Anoche me regalaron un lunar. Todavía no sé que hacer con él. Está lo obvio, que es admirarlo o morderlo. Lo raro, que es acomodárselo debajo de los labios. O escribir una cursilería sin fin como la negrura del punto regalado sobre la piel de una incauta. Se me ha ocurrido una mejor idea y es ponerlo en el refrigerador. Un cuchillo de diamante podría ayudarme a dividirlo en rebanadas y así, tener un postre para toda la semana. A que se te acaba, me dice el sentido común, y el eco de una carcajada. No es el único lunar, y cuando los puntos se acaben, queda la piel que mancharon. Sangre guardada en refractarios, sesos distribuidos en toppers, corazón y pulmones molidos para hamburguesas, cuerdas vocales de entremés y las uñas de mero adorno culinario. En rebanadas pequeñas tendré comida para toda la vida.
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Licencia.
Tienda de libros
El árbol 2:17 tiene una tienda, muy modesta, de libros digitales (libres de DRM). Aquí puedes ver la página de la tienda.
Si te gusta lo que escribo y me compras un libraco, me estarías pichando el cafecito de la semana, el cual, por supuesto, como bien dice la leyenda urbana, me servirá para seguir escribiendo más libros, más cosas, más perversiones lujuriosas y otras ñoñadas.
Todo lo dicho aquí…
Son cómo las hojas de un árbol. Cada una tiene una intensión distinta, aún cuando invariablemente se alimentan del agua y de la luz del sol, ninguna crece igual. Cuando abandonan el árbol, el destino elige un lugar para cada una. Nadie sabe si un pájaro se llevará la hoja, o si acabará bajo los tenis de alguien. Hay hojas que sueñan con secarse para regresar a la tierra, hay otras que son cruelmente robadas para esconderlas entre las páginas de un libro y sufren una muerte larga y silenciosa, hay otras hojas que desafían las leyes biológicas y se empecinan en convertirse, por el modo que sea, en un árbol nuevo y verdadero.


