Me siento culpable en otros horarios que no he organizado correctamente. Un día para escribir en recolectivo, por ejemplo. Ese mismo día ocuparlo para escribir el ejercicio en metatextos. Sobre todo, me siento culpable porque no he hecho un horario para leer. La lectura es importante en el oficio. La lectura te enseña lo que otros escritores hacen y responden las preguntas que algunas veces te haces. Me siento culpable, a veces, leyendo doscientos feeds actualizados diariamente, y dejar de lado la novela que estoy leyendo para alimentarme de actualidad y presente. Tengo un ciento de libros a mi espalda, que me recuerdan que algunos no los he abierto, ni les he quitado su cubierta de plástico. Mientras tanto, escondidos en mi disco duro, unos libros digitales se ríen de mi blog y me tientan con sus palabras. Hoy me estoy desvelando por ello: para alimentarme de una novela ajena y disfrutar otras palabras, mundos ajenos, personajes que se distan mucho a los míos, y escondido entre líneas, las respuestas del universo entero. ❑
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Tuitah
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Licencia.
Tienda de libros
El árbol 2:17 tiene una tienda, muy modesta, de libros digitales (libres de DRM). Aquí puedes ver la página de la tienda.
Si te gusta lo que escribo y me compras un libraco, me estarías pichando el cafecito de la semana, el cual, por supuesto, como bien dice la leyenda urbana, me servirá para seguir escribiendo más libros, más cosas, más perversiones lujuriosas y otras ñoñadas.
Todo lo dicho aquí…
Son cómo las hojas de un árbol. Cada una tiene una intensión distinta, aún cuando invariablemente se alimentan del agua y de la luz del sol, ninguna crece igual. Cuando abandonan el árbol, el destino elige un lugar para cada una. Nadie sabe si un pájaro se llevará la hoja, o si acabará bajo los tenis de alguien. Hay hojas que sueñan con secarse para regresar a la tierra, hay otras que son cruelmente robadas para esconderlas entre las páginas de un libro y sufren una muerte larga y silenciosa, hay otras hojas que desafían las leyes biológicas y se empecinan en convertirse, por el modo que sea, en un árbol nuevo y verdadero.


