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13033 (Juliette)

By on Domingo, mayo 19, 2013

Sade también escribe un laberinto dentro de Juliette. En su afán de complacer a Saint-Ford y a otro ministro (¿O era un príncipe?), construye un laberinto dentro de su jardín donde los pierde para que den rienda suelta a sus impulsos criminales y libertinos. Me encontré sumergido ahí, en las sombras, entre los arbustos y los árboles, para ser testigo de sangrientos crímenes. Sade se contiene (o quizás el traductor, o quizás una censura vieja), pero el ministro usa sus instrumentos para extraer las vísceras de una mujer viva. La referencia velada fue suficiente para que sintiera miedo. Supongo que esa es una de las virtudes de Sade, una libertad sin límites no viene sin los temores de ser libre, ser esclavo de los impulsos y la naturaleza es más errático que las cómodas esclavitudes cotidianas a las que estamos cada vez más condenados. Saint-Ford entrega a Juliette el dinero para sus...

13029 (Juliette)

By on Lunes, mayo 6, 2013

Los perros: Como soy mono de ciudad, tomo nota de los perros que tienen en los terrenos que están a mi alrededor. Mi vecino inmediato tiene una jauría de cinco perros. Asumo que son necesarios para proteger el terreno de las ratas, los topos, las víboras, y los perros de los baldíos foráneos. No me imagino que los ladrones sean cosa grave. ¿Qué se van a robar? ¿Mazorcas? Alguna vez me contaron que algunos ladrones entran a los baldíos para robarse los grillos. Los grillos se fríen y se venden como botana en los mercados. En terrenos vecinos, he contado una jauría de tres y una jauría de cuatro o cinco. Otro vecino es dueño de tres boxers a los cuales mantiene encadenados. Estos perros, atados a su correa, nos miran a mí y a Nico pasear (cuando pasamos por ahí, últimamente evito el lugar). Esos perros tienen cara de personas, pienso que algo pensarán de nosotros. No sé si estos perros...

13026 (Juliette, Rest My Chemistry)

By on Jueves, abril 25, 2013

Sade me está costando más tiempo del que pensé, y ahora que releo Juliette, no recuerdo muchas de las cosas que ya había leído en la versión recortada (¿Qué tanto habrán recortado? Obviamente, un montón, no se comparan mil páginas a las 150-200 de la versión barata, pero… ¿esa edición se limitará a algún algún capítulo en especial, o intentaron recortar la obra completa? ¿Serán fragmentos escogidos? No tengo mi copia chafita, la presté (en contra de mis principios) y no puedo comparar. Ahora eso me da curiosidad y a veces me distrae de mi lectura). Otra de las estructuras de Sade es que, para sustentar el libertinaje de sus malignos personajes, usa ejemplos de varias culturas y personajes celebres. Tormentas preguntó si eran culturas exóticas, no, también usa costumbres de regiones europeas (obviamente, lo exótico se refiere a lo que no sea Europa, incluso América o Estados Unidos es...

13003 (Los malditos niños)

By on Jueves, marzo 14, 2013

Vine al área de negocios del hotel, es un área muy cómoda donde el internet es estable. Optimista, casi tanto como Alfredo Peniche, traje mi iPad y mi teclado inalámbrico, decidido a que me sentaré a escribir aquí. Aunque sea algunos postitos para el árbol. Empezó todo mal. No había espacio en las mesas porque las ocupaban unos gringos mirando una película de Adam Sandler. Los cuatro escritorios con computadoras estaban ocupados. Entonces fui a los sillones, resignado a la comodidad. Cuando me senté en ellos me hundí, casi me caigo a otro lado, un mundo al revés. Así no se puede escribir, suspiré, le pedí a mi esposa que guardara el teclado. (Ella decidió seguirme para ser testigo de mi pequeño capricho). Me puse a leer los correos pendientes. Un centenar de correos, y de nada importante, la mayoría son avisos de Twitter que activé recientemente. Quizás los desactive de nuevo, en...

Voltear a los ángeles

By on Jueves, septiembre 13, 2012

Me pregunto si servirá de algo voltear ángeles, así como uno voltea a San Antonio para conseguir los milagritos. Me acuerdo de “¿Qué te ha dado esa mujer?”, cuando el personaje de Rosita Arenas volteaba al santo para alguno de sus nefarios planes. En aquel tiempo era chistoso que el personaje se llevara gran porcentaje de la propina para ponerlo en el cochinito. La gracia actual de lo políticamente correcto nos lo presenta, sin chiste alguno, como algo mezquino, una actitud de un ladrón o de un salvaje. Me daba gracia. Hogaño, una porción de mí piensa en lo incorrecto, en lo terriblemente tacaño del asunto. Dejar propina es un acto definitivamente subversivo: Tanto para los que dejan las monedas como para los que, con rostro gravísimo y las convicciones bien puestas, dicen que no. Hay gente que se inventa una larga disertación de por qué no dar la propina para provocar la...

Un poco de amor para Padre Taxi

By on Miércoles, septiembre 12, 2012


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No sólo para Padre Taxi, también para el blog en general. Desde hace tiempo (quizás un año), dedico unas horas a la semana para editar las entradas y verificar formato, fotos de presentación, y otros detalles estéticos. Cambiarse de nombre fue lo fácil, los desastres vinieron después. He arrastrado muchos problemitas por ahí: Se rompió el markdown, las primeras fotos las puse en el servidor de picasa en lo que arreglaba otras entradas, y un par de cosas más en la lista. Quisiera darle más tiempo, pero la edad y la vida me alcanzaron. Prefiero hacer otras cosas. Prefiero escribir en el mundo de afuera, por ejemplo. O de repente me caen trabajos a los que le dedico semanas o meses enteros, y me quedo sin tiempo para prestarle la atención necesaria. Podría hacerlo durante una hora al día, pero tendría que quitarle a Nico su paseo diario y eso es algo que, simplemente, para mi lotófago...

Aysí.

By on Viernes, agosto 17, 2012

Ay sí, ay sí, con la app de wordpress ya puedo escribir, mientras camino, en mi blog. Así me arriesgo a darme el putazo pero el ejercicio de la escritura cronológica se convierte en un verdadero deporte. Uno de riesgo. No diré que de alto, porque eso suena bien pendejo, pero al menos de mediano, porque un putazo contra el poste duele. Igual hasta deja cicatriz. Ya me pasó alguna vez tuiteando. El guamazo sonó tan duro que hasta mi perro chilló del susto y casi salió corriendo, lo que me jaló más, y si acaso pensaba felicitarme por no caer de rodillas, se quedó como una esperanza noble mientras mi pantalón rayaba la banqueta y escuchaba la carcajada de unos polis en bicicleta nada mensos, porque seguían mirando al frente, riéndose del pendejo que se cree atleta, que se cree multitasking, o recepcionista, pero de las chingonas, que tienen tres llamadas en espera, revisan el cuaderno de...

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