Sigo con Final Fantasy III (DS), pero lo tengo como un videojuego secundario, que juego una media hora o una hora al día. Mis límites obsesivos ya no son tan punzantes como antes. Resulta que estoy a punto de terminar el juego, pero desde hace un par de meses estoy sacando todos los secretos y las cositas que pueden haber escondidas. Según el juego, ya registré 60+ horas. La cantidad de horas que tiene un RPG indica que tan bueno es, que tanto reto puede haber en acabarlo y bueno, si ya te hizo llegar a más de 30 horas quiere decir que la historia y los retos son buenos. Al principio no quería llegar al nivel 99 y mandar a mis cuatro pequeños guerreros a que mataran a Xande, el malo más malo de la historia. Sin embargo, después de todo el tiempo que me tomé consiguiendo todo lo demás, decidí encerrarme en un calabazo secreto lleno de dragones y matarlos a todos, hasta que suban a nivel 99. Después de eso… resulta que algunas veces, los dragones sueltan la armadura y las armas de los “Caballeros Cebolla” (Onion Knight). Ya contemplé la posibilidad de continuar matando dragones, hasta que me den un set cada uno y que mis cuatro guerreritos, apesten y hagan llorar si acaso los llegaran a cortar.
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Licencia.
Tienda de libros
El árbol 2:17 tiene una tienda, muy modesta, de libros digitales (libres de DRM). Aquí puedes ver la página de la tienda.
Si te gusta lo que escribo y me compras un libraco, me estarías pichando el cafecito de la semana, el cual, por supuesto, como bien dice la leyenda urbana, me servirá para seguir escribiendo más libros, más cosas, más perversiones lujuriosas y otras ñoñadas.
Todo lo dicho aquí…
Son cómo las hojas de un árbol. Cada una tiene una intensión distinta, aún cuando invariablemente se alimentan del agua y de la luz del sol, ninguna crece igual. Cuando abandonan el árbol, el destino elige un lugar para cada una. Nadie sabe si un pájaro se llevará la hoja, o si acabará bajo los tenis de alguien. Hay hojas que sueñan con secarse para regresar a la tierra, hay otras que son cruelmente robadas para esconderlas entre las páginas de un libro y sufren una muerte larga y silenciosa, hay otras hojas que desafían las leyes biológicas y se empecinan en convertirse, por el modo que sea, en un árbol nuevo y verdadero.


