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escrito por el Sábado, abril 20, 2013

13025 (Juliette)

13025 (Juliette)

Lista de cosas que me preocuparon al iniciar el 2013:

  • Los kilos que bajé, y subí, y ahora debo bajar de nuevo. Ni modo. Hay que dejar la coca cola. Busco hacer ejercicio además de las caminatas con los perros y el cardio de tres o cuatro veces a la semana en el gimnasio. El ejercicio también es tiempo al día que desaparece.
  • Organizar el tiempo para leer libros quita muchos otros placeres: La televisión, los videojuegos, el ocio en internet, las charlas con los amigos. Sin embargo, la lectura y su obligado tiempo de reflexión, son uno de los ejes principales en la vida del escritor.
  • Escribir en el árbol para no dejarlo a la merced de las islas binarias. Ya son muchas, y son muy abandonadas, y no quiero escribir mi blog en Facebook. Trataré de escribir las anotaciones los lunes y los domingos, un par de horas, y luego programarlas al azar para que se publiquen solas.
  • Son tantos y muchos los textos que quiero escribir. Tomo notas en el teléfono mientras camino, pero no es hasta que me siente y empiece que no sabré si debo perseguir la idea o desecharla. Es cierto. La inspiración (ese término espantoso) llega cuando menos lo espera uno. El trabajo es pulir esa inspiración y convertirlo en algo, lo más cercano que se pueda, perfecto.
  • También tener tiempo para el ocio, y divertirse. También es necesario relajar la cabeza para no consumirse en el propio pensamiento. Ojalá pueda ver a mis amigos, ojalá pueda beber con ellos, ojalá disfrute mucho a mi mujer y a mis perros, ojalá siga disfrutando mucho más que lo hice el año pasado, y el año pasado a este, y deje la nausea para pocas fechas, porque la nausea está bien, nos recuerda que somos polvo, pero tampoco se trata de convertirnos en lodo.
  • El Bushido me recordó una cosa muy sencilla que pensaba siempre, desde niño. Puedo morir en cualquier momento, e incluso, debo despertar preparado a la muerte. Que no se desperdicie ningún segundo pero que los segundos desperdiciados tampoco sean completamente estériles.
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escrito por el Jueves, noviembre 15, 2012

Ráfagas cotidianas (de mediados de Noviembre)

Ráfagas cotidianas (de mediados de Noviembre)

De Cholula

  • Anoche tembló en Guerrero y también se sintió en Cholula. Una sirena antisismos instalada en la UDLA, muy parecida a las de Silent Hill, sonó por toda la colonia. No sabía por qué sonaba. Al principio me pregunté: ¿Quién le pondría una sirena tan fea y escandalosa a su automóvil? Luego me di cuenta del movimiento y, claro, hice lo justo: Entré a Twitter para comprobar que temblaba.

  • Cholula me contenta con sus caminatas. Es obvio por qué: Las estudiantes, sus minifaldas, sus shorts y su juventud comprimida en cuerpos juveniles, curvos y sonrientes. A veces lo lamento: Casarme, quizás, fue el inicio de mi destino para convertirme en un viejo rabo verde.

  • No sólo me gustan las piernas desnudas, me gustan las nubes y las ráfagas de aire. El viento penetra entre las malahierbas de los baldíos y hacen ruido de olas. Observa ese mar vegetal.

  • Aunque desprecio a la gente que anda en caballo sobre la acera (y el camino de mierda que nadie se molesta en limpiar), me gusta ver los caballos y escuchar sus cascos en un paso calmo contra el pavimento.

  • Hace unos días alguien me saludó mientras paseaba y me presentó a otra persona como un tuitstar. Fue una sorpresa curiosa, como la vez que conocí a Gamez en un camión y se presentó como alguien que era fan de mi bitácora. Corregí rápidamente. No dejé que lo hicieran con blogstar, no pienso hacer lo mismo con Twitter. Además, siempre hay peces más grandes que uno (en mi caso, hay muchos) y, por más halagador que pueda ser la ilusión de los seguidores que crecen y las estrellas que dejan, sigue siendo una ilusión. Entre más gente te sigue y te busca, los secretos se descubren, la intimidad transmuta en otra cosa y te manosean como una figura pública. El caso más obvio es el de Hortensia, y su chamaquito.

De los perros

  • Como siempre, los perros durmieron durante el temblor. Que los animales avisen de los temblores es un mito.

  • Los primeros días que Sol se fue por trabajo, fui negligente con Nico y dejamos de pasear todos los días. Paseamos poco esa primera semana. Ella me despertó un día a lengüetazos y pidió hablar seriamente conmigo. Una hora de regaños después, le prometí cambiar. Ahora paseamos todos los días, aunque sea poco.

  • Me entristece Killer cuando lo dejo en la casa. Salgo con Nico y a través del vidrio en la puerta, miro como Killer interrumpe su impulso de salir corriendo para simplemente observarnos. Mastica con algo de rencor en su hocico desdentado. Es complicado llevar a dos perros, sobre todo por él: Está acostumbrado a caminar sin correa y tomar la calle a su paso. La correa es una afrenta a su libertad de lobo contenida en el cuerpo de un french minitoy.

  • Quiero ver a Killer viejo (tiene 11 años) pero no puedo. Cuando me animo a sacarlo y hago la maroma de llevar a los dos perros, corre y salta como conejo en el jardín, entre las hierbas.

  • A la hora de cenar, ladra enérgicamente y su cuerpo da pequeños saltitos divertidos. Me hace reír.

  • Nico no quiere comer, aunque eventualmente se rinde y come lo que le doy. Ya lo había hecho antes pero esta vez es más necia. A veces abandona el plato durante una hora en lo que se decide a dar la primera mordida. Me pregunto si busca algún cambio en el alimento. Recientemente lo cambiamos porque el alimento barato provocó una baja de defensas y se quedó sin pelo en un ojo, y en un costado, por culpa de unos hongos.

  • Quizás le cuesta trabajo acostumbrarse a los cambios: Sol no está, los primeros días no paseamos tanto, le cambié la hora del desayuno a la hora que me despierto, cuando salgo la dejo varias horas sola (y no salgo muy a menudo). Es una princesa. Le hace falta un poco de maltrato.

Enigmas

  • La Muerte ya sabe de qué nos vamos a morir justo después de la primera nalgada, o del primer llanto. No es tan triste como parece, al contrario, es un consuelo que alguien sepa.

  • Cuando regrese todo estará mejor, pienso, mientras doy un par de vueltas en la cama. He descubierto que nunca estuve habituado a la soledad, casi siempre dormí con gente.

  • Aprecio mis pocos secretos.

  • El ruido blanco me regresa la nostalgia del insomnio infantil.

Del lector

  • Pensé que leer Proust le quitaría el sabor a lecturas más fáciles (qué pinche snob, mamón) y no, sigo disfrutando mis libros sencillos. En un aspecto más general, eso me preocupa: el repudio a lo sencillo.

  • Actualmente me encuentro leyendo una antología de cuentos steampunk combinados con romance. Algunos cuentos son entretenidos, unos son buenos y otros son simplemente malos. Ninguno me ha parecido genial. Me dio curiosidad el libro porque me gusta el género pero no había conseguido lectura abundante del mismo (Philip Pullman, Samuel Butler, quizás otro par). Es muy fácil encontrar el género en películas, anime y videojuegos: Mad Max, Final Fantasy, Chrono Trigger, Trigun, One Piece, Wild Wild West y un puñado de títulos más. La estética de las máquinas de vapor, los engranes, los visores y los abrigos me parece fascinante.

Del escritor

  • Entiendo la alegría de Alberto Chimal cuando declara, en una entrevista, el triunfo de haber alcanzado 400 páginas (u hojas) en una novela. “Ya sé que puedo, por lo menos, apuntar a ese tipo de escritura”, declara en alguna entrevista y sonreí. En mis propios intentos, lo máximo que he alcanzado son 180 ó 190 páginas y sufro mucho. Algunas veces simplemente lo abandono.

  • Mi novela más reciente se llama M y la escribí proponiéndome su brevedad (quizás es un camino errado y fácil de criticar. ¿De qué sirve delimitar una extensión al inicio?). Al conocer mis límites entre las 120 y 180 páginas, pensé que lograr 70 sería cosa fácil. Hasta, bien chicho, supuse que lo conseguiría en un proceso de dos horas diarias, en dos semanas. Me equivoqué. Conseguí 76 cuartillas en un mes y medio, había días en que simplemente miraba el texto en las dos horas de trabajo.

  • El próximo proyecto es un libro de cuentos. Alguien se atrevió a decirme que eso sería más sencillo. Hace unos años hubiera dicho que sí, pero ahora difiero… luego del trabajo que me costó “Lotófago” (en cinco cuartillas), escribir un libro de cuentos ya no parece tan sencillo, aunque el cuento me parece una fuga lúdica a la tormenta que significa escribir una novela.

  • Hablando con Aldán, le dije que algún día podía acabarse la abundancia de palabras, textos, etcétera. Él simplemente se limitó a decirme, parafraseando, que no fuera mamón y que siguiera como iba.

  • Este año, como escritor profesional, no me fue nada mal: Gané el concurso, publiqué en una antología y quizás me publiquen en otra. He sido constante en mi columna en el guardagujas. Los últimos seis meses aprendí más de lo que he aprendido en muchos años.

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escrito por el Lunes, octubre 29, 2012

Pétalos

Pétalos

Llega la edad. No puedes hablar de todo lo que se te antoja. O eso parece. Se guardan ciertas cosas en el cajón: Mi engendro recién nacido me aburre, golpeé a mi perro de orejas grandes, mi esposo es impotente, saqué la punta de dieciséis lápices, mi jefe es un idiota, hoy fumé dos cigarrillos, no tengo para comprar cigarros, robé una cartera en el metro, maté al tipo que me debía la renta, ay… las nalgas de la prima, conseguí rayar la Mona Lisa, restauré mal una obra, traduje un cuento pornográfico para subirlo a un foro, me masturbé tres veces en la noche (así comprobé que no da sueño), le puse el pie a un niño escandaloso, atropellé al perro del vecino, limpié la casa, electrocuté a una tarántula, no fumo mota pero digo que sí para que me crean en su grupo, dale-retuit-dale-retuit, hoy desperté mojada.

Por eso más vale tomar el camino seguro, bien medido, inmaculado: hablar de las nubes, de los paseos, de las películas y los libros, de los vecinos ruidosos y molestos, de las niñas bonitas —desconocidas— en la plaza, de como-cuándo-y-dónde me acordé de ti, alguna anécdota o chistorete de la mascota o del bebé, lo delicioso que cocina la hermana, los dolores del abuelo, las peculiaridades de la calle en donde vivo, del vigilante y sus moditos al fin que no tiene internet (o lo disimula bien, quizás te fisga en un mundo y en el otro), del escandaloso y “bizarro” porno japonés.

Al fin que los halagos son igual de estériles que los chismes jugosos, los momentos aburridos de la rutina, el manjar de los vicios, los rencores mínimos y breves. (¿Y lo son de veras? ¿O puede redimirse la continuidad de momentos aparentemente insulsos? Cada quien) Frutos de un árbol seco repartidos entre mano y mano, en la mordida se escuchan jugosos y crocantes pero son igual de secos que la ceniza entre los dientes. No hay problema, se dice, con un poco de aderezo se arregla. Quizás mañana encuentre una aventura, quizás mañana se convierta en el pirata de brazos biónicos que tanto soñó, en el productor de cine pornográfico o el espía disfrazado de diplomático en algún país ajeno. Difícilmente se sabe cuando la rutina puede ser necesaria. El tuerto todavía es rey porque se dice ciego.

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escrito por el Sábado, octubre 20, 2012

Camara everywhere

Camara everywhere

Poseer una cámara es una atenta invitación a buscar la simetría, las texturas, la armonía y la geometría en todas partes. Luego camino por la casa, una casa que ya recorrí de arriba para abajo, con la cámara en mano, buscando sombras interesantes o alguna grieta aún desconocida. Es peor salir a la calle: la hierba mala, las nubes, los baldíos, los cadáveres de algunos animales, la basura graciosamente acomodada, las piernas descubiertas de alguna chamaca… parece que todo merece la posibilidad de registrarse en la memoria digital porque la memoria biológica aparentemente es insuficiente.

Últimamente estoy dándole una manita de gato a la organización de mis fotos. Desde el 2004, a la fecha, quizás tendré unos 20,000 archivos. Algunas se repiten, otras son ediciones (quizás les llamaría duplicados estéticos), pero no me atrevo a dar un número real. Igual que las imágenes del blog, la tarea de arreglar las fotos es de una o dos horas semanales, cuando el tiempo lo permite y no tengo otra cosa qué hacer. Los hombres somos animales curiosos. No soy el único que hace esas cosas, lo dudo, desde que tenemos computadoras a la mano hemos despertado los genes del inventario. Etiquetas, carpetas, categorías, memorias… estructuramos un universo digital como si fuéramos bibliotecarios y cada quien tiene sus propios vicios: fotografías, libros, pornografía, películas, música.

Es una tarde esplendorosa (y perezosa) de sábado —lo dicen mi ventana y el baldío del vecino, con sus florecillas amarillas alzadas hacia el cielo. Viene Nico a mover la cola, y mirarme fijamente, preguntándose a qué hora tendré la dignidad de ceñirle la correa al cuello y sacarla a pasear, a olisquear el pasto verde y jalonearme para perseguir zanates bravos y valientes, andantes del suelo y del jardín, quizás me arrepienta luego de lo que diré— pero no me arrepiento de pudrirme, ligeramente, enfrente de una pantalla.

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escrito por el Sábado, agosto 18, 2012

Año número 10

Año número 10

18 de Agosto, 2012.

El “Árbol 2:17″, antes conocido como “Árbol de los mil nombres”, cumple su décimo año en la red. Es hora de celebrar, por supuesto, con un chingo de numeritos.

Hablemos brevemente del año:

Ahora, como se cumple el año número diez, hablemos de los números totales en el árbol.

Los cinco sitios que me han patrocinado más visitas durante todo este tiempo, obviando redes sociales, buscadores y otros servicios (¡Gracias!):

Las diez anotaciones con más visitas desde que mudé de servidor:

  1. Calaveritas Webloggeras
  2. Entre mujeres podemos despedazarnos
  3. Del diario de Simón Dor: Unicornio
  4. pesadez en la Cabeza
  5. Arreglar la habitación
  6. Fotocuento: “El culo de Ofelia”
  7. Instrucciones para la masturbación con cajeta
  8. Letras que forman palabras
  9. Del 100 Vidas: El maestro de los disfraces
  10. Se piratearon el logo del IMSS

Cinco búsquedas raras (según Google, y otros)…

  • chistes de menonitas
  • gracias por tu trabajo
  • que palabras se forman con estas letras
  • que letras constituyen la palabra fantasma
  • japonesas sexosas

Hablemos de los textos, y los números contenidos en ellos. Recuerden que son los totales.

  • Total de palabras en todas las entradas: 1,368,785
  • Total de entradas: 2092
  • Número de visitas (desde el árbol1000n hasta árbol217): 1,014,219
  • Promedio de palabras por entrada: 654
  • Kilómetros caminados con Nico: 877
  • Kilos bajados: 18
  • Veces que mojé la cama: 0

Las diez palabras más utilizadas.

  • Vida (2040).
  • Día (1966).
  • Dos (1943).
  • Tiempo (1770).
  • Ojos (1756).

Datos de interés.

  • Curiosity llegó a Marte. Todavía me emociona.
  • Gané un concurso literario: Décimo Sexto Estatal Guerrero de Cuento Corto José Agustín 2012, el cuento se llama “Lotófago”. El sitio del concurso / premio dice lo siguiente: Ana Alonzo, Praxedis Razo y Daniel González Dueñas, acordamos otorgar el Premio Nacional a “Lotófago” (166), presentado bajo el seudónimo “Cerdo de Circe”, por considerar la intensidad de su propuesta, su audacia mítica, su calidad imaginativa y su diálogo con lo clásico. En este cuento destacan no sólo su pulcritud, su estricto sentido monologal y su nostalgia, sino su estructura en varios niveles simultáneos y su óptima resolución. Y que me la creo.
  • Mi madre envío un correo felicitándome por el cuento, y añadió que mi abuela, y mis abuelos (los que apenas conocí), estarían muy orgullosos del cuento. El detalle me arrancó una sonrisa. Sol también es muy feliz con el resultado. Ahora no me deja en paz con que siga escribiendo y todos los días me manda páginas de concursos. Mis horarios de sueño son horribles entre el trabajo y seguir escribiendo, pero me gusta.
  • Los departamentos que construyen a unos terrenos de dónde vivo, cada día están más terminados. Ya que me estaba acostumbrado a ver el Popo diariamente, a través de la ventana.
  • Tengo tres, cuatro libreros en mi oficina. No los he llenado, no tengo tanto libro. Debería considerar moverlos antes de que me gane el tiempo y sea imposible arreglar el espacio.
  • Probablemente cerraré mi cuenta de flickr. Me gusta mucho instagram.
  • Salud.
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escrito por el Viernes, junio 29, 2012

Pasos en la azotea.

Pasos en la azotea.

El país siente pasos en la azotea, como hace doce años, cuando por primera vez el partido que gobernó durante más de 70 años tuvo que ceder la presidencia. Al menos de nombre. Recuerdo la ansiedad de entonces: Mi familia estaba pegada a los periódicos, a los televisores, hablaban de las encuestas. Aparentemente era un shock cultural que ganara otro partido que no fuera el PRI. Recuerdo también, cuando era niño, y la propaganda de Salinas de Gortari estaba por doquier, que era gracioso votar por otro. A la gente le parecía una broma la pregunta: ¿Usted por quién va a votar? Por el mismo de siempre, ¿qué, hay otro?

La ansiedad de hace doce años es muy parecida a la de hoy, sólo que esta tiene eco, tiene una resonancia cibernética que cimbra a mucha gente y la invita, la empuja, la obliga a participar. He visto como este discurso digital atraviesa los muros de Facebook y las cronologías de Twitter para llegar a la gente que no los usa como un recurso habitual. Hoy sorprendí a los pepenadores hablando del voto razonado de algunos periodistas y ¿cuántos votos razonados no hemos leído en estos últimos días? ¿Cuántas conversaciones, incluso inesperadas, no hemos tenido acerca del tema político, de por quién vamos a votar, de por nuestras razones y luego el convencimiento en caso de la digresión?

Estos últimos días sopesé la idea, sí, también, de escribir acerca de mi voto y por qué. No lo haré. El voto es secreto según reza la leyenda. Ese es mi derecho. Después de ver como el tema político ha construido monstruos retóricos y discusiones de variantes infinitas, prefiero no participar con un escudo, un abanderado, un profeta o un perro. Algunas veces me daba risa, otras veces me daba vergüenza, imaginando a la gente en sus discusiones como perros intolerantes que muerden los tobillos y no ceden. Al menos me evité las mordidas y quizás, me evito unas cuantas más. Me guardo por quien voto y haré lo que siempre he hecho, observar y callar, pero con una decisión tomada. Aún cuando la propaganda política inunda el ruido, los papelitos llenan las calles y los tuits llenan cronologías con uno u otro nombre, guardo mi voto para bien tempranito el primero de Julio.

Lo único que quisiera insistir y en esto he sido consistente, es que se levanten a rayar esa boleta. Hagan lo que quieran con ella: Elijan a su presidente, anulen su voto o dibujen algún garabato, pero preséntense y participen. Por favor, no se abstengan. Antes teníamos una dictadura aparentemente democrática. Hoy tenemos una democracia que apenas está funcionando y necesita que sus ciudadanos la sigan alimentando. No solamente los políticos son dinosaurios tropezándose en la oscuridad, también nosotros, los ciudadanos, apenas estamos descubriendo como funciona esto y como evitarnos las trampas, los embustes, las viejas cantaletas de siempre que hipnotizan y duermen. Somos un país que apenas aprende un baile y que no debe rendirse.

Los dinosaurios no lo han descubierto, pero andan a oscuras en una casa llena de trampas y nosotros, los ciudadanos, somos quienes los espantan con los pasos en la azotea. No cejemos, gane quien gane, sigamos buscando esa ventaja, sigamos quejándonos, sigamos adaptando el juego político para que todos ganemos algo.

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escrito por el Sábado, junio 16, 2012

Los nueve mil desaparecidos.

Los nueve mil desaparecidos.

Este es un artículo que se publicó en mi columna mensual (La Habitación de Humo) en el número 24 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados.

Hay una nota cuya explosión es notable y que sigue resonando en el país: La muerte de Juan Francisco Sicilia y la cruzada de su padre –Javier–, por descubrir a los responsables del crimen. Recientemente apareció una segunda noticia donde la CNDH liberó un comunicado apoyado por la ONU que dice que desde el 2006 para acá, son nueve mil los muertos que no tienen nombre y un poco más de cinco mil los desaparecidos. La ONU no quiere que México niegue a sus muertos y exige una solución humana al país para que exista un registro.

Ambas notas son la consecuencia natural de una guerra. En la primera nota tenemos a un mártir y un padre que está por convertirse en un héroe para todas las familias que están buscando una resolución a la muerte de uno de los suyos. Son familias que buscan un cuerpo entre esos nueve mil cuerpos sin identificar, o que bien, necesitan saber si hay un cuerpo entre los cinco mil nombres desaparecidos. El poeta se ha convertido –a costo muy alto– en un abanderado. El poeta es la voz que… naturalmente, le faltaba a esta guerra que se está luchando.

La CNDH exige que el ADN de los muertos sin nombre, se conserve en una base de datos para que, eventualmente, cuando las cosas estén más relajadas, alguien tenga la delicadeza de descubrir el nombre de los muertos y notificar a los familiares que han perdido a alguien. La ONU decidió apoyar la exigencia porque, pues, es de humanos ponerle nombre a los muertos y dar las noticia para que los familiares puedan practicar el rito del abandono y del continuar viviendo.

Me imaginé al hombre que tuviera esta labor de clasificar a los muertos. Una especie de bibliotecario que tuviera la triste labor de guardar los datos: una gota de sangre, un pedazo de piel, forma y tamaño de las dentaduras. Me lo imagino acariciando los cuerpos como si fueran libros y retirando un pedazo de sus hojas, para guardarlos en pequeños contenedores que, como en una profecía, eventualmente serán abiertos. Me lo imagino vestido de negro, acomodándose los anteojos y con el rostro más serio del mundo, porque si piensa mucho en ello, empezarán a temblarle las manos y se encerrará en un cuarto a llorarle a los que no tienen nombre, como Don José y sus manos que paseaban entre las actas.

Me imagino a este bibliotecario solo, abandonado en un edificio que le habrán quitado a algún empresario por no pagar impuestos, recibiendo órdenes del gobierno en turno. Cada año le cambiarán a los asistentes, pero él se queda porque es el único que puede hacer la chambita lúgubre y además de que no quieren entrenar a otro, ya nadie quiere su chamba. Tiene una fuerza de voluntad extraordinaria, tiene la paciencia para decir que sí a órdenes obtusas y puede sentir el temor a los hombres que dan órdenes. Obedecerá cuando un partido pida que los contenedores sean de plástico, y otro partido pida sus contenedores de vidrio rosa.

asado algunos años, el bibliotecario de los muertos se presentará ante el Presidente y el seleccionado por la CNDH, por la ONU, para dar cuentas de sus logros y para, por supuesto, enseñar el color de los contenedores tan preciados. Después de esa breve reunión, el bibliotecario regresará a su soledad, a la compañía de sus libros humanos y prenderá una o dos computadoras, que harán correr los procesos que le ayuden a descubrir los nombres. Cada día se descubrirán uno, dos, o diez nombres, pero nunca serán suficientes. Su cuota diaria entre los nueve mil que ya tiene y los que están muriendo diariamente, harán de su tarea algo imposible.

Cada diciembre, se presentará frente a televisión y liberará por internet, una lista de todos los muer- tos que logró identificar en el transcurso del año. A veces, esta misma lista será quienes avisen a los familiares que buscaban paz, otras veces, habrá tenido el apoyo de un noble equipo de trabajo que pudiera llevar o entregar las notificaciones.

Durante los primeros tres años, me lo imagino vi- viendo con la esperanza de que algún día terminará y luego, me lo imagino diez años después, canoso y de lentes más gruesos, con unas cuantas arrugas en los ojos por los días en que no pudo contenerse y ya con la experiencia de que la esperanza es un lujo para los que no están pasando sus dedos entre los cadáveres, los dientes, y los dedos inertes, bus- cando pedazos de piel que pueda catalogar como libros.

Me lo imagino haciendo esa relación: La persona es un libro, un diario de experiencias que lo deshojaron o lo quemaron abruptamente porque su impresión, lamentablemente, se dio en un país que no aceptaba los libros, ni el placer, ni la vida.

Me imagino a este bibliotecario mirando por el televisor las marchas que se dieron en honor al hijo muerto y al padre de corazón roto. A veces me lo imagino sonriendo a medias y lo escucho susurrar una majadería triste y verdadera. Al menos tu muerto, poeta, tiene nombre. Otras veces me lo imagino enojado, rompiendo los televisores, rompiendo los periódicos, pero jamás perdiendo la piel de ninguno de sus muertos. Ojalá ese hombre tenga la fortaleza del poeta, aprenda de su resolución, y que logre encontrar todos los nombres.

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