Mi niño, con eso no se juega. Hoy es domingo. Los domingos son para el descanso y la reflexión. Son para estar acostados en el jardín y permitir el quemón del sol. Mi niño, deja tus juguetes y tus letras, ven conmigo al río. Permite que el sonido del agua te lave las orejas y los dientes, te despoje las palabras y enfríe tu ombligo. No, niño, con eso no se juega, guarda tus pantallas portátiles, tus mundos alternos, tus fantasías adictivas. Ven conmigo al mercado, ayúdame a cargar mis bolsas y compremos juntos la comida de la semana. Tú y tus hermanos estarán muy hambrientos de Lunes y Martes, necesitarán los postres de los Miércoles, el café del Jueves, la sopa caliente de un Viernes y el licor del Sábado. Ven conmigo niño. El domingo regálame la obediencia de tu cuerpo, la languidez de tus extremidades, la nostalgia de tu mirada. Hoy es domingo niño, no juegues, no trabajes, simplemente acompáñame como lo hacías en el pasado.
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El árbol 2:17 tiene una tienda, muy modesta, de libros digitales (libres de DRM). Aquí puedes ver la página de la tienda.
Si te gusta lo que escribo y me compras un libraco, me estarías pichando el cafecito de la semana, el cual, por supuesto, como bien dice la leyenda urbana, me servirá para seguir escribiendo más libros, más cosas, más perversiones lujuriosas y otras ñoñadas.
Todo lo dicho aquí…
Son cómo las hojas de un árbol. Cada una tiene una intensión distinta, aún cuando invariablemente se alimentan del agua y de la luz del sol, ninguna crece igual. Cuando abandonan el árbol, el destino elige un lugar para cada una. Nadie sabe si un pájaro se llevará la hoja, o si acabará bajo los tenis de alguien. Hay hojas que sueñan con secarse para regresar a la tierra, hay otras que son cruelmente robadas para esconderlas entre las páginas de un libro y sufren una muerte larga y silenciosa, hay otras hojas que desafían las leyes biológicas y se empecinan en convertirse, por el modo que sea, en un árbol nuevo y verdadero.


