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escrito por el Domingo, junio 9, 2013

13042 (Juliette)

13042 (Juliette)

Tres sueños

  1. Después de leer a Juliette y sus acrobacias eróticas, no me sorprende el sueño en lo absoluto. Soñé con R. Recuerdo que el sueño era otra cosa pero cambió, repentinamente, cuando entré al pasillo de una de mis viejas cocinas. R usaba un vestido veraniego, era azul y corto, más arriba de los muslos y lavaba platos con su característica sonrisa. Cosa rara. No había imaginado como R lavaba los platos (o si los lavaba, siquiera) hasta ese momento. Pasé atrás de ella, mi mano sutilmente levantó su falda, apenas un roce. Me atreví a más: Sopesé la redondez de sus nalgas abundantes, su piel morena y porosa, ella sonrío encantada. Hicimos otra cosa, dónde había un tercero en su boca mientras yo ocupaba, pues, el afecto de mis caricias. El tercero es un hombre sin rostro, uno de los de Magritte, y como no usaba el traje, podía ver que tenía un cuerpo magnífico. Pensaba, mientras me ocupaba de lo mío, que ese cuerpo le agradaría a R. Le haría feliz. También recuerdo que pensé, como si fuera honesto, que eso le mantendría la boca callada.
  2. Después de leer a Juliette y sus coreografías perversas, este sueño me sorprende. También fue el último escenario del sueño, en realidad era otra cosa. Puedo decir con certeza, aunque no lo recuerdo, que esa primera parte fue agradable hasta que alguien me regaló un ratón. El ratón era café y demasiado expresivo, como una caricatura. Me lo dieron en una caja con sus agujeros para que pudiera respirar. Que regalo tan… peculiar, recuerdo que dije, a quien sabe quién, y dejé la caja a un lado. El ratón salió de la caja, lo busqué, lo tomé en mi puño y lo regañé. El ratón frunció el ceño, enarcó las cejas muy enojado. Lo regresé a la caja. El ratón salió de nuevo. La operación se repitió varias veces. En una de ellas, el ratón consiguió hacer un agujero en el piso de duela para esconderse pero mandé a Nico a que lo buscara. Ella lo sacó y me lo entregó. Para educarlo, le mojé la cabeza bajo el grifo de un lavadero. El ratón estaba muy enojado.
  3. Antes de leer a Juliette y repasar sus criminales lubricidades, tuve algún sueño. Sentado en un banco de madera, en la oscuridad, miraba directamente a la cámara. Había un acercamiento lento. Empecé con el cuerpo completo, luego a medio cuerpo (el torso) y finalmente al rostro. Sabía que era él, y sabía que era la cámara. Me atrevo a decir que no era la cámara la que se acercaba. El espacio entre los dos, mejor dicho, se reducía, la oscuridad se comprimía, hasta convertirnos en dos pares de ojos que se funden y luego desperté, pensando que era otro, que era dos, que era ninguno.
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escrito por el Martes, mayo 28, 2013

13031 (Juliette)

13031 (Juliette)

¿Por qué grita así? ¿En eso ha evolucionado la actuación del género, en gritos? Parece que está muriendo, que le están partiendo en dos o que le flagelan contra los grises muros de un cuarto de inquisidores. Prefería cuando grababan las voces artificiales, aún cuando no estuvieran en sincronía, dignificaban la magia, una perezosa fantasía para la persona que no busca otra cosa que ver. No es que los gritos, agudos y escandalosos, me desagraden completamente, pero, en vez de enfocarme en el espíritu de la obra, me divido y pienso que está sufriendo, que alguien debe ayudarle porque en realidad es una víctima. Bueno, muchos pueden argumentar que es una víctima, por la posición y el oficio a que se dedica, y luego con esos gritos, y desconocemos que tan actuado es el abuso, un abuso que, siendo honestos, cada vez es más frecuente y violento dentro del género, y hasta preocupante por lo mismo. Si a los veinte me preguntaba si me estaba desensibilizando, a los treinta todavía más y lo que es peor, no lo estoy por completo porque en vez de mirarlo con el afán original, lo miro con cierto escepticismo y fascinación, casi como perseguir una nota, o la línea de un cuento que al principio parece brillante. Ajá, algo que explorar: no puedo dejar de mirar con horror, finalmente me han convertido y si no tengo cuidado, escalaré al grado de activista de sillón que aboga por los derechos de esas pobres personas, esa pobre gente. Quizás alguien proponga, en un futuro, junto a los camarógrafos, los directores y los duros asistentes, un observador presente, como los licenciados que abren los sobres en los concursos, para ratificar que es una actuación y entonces subirán los costos de un negocio que, de por sí, es muy mal pagado, demasiado explotado y que ya nadie compra porque puede conseguirse en todas partes. Sin embargo, eso sí, tendrán un sello dorado, uno que explique que nadie fue lastimado durante la grabación del evento y lo que acaba de presenciar, no lo dude, fueron quince minutos o media hora, de una ficción burda, casi honesta, pero una ficción al fin y al cabo. Usted acaba de leer un libro donde los personajes no fueron dañados, mancillados en sus partes pudendas e ilusoriamente en lo más íntimo de su espíritu. Tal vez eso le falta para que lo vea tranquilamente, sin arriesgarme a una distracción benefactora.

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escrito por el Miércoles, marzo 27, 2013

13019 (Historia de O)

13019 (Historia de O)

Anoche se la mamaron en un jacuzzi, lo sé, porque lo vi por la rendija. Parecía amar a la chica porque ambos se reían cuando él sacaba el glande del agua, como si fuera el ojo de un submarino, un ojo común en las caricaturas de la Segunda Guerra cuando nos fascinaban las maquinarias de guerra. Ella estaba sobre él, con los senos hundidos en el agua cálida, podía ver el humo que salía de la superficie, luego tomaba aire, hacía un gesto arrugando el rostro, y hundía la cara en el agua. Ah, sí, era un momento agradable, él crispaba las manos y perdía el peso en el cuerpo, flotaba hacia ella, para que su miembro entrara más en una garganta que continuamente perdía el aire, y luego ella salía triunfalmente del agua, miraba la consecuencia de sus actos brevemente, otra vez tomaba aire y se volvía a hundir. El agua azul era una línea entre el placer y el aire. ¿Cómo se sentirá un miembro aprisionado dentro de una garganta, dentro del agua? Sólo podía adivinarlo por el arco de su ancha espalda. El experimento siguió su curso unos minutos más, hasta que él se cansó y se sentó en el borde de la tina. La mujer se amarró el cabello de nuevo, y luego de rodillas, la mitad de la mujer convertida en un espejismo, regresaron a una mamada tradicional. Ah, esa sí sé como se siente, es una aguda hambre por mantener la boca ocupada, y de mirar los ojos de un hombre rendido, quizás hasta vencido. No, a un hombre vencido jamás se la chupan. El hombre asistió a la mujer con algunos dedos de su mano, él movía rápidamente el brazo mientras ella chupaba con paciencia, diligencia. A media luz, no puedo decir cuando terminaron, hasta que ella se separó y abandonó el líquido derramándolo por su boca, gotas blancas flotando sobre el agua azul, ojalá mañana se les ocurra otra cosa.

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escrito por el Miércoles, noviembre 14, 2012

Erotizar un libro (literatura histérica), y 375 libros gratis en Open Culture

Erotizar un libro (literatura histérica), y 375 libros gratis en Open Culture

Una obviedad: Al tener una representación física (es muy fácil decir que no, hoy en día, los libros son parte de internet y todos los días, cientos de libros nuevos caen al río), el libro también corre los riesgos de convertirse en objetos de fetiche. Gracias al Pornito y su sección SFW, llegué al proyecto de “Hysterical Literature”.

Clayton Cubitt graba videos de mujeres (actrices porno, y quizás algunas amateur) leyendo libros mientras, por debajo de la mesa, “algo pasa” (un vibrador o quizás una mano, una lengua, acumulación, el orgasmo). El primer video de la serie es el que ven allá arriba y le correspondió a Stoya, con el libro “Necrophilia Variations” por Supervert (Un libro que, como se mire, también apela al morbo, al misterio, a la confesión de un erotómano a través del anonimato). También trabaja con otros libros, como “Leaves of Grass” de Walt Whitman o “American Psycho” de Bret Easton Ellis.

Cubbit despoja los colores, enfoca el lente a la mesa, al medio cuerpo, invita a través de su proyecto a mirar el libro y al lector como “otra cosa”, una propuesta a tratar las palabras, su mensaje oral, como un impulsor erótico. Por supuesto, es muy interesante (y morboso) ver los rostros, escuchar los gemidos y como las actrices arrastran o sesean las palabras. Si ven la serie recomiendo que usen audífonos. Es más placentero y menos peligroso (sobre todo si están en el trabajo).

Hablando de libros como la posibilidad de un orgasmo, Open Culture publicó hace tiempo una lista de 375 libros electrónicos gratis (en inglés). Incluye libros clásicos como las tragedias de Esquilo o “Las mil y una noches”, así como unas sorpresitas (libros de Coelho (por eso dije sorpresitas), de P.K. Dick, Vonnegut, Neil Gaiman, Scott Fitzgerald o Foster Wallace). Los textos están en distintos formatos digitales y algunos solamente se pueden leer en línea.

No hay excusa. Hoy mismo puede conseguirse el material para hacer su mejor imitación de Stoya mientras está leyendo.

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escrito por el Viernes, enero 6, 2012

loto para lotófagos.

loto para lotófagos.

Empiezo el año pensando en los hombres que al comer unas flores, olvidaban su pasado, su familia y su vida. No se les podía simplemente rescatar de eso porque lloraban desconsolados, pensando en la droga amorosa que dejaban atrás. Las flores eran botanas epifánicas que los despojaban de cualquier otro propósito o deseo. Me imagino a los lotófagos con la boca llena, los pétalos del loto sobresaliendo de sus labios como si fueran botanas que comen descuidadamente. Los nutrientes de las flores se adueñan de sus venas, atrapan su sistema nervioso y los controla un deseo perpetuo de dormir, o de reír.

(Estoy un poco dormido. Escribir el primer texto del año sería más fácil si tuviera uno de los dulces lotos entre los dientes. O tal vez algo de beber. Un whiskyto al menos. Prometo que este año beberé más, tal vez logre convertirme en alcohólico. Sería el siguiente paso ya que abandoné el cigarrillo por cuarta vez. Malo que ya me acostumbré a tener la cabeza sobria para escribir. Lo sobrio luego es bien aburrido. ¿O no? Nomás escuchen la palabra: sobrio. Podría jurar que comúnmente los juntan: sobrio y aburrido. Es un hombre sobrio y aburrido. Es una mujer de juicios sobrios y aburridos. Es una perrita muy sobria, muy aburrida.)

Si buscara la isla de los lotófagos, descubriría hombres que llevan siglos apostados en la orilla, masticando pétalos y riendo como hienas. Sus papadas, sus brazos, sus estómagos arrugados tiemblan al ritmo de las carcajadas. El explorador que descubra la isla, se anotará el último gran descubrimiento: droga de la inmortalidad y el mal juicio. ¿No la inmortalidad es una tontería de por sí? ¿O es justo lo que se necesita? Seré inmortal a cambio de que pueda reír todos los días y apreciar los colores del cielo según mi cabeza accidentada lo permitan.

(Me encojo de hombros. Nunca he querido ser un lotófago. Solo que en esta última lectura de Ulises y su viaje, los encontré fascinantes.La fascinación puede deberse a que tenía un cúmulo sutil de lecturas que hablaban de estos hombres y ahora, justo cuando llegué a esa parte, todas dieron como una flecha certera que activaron ciertas neuronas en mi cabeza. Probablemente siempre quise ser un lotófago. ¿O por qué no apelar a una metarealidad y jugar con la idea de que somos el sueño de un lotófago? Las teorías de la simulación también pueden explicarse con eso, o con qué nos tienen comiendo lotos y somos una parte del inconsciente, esa que no se rinde a tratar de mantener una vida…)

…y jugar a la importancia de las responsabilidades, de los deberes y de las obligaciones. Una parte de nuestro espíritu está riendo en esa isla, junto con otros lotófagos, mientras esta otra pequeñísima e intensa parte, está tratando de sostenerse como una parte activa del mundo, de la sociedad, de su familia, de su individuo y de la gran nación a la que pertenece. La realidad está en el sueño, y el sueño es un lotófago, un lotófago que somos nosotros y qué incómodo, pero es más fácil negar que somos el lotófago.

Nada mal para iniciar el año… claro que con un poco de whisky estaría mejor. Este año mi aventura será descubrir el sueño de quién somos o qué tan idiota soy tratando de comprobarlo. Este será mi año de la metaficción dentro de esas pequeñas eventualidades caseras y mundanas. Prometo seguir manteniendo este trasto de blog, pero les advierto, si encuentro los lotos que comían aquellos hombres… seguramente se me olvidará.

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escrito por el Martes, abril 5, 2011

Aburrimiento de un día soleado.

El aburrimiento también es una historia, son los recuerdos y apuesto que vienen acompañado de días soleados y calurosos. Viene a mi memoria la imagen de unos amantes flojos y desnudos, que se derriten encima de las sábanas y ni siquiera tienen fuerzas para huir del sol, de los rayos de luz que los están evaporando. Se tocan el sexo sin ganas y se besan sin encontrar sabor. Miran los minúsculos pelos que salen de su piel a fuerza de mirar algo, de enfocar la vista en lo que la luz desea mostrarles y es que la luz lo está mostrando todo. En un día aburrido, un recuerdo del tedio, es imposible apagar la luz del sol. Sí, todas mis memorias de los días aburridos son días de sol y de mucho calor.

Será que el frío es cruel con el cuerpo y con la mente. El frío no se recuerda porque en el frío nos movemos para evitarlo. En el frío, los amantes flojos se convierten en una maquinaria pesada y perfecta que distribuye sus movimientos para mantenerse lubricada y alegre. En el frío, los amantes flojos se chupan los dedos y se juntan sobre la mesa, encima de la lavadora, en todos los sillones de la casa, cubiertos por una manta o por las ropas, por un aura que les exige calor y sobrevivir al clima azulado a toda costa. Nadie piensa que los días fríos sean aburridos. En días de calor y de tedio, de aburrimiento y de procrastinación, se extrañan los días fríos y divertidos, el entretenimiento propio del cuerpo para sobrevivir a la hipotermia y al estatismo.

¿Cuántos no estarán pensando, mientras observan las gotas de sudor de sus manos o miran los pelos de su brazos iluminados por el sol, qué es hora de ir a la playa? Hacen cuentas de los días, del dinero y salivan discretamente. Su espíritu ya se hace allá, con una bebida en las manos y con los ojos en los cuerpos alegres, casi desnudos, que encarnan su preferencia. Su cuerpo está frente a la computadora, frente al cubículo, tragándose un taco en una esquina, pero su alma ya tiene rato que está surfeando sobre las olas de un río místico en búsqueda de la verdadera paz consumista. Ese es un tedio costoso, pero dicen e insisten que vivifica, que repone las energías para continuar viviendo… “Ay, esa farsa de la vida que es morirse en la oficina.”

Son pocos los días calurosos que tengo en mis recuerdos con sabor a playa. De niño, mis días calurosos se iban en acompañar a mi abuela al mercado de zapatos y si tenía suerte, jugar con los otros niños en la resbaladilla, en los columpios o a cavar agujeros en la tierra. Pocas veces llevé mis muñecos o mis juguetes, porque cuando tuve la ocurrencia, o me los rompían o me los robaban. Los primeros muñecos o juguetes robados son como la primera desilusión amorosa: Cuando te das cuenta que ya no estarán ahí, para ti, se te hunde el pecho y respiras mal. El estómago se mastica así mismo de los nervios y piensas que pronto llegarás a decirle a tu abuela, a tu padre o a tu madre, que has perdido otro juguete. Luego vendrá el discurso del dinero, de cuidar esas cosas materiales, de no prestar las cosas a niños que no conozcas bien, todo eso mientras una gota de sudor cae del fleco de tu cabello y te das cuenta cuánto calor hace y que las palabras resuenan como un eco. Yo creo, quien sabe —la memoria tan difusa— que por eso mejor me dediqué a leer, para no escuchar discursos y no perder otro juguete en manos ajenas, más que las mías.

Los días calurosos son el olor a sudor de los amantes que tuviste en primavera. Si los tuviste porque el amor es real o porque la primavera le hace algo a las hormonas, no importa mucho. Ni siquiera lo piensas. Esa diversión se lo dejas a los días fríos. Luego recuerdas las sábanas, la textura de las pieles, las palabras inconclusas y ajenas, la boca seca y el espejismo de los cuerpos. —Sí, hacía calor allá adentro —murmuras cuando te traiciona el clima y el ruido de ventilador te lleva—, pero sus entrañas eran tan refrescantes.

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escrito por el Domingo, marzo 20, 2011

Dolor no te faltará.

Ayer, un Titán de brazos fuertes, piernas indestructibles y ancha espalda, cargó dos garrafones de agua con todas sus fuerzas durante unos cuantos metros. Hoy, está tomando paracetamol porque el dolor de espalda es tan intenso que apenas puede moverse. Se ríe de su circunstancia. Siente que está encorvando la espalda como si fuera un viejo cada que camina, que baja escaleras o que toma asiento frente a la computadora. “Dolor no te faltará”, es lo único que piensa, como el consejo de un padre a un hijo, de un abuelo a los nietos. El dolor es un cuento, es un momento breve, es una leyenda que se cuentan los viejos y luego creces y te duele. La espalda le duele al titán que no es titán, simplemente es un tipo cualquiera que tiene ansias de un cigarrillo y qué se ríe porque camina como viejito, y no quiere saber más.

Fue gracioso, e incómodo, hacer todas la tarea del domingo, como ir por el súper, sin bajar de la camioneta. Decidí actuar como el bulto inútil de la película, un costal de papas ejemplar, en lo que mi mujer presumía la fuerza característica que tienen todas las mujeres y que los hombres secretamente envidamos. Ella hizo las compras, subió las cosas a la camioneta y me preguntó con su sonrisa de diablo si me sentía bien o si me faltaba algo. Nada, dije, queriendo conservar un poco de mi “dignidad de hombre”.

Cuando llegamos a casa, Nico me observó caminar por la casa como si fuera un aparato descompuesto, ladeó ligeramente la cabeza, expulsó un chillido breve y movió la cola cautelosamente, tal vez porque se estaba esforzando en esconder la carcajada. El otro perro (Killer), ya más viejo, en teoría, que todos los habitantes de esta casa, parece comprenderme. Me ignora con estoicismo y es lo mejor que puede hacer. Ya tomé paracetamol y antes de eso, unas mega-aspirinas. Si cualquiera de las dos medicinas está funcionando, no quiero imaginar como me sentiría si no lo hicieran. Siento engarrotada (sin albur) la espalda y moverla se siente como mover el torso oxidado de un muñeco.

Disculpen si no escribo otra cosa en domingo más que los dolores desafortunados y una breve, y mediocre (mejor dicho: mala), continuación de la vida inmortal de Wordsworth. Es que la promesa de la constancia y la búsqueda de temas, a veces nos acercan a hablar de lo que somos nosotros y lo que nos sucede. Soltamos miles de cartas electrónicas que no van dirigidas a nadie, de nuestras propias experiencias, y dejamos su destino a la suerte. Probablemente alguien me lea en unos años, acerca de mis dolores de espalda, y aún cuando no conozca mi contexto dirá–. Ese hombre tiene razón –y busque unas mega-aspirinas en una farmacia, sólo para descubrir que estas no existen y que en realidad, era otro nombre para el robaxisal *400 qué, honestamente, no me ayudó en nada. La indiferencia es el mejor destino que una de estas cartas podría recibir, así como el mejor destino de muchas otra.

Los blogs son un cementerio, pero los dedos de los inquietos no han muerto. Aún se escriben cartas, aún se toman y publican fotografías, aún se hace música y se dirigen videos, con la esperanza de que podamos comunicarnos con otros. Probablemente eso ayudaría a mis dolores de espalda: Grabarme con una cámara mientras camino lentamente por la calle y mis vecinos se sonríen, mi perra se ríe, y mi otro perro me entiende, a la par que mi mujer pregunta si no me hace falta nada. Luego de grabar el video, lo musicalizaré y lo subiré a Youtube. Bienvenido a la modernidad muchachito. ¿Decías que querías un blog? ¿Para qué? ¿Quién se va a comunicar contigo si escribes más de quinientas palabras por entrada? Lo bueno es lo breve muchacho. Lo bueno es el twitter o el estatus de facebook, o la foto de chingadazo en instagram. Alguien en este vasto mar binario sabrá entenderme o recomendarme una droga cuya efectividad sea tal, que aún si duermo veinte horas seguidas despertaré quince años más joven y tendré que vivir, de nuevo, odiosamente, la maldita pubertad.

Al menos jalársela mirando todas las piernas era divertido.

Hablando de piernas y de jalársela uno bien y bonito, bienvenidos a la primavera del 2011. Las mujeres ya andan caminando con sus faldas cortas y los pubertos de esta generación, más avispados que nosotros los treintones, mueren ansiosos por derramar su polen en el rostro de las flores que se acerquen. Digo derramar en el rostro, porque con tanto método anticonceptivo y ese exceso de información acerca del embarazo responsable e irresponsable, hacen bien en pensar en el derrame sobre el cuerpo y no dentro del cuerpo, como un método efectivo para evitarse los berridos, chillidos y los flujos de risa de la procreación. Si no me doliera la espalda, si tuviera diez años menos, si no tuviera las responsabilidades de un hombre casado, por supuesto que alabaría la primavera y también, cómo no, estaría buscando derramar mi polen sobre las flores angelicales cuyas hojas se las lleva el viento. Pero a mi edad, y con mis dolores, sólo me queda celebrar con una sonrisa el suceso y levantar mi pulgar en señal de aprobación a los amantes responsables y furiosos que no permiten que la vida duela y se les vaya, y qué piden, y qué desean más, hasta que su corazón estalle.

Mientras tanto, como un viejito quejumbroso cuya mujer le sonríe diabólicamente, tomaré asiento en una banquita, acomodaré mi sombrero de palma y miraré con discreción (y sin cigarro) a las mujeres que pasean y menean sus faldas. Eso es algo que todos podemos hacer desde nuestros asientos y sin riesgo a empeorar nuestra condición, a no ser que por aras del destino, nos ataque la enfermedad del priapismo.

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