El viaje a Singapur, según Armenius, duró como dos años. No lo dudo. Cualquiera escucha Singapur y se le escapa un: “No mames, está re-lejos”. Eso lo dice la gente que no se levanta a caminar, por supuesto. La verdad es que yo dormí todo el camino. Si en verdad fueron dos años, al parecer tengo que hacer una recapitulación de hueva de todo lo que ha pasado en ese tiempo. Hasta pienso acomodarlo en una bonita lista con puntos para que más o menos se den una idea del fondo.

* Primero, Armenius Anders me llama un buen día para decirme:–. Cabrón, son vampiras, te pago ochenta millones de pesos. Ayúdame a recuperar a la nieta de una ancianita millonaria. Yo le respondí que por vampiras cobro ciento sesenta millones de pesos, aunque lo haría grátis, porque me encanta matar y porque jamás en la vida había matado un vampiro. En este primer capítulo se establece que me caga en las pelotas Singapur porque tengo malos recuerdos de ese puto lugar de mierda.

* Segundo, descubrimos que existe una organización escondida entre los judíos. Judíos que entrenaron intensamente para asesinar. Los judíos –tres hermanos y además trillizos, ¿así o más cliché pendejo? (Nombre, si la vida se las gasta)– me rompieron una costilla, le dieron una putiza a Armenius y nos pidieron abandonar la investigación. Yo me limpié la sangre de la boca, Armenius se frotó la cara y acordamos que no abandonaríamos ni madres, porque los judíos y sus hermosos rulos acondicionados me picaron la cresta.

* Tercero, resultó que no sólo la división madreadora de judíos escondida del mundo estaba detrás de las vampiras, sino un viejo compañerito de armas también estaba jugando en el parque. El capitán Salgado, del ejército mexicano, aprovechó que estábamos puteados para sacarnos del departamento y bien inteligente nos encerró en uno de sus lugares de preparación, con todas las armas del mundo. Aproveché para hacer uno de mis famosos trucos mágicos.

* Cuarto, después de mi truco mágico, maté como a cincuenta militares, me robé sus armas y conocí al mejor culito que me he follado. Jezabel. Resulta que los militares habían capturado a una vampira. ¿Cómo le hicieron? Ni puta idea. La eficacia de Salgado es un accidente de esos que la gente llama azar.

* Quinto, la vampirita estableció que estaba en deuda con nosotros porque le habíamos salvado la vida. Ya que teníamos en común el entrar a la casa de Polanco que escondía a sus rivales vampiritas, acordamos que nos acompañaría. Convertimos Polanco en una zona de guerra, entre los militares, los familiares y los judíos asesinos. Al final del capítulo me la mama y bien sabroso. Por cierto, también se establece un nuevo truco mitológico para este escenario de vampiros: Se les puede matar con mercurio inyectado, además de las clásicas sandeces.

* Sexto, me desquité con los judíos. Vaya, y como me desquité. Sólo dejé a uno con vida y le ordené a mi vampirita-esclava-sexual que lo convirtiera. Ahora pasará el resto de su vida sin huevos y sin las dos piernas. Armenius muere. Y también, descubrimos que las vampiras de Polanco habían abandonado, pues, Polanco.

* No puedo contarles como llegar al reino de la muerte.

* Séptimo, debía ir por Armenius. Resulta que, como el pendejo de Arminius era el único que podía conseguirnos información de dónde ir a madrear vampiras, pues tenía que arrancarlo de las garras de la muerte. Así que me llevé a la vampira al lugar de dónde ha estado escapando un chingo de años: al Reino de los Muertos, para rescatarlo.

* Octavo, como he matado a un chingo de personas, 1792 me parece… pues todos me esperaban del otro lado. Tuve que hacer el enorme sacrificio de matarlos de nuevo para que me dejaran pasar y hablar con el jefe, El Señor de los Muertos, para que me hiciera el favor de llevarme a mi compadre. Él me dijo que sí, con la condición de que nos agarráramos a putazos.

* Noveno. La gente me quiere convencer de que esto nunca pasó, pero yo no lo puedo olvidar.

* Décimo, nos encontramos con la fuente de información de Armenius: El Escritor.El escritor es un demonio que controla la vida de los hombres a cambio de favores. El hijo de puta, después de aburrirme media hora, nos entrega una pista a dónde debemos ir para continuar nuestra búsqueda por las vampiras.

* Décimo primero, me cojo a la vampira en el coche porque después de tanta acción y aventura, un hombre debe hacer lo que debe hacer. Al final, Armenius me confiesa que la pista del Escritor nos manda a Singapur. Otra vez, el cagante en las bolas Singapur. Es entonces cuando sospecho y le confieso a mi compadre–. Cabrón, me parece que las vampiras jamás existieron y que sí firmaste un contrato con el demonio. Armenius dice no recordar nada, y pues aquí vamos.
Dos años después, amiguitos, estoy en Singapur. Lean, que mañana les ofreceré un tour de ese paradisiaco lugar.