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13031 (Juliette)

By on Martes, mayo 28, 2013

¿Por qué grita así? ¿En eso ha evolucionado la actuación del género, en gritos? Parece que está muriendo, que le están partiendo en dos o que le flagelan contra los grises muros de un cuarto de inquisidores. Prefería cuando grababan las voces artificiales, aún cuando no estuvieran en sincronía, dignificaban la magia, una perezosa fantasía para la persona que no busca otra cosa que ver. No es que los gritos, agudos y escandalosos, me desagraden completamente, pero, en vez de enfocarme en el espíritu de la obra, me divido y pienso que está sufriendo, que alguien debe ayudarle porque en realidad es una víctima. Bueno, muchos pueden argumentar que es una víctima, por la posición y el oficio a que se dedica, y luego con esos gritos, y desconocemos que tan actuado es el abuso, un abuso que, siendo honestos, cada vez es más frecuente y violento dentro del género, y hasta preocupante por lo mismo. Si a los veinte me preguntaba si me estaba desensibilizando, a los treinta todavía más y lo que es peor, no lo estoy por completo porque en vez de mirarlo con el afán original, lo miro con cierto escepticismo y fascinación, casi como perseguir una nota, o la línea de un cuento que al principio parece brillante. Ajá, algo que explorar: no puedo dejar de mirar con horror, finalmente me han convertido y si no tengo cuidado, escalaré al grado de activista de sillón que aboga por los derechos de esas pobres personas, esa pobre gente. Quizás alguien proponga, en un futuro, junto a los camarógrafos, los directores y los duros asistentes, un observador presente, como los licenciados que abren los sobres en los concursos, para ratificar que es una actuación y entonces subirán los costos de un negocio que, de por sí, es muy mal pagado, demasiado explotado y que ya nadie compra porque puede conseguirse en todas partes. Sin embargo, eso sí, tendrán un sello dorado, uno que explique que nadie fue lastimado durante la grabación del evento y lo que acaba de presenciar, no lo dude, fueron quince minutos o media hora, de una ficción burda, casi honesta, pero una ficción al fin y al cabo. Usted acaba de leer un libro donde los personajes no fueron dañados, mancillados en sus partes pudendas e ilusoriamente en lo más íntimo de su espíritu. Tal vez eso le falta para que lo vea tranquilamente, sin arriesgarme a una distracción...

Avatar de tumblr

By on Miércoles, noviembre 28, 2012

Cada vez que entro a tumblr (igual me pasa con Twitter a determinadas horas del día, y en otro sentido), de verdad procrastino: no trabajo, no escribo, entro al río de imágenes y pierdo un poco de mi vida, imaginando que comparto o contribuyo a construir una casa binaria de mi agrado: mujeres desnudas (o vestidas pero en incitantes poses), videojuegos, pixeles, muy pocos fragmentos de libros. Tumblr es como alimentar un adolescente que hace tiempo se murió y de alguna manera, es como subirse a un barco estático que me regresa, en fragmentos rápidos, memoria poco meditada, al pasado. Ocio, tumblr es ocio y no pienso en ello como otra cosa. Aventureros los que pueden. Es cierto, la herramienta tiene otras posibilidades, jugosas y agradables: Se vale escribir, mantener una bitácora, compartir información a la manera de Google Reader, conseguir un tema y explorarlo… pero la facilidad del reblog y su terrible sistema de dividir lo que lees de lo que miras y lo que reblogueas, hace del contenido un masacote. Si pudiera, en una sola cuenta, dividir los tumblrs que sigo en secciones, sería mucho más sencillo, la pesquisa mucho más agradable y menos culpable, y podría dedicar la atención merecida a los textos, las imágenes, la pornografía o los artistas. El mío, un reflejo obvio de mis tiempos de ocio o de tedio, presenta muy bien (quizás demasiado) lo que estoy pensando: nalgas, nalgas, nalgas, bits, nalgas, las delicadas líneas de un artista, los mundos poblados de un ilustrador, nalgas, un poema, un fragmento, piernas, tetas, nalgas, sadomasoquismo, mi culpabilidad por como vayan a ver el sadomasoquismo y mejor me ahorro comentarios, nalgas, una foto en instagram. Entiendo perfectamente cuando me dejan de seguir, así como entiendo a la gente que sigue mi tumblr. A veces me siento mal por la gente que escribe ahí. Se esfuerzan de veras por relatar algo, compartir un momento de sus vidas, señalar un autor o un poema que hicieron y, como espectador, golpea mi acostumbrado ocio, zahiere mi superficialidad. Para arreglarlo, separé los tumblrs de escritores, o letras, para leerlos en el google reader o presto atención cuando comparten el texto a través de Twitter para leerlo. Sin embargo, no dejo de seguirlos en aquel servicio por temor a que lo sientan como un insulto. Ojalá se hubieran quedado en blogger, en wordpress o en posterous. Es obvio el uso de la herramienta desde su propio nombre. Tumblr: Vas a chocar con algo inesperado, y harás que otros choquen. De cualquier manera, me interesa seguir a quienes sigo. Una persona, de esa manera, se convierte en los mil avatares del...

Erotizar un libro (literatura histérica), y 375 libros gratis en Open Culture

By on Miércoles, noviembre 14, 2012

El año de Proust

By on Miércoles, noviembre 7, 2012

Este año comencé uno de mis proyectos literarios más ambiciosos como lector: Leer a Marcel Proust y los siete tomos de “En busca del tiempo perdido”. Quise, de alguna manera, que mis treinta años significaran algo como lector y escritor. Leer también es escribir (es un aspecto de muchos). Escritor que no lee sólo puede burlar una vez, o dos, pero eventualmente cae presa de su propia desidia y lo castigan como a un Karamazov. Quizás con lectores dedicados evitaríamos el tufo del plagio. El pintor tiene que ver la naturaleza, un sujeto, una imagen y contemplarla, meditarla, precisarla antes de mancillar decididamente el lienzo en blanco. El escritor también tiene que ser un observador y no sólo de sus alrededores, sino de esos bloques de letras, párrafos, oraciones, estilos, maneras de hablar. Tiene que entregarse a sus lecturas, sean cuales estas sean y sobre todo, tiene que estar dispuesto a arriesgarse a tomar esos libros aparentemente invencibles para desmenuzarlos, estudiarlos, descubrirse insuficiente (o levantarse como un Coloso adecuado al reto) para entregarse y sencillamente leer hasta concluir la historia. Traduzco la invitación: Deje de leer libracos complacientes un rato, anímese. Dicho lo anterior, escogí a Proust y leer a Proust es una putada. Es una deliciosa ironía que el trabajo se trate del tiempo y que hogaño, sea muy difícil leer párrafos tan largos, abundantes. La tendencia del lector contemporáneo es disminuir su tiempo de lectura sin sacrificar el placer que provoca una historia. Eso, a su vez, alimenta estos géneros explosivos de literatura breve: microficción, ráfagas poéticas, palíndromos, twitteratura, como quieran llamarle. Subrayé demasiadas líneas en mi lectura ¿y saben cuántas pude compartir a través de Twitter? Tres. Solamente tres que se acomodaron a la brevedad exigida. Los demás son imposibles de tuitear sin destazarlos y convertirlos en otra cosa, algo que pueda leerse estúpido, insuficiente o incompleto. Proust exige lectores de otra época. Lectores dispuestos a devorar lentamente la búsqueda memoriosa del narrador en su afán por recuperar el tiempo, tiempo que paradójicamente el lector pierde mientras enferma de Proust. A manera de una Scherezada, el Narrador entrelaza historias, recuerdos, personajes y es fácil perderse en los encuentros, vencerse al vértigo de las demasiadas palabras. ¿Vale la pena leer a Proust? ¿Tengo el tiempo de leerlo? Sí, lo tienes, búscale y atrévete. Quizás nunca deje de recomendarlo. Hace unas semanas, en una discusión tuitera, una estudiante de literatura mencionó que quisiera tener tiempo de leer a Proust. Tuve que responderle, y me parece justo decirlo aquí: Una novela de siete tomos con la palabra “tiempo” en el título es una advertencia obvia. Si quieres leerlo tienes que buscarte el tiempo, tienes que sacrificar otras diversiones para entregarte al oficio y el placer de la lectura, una lectura orgánica, del tamaño de una selva y sin salidas fáciles. Es decir, tienes que tomártelo en serio (lúdico pero en serio Juanito). Aunque es posible que el destino de Proust sea la soledad. Es posible que, como lo vaticina el Narrador, la obra pierda su vigencia en unos cien años más y sean cada vez menos los lectores dispuestos, entregados. Si lo lees, prepárate para que sea imposible compartir la experiencia. Otra cosa que salió en twitter fueron personas que solamente han leído uno de los tomos. Ya que lo he terminado, esas personas me angustian… después de que hice mi tarea sin trampitas, tomando al toro por los cuernos, leyendo de tomo en tomo, sin saltarme las partes aburridas y soporíferas, recibí mi recompensa al final, como tuvo que ser. El orden es importante, puede ignorarse pero no lo recomiendo. Recuperar los recuerdos progresivamente es un deleite increíble y me imagino esas lecturas incompletas, sin el destino o el progreso de los numerosos personajes mencionados, sin el placer o el gozo de cuchichear todo lo que se dijo de ellos. La novela es un gozo una vez que empiezas. Además de obedecer a su época y su lugar (Francia, el caso Dreyfuss, los judíos, pre y durante la Primera Guerra Mundial), también es un compendio acerca del amor, el erotismo, el lenguaje, la amistad, las etiquetas, la diplomacia, el chisme, el juego de poderes, la muerte, las estrategias de guerra, el ocio, la enfermedad, el arte (en sus múltiples ramificaciones), la narrativa, los artificios del escritor y los celos (lo he dicho numerosas veces: si una mujer deseara comprender los celos de un hombre, debería leerlo). El último tomo es un regalo. El libro, como muchos saben, empieza con la mordida de la madalena y en el último tomo, a la mitad, la madalena ya está mordida. Recibes una manifestación completa, preciosa, de lo que es el escritor y lo que es el arte, el descubrimiento de la gran obra (que quizás no sea tan grande) y el momento de escribirla. Después de seis tomos donde el Narrador se admite un fracasado, incapaz de escribir algo verdaderamente de valor, luego de atravesar el río de la memoria se siente con la capacidad de hacerlo, recibe el don del tiempo y a su vez, el don es un castigo cuando se descubre viejo, quizás sin el tiempo suficiente de plasmar todas esas memorias (ya leídas por el lector, y escritas por Proust), en medio de una reunión de viejos aristócratas, donde se encuentra a la mayoría de los personajes (si no es que todos) que Proust ha delatado a...

El café de hace unos años

By on Lunes, octubre 22, 2012

El domingo abrí una caja de Pandora: Los comentarios que solían existir en este blog, cuando era el de los mil nombres y antes de eso, el cibernauta. Tengo un backup en el servicio de comentarios de disqus (además de los múltiples backups en bases de datos). No sé cuántos son con exactitud. Unos quince mil, quizás. No es que mi blog fuera tan popular (un poco… sí, en aquel entonces lo era), también es que atiné con el posicionamiento y los títulos. Algunas entradas atraían visitantes curiosos que deseaban saber el significado de su nombre, nombres para duendes o unicornios (?) o que deseaban compartir el significado de un sueño que tuvieron, y usaban este espacio como un foro para buscar respuestas a cuestiones lejanas a la intención del contenido original. Sin embargo, el restante de esos comentarios son amables y me ayudaron a darle un vistazo al pasado. Ocupé el domingo, tan absurdo y tan cansino, en regresar algunos de esos comentarios al blog. Un año de datos (de los diez que son en total), copy-paste, publicar, editar nombre y e-mail. No pude regresar varios porque en el translado borré un puñado de entradas que ahora están en el limbo binario. También pensé en editar la fecha pero se me hizo demasiado, así que he cometido el pecado de revivir muertos y crear una paradoja anacrónica. Ojalá dios internet me perdone. Cuando hice el traspaso olvidé, sinceramente, que los comentarios también son parte de la documentación, una extensión de los amigos y los lectores que se han conseguido a través del tiempo. Es un testimonio de como han cambiado los lectores blogosféricos, sus modos y sus motivaciones. Hay algo que siempre tuve en cuenta cuando abrí un blog: Sus comentaristas en algún momento se van a cansar y se van a ir. Tienen una vida, los gustos cambian (o el autor se casa, como yo, y misteriosamente se pierden muchas visitas, quien-sabe-por-qué), los autores se abandonan, incluso un autor de bitácora. Los lectores, igual que el escritor (sobre todo uno que platica su vida en este medio), son una cosa viva, con sus problemas, y sus movimientos, y sus encrucijadas. Nunca se sabe a donde irán o con quién te engañarán el día de mañana. Además los distintos servicios que han surgido a través de los años han separado, de manera eficaz y cruel, las motivaciones de un blog. ¿Para qué tener uno de pornografía y ocio si puedes abrir un Tumblr? ¿Para qué tener un blog de tus fotografías si puedes tener Flickr o Instagram? ¿Para qué tener un blog de ráfagas breves si puedes abrir una cuenta en Twitter? ¿Para qué volcar una opinión rápida, sincera y probablemente estúpida, si tienes un perfil en Facebook? ¿Para qué grabar un video si puedes hacerlo en YouTube? Antes el blog era una oportunidad centralizada de unir todos esos rasgos individuales en un sólo lugar. La creación de una isla en el océano digital. El problema era (y todavía es) atraer náufragos a esa isla. Muchos blogueros se inclinaron por la especialización (blog de diseño, blog de tecnología, bloguétcetera), otros se dividieron en sus múltiples redes sociales y finalmente, el puñado de necios que, por cariño a la herramienta y por sus propios fines, siguen trabajando diligentemente en su paraíso personal. Me incluyo en el último. Tuve un blog para escribir y ahora escribo porque tengo un blog. Gracias a él, he publicado, sigo creando historias y quizás consiga muchas más cosas en el camino. Hace años era obligatorio tener una taza de café y pasear diariamente por los múltiples comentarios que dejaron en días anteriores, anotarme los triunfos, recibir las amabilidades, soportar los fueras de contexto y tragarme uno que otro comentario anónimo y ponzoñoso. Hoy la taza de café es para iniciar el siguiente texto, tallarlo, pulirlo, enviarlo en la botella y que corra solo, quien sabe dónde, quizás nadie lo lea, desde mi isla al...

Vicisitudes de un cuento en vivo y la peste del libro impreso.

By on Jueves, marzo 31, 2011

Tuve un cuento en la cabeza desde hace unos días y este cuento se me presentaba en forma de líneas. Obviamente pensé en twitter y después de un momento de preparación, de respiración y estiramientos, de tener el cuento en la cabeza y darle vueltas a los distintos momentos, lo escribí como un evento en vivo. El resultado lo pueden leer en “Cuento de los claveles blancos.” Hay algunas diferencias con el cuento en vivo, algunas líneas que agregué, que corregí o que no terminé de recoger. Un cuento como estos es un proceso vivo, cuyo final es complicado de definir. Es un cuento que está tallándose constantemente. En los próximos días, meses, regresaré a él para releerlo y agregar líneas, quitar palabras, fijarme en las comas y los acentos. Escribir también es un proceso artesanal. ¿Será que en vez de cuento son líneas personales, íntimas, un viaje por la consciencia? Nah, no importa, es un texto que se escribió con el afán de liberarlo, con el afán de entretener, con el afán de crear una fantasía dentro del mundo de personas que tienen la gentileza de seguirme y nada más. El proceso no me pareció novedoso, ya lo había hecho en una ocasión. En vez de utilizar una máquina de escribir o un papel y lápiz, usé el cuadro en blanco de twitter y cada idea, tenía que medir no más de 140 caracteres. El proceso es como escribir en una hoja en blanco, pero con saltos y limitantes, con el temor de que la línea temporal te trague. (¡Gánale a la línea de tiempo!) El texto —al parecer— , se convirtió en un anuncio. Incómodo y molesto para algunos (para muchos, no recibí tantas quejas pero a veces la queja es silenciosa, es discreta). Prometo reservar estos momentos y que sean muy ocasionales. Curiosamente, me recordó esas otras vicisitudes, las de esperar tu turno antes de actuar en una obra de teatro. Sentí un cosquilleo en mi estómago como si estuviera a punto de salir a escenario a decir mis líneas. Eos me pareció gracioso, cómico y muy inspirador. Odio esa construcción: “muy inspirador”, pero es cierta. Un sentimiento genuino de nerviosismo por escribir un cuento al público. La primera vez que hice el ejercicio, recuerdo que salió mucho más espontáneo y que no sentí ese “pánico escénico”. No es lo mismo que crear un cuentito u otro juego literario breve que se contiene en el momento de su creación y que empieza y termina con un esfuerzo muy breve del lector, porque la seriación de un cuento en twitter depende de mantener al público interesado y que espere la siguiente actualización. No tengo la menor idea de cuánto logré con el cuento, sé que hubo tres o cuatro interesados por los favoritos que marcaron, por lo que retuitearon y por las menciones. También puedo darme una ligera palmada en la espalda porque no perdí seguidores como la primera vez que hice este ejercicio. Este es un modo de creación y me parece interesante. Me parece que tiene posibilidades de explotación, de darle seguimiento, estaré pensándolo estos próximos días. Twitter no sólo sirve para lo breve, también sirve para quedarse en la cabeza del lector el tiempo que sea preciso. Son épocas muy interesantes para cualquier creador de historias. Los creadores que todavía no nacen, ya no están pensando en el papel, si no en todas las posibilidades y todos los medios que tienen para desarrollar una historia, un juego, crear un universo para entretener a cientos, miles o millones de personas. Los libros en papel no me desagradan. Me gusta el olor de un libro en papel, también me gusta la textura de las hojas y olerlos cuando la encuadernación es de piel, pero que no sea una excusa para no leer un libro. Hace días, de distintas bocas con distintas circunstancias, escucho la misma cantaleta—. Es que me gusta el olor de un libro, me gusta sentir sus hojas de papel, me gusta sostenerlo entre mis manos y leerlo a la luz de las velas —No puede ser. El libro como objeto de un fetiche puede ser excitante, lo puedo tolerar, pero que eso no impida explorar otros formatos. Hay gente que lee novelas en su celular, señores, novelas completas. No puede ser que uno niegue el contenido de un libro sólo por la forma en que está presentado. ¿No se entiende cómo nos están agarrando del cogote porque no estamos leyendo? Además, la lectura no es suficiente, tomar el libro y leerlo no es una solución mágica para la idiotez y los infortunios. Después de la lectura tiene que haber una exploración crítica o una reflexión acerca del documento que acabamos de explorar. ¿Y negamos todo este conocimiento por la textura de los árboles muertos, por el olor a la tinta impresa, por el sonido de como truenan las páginas debajo de los dedos? Puras excusas, diría mi abuelita con la sobriedad que le caracterizaba, para hacer...

Hombre que recuerda su nombre, hombre muerto que nunca existió.

By on Viernes, marzo 18, 2011

Hablando de nombres –supongo que todavía tengo el tema de la columna de guardagujas en la cabeza–, decidí hace tiempo asumir la responsabilidad del mío. Es decir, dejar atrás el sobrenombre de arboltsef y sus variantes, para depender de mi nombre legal en lo que concierne a estas cuestiones del escritor, de la red, de lo que dice uno y que permanecerá con vida en la nube hasta que los servidores se hagan polvo y el internet deje de existir como esa telaraña cibernética cernida sobre nuestras cabezas. No digo el nombre verdadero, porque… bueno, el nombre verdadero es otra cosa. ¿Existe un nombre de verdad para cada uno de nosotros o nuestro nombre cambia dependiendo de la circunstancia en la que nos encontremos? Cuando facebook me pidió el nombre corto para mi perfil, recordé el arboltsef, suspiré y mejor usé agustin.fest. Después de todo, el árbol ya es un pasado y es el sobrenombre que sólo unos cuantos amigos utilizan para hablar conmigo. El subtítulo de este blog cambió de “buscará hasta encontrar el único y verdadero” a el blog personal de Agustín Fest. Otras veces cambia a ¿me regalas un cigarrillo?, pero es un capricho de un vicio al que no he recurrido ya en más de una decena de días. Cada vez que pongo el nombre en algún lugar y suavemente elimino el mote de árbol, siento como si sucediera algo extraño, como si de verdad me estuviera apropiando de mis palabras. El día de hoy lo hice con mi cuenta de twitter. Dejé atrás el arboltsef para cambiarlo por agustinfest. Habría usado afest (el ruso se lo llevó) o adfest (como era de esperarse, lo tiene un promotor de festivales para campañas publicitarias), pero ambos ya están tomados y bueno, no se diga más. Mejor el nombre completo que cualquier otra variante que se me quede pegada. Pasaron muchos años para hacer el salto, así que otro nombre es lo que menos necesito y con la reciente actividad que tengo en twitter, el cambio de nombre parece gran cosa. Personalmente lo es. Hablando de nombres, ¿recuerdan que hace algunos días escribí el relato de las últimas 51 horas de un moribundo? Había un detalle en la entrada que es bastante obvio y que se me resbaló comentar (no sé si por ingenuidad o por olvido): En esta era digital cualquiera puede pretender ser un moribundo, cualquiera puede jugar a que se murió, cualquiera puede inventarse una vida completa. Si yo me inventé un árbol de los mil nombres, un niño de quince años en Illinois pretende que es un gran programador para que le paguen fuertes sumas de dinero. En este caso, una persona dio unos pasos al frente y confesó que él era LucidEnding, y que nada de eso había sucedido. Minutos más tarde dijo que lo suyo era una broma, que él no era LucidEnding, pero que no dudaba que este personaje no existiera ya que el Acto de Piedad en Oregon, se refiere a una muerte asistida a través de pastillas, no de inyecciones, como LucidEnding lo hizo ver durante su momento cibernético. La verdad es que no he leído el Acto der Oregon para confirmar alguna verdad. Siempre pensé que la inexistencia de LucidEnding fuera una posibilidad. Si esto es o no es una mentira, insisto que es un buen ejercicio ver a la gente, lo que responden, lo que preguntan, las fotografías que compartieron a un moribundo. Durante varias horas una sola persona: LucidEnding, fue real para un número bastante enorme de gente. Es curioso, también, pensar en este evento como el origen de una mentira. Reddit, como todas las redes sociales que soportan el anonimato y la inmediatez, se llena de anónimos mordaces y de escépticos por convicción (o por deporte). Un mentiroso que engaña a los otros mentirosos hasta que todos terminan creyendo en esa verdad. El caso de Adrien Chen quien aceptó y luego negó que era el mismo LucidEnding, provoca muchas preguntas interesantes, sobre todo de ser el escritor detrás de ese personaje. Tal vez entendió que lo mejor era dejar la mentira intacta porque fue el inicio para los sueños de un colectivo o una llamada a la vida para muchos otros como él. Esto también rinde para una historia. El análisis de todas esas vidas humanas y como se ven afectados en lo que necesitan creer. Eso es internet… un colectivo de todo lo que necesitamos creer. No necesitamos televisión o periódicos con grandes letras impresas, cuando ya todo lo tenemos al alcance de todo lo que nuestros dedos puedan escribir en un buscador de necesidades.En esa búsqueda se van las horas del oficinista que tiene desbloqueado el acceso o del viajero que no puede despegarse de su smartphone. Un ama de casa está leyendo sitios de los que nadie más entendería y un perro observa en youtube ladrar a otros perros. El personaje más aclamado de nuestra comunidad acaricia las imágenes que ve en su pantalla con los ojos de un...

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