Soñé con un muro blanco y cinco o seis insectos verdes pegados a él. Al principio creí que eran hojas, pero eran insectos disfrazados. Hay unos insectos en el mundo real que son así, pero estos eran todavía más refinados, y no se quedaban quietos, ya que movían muy despacio las alas de arriba para abajo y emitían un sonido más débil que el de un grillo. Recuerdo que en el sueño me acerqué para encontrar su fealdad, las antenas, las tenazas, los cientos de ojos. Me sonreí cuando encontré ambas cosas: las alas bellas, disfrazadas de hojas, y el rostro de los insectos, como la cara de un niño recién nacido. Después desperté, pensando en los insectos, y como sólo los recordaba a ellos en un sueño de varias partes.
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Licencia.
Tienda de libros
El árbol 2:17 tiene una tienda, muy modesta, de libros digitales (libres de DRM). Aquí puedes ver la página de la tienda.
Si te gusta lo que escribo y me compras un libraco, me estarías pichando el cafecito de la semana, el cual, por supuesto, como bien dice la leyenda urbana, me servirá para seguir escribiendo más libros, más cosas, más perversiones lujuriosas y otras ñoñadas.
Todo lo dicho aquí…
Son cómo las hojas de un árbol. Cada una tiene una intensión distinta, aún cuando invariablemente se alimentan del agua y de la luz del sol, ninguna crece igual. Cuando abandonan el árbol, el destino elige un lugar para cada una. Nadie sabe si un pájaro se llevará la hoja, o si acabará bajo los tenis de alguien. Hay hojas que sueñan con secarse para regresar a la tierra, hay otras que son cruelmente robadas para esconderlas entre las páginas de un libro y sufren una muerte larga y silenciosa, hay otras hojas que desafían las leyes biológicas y se empecinan en convertirse, por el modo que sea, en un árbol nuevo y verdadero.


