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13054 (La invención de Morel / El gran Serafín)

By on Viernes, agosto 9, 2013

De los estudios mamarrachos (aunque quizás fue de una universidad prestigiosa) que he leído: Dicen que una sonrisa crea un aura de bienestar alrededor de un individuo. Pero no puede ser cualquiera, porque otro estudio mamarracho ya confirmó que la gente percibe cuando una sonrisa es falsa, incluso de manera inconsciente, y que parte de los prejuicios que formarmos de una persona tienen mucho que ver por como sonríe (u otros gestos apenas imperceptibles). El sonriente sincero es protegido por los demás, es propenso a recibir favores y algunos, por algún capricho genético, incluso deciden proteger esa sonrisa a cualquier costa, como si de ello dependiera la esperanza de la humanidad. Ahora me pregunto de aquéllos que siempre sonríen lánguidamente, no hay falsedad pero tampoco alegría, y son objetos de numerosas desgracias. Los que sonríen con tristeza, ¿crearán una capa de tristeza...

13049 (Juliette / El Caos)

By on Domingo, julio 7, 2013

Escribo aquí porque evito trabajar en un cuento. Escribí dos líneas, las iniciales, cada una me llevó un día. El título lo escribí el año pasado. Pienso en Juan Rodolfo Wilcock, y su valentía para editar y reeditar “El Caos”. Cada cuento, como dio a entender, debía ser perfecto porque era lo único que pensaba escribir. (Libertad y prisión, de chingadazo, sólo voy a escribir esto y esto, debe ser perfecto. Abandonas escribir por corregir. Un intenso deseo de trascender a través de la perfección de las líneas). Eso viene escrito en los apéndices del libro. Mi problema, eso me digo con otra voz mientras camino y hablo solo como loquito, es que quiero escribir muchas cosas, y soy muy rápido para hacerlas. Es verdad, escribo muy rápido, y luego me tengo que sumergir al infierno de la revisión. Por ahí leí: “Escritor que sólo escribe y nunca revisa, le falta intención, y la...

13033 (Juliette)

By on Domingo, mayo 19, 2013

199X. Estoy en un salón de usos múltiples, junto un grupo de estudiantes de mi edad. Tenemos entre 13 y 15 años. Un personaje de PROVIDA, al frente, pone la canción de “Hotel California” en una grabadora. Todavía se usaban los cassettes. Es sábado, son las diez de la mañana, los otros chamacos hablan de irse a Chapultepec o de irse a pasear al centro saliendo de la plática. A mí no me van a dejar. El barrio donde vivimos es duro, a mi familia le daría miedo y la verdad, no tengo ganas de preocuparlos. Saliendo de ahí me pondré a jugar Super Nintendo, debo estar al 60% de Final Fantasy. El personaje de PROVIDA nos explica que “Hotel California” habla de ritos satánicos, del diablo, el Adversario está presente en cada una de sus letras. Recuerdo, mientras alzo una ceja, algunas bromas que hacen en los sitcoms que veo de madrugada con referencia a esos grupos...

13027 (Juliette)

By on Martes, abril 30, 2013

No presto libros, si puedo, los regalo, pero a veces se me olvida y los presto de cualquier manera. Cuando me vuelvan a pedir un libro prestado, haré como biblioteca: Claro que sí, puedes leerlo en mi casa, al fin que tengo una banca, un jardín, sillones amplios y cómodos, hay café y probablemente hay coca cola, te puedo regalar un cigarrillo si quieres fumar mientras lees, espero que no te molesten los perros porque los míos probablemente buscarán poner el hocico o el peso entero sobre tus piernas y te dejarán la ropa llena de pelos, los muslos dormidos, los pantalones babeados. Quizás deba poner letreros, horarios de lectura, aunque no me molestaría recibir gente en la madrugada, que es cuando los lectores se sienten más solos y son más voraces. Algunos libros ni siquiera saldrán de esta habitación. Si quieres leer, siéntate en este banquito, la espalda recta y mientras yo trabajo, o...

13003 (Los malditos niños)

By on Jueves, marzo 14, 2013

Vine al área de negocios del hotel, es un área muy cómoda donde el internet es estable. Optimista, casi tanto como Alfredo Peniche, traje mi iPad y mi teclado inalámbrico, decidido a que me sentaré a escribir aquí. Aunque sea algunos postitos para el árbol. Empezó todo mal. No había espacio en las mesas porque las ocupaban unos gringos mirando una película de Adam Sandler. Los cuatro escritorios con computadoras estaban ocupados. Entonces fui a los sillones, resignado a la comodidad. Cuando me senté en ellos me hundí, casi me caigo a otro lado, un mundo al revés. Así no se puede escribir, suspiré, le pedí a mi esposa que guardara el teclado. (Ella decidió seguirme para ser testigo de mi pequeño capricho). Me puse a leer los correos pendientes. Un centenar de correos, y de nada importante, la mayoría son avisos de Twitter que activé recientemente. Quizás los desactive de nuevo, en...

Fumador en la banca, humo del jugador

By on Martes, diciembre 4, 2012

Este es un artículo que se publicó en mi columna mensual (La Habitación de Humo) en el número 66 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados. Hay una frase muy sencilla que requiere un puñado de experiencias para entenderse. En su sencillez se encuentra la trampa y en sus consecuencias un dejo de desencanto. Al principio hay un poco de resistencia, pero cuando entra, entra bien y se repite como un mantra, un canto de guerra antes de lidiar contra una bestia que oculta los cuernos: “Tienes que ponerte la camiseta”. No soy inocente. Muchas veces he caído en expresar esa simpleza para invitar una reflexión, un cambio de actitud en el otro, así como me la dijeron muchas veces desde la niñez hasta la juventud y obligaban una mueca por lo cándido del discurso. “¿Qué es ponerse la...

Fumo culpablemente en la soledad (Humo desolado)

By on Lunes, noviembre 5, 2012

Este es un artículo que se publicó en mi columna mensual (La Habitación de Humo) en el número 64 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados. Mi esposa tiene trabajo para mes y medio en otro estado. Ha confiado, con cierta duda ilustrada en sus cejas arqueadas, a mi sola responsabilidad los perros, los asuntos caseros y que no se caiga el Popocatépetl. Pienso en este problema tan contemporáneo: No es gracioso cuando una institución es incapaz de reconocerle a una mujer sus habilidades en el trabajo pero que tierno es cuando un varón se hace cargo de la casa. Míralo como trapea, barre, limpia, cambia los pañales del mocoso. Al instante y con unas gotas de agua, es un caballero. Señalar culpables es un pasatiempo estéril. La soledad me permitió ignorar dos rutinas: La hora de gimnasio y las dos horas nocturnas...

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