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escrito por el Lunes, marzo 25, 2013

13017 (Historia de O)

13017 (Historia de O)

Un tema recurrente en los cuentos de Borges, es que un hombre e todo los hombres (Schopenhauer). Es decir, si yo recito a Shakespeare, soy Shakespeare, así como Shakespeare también tuvo la posibilidad de convertirse en Fest. También fui Borges mientras lo leía, y mientras contemplaba un espejo, o mi siguiente movimiento en un juego de ajedrez.(Me separo un poco, sólo un poquito, pensando en el Tao: todos somos uno y uno somos todos. También soy la mierda de los pájaros, también soy la oruga intoxicada con el sabor de las adelfas, qué agobiante, ¿entonces podemos serlo todo?). La unidad de las cosas es un pensamiento bello, y a la vez abismal, el individuo es lo que es, y además, es todos los otros. Jean Paulhan, en la introducción de la “Historia de O” (Pauline Réage), ofrece una idea llamativa. Cito: En suma, nosotros, desde la niñez, no hacemos más que soñar con un hombre que sea todos los hombres a la vez. Pero, al parecer, a cada mujer le ha sido dado ser todas las mujeres (y todos los hombres) a la vez. Pienso en mi madre y en mi abuela, y en otras mujeres de mi familia, en algunas relaciones que tuve en el pasado. Incluso con el humor parco, signo de mi familia, podía apreciar como contemplaban la posibilidad de entenderme, y de entendernos, a cada uno de los varones. La mujer desborda imaginación y esa imaginación le permite no solamente ser Shakespeare, Othelo, Hamlet, también puede ponerse en el lugar de Desdemona o Lady Macbeth con facilidad, sin un temor metafísico de dañar, corromper o quebrar su sexo (el espíritu es otra cosa, creo que el hombre es a veces un imbécil por sus constantes ganas de retar y quebrar su espíritu, y audaz, quizás… pensaré en ello), el supuesto y engañoso camino que tiene en el mundo. Esa idea simplona de que la mujer un misterio parece una idiotez, cuando respiras un segundo y te corriges: “No es un misterio, una mujer son todos los misterios, y al menos siete veces más misterios que ofrece la posibilidad de ser todos los hombres”.

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escrito por el Lunes, marzo 4, 2013

13015 (Bushido)

13015 (Bushido)

Algún día, a finales del año pasado, visité el blog de Almu (Antes muerta que sencilla). Ya no existe el blog con su propio dominio, sin embargo, se pueden leer algunas entradas en blogspot. Esas pocas entradas fueron suficientes para recordar el sentimiento de fascinación, y envidia, que me embargaba leer su blog. Tuvieron que pasar unos años para comprender que la brevedad también se educa, y que Almu, debe ser una persona que a la hora de sentarse a escribir tiene una precisión natural, un ojo al detalle bien practicado (Ojalá pudieran leer el blog de amqs, cada entrada era mejor). Eso imagino y mi imaginación probablemente es grosera, poco refinada, quizás la verdad es otra cosa, me alegraría que ella me desmintiera. Recordé lo mucho que me gustaba su cotidianidad breve. En estos días, he leído “El espejo en el espejo” de Ende y “Confabulario” de Arreola, además de “Ficciones” y “Aleph” Borges, una nada de Keret, quizás una embarrada de Torri. Ese año también leí “El arte de la fuga” de Sergio Pitol. En ellos deposito algunas raíces de este blog, así como sus métodos y sus aspiraciones. Sin embargo las mentiras son mías, ni modo de enjaretárselas a alguien más.

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escrito por el Miércoles, diciembre 12, 2012

Velas de lectura

Velas de lectura

Ayer cumplí 31 años pero en vez de elogiar o solapar la edad adulta (u otras cosas igual de lamentables), mejor aprovecho la caminata para hablar de leer y de como aprendí a leer. Sí, la mayor parte de este post lo escribí en el teléfono mientras caminaba.

  • He pasado mucho tiempo de mi vida leyendo. Reafirmo, cada vez que abro un libro, un cómic o un manga; que otros placeres, ocios o estudios no me atraen igual. Incluso dedicarme a un juego que no sea casual se ha convertido en una tarea difícil. Me pregunto, a menudo, ¿cómo crece o vive la gente que no lee?

  • Mi abuela, casi analfabeta, me enseñó a leer a los cuatro años. Quizás comenzó antes. Todos los días, en el ambiente frío y gris rata de un puesto de zapatos en el mercado de la Balbuena, repasábamos letras en el periódico. Eventualmente las letras se convirtieron en palabras, oraciones, párrafos completos. Una vez que supe nació un animal hambriento. El mercado era un lugar oscuro, frío, apenas vivo por el lugar tan escondido en el que estaba localizado. Ahí, una de las pocas cosas capaces de arrojar luz, alimentar al monstruo, era la lectura.

  • Leía el periódico, leía cómics y la tira del domingo (Todos los domingos esperaba ansiosamente, en el Universal, el siguiente episodio de Dick Tracy). En el mercado, compraba en el puesto de periódicos uno de varios: “Archie y Verónica”, “Tom y Jerry”, “Las aventuras del Pato Donald”, “La familia Burrón” o “Memin Pingüín”. Mi abuela pedía, en algunas ocasiones, que los leyera en voz alta para corregirme si me equivocaba.

  • En casa teníamos libros, demasiados. Mis tíos más jóvenes leían ciencia ficción y fantasía. En cajas, ocultos, estaban los libros de mi abuelo… Una colección impresionante y discordante: antropología, dibujo, astrología, psicología, enciclopedias de historia y cómics de Vargas Dulché. Muchas veces los hojeé, sin entender mucho lo que pasaba, los libros de ambos mundos eran ajenos: Unos por su vocabulario y otros porque estaban en inglés.

  • Mi madre tenía un libro de ilustración de Michael Moorcock. Criaturas desnudas en un mundo fantástico. Rostros alargados, ovalados, ojos vivos en rostros imposibles. De niño, le rayé unos garabatos con pluma. Quería participar en la creación. Mi madre, dolida, me quitó el libro para siempre y, luego de unos años, lo dejó a mi alcance vencida. No cabe duda, los niños destruimos todo. Unos años más tarde que vi mis pequeñas interrupciones, me arrepentí. Hice lo mismo con otros de sus libros, incluyendo un libro ruso de ajedrez con unas ilustraciones bellísimas y un puñado de libros ilustrativos de cómo aprender a pintar.

  • El colmo: un día, uno de mis tíos abre un programa en la Commodore 64. Es un juego llamado Zork, una aventura de texto, la más famosa de todos los tiempos (La mencionan a menudo en Big Bang Theory, y es referencia obligada de “Ready Player One”. Cualquiera que deseé hacer ficción interactiva debe conocerlo). A cada momento le pedía a mi tía que me tradujera lo que pasaba, estaba enganchado en el misterio y me asombraba que pudieras escribir en la computadora lo que quisieras hacer, y con ello cambiar el rumbo de la historia. Ella, cansada del chamaco, dijo que debía aprender inglés y dejara de molestar. Tenía seis o siete años.

  • A los nueve años ya poseía el nivel suficiente de inglés para pasar un par de pantallas en Zork, y leer algunas páginas de los libros de mis tíos (y sus portadas luminosas, vistosas, mundos ajenos en espera de ser devorados). Otro tío al ver esa pequeña hambre que me guardaba, me sugirió leer mi primer manga en una traducción inglesa: “Crying Freeman”.

  • “Crying Freeman”, después de Dick Tracy, fue mi incursión en el mundo noir, un mundo agresivo, adulto y violento. Páginas oscuras, hombres armados, mujeres fatales, negocios turbios con empresarios. Recuerdo mucho una escena donde un personaje le comparte a otro la geisha que contrató. Ambos hombres, uno joven y uno viejo, poseen a la hermosa geisha. Cierran el negocio. Empecé a intuir uno de los mecanismos del sexo.

  • Para entonces, ya había cambiado mis cómics por el universo Marvel. Específicamente Spiderman (aunque también perseguía a los Hombres X y los Vengadores. Novedades editaba, en aquel entonces, los arcos que escribía Jack Kirby). Si no los había en español, a veces conseguía arcos más actuales en la American Bookstore. Spiderman y su humor, su genialidad, su inseguridad, perpetuamente enamorado de Mary Jane y su sola confidente, la tía May, me ganaron. Se parecía mucho al niño y su abuela en el mercado.

  • Mi tío Rafael me entrega una nota de su propia experiencia mientras espera el nacimiento de su hija en el hospital: “Si quieres leer buenos cómics, fíjate en las burbujas de diálogo. Entre más texto haya en las burbujas, quiere decir que es de mejor calidad”. (Por supuesto, esto es debatible por muchas razones… sin embargo, en aquel momento me pareció la verdad, y a la fecha, me fijo en cuántos diálogos tiene un cómic). Después fuimos a un puesto de revistas, me compró dos comics de “Conan, el Bárbaro” y unos de la Familia Burrón. Esa tarde, mientras esperábamos el nacimiento, nos la pasamos leyendo en silencio.

  • También leí libros. A los doce años, mi nivel de inglés me permitía leer con seguridad algunos libros de terror, fantasía y de ciencia ficción (con diccionario a un lado): Stephen King, Clive Barker, Brian Aldiss, Isaac Asimov, Robert Heinlein, Arthur C. Clarke, Larry Niven, Orson Scott Card. Mi madre me regaló libros de Orwell, de Baum, de Verne, de Poe y una versión adulta, incluyendo los cuentos crueles, de los Hermanos Grimm. Alguna vez, aprovechando una liquidación de “El Sotano”, compramos al menos unos 30 ó 40 libros de editorial Minotauro. Costaron diez pesos cada uno. Uno de mis libros favoritos de entonces, que consumió meses de mi tiempo, fue un “Crea tu propia aventura” de los Hombres X.

  • Mi tía me prestó su copia de la “Historia Interminable”. Las cosas cambiaron. Hasta entonces, en cualquier mundo fantástico o tecnológico, había reglas y las reglas quedaban claras. En este libro encontré un laberinto, un mundo engañoso y cruel, una posibilidad de que las cosas no acabaran bien y que sería difícil saber por qué, sin explicaciones, podía ser desde el haber interpretado mal el juego de palabras hasta que las mentiras poblaran el mundo real, el de afuera, el que pasaba en el libro y el que pasaba en el mío, donde yo sostenía el libro en las manos. Escuché por primera vez al espíritu de la tragedia.

  • Dejemos a un lado al niño y su exploración. Pienso ahora en la lectura: un acto íntimo, personal, donde lentamente aprecias las palabras que tienes entre las manos y continuamente formas una historia, desenredas un misterio, entras en personaje y cuando abandonas, es posible que te hayas llevado algo de ahí. Son múltiples regalos los que deja la lectura, y que parece imposibles conseguir en otro lugar: Oyes distinto, aprendes palabras, encuentras en la rutina o en algún paseo las imágenes para ilustrar ciertos fragmentos, tomas los secretos del mundo, puedes ser tan malo o tan bueno como desees, asocias personajes con personas y las personas con personajes. ¿Quién querría renunciar o evitar eso? ¿O quién rechazaría esa oportunidad?

  • No pasa lo mismo con las series o con las películas, no son un reemplazo para leer, aunque a veces consiguen engañarlo a uno. El acto cambia porque no hay una intimidad, ves a personas interpretar papeles y es difícil imaginárselos de otra forma. Narran una historia, pero narran la historia desde un sólo punto, no ofrecen la oportunidad de perderse. Una serie o una película, utiliza las experiencias del espectador como un testigo, quizás consiga relacionarse, pero no se compara a tener las palabras en las manos, en los ojos, en la punta de la lengua, y abrir la posibilidad de enloquecer, de convertirse en otro, aunque sea un cambio mínimo, como la forma de tomarse el té.

  • Hace poco, en la plática con un escritor, escuché a un hombre necio, empresario, diciendo que leía veinte libros en un mes (y luego lo cambió por un año). “Y no leo malos libros, leo a los clásicos: Dumas, Stevenson, Dickens”, sin embargo, es lo único que pudo articular coherentemente. Usando su lenguaje de empresario, quiso preguntarle a este escritor (Keret) cómo pensaba venderse, es decir: ¿Qué debería tener en cuenta él como consumidor para comprar su producto? Hablaba bronco, apresurado, repetía palabras, muletillas, quizás le incomodaba hablar entre muchos jóvenes. Más tarde, como siempre sucede en esas cosas, un chavo arguyó que leer era importante para México y un escritor leído por tantos jóvenes, debía ser un buen escritor. Aplausos estridentes. ¿La moraleja? Leer mucho no te hace mejor persona. No leas por eso porque vas a perder.

  • Me gusta la lectura como un laberinto. Es decir, no puedo leer solamente a cierto autor, o cierto género, así termino leyendo cosas que no imaginaba. Algunos lectores consiguen disciplinarse: Se dedican a ciertos autores, se dedican a ciertos géneros, a las novedades editoriales, a la literatura de una sola región, a los Nobel, a los recomendados o a sus clásicos. Cumplen su cuota, se lavan las manos. Lo que salga de su círculo se convierte en algo despreciable, difícil de leer, imposible de manosear o disfrutar. Me parece triste. En cada libro, sobre todo los extraños, existe la oportunidad de rescatar la vida.

  • Los libros que provocan sentimientos de enojo, de abandono o de amargura, son libros a los que presto peculiar atención: Algo está pasando, comunica o provoca, tal vez me recuerdan algo que ya olvidé o algo que deseé. Eso no hace mejor, o peor, al libro, simplemente descubren otra cosa. También de eso trata leer: Perseguirse.

  • Esta será mi última entrada del año, por eso tan extensa. He decidido convertirlo en una costumbre: Abandonar el blog en las fechas del cumpleaños (30+1, oh man) y retomarlo a mediados de Enero, o hasta inicios de Febrero (aw, a ver). Diciembre, sus compromisos, sus vacaciones y los múltiples proyectos no me permiten dedicarle más tiempo al árbol, sin embargo, seguiré en twitter y en otros lados, como es mi costumbre. Así que aprovecho para desearle a los lectores, los perdidos y los curiosos felices fiestas, un feliz fin del mundo, un feliz año nuevo, y una clemente cuesta de Enero. Un abrazo, nos vemos otro día.

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escrito por el Jueves, diciembre 15, 2011

Libros del 2011 (2).

Libros del 2011 (2).

Recuerda leer la primera parte de la lista.

Escogí que la última lista del año, así como los últimos textos del blog, fueran pequeñas reseñas de los libros que leí en el año. Ya casi es hora de cerrar este changarro unos días. Es hora de disfrutar los fríos de diciembre, sus posadas, los chocolates ocasionales, los dolorosos intercambios de regalo y los gritos infantiles de los niños necios que insisten en que merecen todos los regalos del mundo. ¿Ya preparaste el estómago para subir esos kilitos de más? ¿Ya escogiste los libros, los videojuegos, las películas y la música que te acompañará estos últimos días? ¿Cuántos amores perdiste, cuántos amigos recuperaste? ¿Ya te perdonó la familia? ¿O fuiste tú quién debió perdonarla? ¿O eres de esos benditos que nunca tiene problemas en la vida, pero que su porno es demasiado extraño para que todos los demás podamos comprenderlo? Ah, qué importa. Acabemos este año de una buena vez.

Este año leí mi primera novela de Haruki Murakami: 1Q84. La gente lo ha perseguido estos últimos años y ha devorado sus libros. No es para menos. Su prosa es sencilla y envolvente, como penetrar una pintura con vida. No me pareció distinto a leer un par de mangas (de suspenso, de terror psicológico, de melancolía y tristeza). Lo que recuerdo con cariño de este libro es ese hermoso cuento que inventa: El pueblo de los gatos y la posterior confrontación que tiene Tengo con su padre. Ese pequeño momento rebosa de maestría literaria. Con ello, pensé en Murakami como un artesano que lleva años practicando el oficio y observando las relaciones humanas. Sin embargo, Murakami es una de muchas lecturas y muchos libros pendientes.

El lector sabe que entregarse a un escritor o su obra, es sacrificar otras. Eventualmente tiene que escoger las obras que lo seguirán acompañando. No sé si Murakami sea un compañero.

Me di la oportunidad de leer la tetralogía de 2001 (2001: Una odisea espacial, 2010: Odisea dos, 2061: Odisea tres y, por supuesto, 3001: La odisea final), por Arthur C. Clarke. Fueron entretenidos y muy sencillos. Disfruté de la prosa rápida y la imaginación abundante que provoca la ficción científica. Me sentí un cómplice al reencontrarme con los personajes en cada libro: Bowman, Floyd, Hal 9000. Son excelentes libros para leerlos una vez. Descansar con ellos como un aperitivo entre libros más complejos… esos que cimbran el espíritu.

220 días en una nave sideral de J. Martinov es un libro de ciencia ficción rusa. Fue escrito durante la carrera espacial. Según la especulación del autor, ganaron los rusos por un pelito y no sólo eso, sino que se dieron una vuelta hasta Venus. Los gringos son los malvados (obviamente). La nave para en Marte para recoger materiales e investigación, encuentran fauna muy curiosa… (hasta parece un episodio de Star Trek). Aún cuando la ciencia del libro ya pasó de tiempo, me parece indicado para leerlo a un niño y estimular su imaginación, o su curiosidad científica.

2666 de Roberto Bolaño. Este es el segundo libraco que leo de Bolaño. El primero fue Amuleto. Leí algunas reseñas y opiniones donde hablaban de este como un libro incompleto, apresurado, que no debió publicarse porque el hombre no pudo terminarlo y se nota que ya se estaba muriendo. Otras reseñas lo comparaban con una gran obra y que era una lástima que Bolaño muriera antes de terminarlo. Honestamente, mis oídos dejan de funcionar cuando se habla de Bolaño. Pienso en él como un Cortázar, un Baudelaire, un Poe. Un guía de la imaginación y de lectura, el primer escritor que leen muchos, y eso provoca que lo aprecien más de lo debido… ¿Y cómo no? El recuerdo del primer libro o autor de muchos es tan potente como la primera relación sexual. Por otra parte, 2666 me pareció un excelente libro. Una hermosa trama de momentos y personajes, de géneros, de imaginación, de relaciones humanas, de tristeza y lealtad, de géneros, de amores inconclusos, o perversos, o retorcidos. Me encantó.

Aaron’s Rod por D.H. Lawrence (Descárgalo gratis en gutenberg). Es una novela picaresca que consiste en el viaje de un hombre cínico y apático que lo abandona todo para tocar la flauta. Un viaje de complejas relaciones humanas y como responder a las muchas dudas que tienen los hombres acerca de las mujeres, de las relaciones, del rencor y los deberes.

Absalom, Absalom! por William Faulkner. Los madrazos del año me los di con este libro. Es un viaje de voces, ilusiones, imágenes y susurros. No me fue sencillo… tal vez porque lo leí en inglés. Prometí releerlo.

Erewhon de Samuel Butler (Descárgalo gratis en gutenberg). Un hombre llega a un país donde la belleza es lo que tiene más valor, los enfermos son condenados a prisión y las máquinas son despreciadas porque el progreso es maligno. Se parece mucho al viaje que hace Gulliver a Liliput. Al leerlo presté especial atención al capítulo que dedica a las máquinas y como estas evolucionaron para adueñarse del mundo. Esta debe ser, si no me equivoco, la referencia más vieja que leo de las máquinas que construyen máquinas (un concepto importantísimo en las odiseas de Clarke, por ejemplo). Este libro es uno de los antecedentes de la ficción científica que se enfoca a la máquina como vencedor y dictador del hombre.

Nightmare Abbery de Thomas Love Peacock. Una sabrosa sátira de las novelas góticas y románticas. Hace referencia a Cervantes, Goethe, Shelley, Byron, Sofocles, Coleridge. Es un libro para nerdos literarios. No funciona si no has leído a los autores citados.

Cuando nos alcanza el ayer de Jorge León Sánchez. Este libro es un complemento a otro que se llama La isla de los hombres solos. Un hombre termina pagando un crimen con creces y busca, a través de todos los medios, conseguir justicia. En este libraco se puede experimentar los horrores de vivir prisionero, testimonio de la locura y encabronarse por la falta de justicia. Por este libro, el siguiente año pienso leer La isla de los hombres solos, aunque tal vez lo mejor sea leer ese primero y después este, como un complemento.

Battle Royale por Koushun Takami. El manga que leí este año. Muchos habrán visto la película y menos habrán leído el libro: En un futuro oscuro, un puñado de estudiantes es llevado a una isla donde son grabados y obligados a convertirse en asesinos para la televisión nacional. Una versión extrema de El señor de las moscas, o de ese otro que está bastante popular: Los juegos del hambre. Los personajes están cargados de una historia psicológica muy intensa. El arte del manga me incomodaba un poco porque en ocasiones era muy dulce, y lo dulce eventualmente se convertía en un guiñapo de sangre, de vísceras y de horror. Ahora que lo pienso: Supongo que esa era la intención.

El complot mongol por Rafael Bernal. Pinche Lupita, que sabrosa está, seguro me permite un par de arrumacos. Seguro que sí. Novela negra mexicana. Un hombre viejo que participó en la Revolución y ahora es policía, es encargado de asegurarse que no haya ninguna bronca con la visita del presidente de Estados Unidos. Una chulada de novela. Corra a comprarla, leerla y comentarla con sus amigos.

Los días de Birmania por George Orwell. (Liga de la Universidad de Adelaide). También llamada “La Marca”. Un grupo de ingleses están estacionados en Birmania desde hace tiempo, por sus respectivas compañías. Trata del aburrimiento de esas personas, de su soledad, de hacer raíces en un lugar donde no pertenecen, de lo absurdo que puede ser una ocupación. El personaje principal tiene una marca en una mejilla, lo cual es motivo de burla por sus compañeros ingleses e incluso, por algunos nativos.

Música para camaleones por Truman Capote. Una colección diversa de textos que van del cuento, del reportaje, de la crónica, de la novela inconclusa. Es lo primero que leo de él. Un hermoso y suave libro que evoca a la escena del título: música que genera su propia lectura para abandonarse al placer, o al tormento.

Y por último, un ensayo de Ciencia Ficción que disfruté muchísimo: ¿Qué es la ciencia-ficción? de Y. Kagarkitski. Es un buen texto para iniciarse y comprender los temas básicos que trata la Ciencia-Ficción, así como un compendio de referencias para comprender sus inicios, o su estudio. Habla de utopías, distopías, robots, mediciones, viajes a la luna, viajes en el tiempo y la humanidad por y para la humanidad. Igual… este libro se disfruta más si eres un nerdo literario.

Terminada la lista, sólo me queda desearles felices fiestas y un buen fin de año. Nos veremos en los primeros días de Enero, ¿vale?

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escrito por el Miércoles, diciembre 14, 2011

Libros del 2011 (1).

Libros del 2011 (1).

Sol me comentó que el día de hoy, en Twitter, los “Libros del 2011″ se convirtió en Trending Topic. Miro la fecha de reojo y descubro como paulatinamente estamos llegando al otro lado. 2012… el año que supuestamente lo terminará todo. Qué dulzura, pienso, esperar una fecha en especial para que todo termine y seamos libres de las cárceles propias a las que estamos sometidos. Espero con ansias el fin del mundo para no escribir ni una línea más, no escuchar otro mugido, matar otra mosca o echarle agua a mis tres cactos.

El reto de este año fue leer 100 libros y, lamentablemente, solo pude llegar a 81. Dudo llegar a la meta en los días que faltan. Además, habría que restar los volúmenes de Manga que me leí (serán como 70 libros los que leí en total). Ni modo, esperemos que el siguiente año sea más prolífico en cuánto a libros y lectura (y que no se acabe el mundo… o bueno, que se acabe pero que avise). Ya pues. En lo que llega la fecha prometida, tan fatídica y engañosamente necesaria, me gustaría comentar las lecturas que hice este 2011.

De Juan Carlos Onetti leí tres novelas: Cuando ya no importe, El astillero y Juntacadáveres. También releí sus Cuentos Completos según Alfaguara. Leer a Onetti es penetrar un mundo de humo. Sus héroes son absurdos: hombres comunes que están aburridos y que sueñan con otra cosa mientras fuman cigarrillos. Sus mujeres son deseables y desdichadas, como aquellas que entran a la oficina de un detective en una película negra. Niños que los visten como niñas, adolescentes mudas que tienen su primera relación sexual, doctores que no saben de su vida a partir de los treinta años y que fueron colocados, misteriosamente, por dios Brausen, sobre el maldito, húmedo y caluroso suelo de Santa María. Reencontrarme con Díaz-Grey fue como saludar a un viejo amigo, un viejo y enigmático amigo que todavía no comprendo del todo. Personajes misteriosos, elocuentes y comunes como Juntacadáveres, que colecciona las prostitutas que nadie quiere pero su burdel se llena todas las noches. (¿Es Larsen –antes llamado Junta– quién se convierten en un cura cuando se vuelve viejo? Vaya…) Para mí es una delicia leer a Onetti… aunque no es para todos los estómagos. No es para gente que busque historias felices, líneas motivacionales o acción desmesurada. Onetti es para los que han visto el rostro de la tristeza y la ironía.

Una sorpresa: _Yarns and Stories A Complete Collection of Funny and Witty Anecdotes_ por Alexander K. McClure y Abraham Lincoln (Liga para descargarlo en gutenberg). Este libro compila anécdotas, momentos e historias que Lincoln solía contar a la gente para explicar sus decisiones de gobierno. El autor del libro sugiere que su obra debería acomodarse en las bibliotecas caseras junto a la Biblia, o Las Fábulas de Esopo. Aunque exagera, el libro es realmente entretenido y convierte en la figura de Lincoln en una especie de mito. También hay momentos muy interesantes donde menciona al Secretario Stanton y al General Lee; como sus personas crecen mutuamente con la del Presidente Lincoln. Se escribió un poco después de su asesinato… Un arma de doble filo: En momentos es tan cursi como el sueño americano, en otros se descubre uno de los primeros traumas estadounidenses.

The 30,000 Dollar Bequest and Other Stores es un compilado de cuentos escrito por Mark Twain (liga para descargarlo en la gutenberg). Trae un cuento llamado Heaven or Hell que intuyo es de dónde Cortázar se inspiró para escribir La salud de los enfermos. Incluye extractos del diario de Eva, así como un manual para hacer reír a la gente. Es un buen conjunto de cuentos para saborear la ironía y la acidez de Twain.

_Ocio y Apuntes / La rumba_ por Ángel de Campo (liga a editorial Porrúa) es una colección modernista de cuentos, crónica y la única novela que escribió el autor. Crónicas breves, cuentitos trágicos, una prosa elocuente que describe momentos amargos pero sale dulce de los labios. Ejemplo de oído y de voz de un México de otros tiempos. Escenarios detallados de calles y vecindarios (sobre todo del centro) que hace varias décadas nos abandonaron pero que permanecen en el colectivo gracias a las películas del cine de oro. Es un bonito libro de tragedias dulzonas.

¡Vaya planeta! de Pierre Versins. Un libro de vieja ciencia ficción francesa. Un grupo de académicos extraterrestres descubre la Tierra y deciden viajar a ella para conocer a sus habitantes, saber que tan desarrollados están y si deben temer una posible guerra. Es una crítica negra y humorística que le da con todo a los estadounidenses a finales de los cincuenta. Este libro me pareció una agradable sorpresa.

Rápidas variacones de naturaleza desconocida por Edilberto Aldán. Libro de cuentos que ganó el Sor Juana de este año. Cuentos brevísimos pero sustanciosos. Momentos cotidianos dónde personajes comunes se quiebran y se descubren otros: sueños que los despiertan otros, el recuerdo como máquina para viajar en el tiempo, la escritura como método para deformar/modificar/trastornar la realidad, el plagio como un artificio necesario para la ficción, ganar un concurso literario escribiendo un cuento de cómo ganar un concurso literario. Es un libro sumamente interesante. Si pueden conseguirlo se los recomiendo ampliamente.

Aquí termina la primera parte de la lista. No hay prisa. De todas formas nos estamos arrastrando con suavidad al fin de año. Mañana la segunda parte.

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escrito por el Jueves, diciembre 8, 2011

breves pensamientos que giran en torno a la Odisea.

breves pensamientos que giran en torno a la Odisea.

  • La primera vez que viajé con Odiseo, me molestaba mucho que sus hombres murieran con los artificios de los dioses. Hoy acepto que Odiseo es un héroe y que los hombres que digiere Polifemo en su estómago son simples extras.

  • Odiseo no es cualquier héroe. Mientras que Ayax, Diómedes e incluso Aquiles, tienen la musculatura y el arrojo de cualquier personaje interpretado por Stallone o Schwarzzenegger… Odiseo es inteligente y manipulador. Odiseo, además de tener la educación y el físico de un héroe de su época, aprovecha cada situación para voltearla a su beneficio.

  • (Con esto no quiero decir que los otros héroes sean unos idiotas. Ningún idiota podía ser héroe. Es por eso que Ayax, cuando se descubre ridiculizado ante los otros por hablar con unas cabras… se mata. Era lo menos que podía hacer.)

  • Una de las gracias de Odiseo, es como enamora a tres mujeres: una diosa, una bruja y la hija de un rey. Con algunas se queda, se entrega a las caricias de otras y las manipula a todas para obtener algo a cambio. No promete quedarse con ninguna. Tarda veinte años pero finalmente llega a Ítaca, a los brazos de Penelope.

  • Mientras Odiseo se refocilaba con las caricias de otras mujeres, Penelope estaba muy ocupada tejiendo la chambrita infinita. Se siente un poco de pena por ella, que tiene tanto pretendiente guapo (y patán) en su casa, pero no puede entregarse a ninguno con riesgo a quedar marcada como una traidora.

  • Las rapsodias iniciales que tratan de las aventuritas de Telémaco, la primera vez que leí la Odisea, me parecieron como las aventuritas de Gohan después que se muere Gokú. Aburridas. En esta relectura las aprecié mucho más. La edad, la relectura y las lecturas pasadas proporcionan paciencia para leer y degustar los libros.

  • Es breve el encuentro con los lotófagos, pero sustancioso. Los hombres que tragan flores y se entregan a un sueño perpetuo de olvido.

  • He tenido la oportunidad de comentar que estoy releyendo la Odisea. Algunas personas me han comentado su densidad al verse confrontados en la niñez y adolescencia con el texto. Usan el término para referirse que es una lectura complicada. (Siempre me ha parecido curioso usar “densidad” de esa manera. Lo hicieron un par de veces, por eso pienso en ello). Antes hubiera entendido… hoy que la leo, pienso que es un gran viaje literario que todos deberíamos hacer alguna vez. ¿Será cuestión del vocabulario, del estilo de las frases, de la repetición? ¿Qué hará difícil su lectura?

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escrito por el Lunes, abril 4, 2011

Sueño de lectura americana.

Tengo tres lecturas activas: un libro de ciencia ficción muy chafa (basura entretenida), un libro de ocio y apuntes escrito por Angel de Campo y un libro de cuentos escrito por Mark Twain. El último ha logrado dominar mi tiempo. Mark Twain (Samuel Clemens) también es reconocido como el gran escritor norte americano. Así como Abraham Lincoln es el gran presidente y Walt Whitman es el gran poeta. El único problema que tiene la literatura norteamericana, especialmente la de esos tiempos, es que funciona mejor con lectores del mismo país, lectores que entiendan la necesidad de incluir el patriotismo americano en las fórmulas literarias. En ocasiones, leer uno de estos libros es como ver una película del sueño americano o una de esas películas de acción, donde los patriotas resuelven los problemas del mundo. Superando esa parte, Samuel L. Clemens es un gran cuentista y he descubierto en él, el inicio de muchos otros escritores (de fantasía, de ciencia ficción, de humor y sátira, de ensayo y de crónica, de voz y voces, de lo que quieran).

Tenía tiempo que no había leído a un escritor tan versátil como él. Hablo como si nunca lo hubiera leído cuando no es del todo cierto. No lo leí con la atención requerida. A mis seis años traté de leer el príncipe y el mendigo. Habré leído dos o tres capítulos antes de rendirme. Qué diferentes somos en tiempos, en consumo y en creación. Mark Twain empezó a escribir a los once o doce años y por las circunstancias (sin televisores, la lectura y la palabra como entretenimiento) supongo que ya tenía un vocabulario envidiable. Ahora un niño de esa edad, con dificultad podría leer y entender los textos de Mark Twain. Cada vez perdemos más palabras y eso es porque tenemos más recursos para la creación y la lúdica. Los juegos de palabras, los juegos de creación literaria… pareciera que se vuelven obsoletos (lo cual es una mentira, lo sé, pero a veces así me lo parece). Sí, bueno, eso es Mark Twain, su vocabulario está en inglés, ¿y en español? En español estoy leyendo a Angel de Campo de 18XX y su vocabulario también es otro.

En uno de sus cuentos: “Heaven or Hell?”, Twain describe a un personaje de esta forma:

Él era un buen hombre y un buen doctor, y tenía un buen corazón, pero era necesario conocerlo al menos un año para dejar de odiarlo, dos años para aprender a tolerarlo, tres años para aprender a que te agradara, y cuatro y cinco años para aprender a amarlo. Era una educación lenta y cansada, pero pagaba.

 

Qué buena manera para describir a un personaje. Se puede sentir ese cansancio que significa descubrir su bondad. Se tiene en la cabeza el costo de su favor o su beneficio. También es una gran manera para introducirlo a la historia y eventualmente entender sus palabras, su comportamiento y comprender sus acciones. No es raro encontrar ese lujo de detalle en todo lo que escribe este señor. Incluso se avienta un ensayo corto y buenísimo para explicar como se cuenta un chiste (demasiado americano, pero legible) y porque ciertos humoristas funcionan en sus actuaciones, mientras que otros lo echan a perder. También cuenta anécdotas en su oficio como escritor, así como biografías y viajes llenos de sátira y humor.

Hay un detalle muy interesante en su biografía (según la wiki) y es qué todo el dinero que ganaba escribiendo, lo invertía en inventos o en su editorial. Ambas cosas tronaron, perdió toda su lana y sólo fue gracias a la ayuda de un amigo banquero que pudo salir a flote. Twain se declaró legalmente en bancarrota y no tenía ninguna obligación de pagarle a los bancos, pero se dedicó a escribir y a viajar para escribir crónicas, anécdotas, libros de viaje. Twain pagó todo lo que debía. Eso habla mucho de un hombre: “Que no quede ninguna deuda sin saldar.” Un hombre interesante y un escritor imperdible, sin duda.

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