Tienes cara de hacerlo. Tienes ojos de hacerlo. ¿Por qué te escondes? Escondes la boca porque sabes que si la muestras, entrarán las moscas. Tus ojos miran a la derecha, miran a la izquierda. Sí, puedes hacerlo. No lo niegues. Acércate un poquitito. Juguemos a la cuchara es el avioncito y la boca ansiosa la pista de aterrizaje. La disposición endurece los bríos, la necedad, una buena propuesta. ¿Piensa mal y acertarás, carnal? Probablemente me equivoque, ¿pero no dicen que vivimos de equivocaciones? Nos imaginamos veinte años adelante, en una entrevista a nivel internacional, donde podemos sonreír y hablar con toda la práctica del mundo–. Excelente pregunta Jim, pero no estaría aquí si no fuera por mi cadena de trompicones y bocas rotas –Prueba y error. Vamos a encontrarnos después de ese largo viaje. Su disposición, dice, endurece los muslos, endurece a las piedras y la fuerza descomunal de unos dientes que aprietan. ¿Por qué aprietan? Puede ser por el dolor y el desencanto, puede ser por el hambre o un poquito de lujuria, la magia de unos dedos extendidos y un tirón de cabello. Lo que no sabe es que no importa cuanto apriete. Jamás podrá romperlo. Su disposición, dicen, endurece.
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Tuitah
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Licencia.
Tienda de libros
El árbol 2:17 tiene una tienda, muy modesta, de libros digitales (libres de DRM). Aquí puedes ver la página de la tienda.
Si te gusta lo que escribo y me compras un libraco, me estarías pichando el cafecito de la semana, el cual, por supuesto, como bien dice la leyenda urbana, me servirá para seguir escribiendo más libros, más cosas, más perversiones lujuriosas y otras ñoñadas.
Todo lo dicho aquí…
Son cómo las hojas de un árbol. Cada una tiene una intensión distinta, aún cuando invariablemente se alimentan del agua y de la luz del sol, ninguna crece igual. Cuando abandonan el árbol, el destino elige un lugar para cada una. Nadie sabe si un pájaro se llevará la hoja, o si acabará bajo los tenis de alguien. Hay hojas que sueñan con secarse para regresar a la tierra, hay otras que son cruelmente robadas para esconderlas entre las páginas de un libro y sufren una muerte larga y silenciosa, hay otras hojas que desafían las leyes biológicas y se empecinan en convertirse, por el modo que sea, en un árbol nuevo y verdadero.


