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La épica lúbrica de 8 bits

By on Jueves, junio 27, 2013

Un día, no sé cómo, no sé después de qué, me sentaré a escribir una larga historia que deba ser jugada para ser leída. Sí, algún día, cuando me canse de los libros, de los cuentos y de las anotaciones en este diario. Cuando me rinda del placer de leer un libro y empezar por la portada y cuando abandone el ejercicio, apenas dinámico, de escribir en una estructura lineal, y de tomar notas según las fechas en las que ocurren las cosas y cuando nació la gente inexistente. Cuando me harte de obedecer por instinto al eterno inicio, medio y desarrollo. Abandonaré los fetiches de la estructura, además de los diablos conocidos (explorados, ignorados, desdeñados y bien amados) de las antiestructuras, y me pondré bajo el sol para que se me descongele el coco. Mientras tanto pienso en ese mundo nebuloso, ajeno, poco existente. Pienso en los pixeles, en los héroes, en los sistemas de batalla y los...

13025 (Juliette)

By on Sábado, abril 20, 2013

Lista de cosas que me preocuparon al iniciar el 2013: Los kilos que bajé, y subí, y ahora debo bajar de nuevo. Ni modo. Hay que dejar la coca cola. Busco hacer ejercicio además de las caminatas con los perros y el cardio de tres o cuatro veces a la semana en el gimnasio. El ejercicio también es tiempo al día que desaparece. Organizar el tiempo para leer libros quita muchos otros placeres: La televisión, los videojuegos, el ocio en internet, las charlas con los amigos. Sin embargo, la lectura y su obligado tiempo de reflexión, son uno de los ejes principales en la vida del escritor. Escribir en el árbol para no dejarlo a la merced de las islas binarias. Ya son muchas, y son muy abandonadas, y no quiero escribir mi blog en Facebook. Trataré de escribir las anotaciones los lunes y los domingos, un par de horas, y luego programarlas al azar para que se publiquen solas. Son tantos y muchos...

13008 (Aleph)

By on Jueves, enero 17, 2013

Prometí, mientras miraba el mar en compañía de un niño llorón, que escribiría algo estas vacaciones. Unos minutos para ceder la voz a los dedos. Aunque sea algo breve. El sueño infantil e intencionado de todo bloguero, y seguro uno de sus propósitos comunes de año nuevo, es escribir una entrada todos los días. Quiero hacer eso, y lo haré. Cuando regrese de la playa esta será la primera entrada, una entrada anacrónica pero que cumplirá su función, de cualquier manera. Anoto en el manifiesto del árbol: Deja de preocuparte por tus múltiples voces, y también cede la angustia de repetir anécdotas. Por ahí mismo escribiré: “Una nota todos los días”. Mañana, quizás, me preocuparé por esa compulsión personalísima de no llenar el árbol con videos, notas populares y sosas, fotografías o citas de libros, porque eso es hacer trampa, es usar una máscara para ocultar algunos deseos, o...

El café de hace unos años

By on Lunes, octubre 22, 2012

El domingo abrí una caja de Pandora: Los comentarios que solían existir en este blog, cuando era el de los mil nombres y antes de eso, el cibernauta. Tengo un backup en el servicio de comentarios de disqus (además de los múltiples backups en bases de datos). No sé cuántos son con exactitud. Unos quince mil, quizás. No es que mi blog fuera tan popular (un poco… sí, en aquel entonces lo era), también es que atiné con el posicionamiento y los títulos. Algunas entradas atraían visitantes curiosos que deseaban saber el significado de su nombre, nombres para duendes o unicornios (?) o que deseaban compartir el significado de un sueño que tuvieron, y usaban este espacio como un foro para buscar respuestas a cuestiones lejanas a la intención del contenido original. Sin embargo, el restante de esos comentarios son amables y me ayudaron a darle un vistazo al pasado. Ocupé el domingo, tan absurdo...

Un cigarrillo para los dioses del tiempo

By on Lunes, octubre 8, 2012

Este es un artículo que se publicó en mi columna mensual (La Habitación de Humo) en el número 62 del suplemento Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Puedes leer el número completo en issu, así como números pasados. En algún tomo, después de miles de palabras, en la búsqueda del tiempo perdido escrita por Proust, el Narrador revela una verdad importantísima: “Albertine es la diosa del tiempo”. Hasta entonces, el sueño espeso del primer tomo que comienza con el beso anhelado de su madre, antes de refugiarse en el sueño, era simplemente el capricho de un niño. En ese pequeño fragmento, un golpe a la intuición, decir lo que es (porque tiene que hacerlo, no puede dejarlo así nada más, no después de todo el tiempo que narrador y lector han compartido un largo camino), ofrece un nuevo sentido a la obra. Un dios no existe hasta que es nombrado. Dios existe hasta que el hombre...

Es muy fácil decir que es igual, o que no lo es

By on Sábado, septiembre 15, 2012

Tomo fotografías a los árboles de ramas pelonas. Me gustan los patrones: líneas naturales casi infinitas, sus divisiones rompen el cielo, las nubes, la luz. Se convierten en una película para ver la realidad de otro modo, un filtro arbóreo que enmarca en un capricho fractálico la vida, o lo que quieras. En la iluminación nocturna se convierten en rompecabezas, cascadas de luz reflejada en la madera. La otra vez miraba a uno de esos árboles (sobran en otoño, aunque sobran en cualquier ciudad de aire lamentable y de gente olvidadiza) y contuve las ganas de fotografiarlo. Así como sobran esos árboles en las ciudades, también sobran las fotografías. Muchos otros han mirado el mismo árbol que miré yo, quizás algunos de ellos tomaron la misma fotografía, con el mismo encuadre y el mismo impulso de captura. Dejé al árbol en paz, abandonando así mi oficio (momentáneamente) de paparazzi para...

Algo de piedad, y de amor

By on Viernes, septiembre 14, 2012

Las puertas altas, altísimas, para que entre el alto, el altísimo. Puertas gruesas de madera, pesadas, que resguardan viejos secretos y frescos jodidos por el tiempo. ¿No te pasa? ¿No has escuchado los ecos de las confesiones de antaño? ¿Murmullos que rebotan de pared en pared, de piedra en piedra? Se esconden por las grietas de la madera, oxidan el hierro, descarapelan las ropas de los santos. Puertas oscuras, invitan a las sombras, no permiten salir los discursos piadosos, compasivos y del tamaño perfecto para una procesión de crucifijos. Esta es la presentación común de la iglesia: «Pasa, pero no olvides lo pequeño que eres. Recoja esperanza tan grande como pueda todo el que se atreva a entrar aquí». Tomé varias veces esta fotografía, como acostumbro, con los ajustes aleatorios de Hipstamatic. (El azar también es mi dios). La versión de sombras, en blanco y negro, me gusto más....

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