A veces no puedo, sencillamente no puedo. ¿Cómo se los explico? Supongo que toda historia tiene un inicio, un contexto… así que, espero ustedes puedan comprenderme, espero que ustedes puedan dar el juicio definitivo a mi vida laboral, tienen que hacerlo, para bien o para mal. Yo sabré entenderlos, si es que me ayudan a entenderme a mi.

Trabajo en casting para comerciales de televisión. Consigo a la gente que ven sonriendo amorosamente a sus supuestos hijos, cuando te dicen que les compres un seguro de vida. Consigo a las parejas jóvenes que discuten en un coche, para al final anunciar que ese coche es lo único que no cederás en tu relación. Consigo a las bonitas que enseñan las piernas con un orgullo, con tal de que los varoncitos compren los últimos pronósticos. En eso trabajo yo y hasta la fecha, he dado la pinta de jovencito profesional. O sea, cuando las microfaldas anteriormente citadas se presentan en casting, babeo discretamente.

Estoy temblando mientras escribo esto.

Tenemos un casting para un promo de un nuevo reality show, y pidieron guapos y guapas, en ropa interior o traje de baño. Claro, no van a estar afuera esperando en ropa interior y/o traje de baño en lo que les toca el turno de pasar, no… eso lo hacen en el foro e igual, se visten en el foro y como si nunca se hubieran desnudado. ¿Entienden? O sea, hay ropa. Pues, verán… acabo de salir por un cafecito y juro, por mi madre, que he visto la microfalda más pequeña que he visto en mi vida… en las piernas más bonitas que jamás, estos dichosos ojos míos, han encontrado en casting (bue, eso ya se verá en el video).

Se le veían las elípticas que marcan unas nalgas firmes y paraditas. Unos muslos perfectos. Unas piernas larguísimas. Y yo, asomadito y babeando… nada discretamente. Me acordé de aquella vez….

Una chavita como de 20-22 añitos, con un cuerpazo la escuincla, traía unos pantaloncitos de pants, bien ajustados a la cadera. Esos pantaloncitos que son una bendición. Aparte traía una de esas blusas que muestran el estómago. ¿Pues no se me salió la mirada de lujuria extrema? Ella y yo nos llevábamos bien, ya nos habíamos invitado a salir para nunca concretar nada, nos tratábamos como igualados. Pero hay límites, oh si, si que los hay… ninguna mujer –escúchenlo bien–, acepta que le digas: “Te ves muy guapa hoy” mientras le miras las nalgas. Desde entonces no me habla (¿¡Qué sorpresa!?). Bleh, que se le va a hacer, algún día le pediré disculpas.

No saldré y no le diré a la de minifalda que se ve muy guapa mientras le miro las piernas, no señor, ya aprendí mi lección… de lejitos veo más bonito.

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