Google PlusFacebookTwitter

Fragmento del diario de Mafessoli:

By on Jueves, julio 4, 2013

“Demasiada euforia cuando tus pies me sonríen. Escucho Rollin’ y me acuerdo de S. Tengo 21 años, ella me roba un cigarrillo y me susurra, cómplice, una pregunta: —¿Ves que yo también fumo? Lo hago raras veces. Cruza las rodillas, hace un vaivén con sus pies casi desnudos, los zapatos colgando del dedo gordo, su boca libera el humo, recuerdo que los acaricié, infantil y sorpresivo, pensé que me empujaría pero me regaló una sonrisa, ojos de oscuras aventuras me desnudaron. Soy un imbécil, es que no puedo contenerme. Esa vez no se los olí, quise mejor memorizar el empeine, el grosor de los dedos, las circunferencias pequeñas y traviesas. Para detenerme me regresó mi cigarrillo de vuelta. Platicamos un poco más, me sacó a bailar, giramos a la oscuridad de la casa, frente a los otros, múltiples borrachos empinando la botella. ¿Te gustaron?, me pregunta, no hay necesidad, ambos sabemos a que se refiere. Piensa en ellos, me dice antes de responder, mi mano se hunde en su cabello, aprieta, un leve tirón mientras ella desliza la mano bajo mi pantalón, aprieta. Te parecieron bonitos, dice ella, en un respiro para recuperar el aire, ignorando a los otros dos chamacos que nos hacen bulla, sí, me lo parecieron, ¿no lo...

13046 (Juliette / Rollin’)

By on Domingo, junio 30, 2013

Fragmento del diario de Boris Santiel: “Necesito un periodo de euforia. Escucho Rollin’ y me acuerdo de S. Tengo 19 años, estoy en el espacio bajo la escalera y miro como todos bailan, sobre todo S. Pienso que me gustaría ser otro, no el penoso que invitan a la fiesta para mirar como se emborrachan, sino el invitador, o al menos el que propone dónde es la peda. Si fuera así, podría salir de las sombras y tomar a S de la cintura, y que mueva esas nalgas junto a mí, me las restriegue, me saque a fuerza de caricias forzosas el deseo que tanto contengo. Alguien me ofrece un cigarrillo. Me rechazo a mí mismo (Gracias, no fumo) y acepto por primera vez. Me lo prenden, tomo la primera bocanada, toso, se ríe el ofrecedor, lo miro. Es un chavo de otro grupo, con un vodka en la mano se pone a platicar conmigo de viejas y de como fumar correctamente. Me río con él, me río cuando se ríe, fisgo el baile de S. ¿Te gusta la güerita? Sácala a bailar. Es que estoy medio borracho, respondo, no sé bailar, haré el ridículo. No mames, me dice el cabrón, dándome una palmada en el hombro, todos están borrachos. A nadie le importa como bailes. Me acuerdo de una tardeada, en otro lugar, en un antro por el sur de la ciudad. Una mujer me dio las gracias por bailar con ella cuando se fue su pareja. A mí, darme las gracias, me voló la cabeza. Necesito un pedazo de euforia. Escucho Rollin’, tengo 21 años, S y yo éramos buenos amigos. Una vez la invité a mi casa, y ambos, desnudos sobre la cama, platicamos un rato mientras ella sostenía con firmeza mi sexo sobre las manos. Esa tarde vimos videos en mi casa, videos pornográficos de mujeres cogiendo con mulos, teníamos curiosidad. Le gustaban los hombres excesivamente musculosos, por eso me sorprendía que estuviera con un tipo como yo. Al hablar se convertía en otra, dejaba de ser la diosa que miraba de lejos, se convertía en una niña sin capacidad de hilar una cosa con otra, parecía desesperada de compartirse, alguien como...

13031 (Juliette)

By on Martes, mayo 28, 2013

¿Por qué grita así? ¿En eso ha evolucionado la actuación del género, en gritos? Parece que está muriendo, que le están partiendo en dos o que le flagelan contra los grises muros de un cuarto de inquisidores. Prefería cuando grababan las voces artificiales, aún cuando no estuvieran en sincronía, dignificaban la magia, una perezosa fantasía para la persona que no busca otra cosa que ver. No es que los gritos, agudos y escandalosos, me desagraden completamente, pero, en vez de enfocarme en el espíritu de la obra, me divido y pienso que está sufriendo, que alguien debe ayudarle porque en realidad es una víctima. Bueno, muchos pueden argumentar que es una víctima, por la posición y el oficio a que se dedica, y luego con esos gritos, y desconocemos que tan actuado es el abuso, un abuso que, siendo honestos, cada vez es más frecuente y violento dentro del género, y hasta preocupante por lo mismo. Si a los veinte me preguntaba si me estaba desensibilizando, a los treinta todavía más y lo que es peor, no lo estoy por completo porque en vez de mirarlo con el afán original, lo miro con cierto escepticismo y fascinación, casi como perseguir una nota, o la línea de un cuento que al principio parece brillante. Ajá, algo que explorar: no puedo dejar de mirar con horror, finalmente me han convertido y si no tengo cuidado, escalaré al grado de activista de sillón que aboga por los derechos de esas pobres personas, esa pobre gente. Quizás alguien proponga, en un futuro, junto a los camarógrafos, los directores y los duros asistentes, un observador presente, como los licenciados que abren los sobres en los concursos, para ratificar que es una actuación y entonces subirán los costos de un negocio que, de por sí, es muy mal pagado, demasiado explotado y que ya nadie compra porque puede conseguirse en todas partes. Sin embargo, eso sí, tendrán un sello dorado, uno que explique que nadie fue lastimado durante la grabación del evento y lo que acaba de presenciar, no lo dude, fueron quince minutos o media hora, de una ficción burda, casi honesta, pero una ficción al fin y al cabo. Usted acaba de leer un libro donde los personajes no fueron dañados, mancillados en sus partes pudendas e ilusoriamente en lo más íntimo de su espíritu. Tal vez eso le falta para que lo vea tranquilamente, sin arriesgarme a una distracción...

13024 (Juliette)

By on Jueves, abril 18, 2013

Es entretenida la estructura en Juliette, de Sade. Empieza con una orgía, una escena sexual colmada de placeres, de orificios y fluidos, y luego, cuando los actores del momento pornográfico toman un descanso, Sade aprovecha el momento para desarrollar un momento filosófico, sofismas en medio de los sudores evaporados. Es como pedirle al lector que primero se masturbe, y después piense en la consecuencia y el origen de su onanismo. Luego alzo una ceja, sé que es ficción, pero a los hombres de Sade nunca les falta una erección, el semen, parece que siempre están llenos. Supongo que los pequeños duendes del libro, cuando está cerrado, se ocupan de tener a los hombres erectos y cuando uno no está viendo, reemplazan el semen con un líquido similar a la leche, y cuando uno cree que se han venido, simplemente gritan y hacen caras a la cámara. Vaya. Brevemente recuerdo a Justine, y su viaje es diferente, la virtud de Justine cambia las cosas, la obra es más sádica porque ella siempre sufre mientras que Juliette se entrega, sin empachos, a la recompensa del...

13023 (Juliette)

By on Martes, abril 16, 2013

Sueño de Bob, el cacto: “¿Todavía no te acostumbras? Si no duelen tanto, piensa que son un cepillo, son un cepillo para limpiarte las entrañas, aprieta los dientes con fuerza, cierra los ojos, llora si quieres pero piensa que son un cepillo. Me la debes. Además, estoy es un sueño, ¿no te has dado cuenta? Sé que lo es porque te siento multiplicada, miro estelas de tu cuerpo presente y futuro confundiendo tus espasmos presentes. Ni siquiera haces ruido, en mis sueños no hay ruido sólo sensaciones, un aura continúa que se distribuye por el paisaje y modifica los colores, los dioses ocultos nos miran de nuevo, como aquélla vez, cuando apostaban por la dirección de nuestras almas, cuando jalaban nuestros hilos de marionetas y ambos éramos humanos. Esto es un sueño, pienso, y debería controlarlo, y precisamente por eso me es imposible controlarlo, entonces sólo me queda hablarte, esto es un sueño, dame el agua requerida para rejuvenecer el camino de mis espinas, tranquilízate, relájate, deja de apretar tanto porque entonces saldrá mal y tendremos que empezar de nuevo, entrar y salir como lo que soy quizás me ofrezca la resurrección, y la resurrección será el perdón de mi vida pasada, sueño con ser humano de nuevo, sueño con arreglar el pasado. Volveremos a encontrarnos y pienso que esta vez haré las cosas bien. Te ignoraré en vez de invitarte la bebida, en vez de bailar contigo anticipando lo que hago ahorita: espinarte por dentro, y depender de tu agua para sobrevivir, depender de tu aliento, depender de tu sol, depender de tus mentiras. Estás apretando demasiado, soy un cepillo, no lo olvides, un cepillo para sacar toda esa basura que tienes dentro, permíteme encerrar el asco entre mis espinas, dame la oportunidad de...

13019 (Historia de O)

By on Miércoles, marzo 27, 2013

Anoche se la mamaron en un jacuzzi, lo sé, porque lo vi por la rendija. Parecía amar a la chica porque ambos se reían cuando él sacaba el glande del agua, como si fuera el ojo de un submarino, un ojo común en las caricaturas de la Segunda Guerra cuando nos fascinaban las maquinarias de guerra. Ella estaba sobre él, con los senos hundidos en el agua cálida, podía ver el humo que salía de la superficie, luego tomaba aire, hacía un gesto arrugando el rostro, y hundía la cara en el agua. Ah, sí, era un momento agradable, él crispaba las manos y perdía el peso en el cuerpo, flotaba hacia ella, para que su miembro entrara más en una garganta que continuamente perdía el aire, y luego ella salía triunfalmente del agua, miraba la consecuencia de sus actos brevemente, otra vez tomaba aire y se volvía a hundir. El agua azul era una línea entre el placer y el aire. ¿Cómo se sentirá un miembro aprisionado dentro de una garganta, dentro del agua? Sólo podía adivinarlo por el arco de su ancha espalda. El experimento siguió su curso unos minutos más, hasta que él se cansó y se sentó en el borde de la tina. La mujer se amarró el cabello de nuevo, y luego de rodillas, la mitad de la mujer convertida en un espejismo, regresaron a una mamada tradicional. Ah, esa sí sé como se siente, es una aguda hambre por mantener la boca ocupada, y de mirar los ojos de un hombre rendido, quizás hasta vencido. No, a un hombre vencido jamás se la chupan. El hombre asistió a la mujer con algunos dedos de su mano, él movía rápidamente el brazo mientras ella chupaba con paciencia, diligencia. A media luz, no puedo decir cuando terminaron, hasta que ella se separó y abandonó el líquido derramándolo por su boca, gotas blancas flotando sobre el agua azul, ojalá mañana se les ocurra otra...

Erotizar un libro (literatura histérica), y 375 libros gratis en Open Culture

By on Miércoles, noviembre 14, 2012

1 123456714