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13063 (El miedo a la libertad)

By on Jueves, agosto 29, 2013

Los perros del terreno persiguen pájaros blancos, un tractor pasa y prepara la tierra. Curiosamente, confundí dos títulos de libros por sólo tener la palabra “libertad”, el de Ende y el de Fromm. Hace poco leí a Fromm, sólo para saber si lo que leí de joven seguiría hablándole al tipo adulto. Qué tristeza, parece que lo digo como si hubiera dejado de jugar. (No, todavía sigo jugando, pero mis juegos son de otra índole). Me asomo por mi ventana, hay varias rejas de aquí al Popo: El miriñaque, el alambrado, la barda incompleta, la reja café de una casa, una barda de ladrillos. Siempre estamos parando algo. Ayer vi a un gato hacerse pequeño para pasar en el angosto espacio literal entre un muro y un portón café. Deténganlo a él. ¿La gente son muros con patas? Una persona está hecha de historias. Algunas historias, no importa cuán literarias sean, son muros a franquear para conocerla realmente, y eso apenas. Uno de mis cactos murió ahogado. La noticia me incomoda, si no le eché tanta agua como para ahogarlo. Ahora está ahí, morado y café, en la maceta, ha perdido todos los verdes, y yo que le tenía demasiada fe. Me costó cinco pesos, creció demasiado rápido. Ah, también leí que probablemente necesitaba una maceta más grande. ¿Los cactos necesitan extenderse ampliamente, como el mundo? Algunos muros tienen la piel de un cacto, para escalarlos es obligatorio empujar las manos, sangrar con las espinas, usarlas de impulso para asomarse al otro...

13043 (Juliette)

By on Martes, junio 11, 2013

Fragmento del diario de Boris Santiel: “(…) Fotografía de una silla. Alguien sube esa fotografía a internet. Es su silla, y a la vez no lo es. Una concienzuda búsqueda hizo que encontrara dieciséis fotografías de la misma silla. Aunque variaban los filtros, los ángulos, la iluminación y dos veces el fondo, la silla se multiplicó dieciséis veces. Internet tiene, en su mundo infinito, dieciséis sillas iguales. ¿Algún día podría llenarse ese espacio? Obviamente sí, eso espero, aunque nadie puede imaginárselo o dar un cálculo concreto. Internet crece todos los días, depende de la cantidad de memoria que tiene el equipo de cada usuario. Tan pronto alguien se conecta, el espacio de internet crece y son más las conexiones que las desconexiones. Antes me hubiera atrevido a buscar una ecuación para llenar el internet con la misma silla, regalarme la paz de un número, pero he desistido de la idea. Estoy siendo amable: El internet no solamente guarda sillas, también guarda roperos, libros, música, personas. Multiplica y replica exponencialmente todas las cosas. Universo de constante clonación. ¿Y dicen que no está todo el conocimiento de la humanidad en el internet? También está todo lo que ha visto, todo lo que ha oído, y pronto todo lo que ha sentido y leído. Por eso la gente constantemente se pregunta cuánto dejamos, realmente, en ese mundo y cuánto está sacrificando: porque la ilusión permanece. Fotografía de una silla, la subo a internet, la silla ahora está ahí (su existencia se dobla, ¿o se duplica? Argüir: Esa silla no existe, es una imagen, un conjunto de ceros y unos, tomas la fotografía de una persona tocando la silla, ¿y ahora?), junto con otras dieciséis sillas iguales, no sólo existe en el espacio físico sino que ahora tiene una presencia “virtual”. Esa silla se vuelve algo real para los que nunca la han visto y topan, casualmente, con la fotografía. Real dieciséis...

13039 (Juliette)

By on Miércoles, junio 5, 2013

Pienso en la asiduidad que tienen los mangakas de usar la preparatoria como un escenario recurrente para sus historias. Es el punto en la memoria, quizás, donde la gente es más bella y más inteligente. Si nosotros nos sentíamos feos e inseguros, había un ejemplo a seguir en cada salón de clases, y luego, en la jerarquía, uno para toda la generación. Los amigos deseados. Sí, a veces esos ejemplos podían ser unos imbéciles, a menudo imbéciles, pero también envidiables imbéciles. El mangaka no sólo es nostálgico en sus recuerdos de preparatoria, también se ocupa de crear héroes en situaciones violentas (como High School of the Dead) o desea romper la ilusión de la juventud (Battle Royale, aunque primero fue una novela). Hay una anime, donde un personaje similar a Sherlock Holmes, se dedica a resolver casos propios de la escuela (Hyoukai), y la serie también explora la rivalidad, el enamoramiento, la posibilidad de amargar los recuerdos de nuestro pasaje a la vida adulta (y quizás, sólo quizás, los recuerdos suavicen con el tiempo, se conviertan en una bobería, un reflejo agradable y propio, una ironía, para pasar los días tediosos y rutinarios). A veces detengo lo que estoy haciendo para pensar en la preparatoria: Busco momentos de cambios extraordinarios, que hayan afectado a mis compañeros en su totalidad, y todavía no soy capaz de encontrarlos. Fuimos (¿aún somos?) una generación de cambios pobres, una generación desinteresada y cínica. Quizás hubo una serie de momentos individuales pero en general creo que, como grupo, estuvimos contentos, carentes de conflicto y drama. Nadie nos enseñó que ese es lo más próximo a la felicidad. Durante dos años mi escuela fue de puros varones, los conflictos eran agarrarnos a putazos afuera de la escuela o acusarnos, en sus distintas variaciones, de una posible homosexualidad. Y nada más. Cómo cambiaron las cosas cuando entraron las mujeres. Durante un año, apenas tuvimos tiempo de crear diosas, de rezarles, de explorar los caminos de sus faldas y los intereses que podrían tener en un puñado de zarrapastrosos. Sí, hubo algunos cambios, algunos empezaron a vestirse mejor, empezaron a usar loción y se separaban de la camaradería masculina para hablar con ellas durante los descansos entre clase y clase. Yo también lo hice, aunque siempre fui un amigo en vez de un amante deseable (¿Quién lo es en esos años?, Ah, recuerdo a uno, olvidé su apellido, pero no sólo era guapo, también tenía la sombra de la desgracia: sus padres murieron a mitad del ciclo escolar, cómo lo querían las niñas). 199X. Yo fui algo tímido, y gordo, y noble, y amable (a veces lo soy, siempre lo soy, sigo siendo). Genshiken es un anime de otakus, los chavitos obsesionados con el anime, los videojuegos, el manga, el cosplay, todos esos pedazos de subcultura que traspasan fronteras y llegan a fascinarnos a nosotros, los occidentales. Todos somos monstruos en la preparatoria, quizás ahí radica la fascinación de los mangakas. Recorren el anuario (Twenty Century Boy) para buscar los nombres de los olvidados, esos que enajenamos del grupo, y luego se inventan historias de increíble resentimiento, los años para planear la venganza no sólo contra el mundo, también en contra de la memoria, algo que se hubiera arreglado con un acto de gentileza en el instante adecuado. Sade no estaría de acuerdo: Separen a los débiles y mátenlos. Supongo que anticipaba la preparatoria de estos tiempos que...

Siento que un Dios anida en mí

By on Lunes, mayo 27, 2013

El siguiente texto fue el que leí el 23 de Mayo en la Universidad Autónoma de Nayarit, con el motivo de mi conferencia: “Siento que un Dios anida en mí”. El otro día desperté con el siguiente verso de Nervo en la cabeza, no podía dejar de pensar en él: “Siento que un Dios anida en mí”. Tan pronto lo saboreé, supe que iba a estar pensando largo rato en él, quizás pasarían años antes de poder olvidarlo, de pensar en otra cosa (que, si no me equivoco, “pensar en otra cosa” es otro de los versos de Nervo). Arrancando la línea del poema, ésta nos ofrece dos posibilidades igual de impactantes: El verbo anidar puede referirse a algo bello, hasta cierto punto inocente, como el nido de unos pajaritos. Por otra parte, ¿cuántas veces no hemos escuchado nido como una palabra para referirse a cosas menos amables? Un nido de víboras, un nido de gusanos, un nido de ratas. Siento que un Dios anida en mí. ¿Y qué Dios hace nido en mis entrañas? ¿El Dios de los gusanos, el Dios de los parásitos o el Dios de los pájaros rompiendo el huevo? ¿Es el nacimiento o la putrefacción? Supongo que la pregunta, aunque es inquietante y no del todo estéril, también es inútil. Los dos Dioses son el mismo, el Único que en su infinita y supuesta omnipotencia, no puede darse el lujo de favorecer la existencia de uno sólo de los rasgos. La línea de Nervo, ese verbo tan preciso que expresa para referirse a ambas vías, no sólo brinda la posibilidad de la belleza, sino también el horror y la putrefacción. La creación que anida en nuestras entrañas no sólo es vida; la fertilidad de la tierra también es trabajo de los gusanos y los desperdicios. Los pájaros se alimentan de los gusanos que se retuercen. La muerte inexorablemente es compañera e impulsora de la creación. Dice López Velarde, cuando escribe acerca de “En voz baja”, que: “Quien dice Nervo, dice vida múltiple, vida intensa, magia que educa a una generación y que logra discípulos”. Mucho tiempo abandoné la lectura del poeta pero ésta plática se convirtió en un excelente pretexto para acercarme a él con otros ojos. Ojos, espero, con algo de más experiencia. Éstas lecturas, aún si yo no lo quisiera, me convirtieron en un discípulo y no es para menos. Amado Nervo no sólo fue un admirable constructor de versos, un guardián de un lenguaje que cada vez nos es más ajeno, un compositor que requiere un estudio minucioso por la abundancia de maravillas, también resultó un prosista dedicado y un cronista amable, generoso. Fue un deleite leer su odisea en Europa, en “El éxodo y las flores del camino”, así como sus cuentos ingeniosos en “Almas que pasan”. Cuando retomé su lectura, descubrí a un hombre sincero y una búsqueda imparable por entender a ese Dios de dos vías. Dice Enrique Díaz-Canedo que la obra de Nervo es una constante preparación a la muerte, algo que precisamente, no evita trasladar a uno de sus cuentos: “El miedo a la muerte”. La búsqueda del hombre, el cual es un proceso detallado que puede leerse en su obra, finalmente encuentra una paz, una respuesta que sólo nos queda esperar fue satisfactoria. Nervo duerme (¿y no es la muerte despertar en otro lado?) para encontrarse con ese Dios que tanto busca, el Dios que inspira una multitud de sentidos en distintos colores, ese Dios que desconocemos, y sólo podemos concretar a través de la imaginación, a pesar de tanto que se escribe, y tantos rostros que posee. Nervo se esfuma, como un ilusionista, en Uruguay, después de construir su propia ciudad tanatológica. La preparación a la muerte (importante en un país como el nuestro que compagina de manera curiosa y constante el humor con la violencia), tan sólo es un inicio si de verdad existe ese otro lado. Como creadores y como lectores, Nervo aún tiene mucho que enseñarnos, desde el hombre: un viajero inquieto, defensor y promotor de la cultura, hasta como autor: el vocabulario olvidado que renueva por un sincero amor al lenguaje sin traicionar su principio; esa búsqueda íntima por entender el lugar a dónde vamos después de la vida y cómo llegar ahí de un modo que estos momentos sucedidos no sean un desperdicio, o bien, que esos desperdicios también constituyen una fuga creativa, un aspecto que vale la pena explorar y perseguir. En Nervo encontramos el amor no sólo a las musas, sino también a los amigos y los enemigos, además del encanto por los desconocidos y el desencanto de los ídolos. Es un personaje envidiable, con una carrera vasta y que no puedo dejar de observarla con admiración y con cierta duda: ¿Por qué el modelo de hombre, de persona, de Nervo se está empolvando? ¿Dónde están los perseguidores de los dioses? ¿Por qué hemos dejado de creer y de imaginar, semejante a los japoneses, en los espíritus que residen en todas las cosas? Vivimos épocas crueles. El desencanto disminuye nuestra curiosidad fácilmente, nos opaca la vista. A la vuelta de la esquina, en una computadora o desde nuestro teléfono, olvidamos quienes somos, que somos humanos curiosos, condenados a preguntar, y que esas preguntas inciten esa búsqueda, y el sufrimiento que viene con el viaje, y el viaje que nos abre las puertas del amor, de la sorpresa...

13033 (Juliette)

By on Domingo, mayo 19, 2013

199X. Estoy en un salón de usos múltiples, junto un grupo de estudiantes de mi edad. Tenemos entre 13 y 15 años. Un personaje de PROVIDA, al frente, pone la canción de “Hotel California” en una grabadora. Todavía se usaban los cassettes. Es sábado, son las diez de la mañana, los otros chamacos hablan de irse a Chapultepec o de irse a pasear al centro saliendo de la plática. A mí no me van a dejar. El barrio donde vivimos es duro, a mi familia le daría miedo y la verdad, no tengo ganas de preocuparlos. Saliendo de ahí me pondré a jugar Super Nintendo, debo estar al 60% de Final Fantasy. El personaje de PROVIDA nos explica que “Hotel California” habla de ritos satánicos, del diablo, el Adversario está presente en cada una de sus letras. Recuerdo, mientras alzo una ceja, algunas bromas que hacen en los sitcoms que veo de madrugada con referencia a esos grupos demasiado bondadosos. Hace mucho que sé del satanismo de la canción, así como de las bromas al supuesto satanismo de la canción. Dejo que siga hablando. No es mi lugar interrumpir, tampoco es mi lugar sugerir que al diablo se le combate con humor y perspicacia (¿el fuego se combate con fuego? Blasfemáis, a la hoguera). ¿Qué podría decir? Señorita, de hecho, he visto que en la tele hacen bromas de la gente que dice una canción es satánica. Mejor que no lo hice. Me habrían jalado a otro lugar, me habrían reclutado en un ánimo de redimir mi espíritu agnóstico. Luego viene el clásico de los Beatles. Algunas canciones esconden mensajes al revés, escuchen aquí. Milagrosamente, Revolution 9 es una adoración al Cornudo Mayor. ¿Los Beatles?, pienso, si ellos son tan buenos… si ellos cambiaron el mundo, si ellos despojaron el aburrimiento de una generación. ¿Cómo puede ser malo? No importa, anótenlo en su lista de música satánica. Nos hacen anotar, en el cuaderno, como si estuviéramos teniendo una clase, como si de verdad hubiera una lección qué aprender, mientras Bolaños (últimamente me acuerdo mucho de Bolaños, una vez me golpeó en el estómago y me sacó el aire. No me digas chaparro, me dijo, no vuelvas a hacerlo, jamás) voltea a mirarme, y hace una mueca que acentúa sus cejas espesas, sus cejas de hombre adulto, seguramente las cejas que lo hicieron gerente, o Comandante. De verdad nadie quiere estar ahí, pero la señorita se ve tan emocionada, y habla duro, habla bien, además del temor de romper sus expectativas podríamos romper otra cosa: su fe. Podría luchar para explicarle que tengo mi fe puesta en otras cosas pero, siempre he pensado (a veces con razón, a veces con equívoco), para que meterme en algo tan molesto. Escojo no hacerlo, como todos los otros que piensan en qué ocuparán su tiempo tan pronto salgan de ese monólogo tan sustancioso. (Me pregunto ahora, mientras releo la entrada, ¿alguno de ellos se habrá unido a PROVIDA? ¿Alguno de ellos sentirá que su alma se consume en el infierno mientras escucha “Hotel...

13026 (Juliette, Rest My Chemistry)

By on Jueves, abril 25, 2013

Sade me está costando más tiempo del que pensé, y ahora que releo Juliette, no recuerdo muchas de las cosas que ya había leído en la versión recortada (¿Qué tanto habrán recortado? Obviamente, un montón, no se comparan mil páginas a las 150-200 de la versión barata, pero… ¿esa edición se limitará a algún algún capítulo en especial, o intentaron recortar la obra completa? ¿Serán fragmentos escogidos? No tengo mi copia chafita, la presté (en contra de mis principios) y no puedo comparar. Ahora eso me da curiosidad y a veces me distrae de mi lectura). Otra de las estructuras de Sade es que, para sustentar el libertinaje de sus malignos personajes, usa ejemplos de varias culturas y personajes celebres. Tormentas preguntó si eran culturas exóticas, no, también usa costumbres de regiones europeas (obviamente, lo exótico se refiere a lo que no sea Europa, incluso América o Estados Unidos es algo exótico para los franceses de aquel entonces), algunas del presente y otras del pasado. Los ejemplos abundan. Por eso, cuando lo leo, siento que estoy leyendo una revista de Ripley, un almanaque de cómo la humanidad justifica sus maldades. Juliette es una progresión de maldad, un personaje que entra a un reino (estoy tentado a decir que fantástico, o metafísico, aunque la novela es realista y el cuerpo es abusado constantemente) y no teme investigar, preguntar, y enamorarse de los personajes más malignos. Por supuesto, sólo se enamora de personajes inteligentes, sofistas hábiles y consciente de su edad, recoge los consejos que le dan, sin ningún ápice de rebeldía. A veces sólo pregunta para enamorarse más de un lenguaje inteligente, a diferencia de Justine, de quien recuerdo un constante rechazo a vencerse con mentiras hábiles a romper sus principios. La seducción empieza por la cabeza, y después, una escena pornográfica, de una Juliette entregada al vicio, a la verdad del vicio. En Justine, el lector sufre por las cosas que debe pasar la heroína (y el lector se convierte en la pobre hermana, sufre su destino cruel junto a ella), Juliette es el lector que curiosea y pregunta más, que también se enamora de las perversiones que le ponen enfrente y no sólo eso, Sade ofrece las herramientas para creer en la justicia de tomar ese camino. Pensaba abandonar mi relectura de Sade cuando llegué a la parte donde Juliette se enamora, se ofrece como una esclava, del asesino de sus padres y aunque lo repudia, precisamente por ello lo ama, por haber cometido el crimen más...

13025 (Juliette)

By on Sábado, abril 20, 2013

Lista de cosas que me preocuparon al iniciar el 2013: Los kilos que bajé, y subí, y ahora debo bajar de nuevo. Ni modo. Hay que dejar la coca cola. Busco hacer ejercicio además de las caminatas con los perros y el cardio de tres o cuatro veces a la semana en el gimnasio. El ejercicio también es tiempo al día que desaparece. Organizar el tiempo para leer libros quita muchos otros placeres: La televisión, los videojuegos, el ocio en internet, las charlas con los amigos. Sin embargo, la lectura y su obligado tiempo de reflexión, son uno de los ejes principales en la vida del escritor. Escribir en el árbol para no dejarlo a la merced de las islas binarias. Ya son muchas, y son muy abandonadas, y no quiero escribir mi blog en Facebook. Trataré de escribir las anotaciones los lunes y los domingos, un par de horas, y luego programarlas al azar para que se publiquen solas. Son tantos y muchos los textos que quiero escribir. Tomo notas en el teléfono mientras camino, pero no es hasta que me siente y empiece que no sabré si debo perseguir la idea o desecharla. Es cierto. La inspiración (ese término espantoso) llega cuando menos lo espera uno. El trabajo es pulir esa inspiración y convertirlo en algo, lo más cercano que se pueda, perfecto. También tener tiempo para el ocio, y divertirse. También es necesario relajar la cabeza para no consumirse en el propio pensamiento. Ojalá pueda ver a mis amigos, ojalá pueda beber con ellos, ojalá disfrute mucho a mi mujer y a mis perros, ojalá siga disfrutando mucho más que lo hice el año pasado, y el año pasado a este, y deje la nausea para pocas fechas, porque la nausea está bien, nos recuerda que somos polvo, pero tampoco se trata de convertirnos en lodo. El Bushido me recordó una cosa muy sencilla que pensaba siempre, desde niño. Puedo morir en cualquier momento, e incluso, debo despertar preparado a la muerte. Que no se desperdicie ningún segundo pero que los segundos desperdiciados tampoco sean completamente...

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