Esta noche pensaba en “Culo de Gato”. Así le llamo a uno de los primeros personajes que me encontré en internet hace ya varios años. No tengo la foto a la mano, y la verdad, no fue un descuido el perderla… Quise alejarme lo más posible de ese recuerdo. La foto no es tan turbia, no es un 2girls1cup, tampoco es un goatsee. Hablo de los primeros años del internet, y me parece que “Culo de gato” fue uno de sus primeros valientes. Recuerden que valentía no siempre es un sinónimo de genialidad o trascendencia. “Culo de Gato” era un hombre como muchos de nosotros, en sus cincuenta, calvo y demasiado blanco. A veces, pienso en él como un ministro, un pastor, un cura. Otras veces es un profesor, o un intendente aburrido. Tal vez alemán, porque los alemanes están locos. O polaco, o ruso. Jamás lo sabré. Dos tercios de su cara se veían en la foto. Se alcanzaba a notar que el hombre está sonriendo por las arrugas de su frente y lo poco que se veía de la comisura de sus labios. Tenía las cejas maquilladas para formar arcos prominentes y coquetos, la punta de la nariz estaba de un rosa más intenso que su piel pálida, se había pintado al menos tres bigotes y algunas rayas más, cual Garfield hecho humano. El hombre estaba desnudo. Hacía una curva muy curiosa con su cuerpo que escondía su espalda, pero dejaba ver su cintura y su culo levantado. A pesar de que el culo estaba en segundo plano y mal enfocado, se podía ver una cola larga y levantada. Una cola negra, esponjosa como la de un gato persa, que sobresalía como una flor dentro de un fondo caótico y brutal. Desde entonces, navego internet pensando que me lo puedo encontrar de un momento a otro. No es un pensamiento reconfortante. No lo es. Es curioso como un grupo de ideas ridículas pueden alterar significativamente un comportamiento.
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Todo lo dicho aquí…
Son cómo las hojas de un árbol. Cada una tiene una intensión distinta, aún cuando invariablemente se alimentan del agua y de la luz del sol, ninguna crece igual. Cuando abandonan el árbol, el destino elige un lugar para cada una. Nadie sabe si un pájaro se llevará la hoja, o si acabará bajo los tenis de alguien. Hay hojas que sueñan con secarse para regresar a la tierra, hay otras que son cruelmente robadas para esconderlas entre las páginas de un libro y sufren una muerte larga y silenciosa, hay otras hojas que desafían las leyes biológicas y se empecinan en convertirse, por el modo que sea, en un árbol nuevo y verdadero.


