La Tía Yemita limpió sus tazas y acomodó sus libros, que más que leerlos eran sentidos. Desempolvó su mesa y sus sillas, sabía que pronto tendría una visita y quería recibirla con su casona bien limpia. Contó los años desde que dejó Jaramillo, ya iban diez, con tres meses, tres semanas y tres días. Ya no contaba tanto los segundos, desde que dejó Jaramillo le fue fácil olvidarlos, ahora se medía por el calor del sol y la cantinela de los grillos a media noche. Se sentó en su humilde silla que con gusto resistía su sobrepeso.
Escuchó el maullido de un gato y con un movimiento de mano hizo que se abriera la puerta.
—Pasa, hace años que te estoy esperando condesa —dijo Yasmín.
—Ay Yasmín, a veces me espantas —dijo Patricia Boyselle, se abrió paso en el aire y se sentó en la silla del extremo opuesto a la mesita donde la Tía Yemita trabajaba a diario.
—¿Por qué? ¿Te asusta saber que sigo robando almas? —sonrió Yasmín cruel. La condesa le miró reprochándole, se acomodó su vestido largo de holanes y dejó que Pompadour saltara de sus brazos para que se acomodara en la mesa, donde se sentó y cerró los ojos.
—No te me pongas filosófica, odio eso —le respondió Boyselle, cuando se hubo sentado bien y se sintió cómoda en la silla, continuó:—. Vine porque ya me voy.
—¿A dónde?
—Allá, al circo de las vidas pasadas.
Yasmín sonrió gentilmente y ambas se quedaron en silencio. Se sentían incómodas al verse después de tanto tiempo y les agradó que platicar les salía tan natural.
—Me invitó el bueno de Rafael —le dijo Boyselle—. Es tan lindo y tan hermoso, de joven era todo un galán, nada comparado a la ilusión falsa que le dimos. Seguramente iré a su circo con mi marido que también me está esperando, dice que cuando el circo abrió fue todo un éxito. No tienes idea Yasmín, los espíritus de todo el mundo van y dicen que ya no regresan.
—Qué bueno, me da gusto —dijo Yasmín—. ¿Y a qué has venido?
—A darte las últimas noticias, ya lo decía Cristo.
—¿También eso decía?
—Ay Yasmín, ¡Siempre tan ocurrente tú! —exclamó Boyselle y se echaron una carcajada, después de una breve pausa, Boyselle continuó—: Jaramillo se hizo lindo, no tienes una idea. Se transformó en una ciudad donde todos pueden entrar, pero el que sale ya no vuelve. ¿Tú crees?
—Claro, es una ciudad que aun conserva demasiadas heridas y mucho espíritu —respondió Yasmín.
—Ya, ya. Detesto cuando empiezas con esas palabras Yasmín. Es una ciudad bien gobernada, ¿qué crees? ¡Se casaron Alicia y Matías! Y ahora los dos se la pasan gobernando Jaramillo como si fueran reyes o príncipes. ¡La gente como los adora! No hacen más que hablar de que Matías esto y Alicia aquello. Ella adoptó su apellido muy linda. Nadie sabía muy bien de Alicia von Lurendberg y prefirió que la conocieran como Alicia Elizondo. ¡Pero es tan caballeroso el señor Matías! Y me cae mejor que nunca ahora que tiene ceniceros de sobra en donde tirar su ceniza.
—¿Sigue escribiendo o el trabajo de gobierno le quita el tiempo?
—Definitivamente la que tiene las manos en el gobierno es Alicia, porque el muchachito Matías es un desastre para esas cosas. Te aseguro que sigue escribiendo y mucho, sus libros vuelan como pan caliente y la gente hace fila para leerlos, de tanto que se los prestan, se rompen y se deshacen, gente desconsiderada. Yo nunca he leído ni uno, porque no tengo la gracia de leer, sin embargo me he enterado de sus historias por los teatros ambulantes y los trovadores que las recitan en las esquinas. ¿Sabías que tiene una flota de secretarios a los que le dicta para distribuirlos a mano? Pronto traerá a Jaramillo algo llamado imprenta para que él pueda publicar los libros que Alicia escondió y encontró casi intactos en las ruinas de mi casita
—¿Apenas imprenta? Si aquí tenemos algo llamado internet.
—¿Qué es eso tú?
—Nada, no encuentro como explicarte la diferencia del tiempo entre Jaramillo y el mundo de afuera. ¿Y qué le pasó al Ejército?
—No existe el antiguo Ejército, ahora solo quedan voluntarios y unos pocos soldados que sobrevivieron al Día Negro que se ofrecieron a reconstruir y ayudar a la gente. En su mayoría, el “ejército” de Jaramillo son jovencitos que saben de medicina, literatura y teatro. También son maestros de escuelas y señores, señoras y señoritas de paz. Está tan lindo Jaramillo.
—Muy aburrido —respondió Yasmín indiferente—. ¿Y ya hay muertos?
—Ninguno y tampoco la gente se hace vieja. Nadie puede dar razón de ello, aunque se sabe que se puede morir hasta que uno se sale de Jaramillo tú. Por eso yo ya lo dejé, tengo que ir a ver el circo y espero morirme pronto para acompañar a mi maridito precioso.
—Te hubieras ido hace años entonces.
—¿Fueron años los que me quedé? Ni cuenta me di, con eso de que Pompadour y yo estábamos muy ocupados paseándonos. ¡Y no sabes! Nuestro lugar favorito es un café que se abrió con el nombre de “Café de la Tía Yemita”. ¡Muy lindo lugar!
—Qué bonito —dijo Yasmín, fingiendo poco interés—. ¿De dónde salió el nombre tan original?
—Bueno, es que es un café donde hay todo, menos mudos. Muy bohemio al estilo humilde de Jonás y a la nostalgia de Ezequiel.
—¿Cómo es eso?
—Está adornado con luces tenues, por idea de Ezequiel y lleno de olores naturales, por idea de Jonás. Ya sabes que es un hombrecito supersticioso, puso un letrero en la entrada que decía que se prohibían los gatos. Me sentía forzada a dejar a mi pobrecito de Pompadour afuera, con tanta gata corriente que hay por ahí, pobrecito micifuz —Boyselle le dio un cariño en el lomo a Pompadour que le hizo maullar, cuando vio el gesto que hizo Yasmín decidió continuar—. Jonás humilde pero muy feliz, se ve una tranquilidad tierna en sus ojos, de hombre que está contento con su destino, además que tiene una novia muy guapa, hermosa la señora, se llama Eva y es española, el único defecto que yo le veo es que habla mucho.
—Como alguien que yo conozco.
—¿Mande?
—Sígueme contando de Jonás, dije.
—Pues ya toca la guitarra todas las noches porque después del Día Negro, dejó el saxofón para siempre, algunos dicen que lo enterró y otros dicen que lo tiene en una jaula de cristal en su habitación. Se dice por ahí que lo que sucedió en realidad es que salió una mano de la tierra en una noche de luna llena y le reclamó el saxofón. ¿Cuál crees que sea verdad?
—Bah, chismes de viejitas —sonrió curiosa Yemita—. No me has dicho que sucedió con Ezequiel aparte de que abrió el café con Jonás.
—Ezequiel es un caso aparte —suspiró Patricia—. Sé muy poco de él y se ha vuelto muy huraño, de vez en cuando sé que está con algunos de los que vivieron el Día Negro pero todos concuerdan en que se ha vuelto más ermitaño. Ayuda mucho en el “ejército” de paz que construyó Jaramillo y se ofreció como administrador de sus recursos. Cuando lo veo, siempre hay una arruga más, una cana más, una tristeza más en sus ojos, ¿sabes a lo que me refiero? Pronto dejará Jaramillo, pobrecito. Lo hubiera esperado para irme al circo con él, pero creo que ni él sabe que se está muriendo de tristeza.
—Lamento mucho escuchar eso —suspiró Yasmín.
—¿Qué pasará cuando venga al tren y vea que La Muda es feliz con otro? Tu que sabes de esas cosas filosóficas Yasmín, ¿me puedes responder?
Yasmín meditó su respuesta durante un minuto y después sonrió.
—Ezequiel es listo y dejará el pasado atrás. Estoy seguro que encontrará otra mujer que le pueda hacer feliz o al menos encontrará como llenar el vacío que dejó La Muda. Confío en Ezequiel, es buen hombre, ingenuo como la mayoría, pero esencialmente bueno.
Las dos mujeres guardaron silencio.
—¿Y Padre Taxi? —preguntó Yasmín finalmente.
—Se la pasa en las calles y en las escuelas, corre de una esquina a otra y se le ve una gran sonrisa en el rostro, sin embargo sus ojos no engañan, adentro de ellos se ve todavía el reflejo de un amor que no es de esta vida, pero creo que lo ha entendido.
—¡Claro que lo ha entendido! —interrumpió Yasmín—. Sino seguiría siendo el mismo hombre soberbio que fue. Le serviría a Ezequiel un poco de esa sabiduría.
Boyselle le miró molesta por la interrupción y continuó—: Se las arregló para abrir un orfanato para los pocos niños huérfanos de Jaramillo en una casa de Puerto Octay y los cuida a todos con ayuda de algunos voluntarios. Muy de vez en cuando lo visitan sus amiguitos y se la pasan cantando canciones y bebiendo tequila en una fogata, cuando yo y Pompadour nos acercamos nos ignoran, ¿por qué será tú?
—Porque Jaramillo ya enterró a sus muertos. Excepto a ti que eres muy necia.
—Ay, ay. Envidiosa —las dos mujeres se rieron y guardaron otro breve silencio—. Bueno, ya me voy. Oye, antes de dejarte, me dijo Rafael que te entregara esta carta.
Patricia Boyselle extendió su mano y cuando Yasmín la recibió, la condesa y Pompadour se desvanecieron en el aire. La Tía Yemita sonrió y se lamentó de ser ciega. Tenía una idea de que decía la carta y es algo que no puedo esconderles a ustedes.
Yasmín:
¿Cómo estás Niña Amargada? ¿La Cieguita que todo lo ve? Te escribo lo siguiente para invitarte a mi circo, que es mío y de mi hermano. No tengo palabras para agradecerte lo que hiciste por mi, me ayudaste a detenerlo. He viajado por muchos lugares y he conocido a gente que te conoce y habla mal de ti, pero no me importa, yo se que eres una viejita amargada como yo lo fui alguna vez y los que mueren jóvenes no cargan los años como nosotros.
Sé de buena fuente que algún día nos veremos de nuevo las caras y que podremos finalmente tomarnos de las manos y reír y cantar y darnos la tras.
Perdona la breve carta, te la doy con todas las vibraciones positivas del mundo para que pueda leerla tu corazón y no tus ojos. Tú sabes cuánto te quiero y espero verte pronto aquí, junto a mi. No llores viejita, puedo adivinar que estás llorando. ¿Recuerdas cuándo tú me ofrecías una oportunidad? Yo ahora te la ofrezco a ti y de todo corazón para que termines tus asuntos pendientes y te vengas a mi circo. No para trabajar, sino para ver todos los actos maravillosos que he preparado para ti.
Mi hermano ya quiere conocerte, cuando escucha lo mucho que te amo dice que estoy enamorado de ti, pero no es cierto. No te espantes, una amistad como la nuestra no se le puede llamar sencillamente amistad, tú lo sabes muy bien.
Ya, ya, fue mucho de palabritas repetitivas. Nos veremos pronto y te mando mil besos mi querida Yasmín, mi Niña Amargada, mi Cieguita que todo lo ve. Mi más sincero beso en tus mejillas cachetoncitas.
Sinceramente,
Rafael Arlequín. _
_El Payasito Repetitivo que Yasmín, la Niña Amargada, adora.
Postdata: ¡Tutiri tutara pirrompom pam!
Yasmín se carcajeó y se limpió las lágrimas con el puño.
—Es que siempre hay esperanza —se dijo y sintió el sol calentarle la piel hecha piedra. Mil arrugas de tristeza se le pintaron en el rostro y otras mil por la risa de felicidad. Pronto se haría de noche y con la sonrisa en los labios, esperó la orquesta nocturna de los grillos que no tardaba en llegar y acariciarle el corazón.



