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13019 (Historia de O)

By on Miércoles, marzo 27, 2013

Anoche se la mamaron en un jacuzzi, lo sé, porque lo vi por la rendija. Parecía amar a la chica porque ambos se reían cuando él sacaba el glande del agua, como si fuera el ojo de un submarino, un ojo común en las caricaturas de la Segunda Guerra cuando nos fascinaban las maquinarias de guerra. Ella estaba sobre él, con los senos hundidos en el agua cálida, podía ver el humo que salía de la superficie, luego tomaba aire, hacía un gesto arrugando el rostro, y hundía la cara en el agua. Ah, sí, era un momento agradable, él crispaba las manos y perdía el peso en el cuerpo, flotaba hacia ella, para que su miembro entrara más en una garganta que continuamente perdía el aire, y luego ella salía triunfalmente del agua, miraba la consecuencia de sus actos brevemente, otra vez tomaba aire y se volvía a hundir. El agua azul era una línea entre el placer y el aire. ¿Cómo se sentirá un miembro aprisionado dentro de una garganta, dentro del agua? Sólo podía adivinarlo por el arco de su ancha espalda. El experimento siguió su curso unos minutos más, hasta que él se cansó y se sentó en el borde de la tina. La mujer se amarró el cabello de nuevo, y luego de rodillas, la mitad de la mujer convertida en un espejismo, regresaron a una mamada tradicional. Ah, esa sí sé como se siente, es una aguda hambre por mantener la boca ocupada, y de mirar los ojos de un hombre rendido, quizás hasta vencido. No, a un hombre vencido jamás se la chupan. El hombre asistió a la mujer con algunos dedos de su mano, él movía rápidamente el brazo mientras ella chupaba con paciencia, diligencia. A media luz, no puedo decir cuando terminaron, hasta que ella se separó y abandonó el líquido derramándolo por su boca, gotas blancas flotando sobre el agua azul, ojalá mañana se les ocurra otra...

Algo de piedad, y de amor

By on Viernes, septiembre 14, 2012

Las puertas altas, altísimas, para que entre el alto, el altísimo. Puertas gruesas de madera, pesadas, que resguardan viejos secretos y frescos jodidos por el tiempo. ¿No te pasa? ¿No has escuchado los ecos de las confesiones de antaño? ¿Murmullos que rebotan de pared en pared, de piedra en piedra? Se esconden por las grietas de la madera, oxidan el hierro, descarapelan las ropas de los santos. Puertas oscuras, invitan a las sombras, no permiten salir los discursos piadosos, compasivos y del tamaño perfecto para una procesión de crucifijos. Esta es la presentación común de la iglesia: «Pasa, pero no olvides lo pequeño que eres. Recoja esperanza tan grande como pueda todo el que se atreva a entrar aquí». Tomé varias veces esta fotografía, como acostumbro, con los ajustes aleatorios de Hipstamatic. (El azar también es mi dios). La versión de sombras, en blanco y negro, me gusto más. Parece darle vida a la puerta, parece un monstruo anciano con la boca abierta en la eterna espera de la comida. Un viejito rendido con las manos muy grandes. Ha pasado tanto tiempo que no distingue entre abrazar y estrujar a una persona, y ha pasado tanto tiempo que siempre está ansioso de tocar a alguien. Pobre puerta, pobre monstruo, pobre iglesia. Es el problema, y lo fascinante, de que aquí haya tantas iglesias. Monstruos, caballeros, peones distribuidos por toda la ciudad a merced del tiempo, a merced de la fé de la gente. No existirían estos edificios si Dios no despertara en la consciencia del hombre. Quizás es mejor así, a veces pienso, empujando un poco al agnóstico de lado. Existe la belleza en las fantasías de los creyentes, en sus rezos musitados con parsimonia ceremoniosa, en sus templos carcomidos de los suelos por los pies desnudos con que los visitan. A veces sueño con visitar todas las iglesias para tomar fotografías. He encontrado los momentos de piedad más retorcida en ellas: el abandono de los objetos que jamás serán restaurados, las expresiones de los cristos rojos por la sangre emanada de su frente de espinas, las toneladas de oro protegidas –irónicamente– por un patrimonio humano que esperemos nos sobreviva los siglos. No lo haré, pero lo sueño porque con todo me gusta soñarlo como una aventura de rutinas. Ya me acostumbré al accidente de mis visitas. Fue en un accidente que me encontré con esta iglesia, y atravesé sus rejas sólo para robarme la imagen de la entrada. Los constructores, los arquitectos que recibieron divinas palabras, sabían lo que hacían: Toda entrada debe ser una fotografía, en todo momento, a los ojos del hombre. Una fotografía que cimbre, dé una cachetada, los minimice, les azore con el decreto de su condición humana. –No hay que olvidarlo –me susurro, aprieto el botón, me voy de ahí–. También los constructores fueron...

loto para lotófagos.

By on Viernes, enero 6, 2012

Empiezo el año pensando en los hombres que al comer unas flores, olvidaban su pasado, su familia y su vida. No se les podía simplemente rescatar de eso porque lloraban desconsolados, pensando en la droga amorosa que dejaban atrás. Las flores eran botanas epifánicas que los despojaban de cualquier otro propósito o deseo. Me imagino a los lotófagos con la boca llena, los pétalos del loto sobresaliendo de sus labios como si fueran botanas que comen descuidadamente. Los nutrientes de las flores se adueñan de sus venas, atrapan su sistema nervioso y los controla un deseo perpetuo de dormir, o de reír. (Estoy un poco dormido. Escribir el primer texto del año sería más fácil si tuviera uno de los dulces lotos entre los dientes. O tal vez algo de beber. Un whiskyto al menos. Prometo que este año beberé más, tal vez logre convertirme en alcohólico. Sería el siguiente paso ya que abandoné el cigarrillo por cuarta vez. Malo que ya me acostumbré a tener la cabeza sobria para escribir. Lo sobrio luego es bien aburrido. ¿O no? Nomás escuchen la palabra: sobrio. Podría jurar que comúnmente los juntan: sobrio y aburrido. Es un hombre sobrio y aburrido. Es una mujer de juicios sobrios y aburridos. Es una perrita muy sobria, muy aburrida.) Si buscara la isla de los lotófagos, descubriría hombres que llevan siglos apostados en la orilla, masticando pétalos y riendo como hienas. Sus papadas, sus brazos, sus estómagos arrugados tiemblan al ritmo de las carcajadas. El explorador que descubra la isla, se anotará el último gran descubrimiento: droga de la inmortalidad y el mal juicio. ¿No la inmortalidad es una tontería de por sí? ¿O es justo lo que se necesita? Seré inmortal a cambio de que pueda reír todos los días y apreciar los colores del cielo según mi cabeza accidentada lo permitan. (Me encojo de hombros. Nunca he querido ser un lotófago. Solo que en esta última lectura de Ulises y su viaje, los encontré fascinantes.La fascinación puede deberse a que tenía un cúmulo sutil de lecturas que hablaban de estos hombres y ahora, justo cuando llegué a esa parte, todas dieron como una flecha certera que activaron ciertas neuronas en mi cabeza. Probablemente siempre quise ser un lotófago. ¿O por qué no apelar a una metarealidad y jugar con la idea de que somos el sueño de un lotófago? Las teorías de la simulación también pueden explicarse con eso, o con qué nos tienen comiendo lotos y somos una parte del inconsciente, esa que no se rinde a tratar de mantener una vida…) …y jugar a la importancia de las responsabilidades, de los deberes y de las obligaciones. Una parte de nuestro espíritu está riendo en esa isla, junto con otros lotófagos, mientras esta otra pequeñísima e intensa parte, está tratando de sostenerse como una parte activa del mundo, de la sociedad, de su familia, de su individuo y de la gran nación a la que pertenece. La realidad está en el sueño, y el sueño es un lotófago, un lotófago que somos nosotros y qué incómodo, pero es más fácil negar que somos el lotófago. Nada mal para iniciar el año… claro que con un poco de whisky estaría mejor. Este año mi aventura será descubrir el sueño de quién somos o qué tan idiota soy tratando de comprobarlo. Este será mi año de la metaficción dentro de esas pequeñas eventualidades caseras y mundanas. Prometo seguir manteniendo este trasto de blog, pero les advierto, si encuentro los lotos que comían aquellos hombres… seguramente se me...

Año número nueve.

By on Viernes, agosto 26, 2011

Después de numerosas ediciones cambió la fecha de cumpleaños. Sin embargo, se tomó la decisión de que el Árbol de los Mil Nombres cumple años el 18 de Agosto. Así que es hora de un post lleno de números. En el caso de los aniversarios se manejarán los totales de todo el árbol. Total de palabras en todas las entradas: 1,303,667. Total de entradas: 1972. Promedio de palabras por entrada: 661 Las cinco palabras más utilizadas. Todo (3142 veces). Uno (2476). Bien (2210). Vida (2066). Dos (2062). Datos de interés. Este año he cambiado el diseño del blog como dos o tres veces según el default que viene con wordpress. Me he fijado menos en el diseño pero me he fijado mucho más en lo que escribo. (Por cierto, tuve que editar esta línea… oh mi dios la ironía.) A inicio de año cuidé mucho que los textos fueran abundantes y redondos. He dado más tiempo para pensar la idea pero he buscado que mis textos sean más largos. Este año, tras bambalinas, estoy escribiendo “Ernesto Medel vs. Las Vampiras de Polanco.” Voy lento porque mi cabeza es un caos. Escribí dos cuentos de lo que llamo… mi etapa de prosa salvaje, iracunda, libre. Se llaman “Pintura de un brujo” y “Diez”. Estos cuentos se escribieron con ayuda de las redes sociales. También he tomado más en serio twitter como una plataforma de creación. Sea lo que eso signifique....

Nico y la promesa de un sueño infinito.

By on Martes, julio 5, 2011

Anoche soñé con una película de terror. Tal vez fue culpa de Wired Magazine y su artículo muy simplón de los asesinos que son incapaces de morir. Ya no recuerdo el sueño, pero recuerdo la sensación que tuve al despertar: como si me hubieran metido un cuchillo por el estómago después de un temor agudo, un terror intenso, que me tenía al borde del asiento toda la historia, porque en el sueño lo miraba como una película y al mismo tiempo actuaba. Era testigo de mi propia persecución y muerte, de mi desarrollo inevitable y superficial que me conducía a la muerte a manos de una entidad sobrenatural, o de un asesino a serie, o del hijo deforme que nadie quería y le pusieron una máscara, le dieron un machete y le dijeron, ocúpate en algo mi niño, ocúpate del pendejo ese que nos está mirando. Fui testigo de mi propia muerte como el tipo de “La jetée” o Bruce Willis en Twelve Monkeys. Es tan fácil desdoblarse en el sueño y pensar que eres dos, que eres tres, que eres cinco o seis. En el sueño te ves en un reflejo y te vuelves el contrarreflejo. En los sueños eres un diablo que toma posesión de todos los personajes. Sí, es raro pero pasa: El momento donde al diablo le sale el tiro por la culata y se queda atrapado en un personaje y que además, es testigo del camino que le espera. El exorcismo de un diablo y el diablo que, antes era travieso y dicharachero, quiere gritar que detengan la película, que no le echen el agua bendita y que lo dejen tomar posesión de un cuerpo humano, porque si no le esperan los separos en el infierno, o los regaños del jefe, ese que le abrió las puertas ardientes para que entrara a hacer travesuras. Nico se descubrió en el espejo relativamente rápido. La primera vez que se miró, se subió a la cama mientras yo dormía y mi esposa se bañaba. El perro dio la vuelta y se encontró con otro perro que se movía como ella. Se ladró varias veces y luego se agachó. Justo en ese momento me desperté, la empujé y la tiré, para que no se quedara en la cama. –Bájate –le gruñí y caí dormido casi inmediatamente después. Sol terminó de bañarse y regresó a la cama. Luego de ese día, decidí comprarle un espejo para que se descubriera así misma. Fue casi inútil. El primer encuentro había bastado para la memoria del basset. Cuando le puse en el espejo se miró, acercó a oler y comprendió rápidamente que no había nada ahí, que sus ojos le estaban engañando y que su olfato –su poderoso olfato que todo lo sabe–, registraba el espejo como una ilusión, un mundo engañoso al que sólo podía entrar uno en sueños. Ahora me parece que cuando duerme, Nico entra al mundo del espejo. La vigilo mientras tiembla, mientras ronca, mientras bufa y pienso que juega con su reflejo, que se persiguen las colas y se muerden las orejas. Pienso que a veces entra a mis sueños para morder los espíritus malignos pero esta vez nos salió mal. Yo porque tenía la idea de crearme un asesino perfecto, uno que jamás muriera y pudiera atravesarme el estómago con un cuchillo y ella porque se distrajo persiguiendo su reflejo, lamiendo el interior de sus orejas para dejarlas limpias y acostándose sobre las arrugas, y más arrugas, para sentir el calor de ese mundo frío, reflejado, aparentemente muerto si no es por el sol y por el movimiento del que se le pone enfrente. A veces creo que Nico se cambia por su doble y regresa como un perro nuevo, un perro con ganas de aprenderlo todo, pero aún cuando sus reflejos intercambien lugares, ambos envejecen y gradualmente duermen más tiempo, se echan más tiempo a soñar y a dormir, presiento que en algún momento, intercambiarán sus lugares tan rápido que nunca regresarán las dos del mundo del espejo, a no ser que sea por algo realmente importante, y entonces, Nico descubrirá el sueño infinito. Yo, bueno, si vuelve a suceder, estaré preparado para recoger mis entrañas con las manos. Qué...

Recuerdo de un regreso.

By on Lunes, abril 18, 2011

Regresé, todavía no entiendo de dónde, pero regresé. Ahora estoy aquí, en la oficina, mirando a través de la ventana y escuchando música que me invita a ponerle palabras a lo que no entiendo. Más tarde leeré, o más tarde continuaré escribiendo la novela en turno. Más tarde haré una edición, más tarde me serviré un café calientito para invitarme a la lectura, más tarde saldré a caminar para que el cerebro haga lo suyo y pueda pensar. Escribir también es eso: Hablar de lo que no entiendes, de lo que te preguntas, y luego la búsqueda de la respuesta a través del discurso. La palabra también es una artesanía. Podría escribir de tantas otras cosas, pero prefiero hablar de lo que no sé, o de lo que no entiendo. Sí, tal vez eso prefiero. Hace unos meses leí una nota que explicaba una teoría hecha por unos físicos–. Somos una proyección holográfica que surge del otro lado del universo –y me complementaron esa nota, con una plática, donde otros físicos dicen que es muy posible que seamos una simulación virtual. Si mal no recuerdo, todo esto viene porque se ha descubierto el punto más pequeño, el punto indivisible de la materia. Todavía no sabemos qué significa eso, pero la teoría decía qué “en la realidad” un punto podía dividirse hasta el infinito. Ambas teorías: el holograma y la simulación, nacen de este pequeño punto indivisible que suponíamos inalcanzable. La verdad es que debería hacer mi tarea, y buscar ambas notas para ligarlas desde aquí y que no piensen–. ¿Qué onda con este choro? Dejó de fumar uno para meterse otro –Pueden buscarlas, los invito, y me las mandan. Si recuerdo bien, ambas son solamente teorías. Pensar en ellas como una posibilidad, me permite pensar en historias y tengo la curiosa ilusión de que podría atravesar esta realidad para llegar a otro lado. De alguna forma, validan el trabajo del escritor. Alguien, en el otro lado del universo, nos proyecta o juega con nosotros y ahora estamos contando todo tipo de historias, incluso historias qué proponen eso mismo–. No existimos, sólo somos un sueño y esto que estamos viviendo en verdad no existe, pero estamos tan bien hechos que sufrimos como si existiéramos. Entonces, ni modo, tendré que divertirme como si existiera, como si pudiera tocarme las manos y como si pudiera sentir el cansancio sobre mis pies cuando camino. Tendré que hacer como entiendo el ciclo de la luna y el sol, los sonidos afuera de la casa, y como si mis perros entendieran las instrucciones que les doy. Al parecer, no existir, o que hayamos encontrado el pixel que nos hace, de todas formas no cambia nada. Mi rutina será la misma: Un poco de música, salir a pasear con Nico y con Killer en las mañanas, hacer una hora de ejercicio diario, y leer los libros que escribieron otros, que hablan de lo que ellos perciben. No saben ellos que no existen, y yo, que medio lo sospecho, sólo me queda tocarme la piel con mis propias manos y confiar ciegamente en que existo, como tantos otros millones de personas sobre la tierra. Que existimos, que somos un nivel de existencia entre muchas otras, y que nuestros datos aunque no sirven de nada, tienen la suerte de estar calculándose y multiplicándose. Regresé, pero todavía no entiendo de...

Vida exponencialmente temprana gracias a los llantos de un cachorro.

By on Miércoles, febrero 9, 2011

Sol disfruta que estos días me he levantado más temprano. Para ella, un hombre productivo es el que se levanta tan pronto el sol entra por la ventana. No cree en la habilidad de la noche para despertar una producción o la creatividad. Lo cierto es que estos últimos días de cachorro son muy similares a mis días en la secundaria o en la preparatoria. Esos días lejanos donde ocupaba las tardes para dormir la siesta y luego me despertaba a tontear, en lo que decidía hacer las tareas. Nico me ha mantenido en esos horarios, donde a las nueve abro los ojos, me bajo al sillón y trato de convencerle de dormir un poco más. Solo pasan media hora o cuarenta minutos, antes de que se acerque a lamerme la barba y yo hacer caras de espanto. De asco no. Antes me parecía asqueroso. Ya que tienes un perro te es más fácil aceptar esa intrusión de la lengua canina. Hay límites, sí. Jamás permitiría que un canino me lamiera las gónadas. Las mañanas abren espacio a otro tipo de recuerdos. Recordé ayer cuando mi madre me llevó a cenar al restaurante giratorio del Hotel de México (Ahora el World Trade Center). Era muy pequeño, no sabría cuántos años, pero recuerdo que fue mi primer restaurante lujoso. Mi madre me enseñó a ponerme la servilleta en las piernas y se lo preguntó al mesero, para que este reforzara la enseñanza de los modales. Todavía puedo recordar la amabilidad del mesero, tan característica en uno de esos restaurantes donde se paga más. ¿Por qué habremos ido a ese lugar? Mi madre me dio la carta, tal vez leí, tal vez nada. Le pregunté si podía pedir lo que quisiera y ella me dijo que sí. Pedí huevos revueltos porque era lo mejor que conocía. Lamentablemente no estábamos ubicados cerca de las ventanas. No tengo en la memoria la vista de la ciudad, no en ese caso. El recuerdo está inconcluso. Cuando envejezca, seguro podré inventarle más detalles. La memoria es engañosa. Crees recordar con exactitud pero en realidad inventas. Agregas detalles de acuerdo a lo que te parece lógico. La memoria es la creación de una historia que se adapta a ti. Me parece recordar que había una tercera persona pero no puedo recordar con exactitud quien. Era muy pequeño. Seguramente me llevó unos días antes de que cerraran el lugar. Un poco de investigación me daría respuestas y a la vez, seguiría reemplazando recuerdos con inventos. Bob, el cacto, abre unos ojos vegetales y mira a Nico dormir. Tiembla un poco. Ahora que despierto en las mañanas y observo al cacto tomando el sol, este sonríe burlón y me señala con cientos de espinas. Luego mira a Nico y se pone a temblar. Me van a comer, parece decir, me van a usar como material para cambio de dientes. Ambos nos burlamos el uno del otro. Esto no es la invención de un recuerdo, es algo que sucede todas estas mañanas y cuando pasen los años, seguro agregaré o quitaré detalles. La memoria es un artificio engañoso y entretenido. Al viejo no le queda otra cosa que la memoria, pero qué memoria. Puede hacer lo que deseé con ella. Construir un mundo que ya no es, reconstruirlo como debe ser. No muchos escuchan a los viejos. Algunas mañanas me despierto con la sensación de un poema de Bellows en la cabeza. No recuerdo el título del poema, no recuerdo las palabras exactas, lo más que puedo recordar es como un campo de trigo se transforma en un mar. Un hombre habla de su padre. Esa es otra memoria difusa. Hace tanto que leí el poema… años ya. Recuerdo la sensación mientras lo leía, pero no tuve la delicadeza de memorizarlo, ni de analizarlo más a detalle. Debo tenerlo en uno de los libros en la biblioteca. Eventualmente lo buscaré. Mientras tanto, el astillero de Onetti me sigue arrastrando a esa mentira de hombres que ya se perdieron en un abismo personal, en el abismo de vivir y soportar Santa María, en hombres que ya aceptaron su destino y se lo dejaron a manos de Dios Brausen. No queda otra cosa. Debo disfrutar estas mañanas...

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