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Es muy fácil decir que es igual, o que no lo es

By on Sábado, septiembre 15, 2012

Tomo fotografías a los árboles de ramas pelonas. Me gustan los patrones: líneas naturales casi infinitas, sus divisiones rompen el cielo, las nubes, la luz. Se convierten en una película para ver la realidad de otro modo, un filtro arbóreo que enmarca en un capricho fractálico la vida, o lo que quieras. En la iluminación nocturna se convierten en rompecabezas, cascadas de luz reflejada en la madera. La otra vez miraba a uno de esos árboles (sobran en otoño, aunque sobran en cualquier ciudad de aire lamentable y de gente olvidadiza) y contuve las ganas de fotografiarlo. Así como sobran esos árboles en las ciudades, también sobran las fotografías. Muchos otros han mirado el mismo árbol que miré yo, quizás algunos de ellos tomaron la misma fotografía, con el mismo encuadre y el mismo impulso de captura. Dejé al árbol en paz, abandonando así mi oficio (momentáneamente) de paparazzi para driadas. Pensé tristemente que todos los árboles son iguales (y a la vez, no lo son). Es decir: Los patrones cambian, es obvio, la contraluz ofrece figuras distintas, ¿pero cuánta paciencia humana se necesita para hacer cuentas de las ramas, y sus bifurcaciones, y diferenciar las sombras de un árbol de otro árbol? Es muy fácil darle un nombre, una identidad, a uno de ellos si conocemos el tipo y el lugar donde se encuentra, pero si sólo tuviéramos fotografías de sus ramas multiplicadas, la tarea se convertiría en algo laborioso. Una exigente de esos trucos mágicos que, el hombre promedio, sueña con dejárselas a su portentoso cerebro, al inconsciente, con la confianza de que su flojera se verá vencida por la fortaleza cerebral y recibirá espontáneamente la capacidad de hacer algo que nunca ha estudiado, o educado. Supongo que distinguir ramas y sus sombras, es como de lejos, mirar las hojas de los libros abiertas. Sería imposible distinguir un libro de otro libro, a no ser que nos acerquemos a leer y nos sumerjamos en el proceso intelectual de desmenuzar, entender las palabras. ¿Se puede, o se debe siquiera, hacer lo mismo con las ramas de los árboles? ¿Qué se quiere comunicar con una de esas fotografías? Tengo centenares de ellas que he juntado a través de los años. Luego las barajo como se baraja un enigma. Supongo que me gustan, es la salida más fácil, y después pienso en pintura, en trazos, en manchar una hoja en blanco con la tinta. Las sombras me dicen de la tristeza, del abandono de las hojas, el inicio del otoño, una breve imagen poética dedicada a la muerte, tétrico y hermoso, o a las estaciones, las etapas de vida, porque también conservo fotografías de árboles frondosos, de hojas groseramente verdes, necias, que se alzan sin empacho a recibir el derecho de la fotosíntesis. Será. ¿Qué clase de cosas se podrán leer en las ramas de los árboles? Quizás cada hombre puede encontrar su fortuna en ellos, un mensaje encriptado listo para ser descifrado, así como un lector se acerca a las páginas de un libro lejano y encuentra un nuevo camino a...

Primeras historias de Nico, el basset hound.

By on Viernes, mayo 18, 2012

Unas cuantas primeras imágenes de Nico, mi basset, la compañera de los paseos y de las tardes, de los días. Ella es quien me obliga a levantarme para tomar un descanso cuando estoy muy serio frente al monitor. Jugamos, salimos a pasear, buscamos huesitos o perseguimos faldas. No hay bronca, como pareja de juegos tontos e inútiles, somos muy versátiles. Cuando aúlla rompe cristales y asusta chaneques. Más de una vez sus ladridos, profundos y melódicos, me arrancan del pensamiento y me pregunto donde estoy. No cabe duda que tiene algo de tramposa, una especie de comunicación con otros planos de existencia que apenas entiendo. Apuesto que se habla con algún dios tramposo, con algún espíritu truculento y ladrón. Conoce a la perfección los ritos del engaño. Así la quiero. Ni...

Notas.

By on Viernes, mayo 27, 2011

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Doblez de luz y agua.

By on Martes, mayo 24, 2011

La realidad, pensé el otro día, es una combinación de capas: Atrás tenemos la sombra de unos árboles y de unos cables, es el mundo físico, el mundo sólido, el mundo que se sostiene por las leyes científicas, universales, quién sabe cuántas leyes más; viene la capa de unas gotas de agua, las cuales, dibujan círculos aparentes sobre lo ya existente y lo hacen borroso, tan borroso como los ojos que envejecen, o que lloran, o que fallan desde que naces… Ojos que ven distinto a los ojos de otros hombres sin tomar en cuenta, por supuesto, el contexto de cada uno; hay una capa de vidrio que tiene dos colores, ligeramente oscuro hacia arriba para que el sol no entre con toda su fuerza y además, retira toda la posibilidad de sentir el viento, de que las gotas golpeen la piel propia que es nuestra envoltura para caminar en este mundo y cambien su destino; al final, tenemos un borde que encierra todo esto en una fotografía y esta fotografía, sólo puede ser una memoria. Una memoria de algo que sucedió y las memorias como están en nuestra cabeza, y dependen del conjunto, de cómo deseamos ver la realidad y de cómo manipulamos nuestros recuerdos al antojo, ¿cómo se sabe que es real? Un pintor despierta y decide comprar un lienzo. Primero, con un poco de grafito, marca los bordes. El borde negro, como si fuera una fotografía. Luego el borde de los árboles, de los cables, los edificios, el puente y las torres de luz. El pintor imagina una ciudad. La ciudad está basada en sus recuerdos, pero esa ciudad… pues no existe hasta que decide mirarla, hasta que sus manos se vuelven esclavas del grafito y de la mente. Compra pintura en varios tonos de azules, de cyan, de negro, de blanco. Llena de colores el borde y las sombras. Imagina ese mundo de sombras que trata de cobijarse con la luz de nubes grises, imagina que empieza a llover y lo tiene todo claro. En ese momento, él vive adentro y el lienzo, el grafito, las pinturas, su estudio, se vuelve el mundo imaginario y lo real es lo que está allá adentro. ¿Quién nos dice cuál de las capas es real? ¿Cómo sabemos si una de las capas no es un capricho? ¿Cómo sabemos que no nacimos con una de las capas que, como un lente, está afectando nuestra percepción? No lo sabemos y además, pareciera absurdo siquiera proponerlo. Seguramente sucede. Capas traviesas que se ocultan. Nos hacen ver gestos donde no los hay, nos hacen temblar de miedo cuando atravesamos lugares oscuros, nos hacen sentir unos tontos cuando no podemos ver lo evidente cuando estamos acostumbrados, pues, a ver nada más. Me gusta dudar de la realidad, me gusta pensar que hay hilos invisibles, una historia detrás de todo ese cielo, y detrás de todas las leyes universales, me gusta pensar lo que descubriría una entidad que pudiera llegar al extremo del universo, si es que este existe, si es que no es una esfera… ¿Será que todos somos...

Las luchas.

By on Domingo, noviembre 7, 2010

Hoy es domingo. Lo único que lo puede mejorar es que el día de mañana, es día de lucha libre en la arena Puebla. Recuerdo los días de niñez, cuando en la tele mirábamos a los luchadores golpearse, volar, arrancarse las máscaras, insultarse entre ellos o insultar al público, a la porra ajena. Sus máscaras y sus atuendos son el verdadero súper héroe moderno. La evolución del concepto. En un ring, ves la lucha emocionante y verdadera entre el bien y el mal, los técnicos y los rudos. La gente aclama como lo harían en la vieja Roma, y si pudieran, exigirían sangre real, extremidades que vuelan y escupen sangre. Algunos luchadores tienen el cuerpo de un gladiador, bien marcado entre sus telas tan pegadas al cuerpo. La Roma, de nuevo, la vieja Roma, el areté, el cuerpo perfecto. Otros luchadores adquieren el papel del bufón y hacen reír al público mientras su equipo lleva la verdadera lucha. Otros más, son los hombres grandes, los abundantes, los verdaderos. Lo mejor es el momento en que apuestan la máscara o la cabellera y al final de la pelea, yacen de rodillas frente todo al público. Las porras se vuelven más intensas, la arena cimbra, los gritos y los insultos aumentan su intensidad y hacen eco en el rostro del vencido. Ha llegado la hora de entregar la identidad, aquello que los separa de todos nosotros. Mientras que algunos tienen que confesar que son hombres comunes cuando les retiran la máscara, otros pierden su fortaleza completa como cuando Sansón se entregó sin reservas a la tentación. No hay sangre, pero el héroe termina humillado, su historia se vuelve interesante, unos piden que regrese… que por favor regrese y otros, sonríen cuando intuyen que ese hombre dejó todo lo que era en el...

Tumbas rotas.

By on Sábado, noviembre 6, 2010

Encontramos una serie de tumbas rotas, olvidadas, incrustadas en las paredes laterales de una iglesia. Caminamos sobre ellas y tomamos fotografías, de nombres olvidados. Nombres con más de cien años de edad. Algunas todavía conservaban los grabados, otras tantas fueron asimiladas en las paredes o decidieron hacerse escombros. Adiós a todos los muertos, a los nombres viejos, a los homenajes de una vida a través de su cuerpo inerte. ¿Alguien visitará estas tumbas para rendir homenaje en pos de la sangre? ¿Alguien hablará con ellas para dar una lista de hijos, nietos, tataranietos y mantener a los muertos al corriente de las vidas de las que fueron origen? ¿A dónde habrán visitado ellos sus muertos? No me atreví a acariciar los grabados, aún cuando estas tumbas están a la mano de todos. La gente paseaba frente a ellas, en el jardín de la iglesia y tomaban asiento bajo un árbol, para comer tacos de aguacate, frijoles y chile. Un vigilante aburrido leía encerrado en la biblioteca de textos religiosos, en una jaula de vidrio. En ocasiones alzaba la mirada y luego se olvidaba, y continuaba la lectura. Niños corrían alrededor de una cruz de piedra, jugaban a las escondidas y a las traes, mientras sus padres los seguían lentamente, abrazados de la cadera, como lo hacen los enamorados. Unos scouts descansaban bajo la sombra de un pasillo exterior y miraban las tumbas a lo lejos. Tumbas rotas, desmoronándose gradualmente en...

Pequeños mensajes.

By on Viernes, noviembre 5, 2010

Me deja pequeños mensajes: en una taza de café, en un cuaderno o la nueva posición del hombre de madera. El hombre de madera me presenta el mensaje en el cuaderno, y un café me está esperando. Los pequeños mensajes que dicen que todavía nos queremos, todavía nos amamos. Como un ninja del amor,...

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