Google PlusFacebookTwitter

13025 (Juliette)

By on Sábado, abril 20, 2013

Lista de cosas que me preocuparon al iniciar el 2013: Los kilos que bajé, y subí, y ahora debo bajar de nuevo. Ni modo. Hay que dejar la coca cola. Busco hacer ejercicio además de las caminatas con los perros y el cardio de tres o cuatro veces a la semana en el gimnasio. El ejercicio también es tiempo al día que desaparece. Organizar el tiempo para leer libros quita muchos otros placeres: La televisión, los videojuegos, el ocio en internet, las charlas con los amigos. Sin embargo, la lectura y su obligado tiempo de reflexión, son uno de los ejes principales en la vida del escritor. Escribir en el árbol para no dejarlo a la merced de las islas binarias. Ya son muchas, y son muy abandonadas, y no quiero escribir mi blog en Facebook. Trataré de escribir las anotaciones los lunes y los domingos, un par de horas, y luego programarlas al azar para que se publiquen solas. Son tantos y muchos los textos que quiero escribir. Tomo notas en el teléfono mientras camino, pero no es hasta que me siente y empiece que no sabré si debo perseguir la idea o desecharla. Es cierto. La inspiración (ese término espantoso) llega cuando menos lo espera uno. El trabajo es pulir esa inspiración y convertirlo en algo, lo más cercano que se pueda, perfecto. También tener tiempo para el ocio, y divertirse. También es necesario relajar la cabeza para no consumirse en el propio pensamiento. Ojalá pueda ver a mis amigos, ojalá pueda beber con ellos, ojalá disfrute mucho a mi mujer y a mis perros, ojalá siga disfrutando mucho más que lo hice el año pasado, y el año pasado a este, y deje la nausea para pocas fechas, porque la nausea está bien, nos recuerda que somos polvo, pero tampoco se trata de convertirnos en lodo. El Bushido me recordó una cosa muy sencilla que pensaba siempre, desde niño. Puedo morir en cualquier momento, e incluso, debo despertar preparado a la muerte. Que no se desperdicie ningún segundo pero que los segundos desperdiciados tampoco sean completamente...

Podcast del 20 de Noviembre

By on Miércoles, noviembre 21, 2012

http://www.arbol217.com/audio/20 Un dos tres… ¿ah, prendí esta cosa o nel? Hace años no hacía un podcast. Se me ocurrió cambiar el método de lo que hacía con Random Podcast: Esta vez grabé pequeños comentarios, usando alguno de mis gadgets a la mano y luego, después de un tiempo, me senté a editarlos en un sólo programa de 8 minutos. Los podcasts subsecuentes estarán en el mismo rango de tiempo, de 5 a 10 minutos. Supongo que por lo mismo cambiaré el nombre del programa. Ya no puedo llamarlo Random, después de todo esto es pura voz, con música gratuita de fondo. ¿De qué hablo en esta ocasión? Bueno, de la idea del podcast, de mi falta de energía para el cambio, de mis días sin Sol (el trabajo la tiene viajando), de Proust (otra vez) y unas cuantas ideas inconexas. Quizás es muy personal el podcast, por la naturaleza de cómo fue grabado. La música es gratuita. El grupo se llama Nature y las canciones utilizadas fueron: I Remember You y Step Up To The Dubplate, cortesía del Free Music...

Ráfagas cotidianas (de mediados de Noviembre)

By on Jueves, noviembre 15, 2012

De Cholula Anoche tembló en Guerrero y también se sintió en Cholula. Una sirena antisismos instalada en la UDLA, muy parecida a las de Silent Hill, sonó por toda la colonia. No sabía por qué sonaba. Al principio me pregunté: ¿Quién le pondría una sirena tan fea y escandalosa a su automóvil? Luego me di cuenta del movimiento y, claro, hice lo justo: Entré a Twitter para comprobar que temblaba. Cholula me contenta con sus caminatas. Es obvio por qué: Las estudiantes, sus minifaldas, sus shorts y su juventud comprimida en cuerpos juveniles, curvos y sonrientes. A veces lo lamento: Casarme, quizás, fue el inicio de mi destino para convertirme en un viejo rabo verde. No sólo me gustan las piernas desnudas, me gustan las nubes y las ráfagas de aire. El viento penetra entre las malahierbas de los baldíos y hacen ruido de olas. Observa ese mar vegetal. Aunque desprecio a la gente que anda en caballo sobre la acera (y el camino de mierda que nadie se molesta en limpiar), me gusta ver los caballos y escuchar sus cascos en un paso calmo contra el pavimento. Hace unos días alguien me saludó mientras paseaba y me presentó a otra persona como un tuitstar. Fue una sorpresa curiosa, como la vez que conocí a Gamez en un camión y se presentó como alguien que era fan de mi bitácora. Corregí rápidamente. No dejé que lo hicieran con blogstar, no pienso hacer lo mismo con Twitter. Además, siempre hay peces más grandes que uno (en mi caso, hay muchos) y, por más halagador que pueda ser la ilusión de los seguidores que crecen y las estrellas que dejan, sigue siendo una ilusión. Entre más gente te sigue y te busca, los secretos se descubren, la intimidad transmuta en otra cosa y te manosean como una figura pública. El caso más obvio es el de Hortensia, y su chamaquito. De los perros Como siempre, los perros durmieron durante el temblor. Que los animales avisen de los temblores es un mito. Los primeros días que Sol se fue por trabajo, fui negligente con Nico y dejamos de pasear todos los días. Paseamos poco esa primera semana. Ella me despertó un día a lengüetazos y pidió hablar seriamente conmigo. Una hora de regaños después, le prometí cambiar. Ahora paseamos todos los días, aunque sea poco. Me entristece Killer cuando lo dejo en la casa. Salgo con Nico y a través del vidrio en la puerta, miro como Killer interrumpe su impulso de salir corriendo para simplemente observarnos. Mastica con algo de rencor en su hocico desdentado. Es complicado llevar a dos perros, sobre todo por él: Está acostumbrado a caminar sin correa y tomar la calle a su paso. La correa es una afrenta a su libertad de lobo contenida en el cuerpo de un french minitoy. Quiero ver a Killer viejo (tiene 11 años) pero no puedo. Cuando me animo a sacarlo y hago la maroma de llevar a los dos perros, corre y salta como conejo en el jardín, entre las hierbas. A la hora de cenar, ladra enérgicamente y su cuerpo da pequeños saltitos divertidos. Me hace reír. Nico no quiere comer, aunque eventualmente se rinde y come lo que le doy. Ya lo había hecho antes pero esta vez es más necia. A veces abandona el plato durante una hora en lo que se decide a dar la primera mordida. Me pregunto si busca algún cambio en el alimento. Recientemente lo cambiamos porque el alimento barato provocó una baja de defensas y se quedó sin pelo en un ojo, y en un costado, por culpa de unos hongos. Quizás le cuesta trabajo acostumbrarse a los cambios: Sol no está, los primeros días no paseamos tanto, le cambié la hora del desayuno a la hora que me despierto, cuando salgo la dejo varias horas sola (y no salgo muy a menudo). Es una princesa. Le hace falta un poco de maltrato. Enigmas La Muerte ya sabe de qué nos vamos a morir justo después de la primera nalgada, o del primer llanto. No es tan triste como parece, al contrario, es un consuelo que alguien sepa. Cuando regrese todo estará mejor, pienso, mientras doy un par de vueltas en la cama. He descubierto que nunca estuve habituado a la soledad, casi siempre dormí con gente. Aprecio mis pocos secretos. El ruido blanco me regresa la nostalgia del insomnio infantil. Del lector Pensé que leer Proust le quitaría el sabor a lecturas más fáciles (qué pinche snob, mamón) y no, sigo disfrutando mis libros sencillos. En un aspecto más general, eso me preocupa: el repudio a lo sencillo. Actualmente me encuentro leyendo una antología de cuentos steampunk combinados con romance. Algunos cuentos son entretenidos, unos son buenos y otros son simplemente malos. Ninguno me ha parecido genial. Me dio curiosidad el libro porque me gusta el género pero no había conseguido lectura abundante del mismo (Philip Pullman, Samuel Butler, quizás otro par). Es muy fácil encontrar el género en películas, anime y videojuegos: Mad Max, Final Fantasy, Chrono Trigger, Trigun, One Piece, Wild Wild West y un puñado de títulos más. La estética de las máquinas de vapor, los engranes, los visores y los abrigos me parece fascinante. Del escritor Entiendo la alegría de Alberto Chimal cuando declara, en una entrevista, el triunfo de haber alcanzado 400 páginas (u hojas)...

Los olvidos, los enfermos

By on Viernes, octubre 12, 2012

Anoche los viejos me hablaron de los muertos, pero antes de llegar ahí, hablaron de los enfermos, de los viejos frágiles, de los desmemoriados y de los enfermos. Estamos en la cena, me cuesta trabajo masticar el pan. La memoria es una cosa muy precaria, dicen, todo se me olvida ya, y es irónico, esta conversación del olvido se repite a menudo. Un viejo, medio sordo, dice: “La vejez es mucha responsabilidad”, y con responsabilidad se refiere, según trato de entenderle con sus dientes sintéticos y su voz arrastrada por no tener ganas de articular, a no caerse de las escaleras, a caminar con cuidado para no tropezarse, porque hacerlo significa visitar el hospital, romperse algún hueso, retar la fragilidad de un músculo que ya sirvió demasiado tiempo. Una vieja olvidadiza habla de su hermana cinco años más joven que ella: “Tiene 83 años, sí, creo que son 83”. Habla de su hermana, la viejita que no puede sostener su cabeza, que vive desde hace años en una silla de ruedas y que apenas puede hablar. La he visto, la recuerdo en otras situaciones, rodeada de gente joven haciéndole fiesta, invitándola a bailar, moviéndola de la silla como la gente más piadosa del mundo mientras ella, con sus manos temblorosas, sus labios pintados débilmente y la sonrisa perpetua de los desdentados, aguanta unas lágrimas de agradecimiento o de humillación, o quien sabe qué sentimiento tendrán los viejos atados al mundo, los viejos que hablan de los muertos con un dejo de envidia, como una solicitud espiritual de descanso. Mientras los escuchaba hablar y meditaba sus silencios tan parecidos a una pregunta, pensaba en que soy joven, en que no imagino llegar a esa edad donde la muerte se reduzca a un simple “ojalá llegue mañana”. Mi abuela murió casi treinta años más joven que esa pareja de ancianos. A los mediados de sus cincuenta, escuchaba el discurso repetido, obligado, frente al espejo mientras se arreglaba para que fuéramos al mercado, o a la escuela. Soy una burra vieja, decía, soy una vieja, y se miraba las canas, se tocaba las arrugas, se miraba las manos llenas de heridas y de líneas. El discurso se pausaba unos días, pintándose el cabello, usando unos zapatos o una blusa nueva, buscándose un deber, una cosa que arreglar, un capricho que le ayudara a olvidar su vida de mujer blanca y pobre en un pueblo, de mujer ignorante que siempre cargó demasiado, o simplemente de mujer y de vieja. Supongo, o quizás asumo, me atrevo a ficcionar, que además de la desdicha de su sexo, repentinamente llegó la desgracia de la edad. El viejo anoche me dijo: “De repente pasó el tiempo y tengo casi noventa años”. Los enfermos y los olvidos acabaron conmigo. Terminó el café, deglutimos el pan y sólo pensaba en llegar a casa. Los abrazos de los abuelos para despedirse, siempre tienen un toque de abandono, de un adiós definitivo e irremediablemente, en ese instante, no sólo se despiden sino que reafirmen su alegría de ser genuinamente escuchados. La gracia de ceder un poco del polvo en que se han convertido. Ese polvo cuya densidad es engañosa, variable. Unas noches es más pesado que otras. “Es complicado que no piensen en la muerte”, dijo mi esposa, ya en el auto. “No es lo complicado”, le corregí, “es lo inevitable”. Se atraviesa una línea donde, de veras, sin adornos, este día puede ser el último. Además de ser el último, honestamente das las gracias porque esto ya se acabó, porque alguien tuvo la piedad de cerrar tus ojos y convertirte en polvo, en memoria ajena, en anécdotas sin desgracias. Cuando llegué a casa, miré los trastes sucios y recordé a mi vieja, mi abuela. De niño y de chavo, es el momento en que platicábamos: cuando ella lavaba los platos. También era reconfortante escucharla prender el radio y luego el torrente de agua, cerámica y vidrio golpeaban la tarja. Asumo, no queda de otra, que el rito y el agua ayudaban a limpiar su condición, su pasado, la memoria. Jabón en el vaso, olvido mi vejez, los caminos errados. Agua en el plato, olvido mi pobreza e ignorancia, la letra chueca por no estudiar en la primaria. El cuchillo sin filo y la cascada borran lentamente todos los arrepentimientos para esperar, al menos limpios, la muerte. Me acerqué a la cocina sin pensar en el fastidio o en el tedio, ignoré el dolor común y superficial de los deberes. Anoche lavé los...

Todavía me pregunta.

By on Miércoles, agosto 15, 2012

Todavía me pregunta si le quiero. No le voy a decir que no. No soy sonso. La quiero pero soy el idiota de siempre: también me lo cuestiono, así como me cuestiono todo lo demás. Si el piso donde mis pies me sostienen es real o es una proyección del otro lado del universo, por ejemplo, o si de verdad disfruto la música que escucho, o si me puedo auto hipnotizar para aprender una maestría en economía, o si el horóscopo de hoy tiene razón o es la misma faramalla de siempre. Me pregunto esas cosas porque soy el mismo idiota. Luego despierto y siento un súbito amor por ella, y por sus calzones, y el pasito coqueto de tabasqueña cachonda, y como ronca, dios, como roncan ella y el perro y sostienen una conversación fascinante, y muy aburrida a la vez, porque no les entiendo nada. Ni modo, el mismo idiota, vine con etiquetas de aviso, con la recomendación de usar un hazmat suit si te acercas: sigo apreciando las piernas ajenas, las falditas de chamaquitas enamoradas, las fotografías perniciosas de las morritas indiscretas y sus delirantes confesiones reales o imaginadas. Así me quiere, quien sabe por qué, y yo también lo hago, aunque me lo pregunte como sintiéndose vieja, insuficiente, y ya le haya dicho que siendo otro hombre, uno al otro lado de la acera que nos mira caminar juntos, estaría viendo la oportunidad de arrancarle de la presencia de aquel idiota que se pregunta si no es una simulación de una computadora. Así también le quiero. Ahora no hablemos de amor porque esa es otra cosa, y algunos tontos se...

De cartas, de cuervos y de propósitos.

By on Viernes, mayo 11, 2012

Hace tiempo que ocupo mi espacio blog en un ejercicio. Revolver unas cartas, escoger una y escribir acerca de ella. En las cartas anoté el nombre de personajes de mis historias, criaturas mitológicas, animales, mis mascotas o mis plantas, vecinos que tengo o tuve, amigos imaginarios, familiares lejanos. Cada personaje, nombre o criatura, son voces que me gusta o me gustaría explorar. De esta manera el azar decide el personaje de un cuento, una anotación o un pensamiento. Seguramente, si todavía visitan esta isla en el mar cibernético, han leído algunos de los resultados. Otras historias las escribo “afuera”. El ejercicio es fructífero en demasía, tanto que el pobre árbol se ha quedado pelón estas últimas semanas. El proceso es muy sencillo. Básicamente consiste en: Revolver las cartas. Escoger un número del 1 al 56 (porque mi mazo tiene 56). Ver la carta, tomarle una fotografía para que la firme el notario y ponerla a la vista. No guardar la carta hasta escribir el texto correspondiente. Pienso continuar con el ejercicio una temporada más hasta juntar una cantidad determinada de cuentos y ofrecerlos como un libro electrónico. Quizás, todavía estoy afinando detalles, después de todo han surgido accidentes interesantes gracias al método. Me mantiene despierto para escribir ficción breve todos los días. El proyecto se titula “Los Otros” porque son voces ajenas, no siempre la mía, las que toman control de la historia. Es un lúdico juego de posibilidades. Continuaré con la exploración. Todavía son muchas las voces que permanecen silenciosas. Las consecuencias del ejercicio son el abandono del “Árbol 2:17”. Una carta me salió repetida y me llamó la atención: Los cuervos. La necedad del azar (una ilusión, un engaño, como lo harían los tramposos de las alas negras) me guió por ahí. Decidí tomarme un tiempo para juntar los cuervos escritos en este congal, los escritos en otra parte y los nuevos que surgieron gracias a la carta. Hice caso al mensaje: me encerré, sin querer, sin desearlo de veras, a darles estructura y congruencia a esas líneas que tienen escritas hace más de diez años. Fue un proceso fatigoso de varias semanas. Ahora resulta que los cuervos tienen un propósito. Sus historias diversas construyen una sola. No se me hubiera ocurrido, no con ellos. El resultado es un libro muy distinto a lo que ya conocen de los animalitos. Gracias a la delicadeza, necedad, constancia y trabajo de mis desvelos y los ojos ajenos (y astutos. Gracias infinitas a Edilberto y Astrid), nació un libro de calidad editorial que, dependiendo de las circunstancias, tal vez nunca vean publicado por aquí. Tal vez. Platicaré más de ellos cuando sea momento. Pienso, de por sí, que algún cuervo me sacará los ojos si continúo exponiéndolos. Por otra parte, extraño contar mis pequeños arranques cotidianos. ¿No también se trataba de eso tener un blog? Parece que en estos tiempos es menos suficiente. Incluso lo he pensado como un ejercicio inútil. Con la explosión y el crecimiento de las redes sociales empezó el nacimiento de los aparentes expertos en cualquier materia. El lector busca colmar su tiempo de experiencias específicas, cosa que nunca se ha hecho en este blog de todo y de nada. Parece sacrilegio tener una bitácora pública para hablar de la vida, de la rutina, de la cotidianidad, de la felicidad y del enojo. ¿Cómo atreverse a escribir de los días banos en temporada electoral, por ejemplo? O bien: ¿No sobran palabras cuando se puede ajustar en el tamaño de un tuit? Parece que nunca terminan las preguntas para que la voz halle su lugar en el mundo. La facilidad para dividirse en lugares es apabullante: Las fotografías en instagram, facebook o flickr. Los libros en goodreads. Los gustos populares (depravados o dulces) y las citas en tumblr. Las fotografías textuales y los chispazos inmediatos en twitter. Todavía, además, estoy pensando qué hacer con pinterest. Como todo hombre moderno, a cada uno le ofrezco un poco de mi tiempo cuando se me da la gana, pecando de la inconstancia y falta de atención requerida en esta época. No sólo eso me detiene y quizás algunos se sentirán identificados. A lo largo de los años, tengo un documento con una serie de temas que es mejor prohibirlos. He tenido malas experiencias abordándolos en este blog y en su momento provocaron consecuencias molestas: los problemas familiares, los amigos, los trabajos, las dificultades económicas, la rutina y cualquier experiencia que se pueda malinterpretar (¿No siempre nos arriesgamos a eso cuando abrimos la boca?). Pienso que podría escribir todos los días un post con un punto y no, no se engañen, sería un blog riquísimo en silencios que lo comunican todo a los adultos crecidos rodeado de otros adultos crecidos y silenciosos. Es mi culpa, finalmente, nunca me ha gustado provocar conflictos porque me parecen una pérdida de tiempo. Mejor (en vez de discutir, pelear o explicar lo que quise decir), me hago una chaqueta. Es la más satisfactoria de mis reglas. Dicen que es difícil hablar de tres temas: política, religión o futbol. Para nada. Más difícil el intento en hablar de la vida con un conocido o con un extraño. Como un ejercicio, intenta decir lo que de veras piensas a un amigo, un familiar, un cónyugue, la nenorra que conociste en el bar o el perro. Dilo bien, no seas menso, dilo como lo quieres decir. No le...

Caminata que aparenta ser la misma, pero siempre tiene sus diferencias.

By on Lunes, mayo 16, 2011

Tengo tres rutas para caminar con Nico y, por curiosidad, he dado rodeos en estos caminos para conocer mejor el lugar donde vivo. Me he metido en fraccionamientos llamativos, fraccionamientos discretos, pequeños parques y lotes baldíos, tratando de encontrar la conexión de todos estos lugares con el lugar donde vivo, el lugar desde donde trabajo, desde donde leo y escribo. Es un lugar qué, aún con su aparente calma, ha servido como un hogar durante dos años. El lugar donde vives te cambia y es inevitable, sólo que es un proceso lento y engañosamente estático. Donde vives te hace otro, así como leer un libro o escuchar una canción. He tomado la caminata como un proceso esencial para recuperar el respiro creativo que tenía hace algunos años y escribir todas esas cosas que se quedaron pendientes, arrumbadas en un cajón (físico y metafísico). Le decía a Sol que así como Killer es un compañero de su vida, una etapa importante para ella, Nico también era una especie de animal guardián que debía acompañarme. Un espíritu que conviviría conmigo los próximos diez años. No lo digo en un afán esotérico, más bien en un afán literario. Esa conexión parecerá real, pero sólo es una motivación y en realidad, es algo más animal. Somos una manada que camina junta y al final, las mascotas dependen de los humanos, los proveedores que les dan de comer y prestan el espacio para que ellos puedan dormir a salvo del tiempo, de los abandonados, de los monstruos nocturnos que se esconden allá afuera. Tal vez eso es lo más molesto… los abandonado Los abandonados son enemigos de ciertas horas. Salimos a pasear de madrugada alguna vez, como a las cinco de la mañana. Tenía que viajar ese día y no quería dejarla sin su caminata. Pensé llevarla a un parque que estaba a un kilómetro de distancia. Tenía algo de frío y el silencio se instaló sobre las banquetas, como si fuera una capa adicional de ceniza que salía del Popo. Un silencio notable, que nublaba el lugar, un silencio frío pero nada espeso. Nico simplemente olisqueaba todo a su alrededor, descubriendo que el rocío y la humedad cambiaba la configuración de los olores y quiso descubrirlo con agrado, con la curiosidad característica del cachorro narizón. Hicimos siete u ocho minutos de caminata hasta que llegamos a una zona de lotes baldíos. Unos perros alzaron sus hocicos y levantaron sus orejas. De lejos nos ladraron y nos advirtieron que no iban a entregar el lugar donde habían pasado una noche fresca. Nico y yo nos dimos la vuelta y pensaba que si intentaba acercarme, ellos se animarían a explorar al intruso, o simplemente atacarlo. Desde entonces no caminamos de madrugada. Algunas caminatas están llenas de otros perros que a ella le provocan curiosidad. De lejos hemos visto otros dos basset hounds, varios salchicha, varios french poodles, un gran danés, un weimaraner, un pastor alemán y varios hechizos (perros callejeros, mezclados). De cerca, Nico ya conoció a dos basset hounds (adultos ya… ella parece tener preferencia por conocer y convivir más con los perros de su raza o que son similares a ella. Por supuesto, esto… igual como todo lo que interpreto de Nico, puede que esté dominado por la ilusión de que el perro tiene rasgos humanos y que puede comprenderme), un beagle, un yorkshire terrier, un cachorro de san bernardo, un golden retriever,  un boxer con una pata herida que siempre sale corriendo de su casa para saludarla, una cruza con rasgos de cocker y de orejas negras. Nico, supongo, conoce mejor el mundo que le rodea por la clase de perros que conoce. Quisiera entender mejor toda la información que recoge a través de su olfato y de esos pequeños encuentros de socialización. ¿Qué sabrá de esos perros y sus dueños que yo ignoro? Yo completo las cosas observando e intuyendo, armando historias en al cabeza. Nico sólo necesita olisquear un poco para resolver un caudal de dudas. Nico es una nariz que aprende durante todo el camino. Nico ya se calma y duerme tranquila durante las tardes. Una hora y un poco más de caminata diaria es suficiente para tranquilizar sus impulsos vespertinos. Sale a caminar dos veces al día. La de la mañana, la caminata más larga, es nuestro momento de intimidad donde la tiento con galletas para que aprenda a caminar a mi lado. En las mañanas, buscamos jardincitos para que pueda aventarle las galletas y ella busque las migajas olisqueando entre las plantas. También las mañanas son particularmente difíciles, porque despierta con todas las energías y todo se lo mete a la boca. A lo largo de la caminata, el sol se alza cada vez un poco más y me quema la nuca, a Nico le quema el coco y ella saca la lengua. Es entonces cuando me doy cuenta que está cansada y que nuestro paseo acaba de asegurarnos tendremos una tarde tranquila. En las noches, Sol sale acompañada de Killer y yo llevo a Nico. Paseamos una media hora, sin el ritmo requerido para el cansancio. Es la caminata de la noche, cuya ruta ya no varía, y sirve como un aviso de que el sueño se aproxima y que el día está por terminarse. Mientras los perros caminan, huelen y buscan las migajas; Sol y yo platicamos de lo que hicimos en el día, del...

1 123456714