Hoy es domingo. Dejen reviso mi calendario… Ah, sí, lo es. Permítanme revisarlo de nuevo. Sí. Estoy seguro que es domingo. ¿Entonces qué hago escribiendo aquí? Todavía no estoy seguro. Resulta que pensaba hablar de música y de como la estoy incorporando a la creación de mis textos. Pienso en un personaje, pienso en la música que me gustaría escuchar como el personaje o que es adecuada para las situaciones, y entonces hago una lista. Escucho esa única lista durante todo el tiempo que tenga el archivo abierto, para que así, esos sonidos musicales entren de manera subliminal en el texto. ¿Lo he logrado? ¿Acaso leyéndome les he traído las canciones a la cabeza? Sepa. No sé que tanto poder necromántico… no, no es de necromantes. Perdón. No sé que tanto poder mágico (así, sin obligarlo a una disciplina mágica en sí). Mejor no hablemos de magia. No sé que tanto poder hipnótico tengo sobre ustedes. Esperen, estoy escribiendo un texto, se llama “Manual para volverse loco”. Ya cambié varias palabras. Puedo confesar que todo lo que escribí, tiene un significado oculto que necesita un diccionario que ya tengo aquí. ¿Cuál es el verdadero significado? A la mejor ya lo estás entendiendo, a la mejor… logré que entrara subliminalmente en tu cabeza. A la mejor, ambos ya estamos locos. Lo he logrado.
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Licencia.
Tienda de libros
El árbol 2:17 tiene una tienda, muy modesta, de libros digitales (libres de DRM). Aquí puedes ver la página de la tienda.
Si te gusta lo que escribo y me compras un libraco, me estarías pichando el cafecito de la semana, el cual, por supuesto, como bien dice la leyenda urbana, me servirá para seguir escribiendo más libros, más cosas, más perversiones lujuriosas y otras ñoñadas.
Todo lo dicho aquí…
Son cómo las hojas de un árbol. Cada una tiene una intensión distinta, aún cuando invariablemente se alimentan del agua y de la luz del sol, ninguna crece igual. Cuando abandonan el árbol, el destino elige un lugar para cada una. Nadie sabe si un pájaro se llevará la hoja, o si acabará bajo los tenis de alguien. Hay hojas que sueñan con secarse para regresar a la tierra, hay otras que son cruelmente robadas para esconderlas entre las páginas de un libro y sufren una muerte larga y silenciosa, hay otras hojas que desafían las leyes biológicas y se empecinan en convertirse, por el modo que sea, en un árbol nuevo y verdadero.


