Cansado de la falsedad, salió un día y mató a un hombre. Quería verlo muerto. Recordó, entonces, cómo pensaba en la muerte más a menudo cuando era joven, específicamente el asesinato. Ríos de sangre corrían por la ventana, después de haber estrellado su cara y que los vidrios se enterraran en la yugular. Cuanta violencia, pensó después, un poco aturdido. Puede ser la cantidad de hormonas las que provocan el pensamiento asesino todo el tiempo, y entonces, chiquillo como fue, escribió poemas consagrados a la muerte, del asesinato, la desolación, la incomprensión. Cosas que se olvidan en la adultez y el movimiento social, la educación, y la moral ayudan a olvidar. –Nunca confesé que me habría gustado verte morir –le dijo al cuerpo, a la cabeza bañada en sangre–. No sabía, que se sentiría tan bien.
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Licencia.
Tienda de libros
El árbol 2:17 tiene una tienda, muy modesta, de libros digitales (libres de DRM). Aquí puedes ver la página de la tienda.
Si te gusta lo que escribo y me compras un libraco, me estarías pichando el cafecito de la semana, el cual, por supuesto, como bien dice la leyenda urbana, me servirá para seguir escribiendo más libros, más cosas, más perversiones lujuriosas y otras ñoñadas.
Todo lo dicho aquí…
Son cómo las hojas de un árbol. Cada una tiene una intensión distinta, aún cuando invariablemente se alimentan del agua y de la luz del sol, ninguna crece igual. Cuando abandonan el árbol, el destino elige un lugar para cada una. Nadie sabe si un pájaro se llevará la hoja, o si acabará bajo los tenis de alguien. Hay hojas que sueñan con secarse para regresar a la tierra, hay otras que son cruelmente robadas para esconderlas entre las páginas de un libro y sufren una muerte larga y silenciosa, hay otras hojas que desafían las leyes biológicas y se empecinan en convertirse, por el modo que sea, en un árbol nuevo y verdadero.


