–Bueno, pues resulta que el robot se enamora de la muñeca –Mario platicándome un anime–, nada más que la muñeca sólo se queda del lado de la entrada y saluda, baja la cabeza, y saluda. Entonces, el robot regresa por la muñeca, pero descubre que ya la habían tirado a la basura.
–Ajá –Yo, afirmando que escucho. No le estoy dando el avión.
–Va por ella a la basura, la limpia y la compone para que funcione de nuevo. Entonces, llega una diosa y resulta que le da –Mario alza los dedos y hace “entrecomillas”–, vida. Y el robot se enamora más de ella, nada más que la muñeca le dice que no.
–Hija de puta… –susurro–, a ver, pera… la recoge de la basura, la arregla, ¿por qué ella le dice que no?
Mario hace una pausa de su historia, mira ligeramente hacia arriba y rápidamente responde–: Porque así son las viejas.


