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13006 (Ficciones)

By on Viernes, marzo 22, 2013

Del diario de otro Fest: “(…) hablo de hace veinte años. Escribí muchas historias donde era mi propio personaje. Nunca razoné por qué lo hice. Podría tener razones pueriles y poco meditadas: Soñaba con ser otro, uno más fuerte, uno más sabio, uno más grande, el héroe de su propio mundo trágico, un mundo controlado al antojo de un niño arrogante. Sin embargo, ahora que me encuentro solo, y estoy a punto de apagar el cigarrillo, pienso que escribí esos cuentos posibles porque creí que conseguiría comunicarme con los otros yo, en líneas temporales alternas, en mundos separados por decisiones nimias que alteraron visible e inexorablemente el curso al que ya estoy condenado. ¿Pero por qué? ¿No es obvio? Estaba solo, no tenía con quien jugar. Un peón del ajedrez entre mis dedos, el cigarrillo termina de consumirse, si todos los tiempos son posibles, si tampoco existen el pasado y...

Fumo culpablemente en la soledad (Humo desolado)

By on Lunes, noviembre 5, 2012

Este es un artículo que se publicó en mi columna mensual (La Habitación de Humo) en el número 64 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados. Mi esposa tiene trabajo para mes y medio en otro estado. Ha confiado, con cierta duda ilustrada en sus cejas arqueadas, a mi sola responsabilidad los perros, los asuntos caseros y que no se caiga el Popocatépetl. Pienso en este problema tan contemporáneo: No es gracioso cuando una institución es incapaz de reconocerle a una mujer sus habilidades en el trabajo pero que tierno es cuando un varón se hace cargo de la casa. Míralo como trapea, barre, limpia, cambia los pañales del mocoso. Al instante y con unas gotas de agua, es un caballero. Señalar culpables es un pasatiempo estéril. La soledad me permitió ignorar dos rutinas: La hora de gimnasio y las dos horas nocturnas...

El camino de los muertos

By on Jueves, noviembre 1, 2012

No hablaré de mis muertos en esta ocasión. Son pocos pero muy queridos. Hablaré de otros, los muertos lejanos, ahora que he tenido oportunidad de explorar esta bitácora y sus inicios hice una cuenta de ellos. Ojalá logre armar un camino espiritual para dirigirlos aquí y arrancarles una sonrisa, ofrecerles un cigarrillo, una anécdota. Aunque sea una pequeña, ¿qué otra cosa se le puede pedir a un fantasma? Quizás el favor de evitarnos la jalada de patas o el espanto con los alaridos de madrugada. Sería mezquino de mi parte preguntarles el futuro o los números ganadores de lotería, aunque si ellos lo ofrecieran en algún sueño o premonición, bueno… En un montoncito de horas libres he recuperado algunos comentarios de los primeros años en el árbol y descubrí algunos muertos que solían leerme. Diez años después y puedo contar al menos tres “cadáveres exquisitos”. Vaya, si fuera supersticioso...

Fumar a la nada.

By on Martes, septiembre 11, 2012

Este es un artículo que se publicó en mi columna mensual (La Habitación de Humo) en el número 60 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados. Es el momento donde enciendes un cigarrillo y no cedes a los pensamientos. En silencio, la nicotina y el alquitrán se consumen por el fuego y los pulmones. Tal vez te asomes por la ventana para ver la noche o quizás estás tomando una pausa después de leer cualquier texto. De ahí no pasa. No hay estudio de gravísimas cuestiones o la búsqueda de respuestas. Simplemente uno fuma por el placer de fumar. Te conviertes en el sueño de otro, en la estatua silenciosa de un niño que le pregunta a su madre: “¿Ese señor, mami, que está pensando?”, “¿Esa señora, mami, está triste?”. Puede ser, pensará la madre, o cualquier otro que mire la fotografía. ¿Desde...

nueve pensamientos de tener treinta.

By on Lunes, diciembre 12, 2011

Anoche me dijo un tío–. Con qué… ¿treinta, verdad? ¿Qué se siente? –Le pregunté a que se refería. Olvidé por un momento que había atravesado una década y que, inevitablemente, dejé atrás los veintes para siempre. Mi tío se rió, me di cuenta a que se refería pero fue demasiado tarde. Él me dijo–. No te preocupes. Tienes todo un año para acostumbrarte. Me gustaba imaginar que tendría treinta. Ya tenerlos es otra cosa. El día que cumplí años caminé con Nico, mi basset, por terrenos inexplorados. Dimos una larga vuelta por una de las avenidas más grandes de Puebla (y cuyo nombre, ahora se me esfuma). Paseamos por parques, camellones, calles de transición que unen al centro con avenidas, vecindarios abandonados y centros escolares. Terminamos exhaustos. Sin embargo creo que esa enorme cantidad de nuevos olores la hizo crecer un poco. Tal vez yo también crecí. Recibí...

hombre que no se aprende el tiempo.

By on Miércoles, noviembre 9, 2011

El tiempo existe como un estado de ánimo para ciertas personas. Cuando llega noviembre se entristecen, cuando llega la tercera semana de julio se alegran. Los amantes follan durante toda la primavera o durante todo el verano. Algunos son más específicos con los días. Días que nos recuerdan la muerte, el nacimiento, el rompimiento y el inicio de una relación. Hay gente que espera con ansiedad los números temporales para dictarle a su cuerpo cuánto debe llorar, reír o sumirse en una profunda nostalgia. Esperan para abandonarse a una catatonia de melancolía. También tengo mi mes: Diciembre. Para mí, el doceavo mes proyecta la sombra de un recuerdo en cada uno de sus días. No sólo los regalos de Navidad, mi cumpleaños y los cumpleaños de otros, la muerte, las luces citadinas, la gente en los aparadores, los cínicos y los optimistas se miran cara a cara en Diciembre. Aunque estos últimos...

Hambre de luz y de humo.

By on Miércoles, abril 6, 2011

  He tenido poco trabajo y el trabajo que hay, se hace en automático. En las mañanas los perros y yo salimos a pasear una de tres rutas de veinte minutos a media hora. Hemos tenido tiempo de aprender como es nuestro vecindario por las mañanas y reconocer a otros perros. Cuando llegamos a casa, hago una hora de ejercicio. Hay rutinas que requieren que esté en el piso, como las lagartijas o los puentes, y entonces Nico se me sube al estómago y triplica la dificultad. Me escucho respirando como un fumador mientras el basset me empuja el vientre, me lame la barbilla o el rostro, y jadeando, le ruego que se baje. Según el monitoreo, estos últimos cuatro días he bajado 400 gramos diarios, lo cual me sorprende. Me anima a continuarlo, pero también, espero con recelo ese momento del peso estable. Era hora de hacerlo. Hoy se cumple un mes, un día, desde que dejé de fumar. La otra vez...

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