He estado pensando en ello todo el fin de semana. No sé que palabras poner. No sé cuantos todavía se acuerdan de él. Nos acompañó en Big Blogger durante las primeras temporadas. Le apasionaban la fotografía y el diseño. No escribía bien. Tenía una ortografía terrible, y cuando recién lo conocía, siempre le corregía. Eventualmente dejé de hacerlo. Atravesando las puertas de la ortografía, me gustaba lo que escribía. Se notaba que era un hombre que había crecido y que se movía en un ambiente violento. Lo respetaba por eso. Mantenerse íntegro y funcional, mantenerse honesto y luchar en un ambiente así, sólo verdaderos hombres. Aún lo respeto. En las noches, cuando bebía, se acercaba para pedirme consejo. Una de nuestras últimas pláticas, quedamos en que le debía un McFlurry de McDonald’s. Eso fue en el 2007. Era complicado encontrarlo, siempre cambiaba de dirección en internet. No me animaba a molestarlo por messenger. Se convirtió en padre y lo felicité. Leí como estaba orgulloso de su chamaco. “Es de esos padres que lo educará bien, lo educará fuerte”, pensaba. En las fotos con su hijo, siempre aparece sonriendo. Tomé café varias veces con él. Sí, repito, siempre estaba sonriendo. Así le conocí. Recuerdo que tenía una sonrisa agradable y un humor explosivo. Intuí que era de esos hombres que podían enojarse fácilmente. Le dedicó un pequeño homenaje a “La Torre de los Sueños” y eso me agradó. Me regaló un cd de música psycho, porque deseaba escucharla de vez en cuando y no sabía por dónde empezar. También, me compartió un par de distribuciones de linux que sólo instalé una vez para probar. Tenía la idea de que era más joven que yo, pero no, solamente nos separaba un año. Murió a sus 27 años. Ni muy joven, ni muy viejo. Leí por encima sus últimas actualizaciones en twitter y facebook, pensando que era una de esas etapas donde uno entra y sale de hospitales, y luego la recuperación. “Lo que no te mata, te hace más fuerte”. Sin embargo, no fue así. Ahora su facebook es una lápida, donde sus amigos y sus familiares dejan mensajes. En su última actualización de twitter, se ríe de la muerte y promete venir a jalarnos los pies. En su última imagen de messenger, su avatar es una calavera con un R.I.P. tachado en la frente. Casualidades, amigo, casualidades. Gracias por acompañarnos.
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Licencia.
Tienda de libros
El árbol 2:17 tiene una tienda, muy modesta, de libros digitales (libres de DRM). Aquí puedes ver la página de la tienda.
Si te gusta lo que escribo y me compras un libraco, me estarías pichando el cafecito de la semana, el cual, por supuesto, como bien dice la leyenda urbana, me servirá para seguir escribiendo más libros, más cosas, más perversiones lujuriosas y otras ñoñadas.
Todo lo dicho aquí…
Son cómo las hojas de un árbol. Cada una tiene una intensión distinta, aún cuando invariablemente se alimentan del agua y de la luz del sol, ninguna crece igual. Cuando abandonan el árbol, el destino elige un lugar para cada una. Nadie sabe si un pájaro se llevará la hoja, o si acabará bajo los tenis de alguien. Hay hojas que sueñan con secarse para regresar a la tierra, hay otras que son cruelmente robadas para esconderlas entre las páginas de un libro y sufren una muerte larga y silenciosa, hay otras hojas que desafían las leyes biológicas y se empecinan en convertirse, por el modo que sea, en un árbol nuevo y verdadero.


