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escrito por el Sábado, abril 20, 2013

13025 (Juliette)

13025 (Juliette)

Lista de cosas que me preocuparon al iniciar el 2013:

  • Los kilos que bajé, y subí, y ahora debo bajar de nuevo. Ni modo. Hay que dejar la coca cola. Busco hacer ejercicio además de las caminatas con los perros y el cardio de tres o cuatro veces a la semana en el gimnasio. El ejercicio también es tiempo al día que desaparece.
  • Organizar el tiempo para leer libros quita muchos otros placeres: La televisión, los videojuegos, el ocio en internet, las charlas con los amigos. Sin embargo, la lectura y su obligado tiempo de reflexión, son uno de los ejes principales en la vida del escritor.
  • Escribir en el árbol para no dejarlo a la merced de las islas binarias. Ya son muchas, y son muy abandonadas, y no quiero escribir mi blog en Facebook. Trataré de escribir las anotaciones los lunes y los domingos, un par de horas, y luego programarlas al azar para que se publiquen solas.
  • Son tantos y muchos los textos que quiero escribir. Tomo notas en el teléfono mientras camino, pero no es hasta que me siente y empiece que no sabré si debo perseguir la idea o desecharla. Es cierto. La inspiración (ese término espantoso) llega cuando menos lo espera uno. El trabajo es pulir esa inspiración y convertirlo en algo, lo más cercano que se pueda, perfecto.
  • También tener tiempo para el ocio, y divertirse. También es necesario relajar la cabeza para no consumirse en el propio pensamiento. Ojalá pueda ver a mis amigos, ojalá pueda beber con ellos, ojalá disfrute mucho a mi mujer y a mis perros, ojalá siga disfrutando mucho más que lo hice el año pasado, y el año pasado a este, y deje la nausea para pocas fechas, porque la nausea está bien, nos recuerda que somos polvo, pero tampoco se trata de convertirnos en lodo.
  • El Bushido me recordó una cosa muy sencilla que pensaba siempre, desde niño. Puedo morir en cualquier momento, e incluso, debo despertar preparado a la muerte. Que no se desperdicie ningún segundo pero que los segundos desperdiciados tampoco sean completamente estériles.
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escrito por el Sábado, agosto 18, 2012

Año número 10

Año número 10

18 de Agosto, 2012.

El “Árbol 2:17″, antes conocido como “Árbol de los mil nombres”, cumple su décimo año en la red. Es hora de celebrar, por supuesto, con un chingo de numeritos.

Hablemos brevemente del año:

Ahora, como se cumple el año número diez, hablemos de los números totales en el árbol.

Los cinco sitios que me han patrocinado más visitas durante todo este tiempo, obviando redes sociales, buscadores y otros servicios (¡Gracias!):

Las diez anotaciones con más visitas desde que mudé de servidor:

  1. Calaveritas Webloggeras
  2. Entre mujeres podemos despedazarnos
  3. Del diario de Simón Dor: Unicornio
  4. pesadez en la Cabeza
  5. Arreglar la habitación
  6. Fotocuento: “El culo de Ofelia”
  7. Instrucciones para la masturbación con cajeta
  8. Letras que forman palabras
  9. Del 100 Vidas: El maestro de los disfraces
  10. Se piratearon el logo del IMSS

Cinco búsquedas raras (según Google, y otros)…

  • chistes de menonitas
  • gracias por tu trabajo
  • que palabras se forman con estas letras
  • que letras constituyen la palabra fantasma
  • japonesas sexosas

Hablemos de los textos, y los números contenidos en ellos. Recuerden que son los totales.

  • Total de palabras en todas las entradas: 1,368,785
  • Total de entradas: 2092
  • Número de visitas (desde el árbol1000n hasta árbol217): 1,014,219
  • Promedio de palabras por entrada: 654
  • Kilómetros caminados con Nico: 877
  • Kilos bajados: 18
  • Veces que mojé la cama: 0

Las diez palabras más utilizadas.

  • Vida (2040).
  • Día (1966).
  • Dos (1943).
  • Tiempo (1770).
  • Ojos (1756).

Datos de interés.

  • Curiosity llegó a Marte. Todavía me emociona.
  • Gané un concurso literario: Décimo Sexto Estatal Guerrero de Cuento Corto José Agustín 2012, el cuento se llama “Lotófago”. El sitio del concurso / premio dice lo siguiente: Ana Alonzo, Praxedis Razo y Daniel González Dueñas, acordamos otorgar el Premio Nacional a “Lotófago” (166), presentado bajo el seudónimo “Cerdo de Circe”, por considerar la intensidad de su propuesta, su audacia mítica, su calidad imaginativa y su diálogo con lo clásico. En este cuento destacan no sólo su pulcritud, su estricto sentido monologal y su nostalgia, sino su estructura en varios niveles simultáneos y su óptima resolución. Y que me la creo.
  • Mi madre envío un correo felicitándome por el cuento, y añadió que mi abuela, y mis abuelos (los que apenas conocí), estarían muy orgullosos del cuento. El detalle me arrancó una sonrisa. Sol también es muy feliz con el resultado. Ahora no me deja en paz con que siga escribiendo y todos los días me manda páginas de concursos. Mis horarios de sueño son horribles entre el trabajo y seguir escribiendo, pero me gusta.
  • Los departamentos que construyen a unos terrenos de dónde vivo, cada día están más terminados. Ya que me estaba acostumbrado a ver el Popo diariamente, a través de la ventana.
  • Tengo tres, cuatro libreros en mi oficina. No los he llenado, no tengo tanto libro. Debería considerar moverlos antes de que me gane el tiempo y sea imposible arreglar el espacio.
  • Probablemente cerraré mi cuenta de flickr. Me gusta mucho instagram.
  • Salud.
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escrito por el Viernes, junio 29, 2012

Pasos en la azotea.

Pasos en la azotea.

El país siente pasos en la azotea, como hace doce años, cuando por primera vez el partido que gobernó durante más de 70 años tuvo que ceder la presidencia. Al menos de nombre. Recuerdo la ansiedad de entonces: Mi familia estaba pegada a los periódicos, a los televisores, hablaban de las encuestas. Aparentemente era un shock cultural que ganara otro partido que no fuera el PRI. Recuerdo también, cuando era niño, y la propaganda de Salinas de Gortari estaba por doquier, que era gracioso votar por otro. A la gente le parecía una broma la pregunta: ¿Usted por quién va a votar? Por el mismo de siempre, ¿qué, hay otro?

La ansiedad de hace doce años es muy parecida a la de hoy, sólo que esta tiene eco, tiene una resonancia cibernética que cimbra a mucha gente y la invita, la empuja, la obliga a participar. He visto como este discurso digital atraviesa los muros de Facebook y las cronologías de Twitter para llegar a la gente que no los usa como un recurso habitual. Hoy sorprendí a los pepenadores hablando del voto razonado de algunos periodistas y ¿cuántos votos razonados no hemos leído en estos últimos días? ¿Cuántas conversaciones, incluso inesperadas, no hemos tenido acerca del tema político, de por quién vamos a votar, de por nuestras razones y luego el convencimiento en caso de la digresión?

Estos últimos días sopesé la idea, sí, también, de escribir acerca de mi voto y por qué. No lo haré. El voto es secreto según reza la leyenda. Ese es mi derecho. Después de ver como el tema político ha construido monstruos retóricos y discusiones de variantes infinitas, prefiero no participar con un escudo, un abanderado, un profeta o un perro. Algunas veces me daba risa, otras veces me daba vergüenza, imaginando a la gente en sus discusiones como perros intolerantes que muerden los tobillos y no ceden. Al menos me evité las mordidas y quizás, me evito unas cuantas más. Me guardo por quien voto y haré lo que siempre he hecho, observar y callar, pero con una decisión tomada. Aún cuando la propaganda política inunda el ruido, los papelitos llenan las calles y los tuits llenan cronologías con uno u otro nombre, guardo mi voto para bien tempranito el primero de Julio.

Lo único que quisiera insistir y en esto he sido consistente, es que se levanten a rayar esa boleta. Hagan lo que quieran con ella: Elijan a su presidente, anulen su voto o dibujen algún garabato, pero preséntense y participen. Por favor, no se abstengan. Antes teníamos una dictadura aparentemente democrática. Hoy tenemos una democracia que apenas está funcionando y necesita que sus ciudadanos la sigan alimentando. No solamente los políticos son dinosaurios tropezándose en la oscuridad, también nosotros, los ciudadanos, apenas estamos descubriendo como funciona esto y como evitarnos las trampas, los embustes, las viejas cantaletas de siempre que hipnotizan y duermen. Somos un país que apenas aprende un baile y que no debe rendirse.

Los dinosaurios no lo han descubierto, pero andan a oscuras en una casa llena de trampas y nosotros, los ciudadanos, somos quienes los espantan con los pasos en la azotea. No cejemos, gane quien gane, sigamos buscando esa ventaja, sigamos quejándonos, sigamos adaptando el juego político para que todos ganemos algo.

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escrito por el Lunes, junio 18, 2012

Ruido blanco.

Ruido blanco.

Este es un artículo que se publicó en mi columna mensual (La Habitación de Humo) en el número 54 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados.

La habitación se llena con el humo del cigarrillo. Se nos ocurre que estamos sumergidos en un sueño por culpa del humo que sólo permite ver siluetas, que sólo permite escuchar sonidos de algún mago, de alguna criatura, del abuelo y como mueve las hojas de sus viejos periódicos, los viejos documentos que guarda con la información de hace años, hace siglos. Alguien abre la ventana, el humo se disipa, se termina la sensación onírica y los sentidos se disparan paulatinamente para capturar todo lo que no pudieron capturar antes. Curiosamente todo nos parece más real que antes, ¿y no es cierto? Pero que es verdaderamente real, dirían algunos filósofos, algunos personajes de película que interpretan la realidad como capas caprichosas, ¿qué es real?

El ruido blanco es muy similar al humo que sumerge una habitación en la inconsciencia. Recuerdo cuando las televisiones eran análogas y carnosas, antes de que el internet fuera abundante como ahora. Eran un rescate para los insomnes solitarios. Dejabas prendido el aparato, escuchabas los infomerciales o las repeticiones de algún programa científico, o social, y eventualmente entrabas a la zona del ruido blanco. Probablemente ya estabas dormido para entonces y si ya lo estabas, el ruido blanco se convertía, aparentemente, en un agradable pasaje para el mundo metafísico, donde podrías abrir las puertas y hablar con el inconsciente. Si no estabas dormido, entonces apagabas el televisor. El sonido incomprensible era molesto.

En estas etapas electorales hay mucho ruido blanco. Demasiado, diría. No es para menos. Se nota que somos una democracia joven porque cualquier golpecito (o ausencia de golpe) a cualquier candidato se convierte en una noticia. En internet es increíble la velocidad con la que se difunde la información y todavía más, cómo ésta puede continuar repitiéndose hasta dos o tres días después. Nadie puede detenerlo. Tener algún aparato prendido: televisor, computadora, celulares, hasta teléfonos, a cualquier hora del día, está transmitiendo ruido blanco que puede ser una de dos cosas: una música hipnótica que nos lleva agradablemente al sueño o una colmena de avispas de la que no podemos huir a ningún río para amortiguar el escándalo.

Dicen algunos que lo malo de internet, es que ahí se quedan las notas, que no hay rigor periodístico, que es un cúmulo de serpientes que sesean maldiciones. En internet todo se queda, dicen, y las comunidades más humildes, menos comunicadas, quizás menos ricas, serán manipuladas igual que antaño. Pensaba lo mismo hasta que paseando por mi comunidad, a un lado de mi perro orejón y baboso, encontré gente humilde en los cafés de internet, pagando sus diez pesos la hora para informarse y no sólo eso, pedían a la persona que atendía, en caso de no entender algo, de no leer correctamente, que les explicara el artículo. Fue un espectáculo maravilloso, y aterrador. La gente, como en un campo resonante que nos une, misteriosa y simultáneamente aprende que ya no puede confiar en los medios tradicionales y deciden, valientemente, sumergirse a la aventura del ruido blanco para validar las que serán sus decisiones, pequeñas decisiones que acumuladas resultarán en el destino del país.

Por lo pronto ya decidí y me gustaría comunicar mi decisión, es una muy sencilla y que pienso, también, (mis dos centavos al ruido blanco), debe repetirse: No hay de otra, no lo pienses mucho, el día de las elecciones levántate y sal a tachar esa boleta. No importa por quien votes, no importa si anulas, no importa si dibujas una tira cómica en ella. Levantarse y hacer es el primer paso de un trabajo continuo por hacer que las cosas funcionen, mejoren, sean más agradables para todos. El voto es un medio de expresión, el voto es el alimento para el bebe democrático mexicano que apenas está gateando. Si los jóvenes escandalosos piensan hacerlo, si los campesinos que gastan diez pesos la hora por información piensan hacerlo y si todos los que ya se vendieron por una torta piensan hacerlo, únete. Dale sentido al ruido blanco, ese que no se calla.

Y qué bueno, a veces despreciable, a veces chocante, pero qué bueno que estamos llenos de ruido blanco, qué bueno nuestro gateo infantil demócrata con ganas de convertirse en un adulto, qué bueno el discurso repitiéndose acerca del poder popular de la elección, del destino, del si no me gusta puedo cambiarlo, qué buena la energía juvenil de los que no se callan y difunden, gritan, retuitean, comparten y recomparten otra vez, se plantan y le aprenden a las hormigas para seguir llevando sus palabras a todas partes, a todo el ancho y largo del país, la necedad suficiente para que todos sigamos escuchando.

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escrito por el Sábado, junio 16, 2012

Los nueve mil desaparecidos.

Los nueve mil desaparecidos.

Este es un artículo que se publicó en mi columna mensual (La Habitación de Humo) en el número 24 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados.

Hay una nota cuya explosión es notable y que sigue resonando en el país: La muerte de Juan Francisco Sicilia y la cruzada de su padre –Javier–, por descubrir a los responsables del crimen. Recientemente apareció una segunda noticia donde la CNDH liberó un comunicado apoyado por la ONU que dice que desde el 2006 para acá, son nueve mil los muertos que no tienen nombre y un poco más de cinco mil los desaparecidos. La ONU no quiere que México niegue a sus muertos y exige una solución humana al país para que exista un registro.

Ambas notas son la consecuencia natural de una guerra. En la primera nota tenemos a un mártir y un padre que está por convertirse en un héroe para todas las familias que están buscando una resolución a la muerte de uno de los suyos. Son familias que buscan un cuerpo entre esos nueve mil cuerpos sin identificar, o que bien, necesitan saber si hay un cuerpo entre los cinco mil nombres desaparecidos. El poeta se ha convertido –a costo muy alto– en un abanderado. El poeta es la voz que… naturalmente, le faltaba a esta guerra que se está luchando.

La CNDH exige que el ADN de los muertos sin nombre, se conserve en una base de datos para que, eventualmente, cuando las cosas estén más relajadas, alguien tenga la delicadeza de descubrir el nombre de los muertos y notificar a los familiares que han perdido a alguien. La ONU decidió apoyar la exigencia porque, pues, es de humanos ponerle nombre a los muertos y dar las noticia para que los familiares puedan practicar el rito del abandono y del continuar viviendo.

Me imaginé al hombre que tuviera esta labor de clasificar a los muertos. Una especie de bibliotecario que tuviera la triste labor de guardar los datos: una gota de sangre, un pedazo de piel, forma y tamaño de las dentaduras. Me lo imagino acariciando los cuerpos como si fueran libros y retirando un pedazo de sus hojas, para guardarlos en pequeños contenedores que, como en una profecía, eventualmente serán abiertos. Me lo imagino vestido de negro, acomodándose los anteojos y con el rostro más serio del mundo, porque si piensa mucho en ello, empezarán a temblarle las manos y se encerrará en un cuarto a llorarle a los que no tienen nombre, como Don José y sus manos que paseaban entre las actas.

Me imagino a este bibliotecario solo, abandonado en un edificio que le habrán quitado a algún empresario por no pagar impuestos, recibiendo órdenes del gobierno en turno. Cada año le cambiarán a los asistentes, pero él se queda porque es el único que puede hacer la chambita lúgubre y además de que no quieren entrenar a otro, ya nadie quiere su chamba. Tiene una fuerza de voluntad extraordinaria, tiene la paciencia para decir que sí a órdenes obtusas y puede sentir el temor a los hombres que dan órdenes. Obedecerá cuando un partido pida que los contenedores sean de plástico, y otro partido pida sus contenedores de vidrio rosa.

asado algunos años, el bibliotecario de los muertos se presentará ante el Presidente y el seleccionado por la CNDH, por la ONU, para dar cuentas de sus logros y para, por supuesto, enseñar el color de los contenedores tan preciados. Después de esa breve reunión, el bibliotecario regresará a su soledad, a la compañía de sus libros humanos y prenderá una o dos computadoras, que harán correr los procesos que le ayuden a descubrir los nombres. Cada día se descubrirán uno, dos, o diez nombres, pero nunca serán suficientes. Su cuota diaria entre los nueve mil que ya tiene y los que están muriendo diariamente, harán de su tarea algo imposible.

Cada diciembre, se presentará frente a televisión y liberará por internet, una lista de todos los muer- tos que logró identificar en el transcurso del año. A veces, esta misma lista será quienes avisen a los familiares que buscaban paz, otras veces, habrá tenido el apoyo de un noble equipo de trabajo que pudiera llevar o entregar las notificaciones.

Durante los primeros tres años, me lo imagino vi- viendo con la esperanza de que algún día terminará y luego, me lo imagino diez años después, canoso y de lentes más gruesos, con unas cuantas arrugas en los ojos por los días en que no pudo contenerse y ya con la experiencia de que la esperanza es un lujo para los que no están pasando sus dedos entre los cadáveres, los dientes, y los dedos inertes, bus- cando pedazos de piel que pueda catalogar como libros.

Me lo imagino haciendo esa relación: La persona es un libro, un diario de experiencias que lo deshojaron o lo quemaron abruptamente porque su impresión, lamentablemente, se dio en un país que no aceptaba los libros, ni el placer, ni la vida.

Me imagino a este bibliotecario mirando por el televisor las marchas que se dieron en honor al hijo muerto y al padre de corazón roto. A veces me lo imagino sonriendo a medias y lo escucho susurrar una majadería triste y verdadera. Al menos tu muerto, poeta, tiene nombre. Otras veces me lo imagino enojado, rompiendo los televisores, rompiendo los periódicos, pero jamás perdiendo la piel de ninguno de sus muertos. Ojalá ese hombre tenga la fortaleza del poeta, aprenda de su resolución, y que logre encontrar todos los nombres.

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escrito por el Martes, mayo 29, 2012

Un anciano viejo, viejo.

Un anciano viejo, viejo.

Este es un artículo que se publicó en mi columna quincenal (La Habitación de Humo) en el número 8 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados.

Fotografía: “Alice and the white knight” por thedemonshihat

No lloraste tanto como había supuesto -dice el Caballero Blanco a Alicia, des- pués de cantarle una canción de despedida. Dodgson, o Lewis Carrol, escribió “Alicia en el País de las Maravillas” y su continuación “A través del espejo”, como quien escribe un juego a uno de sus más queridos amigos.

Ese juego matemático e ilusorio se ha visto recompensado con obras, que aún hoy, inundan la imaginación de aquellos quienes fuimos niños y tuvimos el libro entre nuestras manos. Así tenemos fantásticas, dispares y derivadas locuras que nacen de estas primeras palabras: La políticamente correcta Alicia de Disney, la Alicia retorcida de Burton, la Alicia musical de Bunbury, la Alicia en stop motion de Svankmajer, la Alicia psicótica de American McGee, la Alicia adulta de J.P. Farmer en el Mundo Río, entre tantas Alicias más que puedan existir en el mundo, todas derivadas de esta primera que bajó por aquel túnel y después atravesó el espejo. La ilusión de una niña que al iniciar este camino desciende a la locura y al final de este largo viaje, aún cuando cree que fue un sueño, presiente que algo cambió. Se presta, fácilmente, tomar el personaje de Alicia como una metáfora de cambio, renacimiento, locura, hormonas y crecimiento.

Sin embargo, dentro de todos los enigmáticos personajes que existen dentro del espejo, aquel que me parece inolvidable es El Caballero Blanco. “De todas las cosas extrañas que Alicia vio durante su viaje a través del espejo, esta fue la que recordaba luego con mayor claridad. Años más tarde podía aún revivir toda aquella escena de nuevo, como si hubiera sucedido sólo el día anterior…, los suaves ojos azules y la cara bondadosa del caballero…,” Es así, como Dodgson empuja al Caballero Blanco a cantar la canción de despedida para Alicia, antes que ella se convierta en reina.

Una canción que, según el Caballero, tiene muchos nombres y según Alicia, uno solo. El hombre la acompaña durante un largo tramo y me recuerda mucho a otro personaje literario entrañable: Es un hombre viejo, usa una armadura de latón y otros instrumentos improvisados, es un inventor de cosas poca prácticas, incluso de locuras podría decirse, es un hombre afable y elocuente y que al darse cuenta de la pronta despedida, de mirar como Alicia está a punto de transformarse en reina, le regala una última canción para que ese encuentro sea inolvidable. ¿Miran lo mismo que yo, o acaso ya leí muchos libros de caballerías?

Sin embargo, el honor y su papel en el ajedrez de Dodgson, lo conminan a dirigir a Alicia a ese final inexorable. Es el Caballero Blanco quien le señala el camino a Alicia para conseguir la corona y finalmente, pueda convertirse en Reina. Ah, pobre de Alicia y sus ramas metafóricas, no es difícil llevar esta historia como un tajante abandono de la niñez, el juego, y la risa por la locura. La amiga de Lewis Carroll, la señorita Lidell, pronto crecería y abandonaría el encanto de los acertijos que Dodgson creó sólo para ella.

Así nos encontramos todos atados a las historias de locura y fantasía. Esas histo- rias que nos llevan a un mundo deseable, donde el sinsentido sea lo que más sentido tiene y la seriedad en las bocas de los hombres pierde validez frente a las armaduras de latón y las despedidas de ancianos viejos viejos. Dodgson, en “A través del espejo”, desea que Alice (Lidell) todavía pueda recordar esa canción después de muchos, muchos años. No soy Alicia, pero aún hoy recuerdo aquella despedida y de vez en cuando, murmuro retazos de la letra.

“Susurrando murmullos y bisbiseos,
como si tuviera la boca llena de pastas,
y que resoplaba como un búfalo…,
aquella tarde apacible de antaño…,
asoleándose sentado sobre una cerca.”

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escrito por el Lunes, mayo 21, 2012

El palacio de la memoria (fragmento de una anotación).

El palacio de la memoria (fragmento de una anotación).

Vi una plática de Ted que habla de la memoria y los espacios. “El Palacio de la Memoria“. Cuenta la historia de un poeta que, después de un banquete, abandona un palacio y éste se derrumba. El poeta entonces lleva a cada una de las familias al lugar donde estaban sentados los invitados, sus cadáveres irreconocibles bajo los escombros. Chistoso (no hablo de la muerte, hablo del proceso de recuperación). La anécdota se convierte en una especie de memoria múltiple, capas de memoria. Mientras el poeta recitaba el poema miró los rostros, los rostros se convierten en el poema y el poema son los rostros, los lugares, donde se perdieron los muertos.

Me gustaría educar mi memoria, me encantaría aprender párrafos enteros de las novelas que me gustan. Quizás lo empiece a trabajar. En vez de confiar en el diablo de la memoria por repetición, confiar en otro diablo: la memoria de la asociación. Liberar la mente para la distribución de imágenes que ayuden a traer esos pedazos.

Distracciones. Los gorriones vuelan afuera, sin rumbo, dan vueltas, giran, el cielo es demasiado gris. Probablemente llueva, sí, ojalá que llueva. Es fácil aprenderse una canción por todas esas imágenes que provoca. Las canciones no están atadas a la belleza del lenguaje, sino al ritmo y las imágenes. Como la coca cola en una ciudad hecha de cenizas, de Modest Mouse.

El “Palacio de la Memoria”. ¿Recordaré este día después de abandonarlo en escrito? ¿Recordaré a los hombres que caminan en el baldío y los perros que se ladran unos a otros? ¿Recordaré el vuelo de los gorriones? Confía en tu cabeza. Dale de beber. Sigue leyendo Proust. La memoria, curioso, la memoria en busca del tiempo perdido funciona por esos pequeños gestos idiotas que hacen sus personajes. Los gestos idiotas, aún cuando no aprendas sus nombres, te los ubican en cierto contexto, en cierta posición.

Anoche recordé a Maurice Maeterlinck en la vida íntima de las abejas. Oriane, Mmlle. de Guermantes, habla de la vida de las flores y lo hace en ese mismo tono de curiosidad, de numeración, de acumulación de eventos naturales. Fue como releer un fragmento de aquel libro. Es gracioso porque ella, unos capítulos antes, habla de su desprecio por Maeterlinck. Es sumamente interesante el personaje de Oriane, y sus contradicciones aparentes, bien estudiadas, sí, indudablemente se trata de recobrar el tiempo… tiempo recobrado, lo que no deseamos perder de los días aparentemente triviales, superficiales, inútiles.

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