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13003 (Los malditos niños)

By on Jueves, marzo 14, 2013

Vine al área de negocios del hotel, es un área muy cómoda donde el internet es estable. Optimista, casi tanto como Alfredo Peniche, traje mi iPad y mi teclado inalámbrico, decidido a que me sentaré a escribir aquí. Aunque sea algunos postitos para el árbol. Empezó todo mal. No había espacio en las mesas porque las ocupaban unos gringos mirando una película de Adam Sandler. Los cuatro escritorios con computadoras estaban ocupados. Entonces fui a los sillones, resignado a la comodidad. Cuando me senté en ellos me hundí, casi me caigo a otro lado, un mundo al revés. Así no se puede escribir, suspiré, le pedí a mi esposa que guardara el teclado. (Ella decidió seguirme para ser testigo de mi pequeño capricho). Me puse a leer los correos pendientes. Un centenar de correos, y de nada importante, la mayoría son avisos de Twitter que activé recientemente. Quizás los desactive de nuevo, en...

Pétalos

By on Lunes, octubre 29, 2012

Llega la edad. No puedes hablar de todo lo que se te antoja. O eso parece. Se guardan ciertas cosas en el cajón: Mi engendro recién nacido me aburre, golpeé a mi perro de orejas grandes, mi esposo es impotente, saqué la punta de dieciséis lápices, mi jefe es un idiota, hoy fumé dos cigarrillos, no tengo para comprar cigarros, robé una cartera en el metro, maté al tipo que me debía la renta, ay… las nalgas de la prima, conseguí rayar la Mona Lisa, restauré mal una obra, traduje un cuento pornográfico para subirlo a un foro, me masturbé tres veces en la noche (así comprobé que no da sueño), le puse el pie a un niño escandaloso, atropellé al perro del vecino, limpié la casa, electrocuté a una tarántula, no fumo mota pero digo que sí para que me crean en su grupo, dale-retuit-dale-retuit, hoy desperté mojada. Por eso más vale tomar el camino seguro, bien medido, inmaculado: hablar de...

Camara everywhere

By on Sábado, octubre 20, 2012

Poseer una cámara es una atenta invitación a buscar la simetría, las texturas, la armonía y la geometría en todas partes. Luego camino por la casa, una casa que ya recorrí de arriba para abajo, con la cámara en mano, buscando sombras interesantes o alguna grieta aún desconocida. Es peor salir a la calle: la hierba mala, las nubes, los baldíos, los cadáveres de algunos animales, la basura graciosamente acomodada, las piernas descubiertas de alguna chamaca… parece que todo merece la posibilidad de registrarse en la memoria digital porque la memoria biológica aparentemente es insuficiente. Últimamente estoy dándole una manita de gato a la organización de mis fotos. Desde el 2004, a la fecha, quizás tendré unos 20,000 archivos. Algunas se repiten, otras son ediciones (quizás les llamaría duplicados estéticos), pero no me atrevo a dar un número real. Igual que las imágenes del blog, la...

Aysí.

By on Viernes, agosto 17, 2012

Ay sí, ay sí, con la app de wordpress ya puedo escribir, mientras camino, en mi blog. Así me arriesgo a darme el putazo pero el ejercicio de la escritura cronológica se convierte en un verdadero deporte. Uno de riesgo. No diré que de alto, porque eso suena bien pendejo, pero al menos de mediano, porque un putazo contra el poste duele. Igual hasta deja cicatriz. Ya me pasó alguna vez tuiteando. El guamazo sonó tan duro que hasta mi perro chilló del susto y casi salió corriendo, lo que me jaló más, y si acaso pensaba felicitarme por no caer de rodillas, se quedó como una esperanza noble mientras mi pantalón rayaba la banqueta y escuchaba la carcajada de unos polis en bicicleta nada mensos, porque seguían mirando al frente, riéndose del pendejo que se cree atleta, que se cree multitasking, o recepcionista, pero de las chingonas, que tienen tres llamadas en espera, revisan el cuaderno de...

Todavía me pregunta.

By on Miércoles, agosto 15, 2012

Todavía me pregunta si le quiero. No le voy a decir que no. No soy sonso. La quiero pero soy el idiota de siempre: también me lo cuestiono, así como me cuestiono todo lo demás. Si el piso donde mis pies me sostienen es real o es una proyección del otro lado del universo, por ejemplo, o si de verdad disfruto la música que escucho, o si me puedo auto hipnotizar para aprender una maestría en economía, o si el horóscopo de hoy tiene razón o es la misma faramalla de siempre. Me pregunto esas cosas porque soy el mismo idiota. Luego despierto y siento un súbito amor por ella, y por sus calzones, y el pasito coqueto de tabasqueña cachonda, y como ronca, dios, como roncan ella y el perro y sostienen una conversación fascinante, y muy aburrida a la vez, porque no les entiendo nada. Ni modo, el mismo idiota, vine con etiquetas de aviso, con la recomendación de usar un hazmat suit si te acercas:...

Casting de las caritas.

By on Domingo, julio 15, 2012

Este es un artículo que se publicó en mi columna mensual (La Habitación de Humo) en el número 56 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados. No hablemos de política, ni de libertades cibernéticas, ni de otras tristezas, ya tendremos tiempo para eso. Mejor les cuento un chisme. En el mundo de la farándula, en la subespecie de los comerciales, existen ciertos proyectos que son el Santo Grial para muchos de los actores y modelos que tratan de ganarse el pan de cada día. No es que los proyecten a la fama, para nada. Como muchas cosas en la vida, todo se trata de la pachocha. Son comerciales que no presentan competencia alguna (contrario a, por ejemplo, si hacen un comercial de Pepsi ya no pueden hacer Coca Cola, al menos, en tres años) y que, además, pagan 40,000 pesos por un día de trabajo. Además, la agencia...

nueve pensamientos de tener treinta.

By on Lunes, diciembre 12, 2011

Anoche me dijo un tío–. Con qué… ¿treinta, verdad? ¿Qué se siente? –Le pregunté a que se refería. Olvidé por un momento que había atravesado una década y que, inevitablemente, dejé atrás los veintes para siempre. Mi tío se rió, me di cuenta a que se refería pero fue demasiado tarde. Él me dijo–. No te preocupes. Tienes todo un año para acostumbrarte. Me gustaba imaginar que tendría treinta. Ya tenerlos es otra cosa. El día que cumplí años caminé con Nico, mi basset, por terrenos inexplorados. Dimos una larga vuelta por una de las avenidas más grandes de Puebla (y cuyo nombre, ahora se me esfuma). Paseamos por parques, camellones, calles de transición que unen al centro con avenidas, vecindarios abandonados y centros escolares. Terminamos exhaustos. Sin embargo creo que esa enorme cantidad de nuevos olores la hizo crecer un poco. Tal vez yo también crecí. Recibí...

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