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13023 (Juliette)

By on Martes, abril 16, 2013

Sueño de Bob, el cacto: “¿Todavía no te acostumbras? Si no duelen tanto, piensa que son un cepillo, son un cepillo para limpiarte las entrañas, aprieta los dientes con fuerza, cierra los ojos, llora si quieres pero piensa que son un cepillo. Me la debes. Además, estoy es un sueño, ¿no te has dado cuenta? Sé que lo es porque te siento multiplicada, miro estelas de tu cuerpo presente y futuro confundiendo tus espasmos presentes. Ni siquiera haces ruido, en mis sueños no hay ruido sólo sensaciones, un aura continúa que se distribuye por el paisaje y modifica los colores, los dioses ocultos nos miran de nuevo, como aquélla vez, cuando apostaban por la dirección de nuestras almas, cuando jalaban nuestros hilos de marionetas y ambos éramos humanos. Esto es un sueño, pienso, y debería controlarlo, y precisamente por eso me es imposible controlarlo, entonces sólo me queda hablarte, esto es un sueño, dame el agua requerida para rejuvenecer el camino de mis espinas, tranquilízate, relájate, deja de apretar tanto porque entonces saldrá mal y tendremos que empezar de nuevo, entrar y salir como lo que soy quizás me ofrezca la resurrección, y la resurrección será el perdón de mi vida pasada, sueño con ser humano de nuevo, sueño con arreglar el pasado. Volveremos a encontrarnos y pienso que esta vez haré las cosas bien. Te ignoraré en vez de invitarte la bebida, en vez de bailar contigo anticipando lo que hago ahorita: espinarte por dentro, y depender de tu agua para sobrevivir, depender de tu aliento, depender de tu sol, depender de tus mentiras. Estás apretando demasiado, soy un cepillo, no lo olvides, un cepillo para sacar toda esa basura que tienes dentro, permíteme encerrar el asco entre mis espinas, dame la oportunidad de...

Instructivo para derrocar una dictadura.

By on Viernes, junio 1, 2012

Este es un artículo que se publicó en mi columna mensual (La Habitación de Humo) en el número 23 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados. La infección empezó en TUnisia, en diciembre del año pasado, enfermando a Albidine Ben Ali. El virus después se trasladó a Egipto y atacó a Mubarak. Unos pasitos más y llegamos al Hermano Gadaffi, en Libia. Las destituciones de los dos primeros dictadores parecen un sueño y el último hombre, que cada minuto pierde control de su territorio mientras exclama que la gente lo ama y daría la vida por él, parece un epílogo. Las tres resistencias tienen como premisa evitar el uso de armas, hacer de la suya una resistencia pacífica y no ceder hasta que el gobierno cambie porque desean mejores oportunidades económicas, mejor educación escolar y una vida más digna. Las tres resistencias, aparentemente, lograron su cometido. ¿Cómo lo hizo la gente? ¿Cómo lograron detener a estos hombres que controlan a sus países a través de la violencia, de un rígido control militar, de limitar las comunicaciones, de crear violencia entre un grupo y otro, de establecer esa línea tan marcada entre el militar y el civil, entre el pobre y el que sí tiene lana? Obama convocó a una cena con los presidentes, los dueños, los grandes creadores y pensadores de la tecnología después de la liberación de Egipto. Ellos tienen un control sobrenatural del mundo. Ellos dirigen ahora dónde va la información y crean herramientas que facilitan su distribución. Resultó que las redes sociales, ese lugar qué tenemos para la granjita, el poker y la caza de tesoros, fueron el inicio y el desarrollo de muchos de estos movimientos. En Facebook, servicios de Google, twitter, se compartían documentos que insistían que el éxito de movimiento era hacerlo de manera pacífica y se compartían las fechas, los horarios y los detalles de cada manifestación. Gente que sin importar religión y status social, respondía la convocatoria para ese fin común, ese deseo por una vida mejor. Gracias a Internet, ahora los dictadores me parecen unos perros viejos y cansados, que babean y que todavía se visten bonito, como si fueran a dar un paseo en la exhibición donde los hacen saltar arillos y sentarse por los premios. ¿Qué le pasó a los dictadores que aparecen en las películas y que son unos personajes sanguinarios, detractores de la humanidad y enfermos, ya corruptos, por los años de poder que tienen en las manos? ¿Qué le pasó a los titulares de los periódicos de los años setenta, donde se veía lo mordaces que eran estos hombres para tener a su pueblo en cintura? En un libro, hay un dictador que empalaba a sus enemigos y a los traidores. Era un escenario común que este dictador, pidiera que el bastón les atravesara todo el cuerpo y les pulverizaba las entrañas. Este dictador se regodeaba en la sangre de cada muerto, se hacía más fuerte con cada muerto y su nombre de Vlad Tepes, cambió a Drácula. No digo con esto que me decepcione la ausencia de sangre y los conflictos lánguidos. Al contrario, me entusiasma saber que es posible derrocar a un dictador de manera pacífica. Donde hay voluntad, ya sólo necesitas abrir una página de facebook y una cuenta de twitter para iniciar el detonante que habrá de cambiar una nación. Con razón no le resulta raro a la gente pensar que este intercambio binario es una especie de sortilegio, un soplo de magia que con las palabras indicadas puede lograrlo todo. Derrocar dictadores es, tal vez, lo menos solicitado en las búsquedas… cuando la magia también tiene granjas virtuales, fotografías de nuestro próximo amor y los relatos picantes de un anónimo que se hace llamar Gabriela. Para que la magia funcione, necesita haber suficientes creyentes que estén dispuestos a dar su tiempo y derrochar su energía vital a través del monitor y los teclados, de los cables de red y las redes inalámbricas, de las cámaras web y los nombres de usuario y contraseñas. Ahora que estos personajes han caído, alguien debería escribir el instructivo definitivo para derrocar una dictadura. Qué mejor que aprovechar que todavía tenemos frescos estos suceso en la memoria del mundo. Debería escribirse antes de que alguien más descubra como parchar o corregir los errores que cometieron esos hombres. Dictadores viejos cuya vida jamás pudo identificarse con los chavitos que vuelcan su vida a través de los medios electrónicos y poseen una pericia de origen incierto que les ayuda a usar las herramientas para destruir lo establecido. Claro, eso cuando no están sembrando tomates digitales que se colectan en cuatro horas. Sí, es hora… alguien debería escribir el instructivo para derrocar una dictadura, para que todos los países que no estén conformes con su gobierno, tengan a la mano un paso a paso de como...

Anécdota de una pausa.

By on Jueves, mayo 17, 2012

En las caminatas a lado de Nico, suelo dar una o dos vueltas sobre el mismo lugar. Repetimos la línea en distintos tiempos. Otra manera de viajar en el tiempo, supongo, simplemente dejar que transcurra. Luego me fijo en los cambios. Los más obvios son la gente que ya no espera el camión, la gente que ya se fue, que ya recorrió, que ya llegó a su lugar o la que apenas está saliendo para empezar un camino. También son los coches estacionados y los que andan, los establecimientos abiertos, los vigilantes en ciertas puertas, las bicicletas con los tacos de canasta. Los más difíciles son los más pequeños: las hojas caídas que se movieron con el viento, las hojas que ya no tiene un árbol, la basurita que alguien recogió, el pedazo de pan que se robó algún perro vagabundo, el movimiento de las nubes, la posición del sol y como modificó las sombras. Una vez me detuve cuando pensé en los cambios insignificantes. Encendí un cigarrillo, le di una galleta a Nico y tomé la decisión de no caminar más, al menos un rato, hasta contemplar someramente la infinidad de pequeños cambios, y si estos serían capaces de iluminar o arruinar una vida. ¿Si una hoja cae en un parabrisas, cambia en algo la vida de un conductor (su rumbo, su velocidad, su campo de visión)? Probablemente no, no de una manera tan brusca, que absurdo… ¿Lo es? Cayeron las cenizas de mi cigarrillo, Nico lamió los restos de galleta que cayeron al suelo y pensé que, además de la belleza en notar estos pequeños cambios, en la epifanía poética que estos podrían provocar. También sería una promesa de locura, lo más cercano en la rutina para comprobar la existencia de Dios. ¿Será tan peligroso abrir esa puerta? Nico se aburrió, dio vueltas sobre su eje olisqueando el suelo. Envidio su nariz, envidio todos los secretos que su nariz revela. Me agaché a acariciarle detrás de las orejas, la papada, me levanté y tiré suavemente de la correa. Vámonos, le dije, en voz alta, según para calmarla a ella, todavía nos faltan tres vueltas...

loto para lotófagos.

By on Viernes, enero 6, 2012

Empiezo el año pensando en los hombres que al comer unas flores, olvidaban su pasado, su familia y su vida. No se les podía simplemente rescatar de eso porque lloraban desconsolados, pensando en la droga amorosa que dejaban atrás. Las flores eran botanas epifánicas que los despojaban de cualquier otro propósito o deseo. Me imagino a los lotófagos con la boca llena, los pétalos del loto sobresaliendo de sus labios como si fueran botanas que comen descuidadamente. Los nutrientes de las flores se adueñan de sus venas, atrapan su sistema nervioso y los controla un deseo perpetuo de dormir, o de reír. (Estoy un poco dormido. Escribir el primer texto del año sería más fácil si tuviera uno de los dulces lotos entre los dientes. O tal vez algo de beber. Un whiskyto al menos. Prometo que este año beberé más, tal vez logre convertirme en alcohólico. Sería el siguiente paso ya que abandoné el cigarrillo por cuarta vez. Malo que ya me acostumbré a tener la cabeza sobria para escribir. Lo sobrio luego es bien aburrido. ¿O no? Nomás escuchen la palabra: sobrio. Podría jurar que comúnmente los juntan: sobrio y aburrido. Es un hombre sobrio y aburrido. Es una mujer de juicios sobrios y aburridos. Es una perrita muy sobria, muy aburrida.) Si buscara la isla de los lotófagos, descubriría hombres que llevan siglos apostados en la orilla, masticando pétalos y riendo como hienas. Sus papadas, sus brazos, sus estómagos arrugados tiemblan al ritmo de las carcajadas. El explorador que descubra la isla, se anotará el último gran descubrimiento: droga de la inmortalidad y el mal juicio. ¿No la inmortalidad es una tontería de por sí? ¿O es justo lo que se necesita? Seré inmortal a cambio de que pueda reír todos los días y apreciar los colores del cielo según mi cabeza accidentada lo permitan. (Me encojo de hombros. Nunca he querido ser un lotófago. Solo que en esta última lectura de Ulises y su viaje, los encontré fascinantes.La fascinación puede deberse a que tenía un cúmulo sutil de lecturas que hablaban de estos hombres y ahora, justo cuando llegué a esa parte, todas dieron como una flecha certera que activaron ciertas neuronas en mi cabeza. Probablemente siempre quise ser un lotófago. ¿O por qué no apelar a una metarealidad y jugar con la idea de que somos el sueño de un lotófago? Las teorías de la simulación también pueden explicarse con eso, o con qué nos tienen comiendo lotos y somos una parte del inconsciente, esa que no se rinde a tratar de mantener una vida…) …y jugar a la importancia de las responsabilidades, de los deberes y de las obligaciones. Una parte de nuestro espíritu está riendo en esa isla, junto con otros lotófagos, mientras esta otra pequeñísima e intensa parte, está tratando de sostenerse como una parte activa del mundo, de la sociedad, de su familia, de su individuo y de la gran nación a la que pertenece. La realidad está en el sueño, y el sueño es un lotófago, un lotófago que somos nosotros y qué incómodo, pero es más fácil negar que somos el lotófago. Nada mal para iniciar el año… claro que con un poco de whisky estaría mejor. Este año mi aventura será descubrir el sueño de quién somos o qué tan idiota soy tratando de comprobarlo. Este será mi año de la metaficción dentro de esas pequeñas eventualidades caseras y mundanas. Prometo seguir manteniendo este trasto de blog, pero les advierto, si encuentro los lotos que comían aquellos hombres… seguramente se me...

desvanecer.

By on Sábado, diciembre 3, 2011

Escribo acerca de un personaje que tiene una condición cardiaca. Las cajetillas de cigarros advierten los problemas cardiacos que puede traer la vida del fumador. Dejé de fumar otra vez. Llevo dos días. Mañana será el tercero. El tercer día para el que está dejando de fumar es muy importante, porque es el día en que la nicotina abandona su cuerpo y después, todo queda en la cabeza. Miré un episodio de “Quantum Leap” donde un luchador tiene problemas del corazón. ¿No es lo mismo que pasa en “The Wrestler”? Escribo acerca de un personaje con un corazón enfermo y no sólo me intereso por las guías que pueda dejar la ficción, también leo detalles de lo que sucede con las venas, con la sangre, con el oxígeno, con los límites que pueden y desean empujar para que nadie decida sus vidas. Ni siquiera el corazón herido. Lavaba platos y luego recordé un episodio infantil. Jugaba en casa. Me atraparon, me hicieron cosquillas y no podía parar de reír. Me reía, me reía hasta que todo se volvió blanco y las cosas se multiplicaban. Debía ser culpa de las lágrimas. Seguía riéndome. Mi risa se escuchaba como el eco de un espíritu que me está observando. Mi risa se convirtió en algo ajeno. No podía jalar aire. Es la única vez que he reído tanto. Me mareé y me dejé ir. Me abandoné a una exigencia desconocida, intrusa y necesaria del cuerpo. Mi tía me dijo que me desvanecí por cuestión de segundos. Le sonreí. Pensaba que jamás reiría como aquel día y es la verdad. Jamás he reído hasta desvanecer. Entonces pensé en el personaje con su enfermedad cardiaca. El personaje insiste en un deseo: terminar su vida en una explosión, digamos, “espiritual”. La secuencia obvia implica un orgasmo pero luego se me ocurrió la risa. Enjaboné un plato, un vaso, dos tenedores, me miré distorsionado en una cuchara y acerqué la cara. Como si pudiera platicar con él, le dije que podía matarlo de risa. Él me respondió tranquilo, encendiendo el cigarrillo que yo no puedo, que no estaría mal… siempre y cuando la muerte fuera su destino. ¿De quién no lo es?, le pregunté, ¿de quién no lo...

perros que están cansados.

By on Lunes, noviembre 14, 2011

Casi dos semanas después de la operación y de que la veterinaria confirmó que mi basset hound es un ejemplo de salud y de energía, me dieron permiso de salir a caminar con ella como regularmente hacía: dos paseos diarios de 40 minutos. Cuando mi esposa la trajo a casa, el perro era un saco de pulgas lamentable, que apenas podía moverse y titiritaba de frío con un poquito de corriente. La tuve en mis brazos porque había que cargarla a todas partes. Me dio tristeza mi perra. Me arrepentí de la operación al verla tan perdida. Sus ojos parecían llenos de humo, pensando en todos los hermosos cachorritos que jamás saldrían expulsados como parásitos. Lamentaba con tristeza que jamás consumirían su vientre, sus comidas, su vida. Durmió mucho un par de días. Se enroscaba para crearse un mundo propio de calor y de descanso. Nico apenas abría los ojos para mirar lo que hacía ruido y lo que los otros integrantes de su manada estaba haciendo. Entonces pensé en todo lo que habían dicho—. Le hará daño a su humor, engordará mucho y se convertirá en una sombra diluida de todo lo que pudo ser. Al tercer día la perra ya estaba aburrida. Medio dormido, me despertó su gañido cuando intentó brincar a la cama y le dolió la herida. La bajé entre mis brazos, encontró su pato de peluche, lo tomó con el hocico y me gruñó para invitarme a jugar. Brincaba para llamar mi atención, subía de un brinco a los sillones y jugaba al Fitipaldi entre la puerta del jardín, y la entrada de la casa. La miraba correr. Entonces sentía un retortijón en el vientre, pensando en las advertencias de la veterinaria: Le puede salir una hernia y entonces sí, ya se nos complicó la vida. Procurando su bienestar, la sacaba al jardín y cerraba la puerta, para que tuviera tiempo de echarse a descansar. Nico se acabó la corteza del limonero de lo aburrida que estaba. Y yo que pensaba que las espinas del limón me ayudarían a detenerla. Estaba equivocado. No tenía un perro… tenía un cancerbero. Un sabueso del infierno que exhalaba llamas por las narices de lo aburrida que estaba. “La sombra de los cachorros que nunca tuvo”, que imagen más estúpida. Más bien parecía que le habían dado permiso para romper toda existencia sedentaria que exige el trabajo de su dueño. La veterinaria me dijo que podía sacarla a caminar en muy breves espacios de tiempo cada dos horas. Las primeras caminatas confirmaron la fragilidad de su estado. Al llegar a casa, le faltaba el aire y se echaba a dormir. Aunque después de una hora, ya estaba levantada, gruñendo y mirándome intensamente. Necesitaba ofrecerle algo qué hacer. Fue la semana de las carnazas, que a veces lograban distraerla otra hora antes de hacer el segundo paseo. Cuando se acostumbró a las caminatas de cinco minutos, me animé a caminarla un poco más… aunque el poco tiempo no ayudaba en nada, sentía que nos estábamos preparando para regresar a nuestro rutina acostumbrada. Hoy pude caminar con mi saco de pulgas. Hicimos el circuito de siempre. Ella se detenía a oler el pasto y orinarlo. Yo me dedicaba a jalonearla y llamar su atención. Nos costó trabajo agarrar ritmo pero eventualmente todo salió bien. Estas pequeñas costumbres que estructuran los días y que luego dificultan la vida si no se cumplen. Me gustaría pensar que Nico sintió tanta paz como yo la sentí cuando pudimos dar esa primera caminata después de un tiempo breve que registré, por humano que soy, como una...

Nico y la promesa de un sueño infinito.

By on Martes, julio 5, 2011

Anoche soñé con una película de terror. Tal vez fue culpa de Wired Magazine y su artículo muy simplón de los asesinos que son incapaces de morir. Ya no recuerdo el sueño, pero recuerdo la sensación que tuve al despertar: como si me hubieran metido un cuchillo por el estómago después de un temor agudo, un terror intenso, que me tenía al borde del asiento toda la historia, porque en el sueño lo miraba como una película y al mismo tiempo actuaba. Era testigo de mi propia persecución y muerte, de mi desarrollo inevitable y superficial que me conducía a la muerte a manos de una entidad sobrenatural, o de un asesino a serie, o del hijo deforme que nadie quería y le pusieron una máscara, le dieron un machete y le dijeron, ocúpate en algo mi niño, ocúpate del pendejo ese que nos está mirando. Fui testigo de mi propia muerte como el tipo de “La jetée” o Bruce Willis en Twelve Monkeys. Es tan fácil desdoblarse en el sueño y pensar que eres dos, que eres tres, que eres cinco o seis. En el sueño te ves en un reflejo y te vuelves el contrarreflejo. En los sueños eres un diablo que toma posesión de todos los personajes. Sí, es raro pero pasa: El momento donde al diablo le sale el tiro por la culata y se queda atrapado en un personaje y que además, es testigo del camino que le espera. El exorcismo de un diablo y el diablo que, antes era travieso y dicharachero, quiere gritar que detengan la película, que no le echen el agua bendita y que lo dejen tomar posesión de un cuerpo humano, porque si no le esperan los separos en el infierno, o los regaños del jefe, ese que le abrió las puertas ardientes para que entrara a hacer travesuras. Nico se descubrió en el espejo relativamente rápido. La primera vez que se miró, se subió a la cama mientras yo dormía y mi esposa se bañaba. El perro dio la vuelta y se encontró con otro perro que se movía como ella. Se ladró varias veces y luego se agachó. Justo en ese momento me desperté, la empujé y la tiré, para que no se quedara en la cama. –Bájate –le gruñí y caí dormido casi inmediatamente después. Sol terminó de bañarse y regresó a la cama. Luego de ese día, decidí comprarle un espejo para que se descubriera así misma. Fue casi inútil. El primer encuentro había bastado para la memoria del basset. Cuando le puse en el espejo se miró, acercó a oler y comprendió rápidamente que no había nada ahí, que sus ojos le estaban engañando y que su olfato –su poderoso olfato que todo lo sabe–, registraba el espejo como una ilusión, un mundo engañoso al que sólo podía entrar uno en sueños. Ahora me parece que cuando duerme, Nico entra al mundo del espejo. La vigilo mientras tiembla, mientras ronca, mientras bufa y pienso que juega con su reflejo, que se persiguen las colas y se muerden las orejas. Pienso que a veces entra a mis sueños para morder los espíritus malignos pero esta vez nos salió mal. Yo porque tenía la idea de crearme un asesino perfecto, uno que jamás muriera y pudiera atravesarme el estómago con un cuchillo y ella porque se distrajo persiguiendo su reflejo, lamiendo el interior de sus orejas para dejarlas limpias y acostándose sobre las arrugas, y más arrugas, para sentir el calor de ese mundo frío, reflejado, aparentemente muerto si no es por el sol y por el movimiento del que se le pone enfrente. A veces creo que Nico se cambia por su doble y regresa como un perro nuevo, un perro con ganas de aprenderlo todo, pero aún cuando sus reflejos intercambien lugares, ambos envejecen y gradualmente duermen más tiempo, se echan más tiempo a soñar y a dormir, presiento que en algún momento, intercambiarán sus lugares tan rápido que nunca regresarán las dos del mundo del espejo, a no ser que sea por algo realmente importante, y entonces, Nico descubrirá el sueño infinito. Yo, bueno, si vuelve a suceder, estaré preparado para recoger mis entrañas con las manos. Qué...

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