…la señora se ve más débil, triste. Recuerdo cuando la miraba antes, una mujer robusta y enérgica, como una mujer vikinga. Luego su hija se tiró de la ventana y dejé de verla mucho tiempo. Una vez me la encontré, ya con el cabello corto, cuando solía traerlo largo, y descuidándose las canas. Igual de grande, pero se movía despacito. Me parecía que pedía que algún titiritero jalara sus hilos simplemente para no quedarse quieta. Me gustaba mucho su hija, antes de que intentara suicidarse. Me parecía una de las morenas más bonitas que había visto. La hija regresó, en muletas, también con el cabello corto. Su hermana y dos amigas revoloteaban alrededor de ella como urracas para hacerle reír. Quien sabe a cuantos habrá espantado. Al menos a mí, me espantó el deseo. Es uno de los pocos recuerdos ajenos a mí, que me causa tanta impresión. Me mudé después a Palenque, y pasé un buen tiempo sin ver de nuevo a la señora vikinga. Ahora que he regresado a la Unidad, todavía la veo, parece moverse un poco más rápido, pero sigue con las canas y los ojos apagados. Así descubrí que un suicidio no sólo mata a una persona.
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Licencia.
Tienda de libros
El árbol 2:17 tiene una tienda, muy modesta, de libros digitales (libres de DRM). Aquí puedes ver la página de la tienda.
Si te gusta lo que escribo y me compras un libraco, me estarías pichando el cafecito de la semana, el cual, por supuesto, como bien dice la leyenda urbana, me servirá para seguir escribiendo más libros, más cosas, más perversiones lujuriosas y otras ñoñadas.
Todo lo dicho aquí…
Son cómo las hojas de un árbol. Cada una tiene una intensión distinta, aún cuando invariablemente se alimentan del agua y de la luz del sol, ninguna crece igual. Cuando abandonan el árbol, el destino elige un lugar para cada una. Nadie sabe si un pájaro se llevará la hoja, o si acabará bajo los tenis de alguien. Hay hojas que sueñan con secarse para regresar a la tierra, hay otras que son cruelmente robadas para esconderlas entre las páginas de un libro y sufren una muerte larga y silenciosa, hay otras hojas que desafían las leyes biológicas y se empecinan en convertirse, por el modo que sea, en un árbol nuevo y verdadero.


