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13013 (Bushido)

By on Martes, febrero 12, 2013

Siempre cambio las reglas de este espacio. Es culpa de lo que leo, el árbol es un reflejo de mis lecturas. Empecé el año con ficción breve y ejercicios de creación, juegos fascinantes. Ya lo había hecho alguna vez: Reducir mis líneas, narrar un momento, no irme por las ramas… pero luego me gana la necesidad de espesar el follaje. A veces, escribía durante los domingos lo que pensaba publicar en el árbol. Me sentaba durante un par de horas para preparar cuatro o cinco posts, sin embargo me ganó una criatura indefinible, un monstruo que me regañaba por lo poco natural del proceso. En alguna parte de mi cabeza, tengo la idea de que un blog debe ser inmediato y su cronología rigurosa, con ese monstruo martillando constantemente mi cerebro dejé el ejercicio, incluso dejé de escribir unas semanas, quizás más de un mes. Con una cabeza como la mía no se necesitan enemigos. Me dispongo a...

Pétalos

By on Lunes, octubre 29, 2012

Llega la edad. No puedes hablar de todo lo que se te antoja. O eso parece. Se guardan ciertas cosas en el cajón: Mi engendro recién nacido me aburre, golpeé a mi perro de orejas grandes, mi esposo es impotente, saqué la punta de dieciséis lápices, mi jefe es un idiota, hoy fumé dos cigarrillos, no tengo para comprar cigarros, robé una cartera en el metro, maté al tipo que me debía la renta, ay… las nalgas de la prima, conseguí rayar la Mona Lisa, restauré mal una obra, traduje un cuento pornográfico para subirlo a un foro, me masturbé tres veces en la noche (así comprobé que no da sueño), le puse el pie a un niño escandaloso, atropellé al perro del vecino, limpié la casa, electrocuté a una tarántula, no fumo mota pero digo que sí para que me crean en su grupo, dale-retuit-dale-retuit, hoy desperté mojada. Por eso más vale tomar el camino seguro, bien medido, inmaculado: hablar de...

Voltear a los ángeles

By on Jueves, septiembre 13, 2012

Me pregunto si servirá de algo voltear ángeles, así como uno voltea a San Antonio para conseguir los milagritos. Me acuerdo de “¿Qué te ha dado esa mujer?”, cuando el personaje de Rosita Arenas volteaba al santo para alguno de sus nefarios planes. En aquel tiempo era chistoso que el personaje se llevara gran porcentaje de la propina para ponerlo en el cochinito. La gracia actual de lo políticamente correcto nos lo presenta, sin chiste alguno, como algo mezquino, una actitud de un ladrón o de un salvaje. Me daba gracia. Hogaño, una porción de mí piensa en lo incorrecto, en lo terriblemente tacaño del asunto. Dejar propina es un acto definitivamente subversivo: Tanto para los que dejan las monedas como para los que, con rostro gravísimo y las convicciones bien puestas, dicen que no. Hay gente que se inventa una larga disertación de por qué no dar la propina para provocar la...

Algo de lo que aprendí en diez años.

By on Lunes, agosto 20, 2012

Quisiera compartir un poco del aprendizaje que he tenido con la experiencia de tener un blog, o mejor dicho, una bitácora como la mía. Supongo que estos consejos pueden aplicar a ciertos diaristas, escritores o jóvenes recién iniciados. Conservar uno de estos es una experiencia gratificante. También me atrevo a decir que esencial para cualquiera que aspire una carrera artística, de entretenimiento, comunicaciones, periodismo o simplemente, destripándolo a su esencia más básica: refinar la capacidad para contar historias. Tengo reglas. Son las que pienso platicarles, a grandes rasgos. Si inicias una bitácora o ya tienes la tuya, es sensato que te sientes a escribirlas. Si no las tienes, piensa en ellas, quizás están ahí pero no las has nombrado. Los límites, contrario a lo que parece, enriquecen u ofrecen opciones. Necesitas algo que romper cuando el aburrimiento o la rutina te hayan...

¿Dónde está el rock?

By on Viernes, junio 15, 2012

¿Todavía existe el rock mexicano? Que chistosa pregunta, es como preguntarse: ¿Todavía existen los hombres de verdad? (Citando libremente a Aquiles Serdán). Paso la tarde escuchando a La Castañeda y a la Cuca, tal vez más tarde ponga a la Maldita, al clásico de viejos Café Tacuba, quizás Molotov, Resorte, Jumbo y un puñado de nombres más, nacidos en los ochentas, que nos rescataron de la apatía noventera… pero el rock mexicano, ¿aún existe? ¿Actualmente quién da los chingadazos con la guitarra? ¿Quién habla hogaño de la Malinche, de la vida pinchona, de los chafiretes y de los trolebuses? ¿Quién nos hace prender el cigarrillo mientras movemos la cabeza hipnóticamente adelante y atrás, y levantamos los brazos en protesta por el mal gobierno, por la revolución jodida, la conquista española y estas ruinas en que nos hemos convertido? En estas etapas electorales se me ocurre que hace falta...

El palacio de la memoria (fragmento de una anotación).

By on Lunes, mayo 21, 2012

Vi una plática de Ted que habla de la memoria y los espacios. “El Palacio de la Memoria“. Cuenta la historia de un poeta que, después de un banquete, abandona un palacio y éste se derrumba. El poeta entonces lleva a cada una de las familias al lugar donde estaban sentados los invitados, sus cadáveres irreconocibles bajo los escombros. Chistoso (no hablo de la muerte, hablo del proceso de recuperación). La anécdota se convierte en una especie de memoria múltiple, capas de memoria. Mientras el poeta recitaba el poema miró los rostros, los rostros se convierten en el poema y el poema son los rostros, los lugares, donde se perdieron los muertos. Me gustaría educar mi memoria, me encantaría aprender párrafos enteros de las novelas que me gustan. Quizás lo empiece a trabajar. En vez de confiar en el diablo de la memoria por repetición, confiar en otro diablo: la memoria de la...

Fiesta de un ratón.

By on Sábado, mayo 12, 2012

No le digan a mi esposa pero que rico son los días de su ausencia. Al menos empiezan bien. Nadie interrumpe el sueño matutino de un vividor de madrugada. Los perros duermen igual o más que yo cuando no perciben gente haciendo alharaca en la casa. Abrazo a los peludos para entregarnos al sueño de los cínicos, de los desvergonzados, de los inútiles y de los malos ejemplos. Paseamos juntos, sí, en el mundo onírico, en jardines vastos, en praderas fértiles y campos asoleados que no queman, e incomodan, por la brisa abundante de los céfiros. Despierto, saco algunos pelos de mi boca y resoplo tristón como resoplan los bassets, gruño malhumorado como los french minitoys. Cuando saco a caminar a los perros, veo las piernitas tiernas de las estudiantes sin luego sentirme culpable o disculparme inmediatamente por andar de mirón. Ya me conocen, tal vez demasiada gente, pero quien sabe por qué...

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