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escrito por el Miércoles, junio 12, 2013

13044 (Juliette)

13044 (Juliette)

Exlibris:

  1. Dibujo perfiles en las portadas de mis libros. Perfiles de hombres, mujeres, monstruos, perros, antropomorfos, etcétera. Muchas veces sostienen un cigarrillo en los labios porque tengo esa chocante noción de que el humo que despiden también forma parte de la personalidad de esos personajes sin nombre.
  2. Nuestros libros, en casa 13, tienen un exlibris. El exlibris lo encontró Sol y nos gustó a ambos: es un hada sentada sobre un árbol. Un sello azul que nos costó cien pesos en el Office Depot. El exlibris me parece alegre y en ocasiones, me parece demasiado alegre. Depende del libro. ¿Qué pensará Onetti de las hadas?
  3. Mis tíos firmaban sus libros con su apellido y ponían la fecha en que compraron el libro. Es lo más normal, supongo, así como en la escuela marcábamos nuestros libros en el dorso con un plumón negro. Así era difícil que se los robaran.
  4. Una escritora que hizo un intercambio de libros conmigo, los marca con un cigarrillo. Algunos libros tienen un pequeño agujero, resultado del fuego… sí, la imagen de apenas quemar un libro es curiosa, abundante.
  5. Pienso en Keret y como firmó nuestros libros, con pequeños y festivos dibujos. Quizás, si algún día me convierto en un escritor que firme muchos libros, dibuje perfiles de personajes en todos aquellos que piden una firma. En la presentación de “Así se acaba el mundo”, lo único que se me ocurrió fue firmar y poner alguna línea referente a Super Mario.
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escrito por el Miércoles, junio 5, 2013

13039 (Juliette)

13039 (Juliette)

Pienso en la asiduidad que tienen los mangakas de usar la preparatoria como un escenario recurrente para sus historias. Es el punto en la memoria, quizás, donde la gente es más bella y más inteligente. Si nosotros nos sentíamos feos e inseguros, había un ejemplo a seguir en cada salón de clases, y luego, en la jerarquía, uno para toda la generación. Los amigos deseados. Sí, a veces esos ejemplos podían ser unos imbéciles, a menudo imbéciles, pero también envidiables imbéciles. El mangaka no sólo es nostálgico en sus recuerdos de preparatoria, también se ocupa de crear héroes en situaciones violentas (como High School of the Dead) o desea romper la ilusión de la juventud (Battle Royale, aunque primero fue una novela). Hay una anime, donde un personaje similar a Sherlock Holmes, se dedica a resolver casos propios de la escuela (Hyoukai), y la serie también explora la rivalidad, el enamoramiento, la posibilidad de amargar los recuerdos de nuestro pasaje a la vida adulta (y quizás, sólo quizás, los recuerdos suavicen con el tiempo, se conviertan en una bobería, un reflejo agradable y propio, una ironía, para pasar los días tediosos y rutinarios).

A veces detengo lo que estoy haciendo para pensar en la preparatoria: Busco momentos de cambios extraordinarios, que hayan afectado a mis compañeros en su totalidad, y todavía no soy capaz de encontrarlos. Fuimos (¿aún somos?) una generación de cambios pobres, una generación desinteresada y cínica. Quizás hubo una serie de momentos individuales pero en general creo que, como grupo, estuvimos contentos, carentes de conflicto y drama. Nadie nos enseñó que ese es lo más próximo a la felicidad. Durante dos años mi escuela fue de puros varones, los conflictos eran agarrarnos a putazos afuera de la escuela o acusarnos, en sus distintas variaciones, de una posible homosexualidad. Y nada más. Cómo cambiaron las cosas cuando entraron las mujeres. Durante un año, apenas tuvimos tiempo de crear diosas, de rezarles, de explorar los caminos de sus faldas y los intereses que podrían tener en un puñado de zarrapastrosos. Sí, hubo algunos cambios, algunos empezaron a vestirse mejor, empezaron a usar loción y se separaban de la camaradería masculina para hablar con ellas durante los descansos entre clase y clase. Yo también lo hice, aunque siempre fui un amigo en vez de un amante deseable (¿Quién lo es en esos años?, Ah, recuerdo a uno, olvidé su apellido, pero no sólo era guapo, también tenía la sombra de la desgracia: sus padres murieron a mitad del ciclo escolar, cómo lo querían las niñas).

199X. Yo fui algo tímido, y gordo, y noble, y amable (a veces lo soy, siempre lo soy, sigo siendo). Genshiken es un anime de otakus, los chavitos obsesionados con el anime, los videojuegos, el manga, el cosplay, todos esos pedazos de subcultura que traspasan fronteras y llegan a fascinarnos a nosotros, los occidentales. Todos somos monstruos en la preparatoria, quizás ahí radica la fascinación de los mangakas. Recorren el anuario (Twenty Century Boy) para buscar los nombres de los olvidados, esos que enajenamos del grupo, y luego se inventan historias de increíble resentimiento, los años para planear la venganza no sólo contra el mundo, también en contra de la memoria, algo que se hubiera arreglado con un acto de gentileza en el instante adecuado. Sade no estaría de acuerdo: Separen a los débiles y mátenlos. Supongo que anticipaba la preparatoria de estos tiempos que corren.

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escrito por el Martes, junio 4, 2013

Suavizar la línea

Suavizar la línea

31 años después, me sorprendí escuchando un concierto de Andrés Calamaro y descubrí que me agradaba. Todavía más vergonzoso: Me puse a tararear sus canciones, como si estuviera viviendo alguna crisis andropáusica, como si hubiera crecido con aquellas canciones a la merced de algún tío argentino que aplicó un método subliminal para fregar al sobrino.

Escuché algunos discos de él, en algún remoto pasado donde vivía de coca cola, cigarrillos y algunos otros vicios, y decidí que no me gustaba, y que nunca me iba a gustar, y me hice la firme promesa de evitar convertirme en uno de esos chavos de onda que para todo cita a Calamaro.

Que triste darse cuenta de cuando uno deja de manchar los pantalones.

Limpiar la biblioteca musical es una de las necesidades contemporáneas que practica el hombre de hoy, simplemente porque ya no puede salir a cazar (creo que la mayoría de nosotros moriría tratando de cazar un topo, hay estadísticas alarmantes de los humanos heridos tratando de cazar una rata) o descubrir otra rueda, una en la cuarta dimensión, por ejemplo.

Así redescubrí a Calamaro y además descubrí un disquito que, en algún momento, descargué por accidente. Es un grupo de alemanes que manejan sintetizadores medio oscuros, pasivoagresivos contenidos. El álbum se llama Agressor, y la banda se llama And One. Mientras escuchaba mi descubrimiento, todo un triunfo entre treinta mil canciones y el chiquero que tengo en iTunes, pensé que es un excelente disco para coger. Coger puercamente. Sí, pues, como pervertidote alemán.

Después de la más reciente decepción laboral (últimamente me decepciono mucho), es hora de regresar al cuarto de trabajo y hacerle hojalatería y pintura a cierto manuscrito que tengo por ahí. Qué horror. Me burlo mucho de los contadores (por cuadradotes) pero a veces pienso que debí ser uno. Quizás los envidio, un poco.

“Suavizar la línea”, me dije en el paseo de hoy. Como en las láminas de dibujo, que uno tenía la navaja y el estilógrafo a la mano para quitar esos pequeños imperfectos, así se descubren las oraciones a las que les sobra tinta o les falta cerrar espacio.

Nico trituraba un hueso que no debió y yo pensaba en ciertas líneas de esos cuentos que tengo guardados. Después de escribir, en la corrección, se trata de suavizar líneas. Ponerse los lentes, acercar la lupa y limpiar esas rebabas que se escaparon en los primeros meses de trabajo, y luego en los abandonos y los primeros regresos.

Ya dejé de creer que no las hay, ni modo, la verdad es que siempre algo se escapa. Al menos los contadores tienen el consuelo de un sólo resultado.

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escrito por el Martes, mayo 28, 2013

13031 (Juliette)

13031 (Juliette)

¿Por qué grita así? ¿En eso ha evolucionado la actuación del género, en gritos? Parece que está muriendo, que le están partiendo en dos o que le flagelan contra los grises muros de un cuarto de inquisidores. Prefería cuando grababan las voces artificiales, aún cuando no estuvieran en sincronía, dignificaban la magia, una perezosa fantasía para la persona que no busca otra cosa que ver. No es que los gritos, agudos y escandalosos, me desagraden completamente, pero, en vez de enfocarme en el espíritu de la obra, me divido y pienso que está sufriendo, que alguien debe ayudarle porque en realidad es una víctima. Bueno, muchos pueden argumentar que es una víctima, por la posición y el oficio a que se dedica, y luego con esos gritos, y desconocemos que tan actuado es el abuso, un abuso que, siendo honestos, cada vez es más frecuente y violento dentro del género, y hasta preocupante por lo mismo. Si a los veinte me preguntaba si me estaba desensibilizando, a los treinta todavía más y lo que es peor, no lo estoy por completo porque en vez de mirarlo con el afán original, lo miro con cierto escepticismo y fascinación, casi como perseguir una nota, o la línea de un cuento que al principio parece brillante. Ajá, algo que explorar: no puedo dejar de mirar con horror, finalmente me han convertido y si no tengo cuidado, escalaré al grado de activista de sillón que aboga por los derechos de esas pobres personas, esa pobre gente. Quizás alguien proponga, en un futuro, junto a los camarógrafos, los directores y los duros asistentes, un observador presente, como los licenciados que abren los sobres en los concursos, para ratificar que es una actuación y entonces subirán los costos de un negocio que, de por sí, es muy mal pagado, demasiado explotado y que ya nadie compra porque puede conseguirse en todas partes. Sin embargo, eso sí, tendrán un sello dorado, uno que explique que nadie fue lastimado durante la grabación del evento y lo que acaba de presenciar, no lo dude, fueron quince minutos o media hora, de una ficción burda, casi honesta, pero una ficción al fin y al cabo. Usted acaba de leer un libro donde los personajes no fueron dañados, mancillados en sus partes pudendas e ilusoriamente en lo más íntimo de su espíritu. Tal vez eso le falta para que lo vea tranquilamente, sin arriesgarme a una distracción benefactora.

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escrito por el Jueves, abril 25, 2013

13026 (Juliette, Rest My Chemistry)

13026 (Juliette, Rest My Chemistry)

Sade me está costando más tiempo del que pensé, y ahora que releo Juliette, no recuerdo muchas de las cosas que ya había leído en la versión recortada (¿Qué tanto habrán recortado? Obviamente, un montón, no se comparan mil páginas a las 150-200 de la versión barata, pero… ¿esa edición se limitará a algún algún capítulo en especial, o intentaron recortar la obra completa? ¿Serán fragmentos escogidos? No tengo mi copia chafita, la presté (en contra de mis principios) y no puedo comparar. Ahora eso me da curiosidad y a veces me distrae de mi lectura). Otra de las estructuras de Sade es que, para sustentar el libertinaje de sus malignos personajes, usa ejemplos de varias culturas y personajes celebres. Tormentas preguntó si eran culturas exóticas, no, también usa costumbres de regiones europeas (obviamente, lo exótico se refiere a lo que no sea Europa, incluso América o Estados Unidos es algo exótico para los franceses de aquel entonces), algunas del presente y otras del pasado. Los ejemplos abundan. Por eso, cuando lo leo, siento que estoy leyendo una revista de Ripley, un almanaque de cómo la humanidad justifica sus maldades. Juliette es una progresión de maldad, un personaje que entra a un reino (estoy tentado a decir que fantástico, o metafísico, aunque la novela es realista y el cuerpo es abusado constantemente) y no teme investigar, preguntar, y enamorarse de los personajes más malignos. Por supuesto, sólo se enamora de personajes inteligentes, sofistas hábiles y consciente de su edad, recoge los consejos que le dan, sin ningún ápice de rebeldía. A veces sólo pregunta para enamorarse más de un lenguaje inteligente, a diferencia de Justine, de quien recuerdo un constante rechazo a vencerse con mentiras hábiles a romper sus principios. La seducción empieza por la cabeza, y después, una escena pornográfica, de una Juliette entregada al vicio, a la verdad del vicio. En Justine, el lector sufre por las cosas que debe pasar la heroína (y el lector se convierte en la pobre hermana, sufre su destino cruel junto a ella), Juliette es el lector que curiosea y pregunta más, que también se enamora de las perversiones que le ponen enfrente y no sólo eso, Sade ofrece las herramientas para creer en la justicia de tomar ese camino. Pensaba abandonar mi relectura de Sade cuando llegué a la parte donde Juliette se enamora, se ofrece como una esclava, del asesino de sus padres y aunque lo repudia, precisamente por ello lo ama, por haber cometido el crimen más grande.

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escrito por el Viernes, marzo 29, 2013

Algunos puntos de “La torre y el jardín”

Algunos puntos de “La torre y el jardín”

  • Trataré de ser amable con las personas que no han leído el libro, pero será difícil hacerlo. Recomiendo que no leas la anotación si planeas leerlo y sobre todo si eres una de esas personas que se desesperan cuando creen que se les echará a perder si poseen uno o dos datos. La novela de Chimal contiene múltiples misterios que se revelan continuamente. El libro (su riqueza en los enigmas), ofrece una fuga para cada tipo de lector. No es necesario entenderlo la primera vez, invita a múltiples lecturas, descubrir el origen de las distintas voces así como el inicio de un puñado de conflictos. Es una novela que le hace bien prestarle atención durante la lectura, pero no tanto como para abrumarse, también tiene espacio abierto para jugar y regresar a ella.

  • Generalmente me molesta, aunque es uno de los vicios de los que no estoy completamente exento, encasillar el texto a un género. En el caso de “La torre y el jardín” es aparentemente fácil decir que se trata de una novela de ciencia ficción o de fantasía. Evitémonos los facilismos engañosos. Después de leer el libro entiendo un poco más a Alberto Chimal cuando propone el término “literatura de la imaginación”. Por mi parte, cuando estoy frente a un extraño, un lector imprudente y atado a sus vicios de lectura (porque es triste, los hay, es irónico que las personas que buscan fugarse en un libro necesitan géneros para sentirse cómodos), y debo recomendar o hablar de un libro, prefiero la vaguedad y la simpleza de decir que es una historia y luego rodear la historia, apenas contarla, apelar a la curiosidad. Eso ofrece una esperanza para iniciar un chispazo.

  • Hace tiempo leí “Los esclavos”, también de Chimal. En ella desarrolla un tema sórdido como el de la dominación y la sumisión sexual y al terminarla, me dejó pensando en los mecanismos de Chimal para contar la historia. Pensé en la realidad de lo que había leído. “La torre y el jardín” se aproxima al tema pero, en una lectura simple, los sometidos son los animales. Los tigres son dormidos con tranquilizantes, los caballos son atados fuertemente a estructuras especiales, los cerdos son molestados con lanzas hasta hacer lo que deben hacer (en ese fragmento, confieso, tuve que regresarme varias veces para querer entender lo que pasó). Chimal purifica los temas “sucios” con una tranquila ingenuidad. Al principio son escenarios casi incomprensibles pero a lo largo de la historia los destripa, los simplifica y paulatinamente nos sumerge en ellos. La primera impresión es que nos abre las puertas a un mundo fantástico, intocable y ajeno; cuando nos damos cuenta, ya estamos ahí, conocemos las reglas, nos hemos habituado a esa cómoda oscuridad. El mundo que creíamos ajeno y cuya inexistencia nos hacía sentir seguros, en un principio, se hace real. Ya estamos ahí.

  • Sin embargo, ésta oscuridad se desarrolla con elegancia, elocuencia. En la historia de Chimal se nos permiten breves espacios para la risa, la diversión, la maravilla. Hay un contraste entre las primeras anécdotas de los animales y las últimas, empiezan en la oscuridad (tentar al elefante) para llegar a la inocencia (el orangután vestido de blanco). Gracias a ello, la crueldad adquiere una dimensión mayor, sobre todo cuando la novela trata con los humanos, un contraste inverso (una joven Isabel frente al venado, una Isabel adulta pensando en el mismo venado), los animales más rapaces y audaces del Brincadero (Pienso en el viejo Constantino). En “Los esclavos” no hay tiempo para reír, al menos no con inocencia.

  • Es incómodo, en lo personal, que en las reseñas que he leído del libro mencionen a Sade para describir la novela de Chimal. No sé que clase de romanticismo les embelesa cuando piensan en el Marqués, pero cualquiera que haya leído sus obras, difícilmente puede olvidar las jugosas descripciones de los criminales que saltan sobre la panza de una embarazada para sacarle al niño y provocar la muerte del nonato y de la madre. En el segundo tomo de Juliette: El ogro, Minski, mientras copula con una de esas muchachas tan guapas como el día, con su monstruoso miembro en el ano del personaje, decide degollarla para que la sangre corra y los espasmos de una muerte pronta aprieten el orificio, emulando lo que en el tomo uno Sade apenas sugiere se hace con los chivos, para obtener una experiencia más placentera. Paráfrasis de las palabras de Minski: “No puedo venirme sin matar”. Yo lo hice en unas líneas, Sade ocupa párrafos abundantes. Nada más alejado de la obra de Chimal. En “La torre y el jardín” se le sugiere, continuamente, al lector lo que está pasando y quien tiene que completar las imágenes es la persona con el libro entre sus manos. Sade es un monstruo, no le molesta para nada el papel, lo juega con abundancia, nos encarcela en su filosofía y su crueldad. Chimal nos ofrece la posibilidad de serlo, abre la puerta para invitarnos a saltar, en la intimidad del libro, a convertirnos en el monstruo y la responsabilidad, digámoslo así, es compartida entre el lector y el narrador.

  • La torre es el libro que tenemos entre las manos. Los personajes no saben a quien le habla, pero nosotros sabemos a quien le está hablando. ¿Cómo negar una invitación a ser cómplices de una criatura monumental como la torre? Al principio miré con desconfianza el juego del libro, el diseño, pero después me acostumbré a él y además lo disfruté (Si usted dudaba, como yo, de leerlo por el diseño, quítese esa telaraña de la cabeza). La torre nos cuenta su propia historia, nos revela a nosotros las pistas para resolver los misterios, pistas que de otra manera los personajes, por su contexto, jamás nos ofrecerían. Es una metáfora bonita para los libros: El libro es una torre y cada libro tiene un jardín que proteger.

  • Para terminar, la historia de Isabel, la administradora del Brincadero y de la torre, es maravillosa. Una novela por sí misma. Las anécdotas de los animales no sobran, para nada, la condena empieza con las primeras anécdotas y la reivindicación de la humanidad surge en las últimas. Una redención necesaria después de explorar a los personajes involucrados en el Brincadero, los humanos más crueles, los primitivos (ya se acordarán de él, el viejo Constantino). También es una invitación a explorar la relación que tienen las personas con los animales, aún cuando no sean obviamente eróticas, y con la naturaleza. El libro ofrece un puñado de cosas a pensar, laberintos propios que resolver, pisos íntimos qué visitar, aunque también ofrece la tranquilidad de vivir una aventura. Es rico que un libro haga eso: Dar opciones. Raras veces un autor nos permite ser tan libres.

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escrito por el Miércoles, marzo 27, 2013

13019 (Historia de O)

13019 (Historia de O)

Anoche se la mamaron en un jacuzzi, lo sé, porque lo vi por la rendija. Parecía amar a la chica porque ambos se reían cuando él sacaba el glande del agua, como si fuera el ojo de un submarino, un ojo común en las caricaturas de la Segunda Guerra cuando nos fascinaban las maquinarias de guerra. Ella estaba sobre él, con los senos hundidos en el agua cálida, podía ver el humo que salía de la superficie, luego tomaba aire, hacía un gesto arrugando el rostro, y hundía la cara en el agua. Ah, sí, era un momento agradable, él crispaba las manos y perdía el peso en el cuerpo, flotaba hacia ella, para que su miembro entrara más en una garganta que continuamente perdía el aire, y luego ella salía triunfalmente del agua, miraba la consecuencia de sus actos brevemente, otra vez tomaba aire y se volvía a hundir. El agua azul era una línea entre el placer y el aire. ¿Cómo se sentirá un miembro aprisionado dentro de una garganta, dentro del agua? Sólo podía adivinarlo por el arco de su ancha espalda. El experimento siguió su curso unos minutos más, hasta que él se cansó y se sentó en el borde de la tina. La mujer se amarró el cabello de nuevo, y luego de rodillas, la mitad de la mujer convertida en un espejismo, regresaron a una mamada tradicional. Ah, esa sí sé como se siente, es una aguda hambre por mantener la boca ocupada, y de mirar los ojos de un hombre rendido, quizás hasta vencido. No, a un hombre vencido jamás se la chupan. El hombre asistió a la mujer con algunos dedos de su mano, él movía rápidamente el brazo mientras ella chupaba con paciencia, diligencia. A media luz, no puedo decir cuando terminaron, hasta que ella se separó y abandonó el líquido derramándolo por su boca, gotas blancas flotando sobre el agua azul, ojalá mañana se les ocurra otra cosa.

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