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13011 (Aleph)

By on Jueves, enero 31, 2013

He descubierto un placer horrible en hacerme el gringo, y no es tan difícil; Lo parezco. Al principio sacaba a los vendedores de su error pero de todos modos me complacían hablándome en inglés. Would you like a tatoo? Have you explored wonderful Shcaret? Are you interested in having some fun, pretty boy? Pretty boy, se me derrite el corazón. Me pregunto si imaginarán que mi abuela venía de un pueblo, que era una analfabeta, que cazaba ranas y conejos para comer todos los días. Tampoco imaginarán que durante un par de años vivía como un hombre frugal, prudente y dolido, huevo y pan para comer toda la semana, a veces un poco de jamón, y lloraba con cada aumento a los cigarros. Algunos años, durante la huelga de la UNAM, escuchaba cuánto pagarían mis amigos por una universidad privada y a mí no me quedaba otra más que esperar, y hubo otros que también esperaron a la UNAM y mientras tanto,...

Velas de lectura

By on Miércoles, diciembre 12, 2012

Ayer cumplí 31 años pero en vez de elogiar o solapar la edad adulta (u otras cosas igual de lamentables), mejor aprovecho la caminata para hablar de leer y de como aprendí a leer. Sí, la mayor parte de este post lo escribí en el teléfono mientras caminaba. He pasado mucho tiempo de mi vida leyendo. Reafirmo, cada vez que abro un libro, un cómic o un manga; que otros placeres, ocios o estudios no me atraen igual. Incluso dedicarme a un juego que no sea casual se ha convertido en una tarea difícil. Me pregunto, a menudo, ¿cómo crece o vive la gente que no lee? Mi abuela, casi analfabeta, me enseñó a leer a los cuatro años. Quizás comenzó antes. Todos los días, en el ambiente frío y gris rata de un puesto de zapatos en el mercado de la Balbuena, repasábamos letras en el periódico. Eventualmente las letras se convirtieron en palabras, oraciones, párrafos completos. Una vez que supe nació...

Los olvidos, los enfermos

By on Viernes, octubre 12, 2012

Anoche los viejos me hablaron de los muertos, pero antes de llegar ahí, hablaron de los enfermos, de los viejos frágiles, de los desmemoriados y de los enfermos. Estamos en la cena, me cuesta trabajo masticar el pan. La memoria es una cosa muy precaria, dicen, todo se me olvida ya, y es irónico, esta conversación del olvido se repite a menudo. Un viejo, medio sordo, dice: “La vejez es mucha responsabilidad”, y con responsabilidad se refiere, según trato de entenderle con sus dientes sintéticos y su voz arrastrada por no tener ganas de articular, a no caerse de las escaleras, a caminar con cuidado para no tropezarse, porque hacerlo significa visitar el hospital, romperse algún hueso, retar la fragilidad de un músculo que ya sirvió demasiado tiempo. Una vieja olvidadiza habla de su hermana cinco años más joven que ella: “Tiene 83 años, sí, creo que son 83″. Habla...

Cuento del diablo, según me lo contaba mi abuela.

By on Miércoles, mayo 4, 2011

El diablo, Satanás, Belcebú, Lucifer, Baal… es cliché, pero en cada película del diablo o cada cuentito que hace aparición, algunas veces se atreven a repetir la misma cantaleta–. Me han conocido a través de muchos nombres, pero al final tú sabes quién soy. ¿No lo presientes? –Es la figura que tenemos en la cabeza cuando algo sale mal de una manera funesta, perversa, degenerada. El diablo no es culpable de los accidentes, pero posiblemente es el susurro que nos impulsa y nos lleva a un camino retorcido. Al diablo lo asocian al incesto, a las formas más degeneradas de fornicar, a la envidia que se sale de control y los criminales irredentos que no tienen esperanza alguna. El diablo, según lo vemos en película, no es ningún juego. Siempre está encabronado. Su risa no es sincera. Su sonrisa no es algo que quieras ver antes de morir. A veces ni siquiera ríe o sonríe, sólo...

De Twitter: El milagro de la resurrección.

By on Sábado, noviembre 20, 2010

Foto original: Jorge Sesé. Hay en twitter un proceso muy extraño que todavía no entiendo. Pasa, a veces, que encuentras a un tuitero que te agrada, lo sigues, pones las estrellitas, lo lees, te hace reír, posiblemente lo quieres meter en tu cajuela del coche, secuestrarlo, llevarlo a un motel, eso. Haces tu chamba y estás al pendiente. Luego, algo sucede en su vida. Algo inexplicable. De un día a otro, cierra su cuenta. Borra su vida. Finito. Me pasa, al menos, yo que me ocupo en leer más que escribir… que de repente, me encuentro extrañando a esa persona que estaba en mi lista. Entonces entro a su página de usuario y descubro que simplemente desapareció. No más letras con el sabor que le caracteriza. Se murió. Me rasco la cabeza, parpadeo un par de veces y me pregunto, porque es la primera pregunta en este mundo iluso, si yo habré hecho algo mal. Si yo habré disparado una de...

Un momento de observación.

By on Viernes, septiembre 24, 2010

Salí a tomar un café. Una pareja estaba frente a mí. Leía, luego le miraba las botas, luego leía otra vez. Mi cabello húmedo goteaba por la lluvia que me agarró a medio camino. Prendí un cigarrillo, mi garganta se quejó, además de la lluvia y la gripe, perdí algo en el camino. Oscar habla de María, y la disposición que tiene para comprar tambores de hojalata. Oscar habla de los errores que cometió, pero no se siente culpable. La chica de enfrente exclama–. No pude decirle nada, porque era su depa –El chico, visiblemente interesado en ella, le sonríe, pero no se atreve a tomarle la mano. Lo está usando, pensé. La clásica historia del amigo que desea, y no hace nada. Es el tiempo el que se encarga de convertir el capricho en infatuación y tal vez, amor. Pensé en mi perro y sus lágrimas artificiales. –Probablemente las necesite para toda la vida –nos dijo la...

La muerte de la mamá de Oscar.

By on Martes, septiembre 21, 2010

Hoy pasé por ese episodio del “Tambor de Hojalata”. ¿Ahora quién tendrá bajo sus faldas al pequeño Oscar? Ese capítulo siempre me rompe la voz y los ojos. La primera vez que lo leí, fue durante un viaje de camión donde me solté a sollozar como un niño. Era de noche, la gente estaba dormida, mi mujer dormía a un lado y yo no podía soportar la muerte de la madre de Oscar, pero no dejaba de leer, no podía soltarlo. Hoy copié una versión digital del libro para traerlo conmigo y terminar su lectura. Sé que tengo dos copias impresas, pero el dispositivo me permite las distracciones como el twitter, los mails, entre otras cosas. Recuerdo aún el olor a pescado, los amantes que no sabían que hacer, cuando Oscar rompe los vidrios de la iglesia usando su tambor. La segunda vez que leí ese capítulo, fue en un café de la Roma, unos años después y lo hice en voz alta para que Sol me escuchara. Desde...

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