al supuesto satanismo de la canción. Dejo que siga hablando. No es mi lugar interrumpir, tampoco es mi lugar sugerir que al diablo se le combate con humor y perspicacia (¿el fuego se combate con fuego? Blasfemáis, a la hoguera). ¿Qué podría decir? Señorita, de hecho, he visto que en la tele hacen bromas de la gente que dice una canción es satánica. Mejor que no lo hice. Me habrían jalado a otro lugar, me habrían reclutado en un ánimo de redimir mi espíritu agnóstico. Luego viene el clásico de los Beatles. Algunas canciones esconden mensajes al revés, escuchen aquí. Milagrosamente, Revolution 9 es una adoración al Cornudo Mayor. ¿Los Beatles?, pienso, si ellos son tan buenos… si ellos cambiaron el mundo, si ellos despojaron el aburrimiento de una generación. ¿Cómo puede ser malo? No importa, anótenlo en su lista de música satánica. Nos hacen anotar, en el cuaderno, como si estuviéramos teniendo una clase, como si de verdad hubiera una lección qué aprender, mientras Bolaños (últimamente me acuerdo mucho de Bolaños, una vez me golpeó en el estómago y me sacó el aire. No me digas chaparro, me dijo, no vuelvas a hacerlo, jamás) voltea a mirarme, y hace una mueca que acentúa sus cejas espesas, sus cejas de hombre adulto, seguramente las cejas que lo hicieron gerente, o Comandante. De verdad nadie quiere estar ahí, pero la señorita se ve tan emocionada, y habla duro, habla bien, además del temor de romper sus expectativas podríamos romper otra cosa: su fe. Podría luchar para explicarle que tengo mi fe puesta en otras cosas pero, siempre he pensado (a veces con razón, a veces con equívoco), para que meterme en algo tan molesto. Escojo no hacerlo, como todos los otros que piensan en qué ocuparán su tiempo tan pronto salgan de ese monólogo tan sustancioso. (Me pregunto ahora, mientras releo la entrada, ¿alguno de ellos se habrá unido a PROVIDA? ¿Alguno de ellos sentirá que su alma se consume en el infierno mientras escucha “Hotel...

13025 (Juliette)

By on Sábado, abril 20, 2013

Lista de cosas que me preocuparon al iniciar el 2013: Los kilos que bajé, y subí, y ahora debo bajar de nuevo. Ni modo. Hay que dejar la coca cola. Busco hacer ejercicio además de las caminatas con los perros y el cardio de tres o cuatro veces a la semana en el gimnasio. El ejercicio también es tiempo al día que desaparece. Organizar el tiempo para leer libros quita muchos otros placeres: La televisión, los videojuegos, el ocio en internet, las charlas con los amigos. Sin embargo, la lectura y su obligado tiempo de reflexión, son uno de los ejes principales en la vida del escritor. Escribir en el árbol para no dejarlo a la merced de las islas binarias. Ya son muchas, y son muy abandonadas, y no quiero escribir mi blog en Facebook. Trataré de escribir las anotaciones los lunes y los domingos, un par de horas, y luego programarlas al azar para que se publiquen solas. Son tantos y muchos los textos que quiero escribir. Tomo notas en el teléfono mientras camino, pero no es hasta que me siente y empiece que no sabré si debo perseguir la idea o desecharla. Es cierto. La inspiración (ese término espantoso) llega cuando menos lo espera uno. El trabajo es pulir esa inspiración y convertirlo en algo, lo más cercano que se pueda, perfecto. También tener tiempo para el ocio, y divertirse. También es necesario relajar la cabeza para no consumirse en el propio pensamiento. Ojalá pueda ver a mis amigos, ojalá pueda beber con ellos, ojalá disfrute mucho a mi mujer y a mis perros, ojalá siga disfrutando mucho más que lo hice el año pasado, y el año pasado a este, y deje la nausea para pocas fechas, porque la nausea está bien, nos recuerda que somos polvo, pero tampoco se trata de convertirnos en lodo. El Bushido me recordó una cosa muy sencilla que pensaba siempre, desde niño. Puedo morir en cualquier momento, e incluso, debo despertar preparado a la muerte. Que no se desperdicie ningún segundo pero que los segundos desperdiciados tampoco sean completamente...

13022 (Juliette)

By on Viernes, abril 12, 2013

He pensado en tatuarme un bosque en la espalda. Primero un árbol en el omóplato derecho, un árbol discreto y pequeño, pero frondoso, quizás un olmo. Después un arbusto de tomillo, tan parecido a los árboles navideños, en el omóplato izquierdo. Quizás un ciruelo chino en un costado, y en el otro costado un maple canadiense, y poco a poco, llenar mi espalda de árboles hasta formar un bosque imaginario, y quien sabe, si algún día tengo la paciencia, quizás diseñe un árbol central, uno más grande que los otros, el árbol que siempre deseé ser, porque de todas las cosas me gustaría ser un árbol. (¿No es eso un peligro? He diseñado un árbol que no existe, y ahora que existe, ¿cómo puedo ser algo que alguna vez fue soñado?). Cuando mi vida acabe, y si por alguna suerte entre el azar de las divinidades, el karma me convierte en otra cosa en mi próxima vida, ojalá fuera uno de los múltiples árboles que sueño con pintarme en la espalda. Si no el más grande de todos, me contentaré con ser el arbusto de tomillo, o con el arbolito de dólar como los que me enseñaba mi abuela cuando paseábamos en los jardines de la Kennedy, o una de esas vulgares coníferas que delimitan los territorios de una casa. Tampoco tengo problemas en convertirme en un cacto, aunque ya conozco a un cacto, y parece que no tienen la vida fácil. Si un árbol, de por sí, es una quietud impresionante cuyos únicos cambios están sujetos a los caprichos estacionales, imagínese un cacto que solamente sabe sufrir del sol y de ahorrar el agua con una virtud imaginaria. Quizás también deba tatuarme tres o cuatro especies de espinas, ¿y por qué no flores? Una dalia, por ejemplo, ahora que tuve una casa me impresionaron sus grandes y hermosas hojas, sus flores extensas y coloridas, una sorpresa genética de colores nada tímidos. También me tatuaré un murgaño, o una colonia de murgaños, que me parecen todavía más fascinantes que las hormigas, porque luego se unen en una enorme esfera de patas deshilachadas, y cuando se juntan trescientos parecen crear una sola criatura monstruosa (como Sztamosz, con sus múltiples ojos y sus múltiples espinas, el monstruo en el hombro de Miriod voltea a mirarme, hace algo parecido a una sonrisa), y cuando enrojecen me imagino que se enojan, y corren torpemente enfurecidos porque alguien les echó agua, un niño les quitó una pata, un grillo los amenaza con quitarles algo de su existencia, por eso jamás me tatuaré grillos, o saltamontes, aunque a veces me gustan sus cantos he descubierto que son como las ratas y acaban, poco a poco, con todo eso que me gusta tener en mi...

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